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Educación para la gestión de nuevas realidades

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
25/05/2016 - 10:45
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Tomada de Revista Internacional Magisterio No. 79

 

Y volví a la tierra… a ese olor de la tierra húmeda deliciosa de cuando yo iba a visitar a mis abuelos en el campo

 

 ¿Desde su perspectiva, cómo se debe entender el concepto de calidad de la educación en nuestros días?

De calidad de la educación se ha hablado por décadas, no solo entre especialistas en educación, sino en el conjunto de la sociedad, pero es importante ir renovando y precisando ese concepto. Hoy en día calidad de la educación no es solamente el acceso a los recursos de última tecnología. Eso forma parte de los instrumentos. Además de los instrumentos, la calidad tiene que ver con los fines y con los métodos. Entonces, en educación, desde mi perspectiva filosófica, la calidad tiene que ver con el tipo de personaque necesitamos actualmente en el país. Una educación de calidad es aquella capaz de formar un ciudadano que crece día a día en el desarrollo de todo su potencial humano, que aprende a hacer las cosas adecuadamente y ejerce ese saber desempeñando su oficio con ética, con la consciencia de que está prestando un servicio a la comunidad y que merece ser bien remunerado por ese servicio. Así, la calidad de la educación involucra a lapersona en todas su dimensiones −en su ser, en su saber y en su hacer−, y se traduce en calidad de vida a través de la formación para un trabajo digno.

 Alude a la formación para un ejercicio profesional ético y a la necesidad de potenciar en los educandos una visión de sí mismos y de sus posibilidades de contribuir al desarrollo de su entorno social. Sin embargo, “Contribución” y “remuneración justa” no suelen ser términos habituales en el discurso de formación para la productividad…

Sí, planteas algo muy de fondo y a la vez muy cotidiano: dos formas de ver al ser humano desde lo educativo. Una de ellas implica formar personas conscientes, creativas, dueñas de su propio momento y capaces de generar cambios: reformas sociales, económicas etc. Yo me inscribo en esa. La otra implica formar para la producción de bienes y servicios. No son perspectivas incompatibles, pero la segunda debe inscribirse en el marco de la primera. Eso, por supuesto, implica un modelo de desarrollo centrado en el ser humano, en sus valores, enfocado en su realización y no en el lucro, en el crecimiento y la felicidad de las personas, no en su capacidad de consumo. ¿Y cuándo es feliz el ser humano? Cuando está en armonía con lo que es él mismo y cuando se ve en armonía con los otros y con su entorno, mientras tiene la posibilidad de brindar felicidad y bienestar a los demás.

 En primera instancia este desarrollo habría que pensarlo en una dimensión local…

¡Qué bueno que tocaste el punto! Los niveles de participación en la definición de modelos educativos y de desarrollo humanistas, necesariamente deben ser instrumentados desde el nivel local: familiar, escolar, rural o urbano, industria, equipos de trabajo en el sector productivo, y luego, a nivel más amplio, en términos de los sectores de la economía.

 Entonces ha llegado el momento de hablar del Proyecto Futuro, que es precisamente una organización solidaria local, que propende por el desarrollo sostenible de una comunidad rural y a su vez está cimentado en una dimensión ética muy fuerte, esta sí, de carácter y relevancia globales. ¿De qué se trata exactamente?

Bueno. El Proyecto Futuro es una iniciativa privada (mi marido y yo somos los promotores), que busca generar e incentivar en el municipio de la Calera ─Vereda de San José de la Concepción─ una cultura de producción agrícola orgánica sostenible, y de hábitos alimenticios saludables.

 ¿Cuál fue el origen de esta iniciativa?

En primer lugar, un compromiso de nuestra parte, de años de trabajo comunitario a lo ancho y largo de nuestro país y de muchos otros países con grandes necesidades sociales. Ese principio de humanismo del que hablábamos al principio, de trabajar para que la gente pueda ser feliz en una dinámica de productividad consciente, de contribución al bienestar común, nos impulsó a pensar en desarrollar un proyecto responsable en esta vereda (donde teníamos una tierrita desaprovechada desde hacía 25 años), al que se vincularon varias familias que siguen siendo el grupo base de toda la operación.

 ¿Cómo lograron involucrar a la gente de la región?

Bueno, lo mismo que habíamos hecho antes en muchas partes: llegamos, conocimos o re-conocimos la gente, oímos y diseñamos una visión conjunta de la realidad local: “Fulanitos. Amigos de los que conocimos cuando compramos esa tierrita; ahí la dejamos porque no teníamos cómo hacer nada, porque no estábamos aquí, ¿cómo aprovechan la tierra? ─No… pues tenemos ahí las dos vaquitas que nos dan la leche para venderla a los que pasan en las camionetas, comprándola al precio que ellos disponen. ¿Y no siembran? ─No. Es que uno cultiva una lechuguita y vienen y se la recogen a cien pesos la lechuga… No, señora Clarita, eso así no paga. Entonces pongamos precio justo: aprendamos a costear el trabajo que implica producir una lechuga; vamos a reconocernos, vamos a ver qué es lo que tenemos, que es también parte de lo que somos, vamos a ver qué no estamos aprovechando de lo que puede dar la tierra”. Así empezamos y por ahí seguimos.

 ¿Cuáles son los pilares conceptuales del Proyecto Futuro?

Son dos: el primero es la producción de comida orgánica, comida sin tóxicos y sin daño a la tierra (eso es lo que define para nosotros “comida sana”); el segundo es la economía solidaria, enmarcados rigurosamente en la ley colombiana de economía solidaria, que existe décadas y que trata fundamentalmente de que la producción y uso de los bienes y servicios son para el beneficio de los seres humanos en general, incluidos, claro, quienes los producen.

 ¿Por qué el interés específico en la agricultura orgánica?; ¿qué implicaciones tiene este enfoque?

Bueno. Este asunto se relaciona directamente con la perspectiva ética a la que hacíamos referencia al comenzar la conversación, algo indispensable en cualquier proceso formativo de calidad (es decir, capaz de avalar el crecimiento del ser humano como tal, y el mejoramiento de su calidad de vida). En el campo de la producción agrícola los intereses económicos de la industria alimentaria han llevado al mundo a una instancia crítica: el afán de lucro impuso el uso de insumos químicos que aumentan y aceleran la producción; esos químicos alteran la naturaleza de los alimentos y tienen serias repercusiones en la salud humana. Por eso, sembrar sin agroquímicos es sembrar con responsabilidad y contribuir a paliar la creciente tasa de incidencia de casos de cáncer asociados a la alimentación. Entonces hemos estudiado como locos, para ser parte de la solución. Empezamos por El Anticáncer de David Servan-Schreiber, la Dieta Gerson, de prevención y curación del cáncer intestinal y ahora algunos miembros del equipo también consultan Internet y llevan información sobre las propiedades de ciertos productos a las reuniones; así sigue el proceso de formación permanente, de la mano con la producción, la organización y la comercialización.

 ¿Quiénes son los clientes del Proyecto Futuro?

Hemos ido levantando una base de datos de “consumidores conscientes”. Conscientes, en primera medida, porque quieren alimentarse sanamente. Al principio repartimos el Brochure a nuestros familiares y amigos; se han ido sumando otros, muchos referidos por médicos, y así completamos como unas 17 familias en Bogotá a las que llevamos por encargo, semanalmente, mercados a domicilio.

 ¿Cuántos productos tienen ya para la venta?

Tenemos desde alcachofa, en orden alfabético, hasta zucchinis de tres variedades, cuatro variedades de tomates, todas las siete lechugas de la dieta Gerson…, para un total de cuarenta productos.

 ¿Cómo opera el proyecto?

Generalmente lo describo como una espiral: hay un proceso de capacitación en el que todos aprendemos, desde cómo echar azadón, hasta cómo producir, mantener y aplicar los insumos (porque la comida sana no se trata únicamente de que no tenga tóxicos, sino que hay que alimentarla con insumos orgánicos). Pero hay también un proceso de organización como miembros de un proyecto solidario, que implica sus propios aprendizajes y es análogo al anterior; un proceso de producción a partir de lo que se aprende, y todo el proceso de comercialización.

Sobre la marcha tenemos una reunión mensual de evaluación y seguimiento de los procesos, tomamos decisiones y hacemos acuerdos para que sean cumplidos, pues son expresión de la voluntad del grupo. Entre tanto, cada uno se debe ocupar de las siguientes tareas: cultivo, control de calidad de su propia producción, control de calidad semanal en equipo, organización de los mercados y, finalmente, distribución. Turnamos la gestión y todos los “cargos”, las responsabilidades, se van rotando, porque todos estamos aprendiendo (aunque hay resistencias para asumir y para delegar ciertas funciones).

 ¿Por ejemplo?

Por ejemplo nadie quiere encargarse de llamar a los consumidores conscientes para tomar los pedidos semanales. Dicen: “No, yo produzco no más”. Pero las cosas no funcionan así: “Tienen que aprender a hacer el circuito completo, porque yo no quiero que se vuelvan dependientes de nadie, sino que sigan adelante y que cada uno sea un empresario de economía solidaria”. Tampoco confían en que cualquiera del grupo maneje con idéntico sentido de responsabilidad el dinero, pero todos deben aprender a hacerlo, respetando lo que es de cada quién. ¡Todo es aprendizaje!

 ¿Además de lidiar con esas resistencias, ¿cuál es la labor del facilitador, una vez que la organización está en marcha?

Tratar de mantener la unidad del grupo, el aprendizaje continuo de todos, llevar rigurosamente las memorias (eso evita mucho problema), y lograr que todos recuperen la confianza en su capacidad de aprender. Por lo demás, a medida que se han capacitado y han crecido humanamente, ellos mismos hacen control de calidad y los productos tienen cada vez más pedidos.

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 ¿Cómo es la organización de los mercados?

En cada finca se recogen semanalmente los productos contra facturas, se hace control de calidad y se organizan los mercados en canastas, de acuerdo a las listas de los pedidos realizado el día anterior por Internet o teléfono. Para el último mercado del mes, quienes llevamos la gestión entregamos rigurosamente el dinero de las ventas a los productores contra las facturas semanales que cada uno elabora después de pesar el producto y entregarlo. Mi marido y yo seguimos financiando el transporte y la distribución, porque eso se llevaría más de la mitad de lo que se logra con los precios justos de los alimentos.

 Pero, aparte del costo de transporte y distribución que siguen asumiendo, ¿el proyecto es ya sostenible en términos de producción contra las ventas?

Todavía no. Estamos llegando al punto de equilibrio. Hoy precisamente analizábamos los acuerdos que hicimos desde junio hasta noviembre para lograrlo: habíamos pactado subirle a algunos productos que estaban muy baratos comparados con el mercado (no orgánico, sino el tradicional) y, por iniciativa del grupo (porque ellos ya dicen: Señora Clarita, esto tiene que defenderse solo), cobrar algo por el transporte y los gastos. La buena noticia es que gracias a estas medidas hemos superado en los últimos dos meses el punto de equilibrio, no en una gran suma, pero sí muy significativa porque nos permite ver que, con algunos ajustes, podemos hacer sostenible económicamente el proyecto, ojalá sin la necesidad de nuestro aporte y sin tener que recibir dinero de nadie.

 ¿De cuánto es la subvención que hacen mensualmente al proyecto en este momento?

Hasta el día de hoy, sin contar con los gastos de gestión, estamos financiando millón y medio.

 ¿Y cuántas familias están participando ya?

La base son doce. Pero en la segunda etapa capacitamos veintiséis y en la tercera treinta y dos representantes de familias del sector, desbordando ya la vereda.

 ¿Y las doce familias que producen permanentemente y comercializan como Proyecto Futuro, viven de esa participación?

No. Hasta ahora el capital solo es una parte complementaria de su presupuesto familiar, pero una parte importante: uno de los participantes me decía que espera mucho el último mercado, porque es cuando recibe su plata y con eso se pone al día en muchos de sus gastos.

 ¿Y por qué es eso de “no recibir dinero a nadie”?; ¿por qué no han buscado el apoyo financiero de alguna organización?

Bueno, es que yo decidí que no aceptaba ni donaciones ni regalos, porque me acuerdo del cuento de un bobo al que las monjitas le daban lo que sobraba y un día le dejaron una paila de arequipe casi sin comenzar; el bobo vio la paila y no la recibió. La superiora le dijo: ¿Cómo va a ser?, mire ese regalo que le dejamos tan bueno y usted no lo recibe, y el bobo le respondió: no, madre, es que de eso tan bueno no dan tanto. Yo he aplicado eso. Entonces hemos hecho una donación importante, continua, y seguimos haciéndola con mi marido, de nuestro propio presupuesto familiar, que son nuestras pensiones de docentes.

A veces es difícil no generar en la gente ese paternalismo y ese: “como ellos nos han dado, entonces que nos sigan dando”. Ha sido difícil, pero siempre es complicado cambiar los valores de la gente, especialmente si vienen desde la cuna. Y el campesino nuestro ha sufrido mucho, mucho. Con todos los años que tengo, soy ya de la generación que nació en medio de la guerra, y en el campo sabemos que eso ha sido terrible. La gente vive llena de miedo y prevención, dice: “Estos quién sabe con qué segundas intenciones vienen”. Uno tiene que trabajar con mucho cuidado, y por eso he aplicado lo del bobo: porque no he querido que se asocien lo que hacemos con una ideología, ni con un grupo político, ni con una iglesia.

 ¿Entonces la idea ha sido mantener el proyecto al margen de cualquier sesgo ideológico para tener mayor credibilidad y ganar la confianza de la comunidad?

Sí. Pero también para mantenerla a salvo de esa lógica. Es que las ideologías son para mí como la nevera de las ideas: cuando tienes agua fresca y la metes a la nevera, se endurece, se congela y ya no la puedes tomar. La transformación de las utopías en ideologías, enclaustra, reseca, endurece y genera confrontación entre los seres humanos. Por eso, para mantener las utopías vivas, como gestor de un proyecto de estos, es mi experiencia, cada día tiene que despertarse, dar gracias por lo aprendido y lo vivido, para luego decir: ¿Qué debo hacer hoy para que los hielos que pueden haberse formado con el paso del tiempo entre nuestra gente, se diluyan? En especial quienes nacieron en medio de la guerra y que hoy deben tomar decisiones para transformarse y multiplicar realidades distintas. Ese es un trabajo lindo pero exigente. Uno tiene que crecer humanamente cada día, en cuanto a una mayor comprensión del otro, paciencia, saber escuchar, saberse comunicar, porque es ese fino tejido social que se construye con la palabra, las emociones y los valores vividos de manera conjunta, el que constituye la base para que surjan realidades nuevas, de cooperación, de respeto, de humanidad.

 ¡Ese sería el hito fundacional del posconflicto!

Es el tejido colectivo de la cultura, vivida en micro. La apuesta, como bien lo señalabas, desde lo local.

 ¿Quién ha estado a cargo de los procesos de formación en el proyecto?

Bueno, en principio nos asesoró la Asociación de Granjeros Ecológicos de Guasca, Agregua, que tiene un proyecto de producción agrícola especializada en la dieta Gerson y exporta semanalmente, a diferentes países, los pedidos de comida orgánica para enfermos de cáncer. Con ellos empezamos a capacitarnos, luego buscamos el apoyo de la Universidad Minuto de Dios; estupendos profesores, trabajan muy bien con la comunidad; después quisimos el apoyo del SENA, a través del programa de emprendedores rurales (Eso no se ha podido culminar como hubiéramos querido, pero seguimos en la lucha).

Finalmente, el mismo grupo fundador se está convirtiendo en capacitador de toda la comunidad, porque ese fue el único compromiso que exigimos al comienzo: ser multiplicadores, no volverse intermediarios para volverle a pagar a su vecino cien pesos por la lechuga, cuando hemos establecido que el precio justo (y el que han recibido desde el principio) es de mil quinientos. Entonces se les dice: “Lo que tiene que hacer es ayudar a su vecino para que haga los mismos mil quinientos. No que produzca la misma lechuga sana que usted y se la pague a cien, porque usted ya recibió formación en todos los órdenes: técnica, tecnológica y ética”.

 ¿Cuál es la mayor dificultad a la hora de formar al mismo tiempo en ética y para la productividad?

Bueno, eso no ha sido fácil. Hay que empezar por transformar actitudes. Enseñar a trabajar por el enriquecimiento como seres humanos y no por la posesión, se trata del ser, pero a través de un trabajo productivo que genera un ingreso, porque ahí se une todo: si tengo un ingreso, dependiendo del uso que se la da, puedo tener una mayor calidad de vida; puedo tomármelo en cerveza ─cosa muy frecuente en el campo─, o puedo utilizarlo para tener dos baños más en la casa porque ya somos muchos; entonces hay que tener nuevas condiciones, vincular la ganancia con la calidad de vida en el pensamiento de la gente, y así ir formando también mejores seres humanos.

 ¿Qué piensa de la experiencia de Dinamarca, que ha hecho su apuesta por convertirse en el primer país con producción agrícola 100% orgánica?

¡Qué maravilla! Allá tenemos que apuntar, porque la necesidad de comida sana es apremiante en el mundo; por lo mismo hay ya mucha gente trabajando en la misma línea. Llegan muchos señores de plata que tienen sus fincas y nos dicen: “¿Podemos mirar qué es lo que están haciendo aquí para aprender?”, y les decimos: ¡Claro!, también damos la cartilla que hicimos con el Minuto de Dios y con Agregua.

 ¿Sería viable la generalización en Colombia de la Agricultura Orgánica?

No es tan sencillo. Llama la atención que cuando vamos a seminarios en las universidades, siempre están los indígenas denunciando que la ley les prohíbe el acopio y distribución de semillas nativas, y eso está directamente relacionado con las exigencias de Estados Unidos y la Unión Europea en los tratados de libre comercio. El asunto es grave: la semilla de alcachofa se acabó en el mundo debido a los cruces híbridos que hacen las grandes empresas productoras de alimentos. Uno abre un pimentón de segunda generación y ya no tiene semillas y, mientras tanto, las estadísticas de enfermedades crecen con el aumento en la producción de alimentos industrializados.

Gracias a que trabajamos en la producción de comida sana, nos enteramos, de primera mano, de muchos casos de personas que se enferman y buscan desesperadamente una cura a partir de cambios en sus hábitos alimenticios. Hay que decirle a la gente que es necesario estar alerta: saber que muchas de las cosas que nos venden en los mercados comerciales como productos orgánicos, no lo son. Muchos son productos hidropónicos, que son lo menos orgánico que existe, porque crecen con poca agua y muchos químicos para que alcancen buen tamaño. Este año quince amigos han resultado con cáncer de páncreas, cuatro murieron. Aunque esto no se dice a los cuatro vientos, está sucediendo y es por eso que también se están multiplicando los médicos en la línea de la biomedicina, y para nosotros cada día hay más pedido, por eso debemos aumentar la producción sin sacrificar la calidad y sin caer en los espejismos.

 ¿Cómo en espejismos?

Me da pánico que llamen a uno de los campesinos del proyecto y le digan: “Le ofrecemos tanto con tal de que produzca sus mismos vegetales pero poniéndoles un poquito de este producto. Mire que va a ganar más”. La verdad es que ya sucedió, te lo confieso con el dolor del alma, esta mañana me enteré de que a mis espaldas estaba haciendo ese trabajito un instructor del SENA. ¿Cómo es posible que yo, que cuando fui directora técnica del SENA formé cuatro mil instructores en terreno, tenga que a un instructor que no se ha querido pensionar porque tiene el negocio asegurado, casi me acabe con el Proyecto Futuro? Yo pedí apoyo al SENA y lo mandaron como capacitador, me mandaron al típico anti-SENA que está allá, esperando para pensionarse lo mejor posible, dando contentillo a los industriales. Pues se iba a donde los campesinos y les decía: “¿Cómo va a ser rentable esto, si ustedes no le meten Triple 15 a la papa?”. Hay que estar alerta, saber qué terreno se pisa, pero sin perder la esperanza ni el entusiasmo. Seguir, seguir y seguir… y multiplicar.

Somos una islita y hay otras islitas con gente intentando y haciendo cosas, porque no somos los únicos; islitas de economía solidaria, de pensar en el ser humano antes que en el lucro, así se trabaje con precios injustos, en un mar de intereses que desbordaron el planeta y acabaron con la tierra, con los mares, con los peces, ¿por qué?, ¿porque eran malos? No. Porque su mentalidad en esa época era producir la mayor cantidad de comida y ganar la mayor cantidad de plata. Economía de lucro. Son dos enfoques, que fueron el comienzo de nuestra charla. ¿Educamos para los seres humanos felices, satisfechos de haber vivido, o educamos, entrenamos, para que algunos tengan mucha plata aunque no sean felices y hagan infelices a millones? Esa es la elección, eso hay que ponerlo en blanco y negro con la gente con la que uno habla. Nosotros tenemos que ser constantemente multiplicadores, porque la semillita de la consciencia está en todos.

Proyecto Futuro: Teléfono 6015156 - Cel: 3123801172 - cfrancodemachado@yahoo.com