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Educar es humanizar

Por Luz Doris López Ciro
Magisterio
14/12/2019 - 09:15
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Foto de Pixabay

Apreciados Maestros y Maestras; Nodo de Investigación, Medellín. 

En nuestra última reunión del Nodo, tuvimos la suerte de leer y comentar la carta Pedagógica que nos compartió la maestra Esther Lucía Duque, quien nos planteó grandes interrogantes respecto al rol o quehacer del maestro. Abordaré solo algunas de esas preguntas: 

¿Cómo ayudar a los estudiantes a entender y tomar una actitud reflexiva e investigativa? ¿Cómo lograr en ellos el verdadero cambio? ¿La verdadera motivación? o ¿la pasión por el aprendizaje?...O ¿Es que solo debemos educar para lograr una real y sincera convivencia?  

La educación liberadora estimula la reflexión y la acción sobre la realidad, refuerza el carácter histórico de los hombres y de las mujeres y los reconoce como seres en proceso, inacabados,  se hace revolucionaria, presenta las situaciones como problemas a resolver, humaniza a los hombres y a las mujeres mediante la búsqueda del ser más en la comunión y la solidaridad… 

Para responder a estas preguntas, deseo recordar hoy a nuestro pedagogo Paulo Freire, quien fue uno de los que más se acercó a una pedagogía humanista, en la que el conocimiento es compartido por el maestro y los educandos. Ambos aprenden, pero:

“Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo” 

La concepción de una educación problematizadora en la que, los educandos van desarrollando su poder de captación y de comprensión del mundo que, en sus relaciones con él, se les presentan, no ya como una realidad estática sino como una realidad en transformación, en proceso, es quizá la propuesta más democrática y revolucionaria de Freire, a más de liberar a los maestros de esa angustiosa situación que implica resolver los obstáculos epistemológicos de los estudiantes y las problemáticas que se presentan en sus vidas. En consecuencia se plantea una educación liberadora que se fundamente en la creatividad y que estimule la reflexión. 

+Lea: El nuevo reto: humanizar la educación

La educación liberadora desmitifica constantemente la realidad, considera el diálogo como lo fundamental para el aprendizaje. Los hombres y las mujeres decía Freire, no se hacen en el silencio, sino en la palabra; la palabra no puede florecer en la soledad y no debe estancarse en el mero pronunciamiento, sino que debe estar ligada a la acción y la reflexión. “El diálogo es el encuentro de los hombres y de las mujeres mediatizados por el mundo”. La educación liberadora estimula la reflexión y la acción sobre la realidad, refuerza el carácter histórico de los hombres y de las mujeres y los reconoce como seres en proceso, inacabados,  se hace revolucionaria, presenta las situaciones como problemas a resolver, humaniza a los hombres y a las mujeres mediante la búsqueda del ser más en la comunión y la solidaridad… 

Para Freire lo más importante de la vida era trabajar creando una existencia desbordante de vida, una vida bien pensada, una vida creada y recreada, una vida hecha, rehecha y movilizada en la existencia. Cuanto más hacía algo Freire, más  existía, por eso su pedagogía quedó replegada por todas partes, porque él existía. Intensamente. Le encantaba conversar con sus educandos, sus amigos, sus camaradas y dialogaba, recordando, reviviendo experiencias pasadas…  

Freire nos enseñó a tener una actitud crítica ante todo:

“Ya se trate de una gota de lluvia (que estaba a punto de caer pero se congeló, convirtiéndose en un hermosos copo), o de un pájaro que canta, un autobús que corre, una persona violenta en la calle, una frase en el periódico, un discurso político, un rechazo amoroso, lo que sea. Siempre nos enseñó a  adoptar una visión crítica; la de una persona que cuestiona, que duda, que investiga y que quiere iluminar la propia vida que vivimos” 

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Con estas enseñanzas de Freire, podemos decir sin timidez, que es posible ayudar a los estudiantes a tener una visión crítica, sí y solo sí, nosotros la tenemos. Si a diario leemos en la realidad las problemáticas. Si nos duelen las injusticias, si no somos indiferentes, por ejemplo, ante la cantidad de indigentes que hoy deambulan por las bellas calles y edificios de nuestra ciudad, si nos preguntamos por una sola vez: ¿Por qué a mayor “progreso” hay más pobreza, desamparo, desigualdad social e indiferencia? Una vez se tenga esta visión crítica, quizá se irá adquiriendo una visión reflexiva e investigativa,  que permita indagar por las problemáticas y descubrir con asombro que el conocimiento no es algo raro, ni ajeno, sino que nos habita todo el tiempo y que solo basta descubrirlo en cada acontecimiento, en cada persona con la que nos cruzamos a diario y a la que no debemos juzgar, sino problematizar. 

Solo se logrará el verdadero cambio, cuando empecemos a cambiar nosotros mismos, cuando nos convirtamos en maestros y maestras sensibles, “descomplicados”, apasionados, amorosos,detallistas, justos, equilibrados y ante todo: Buenos seres humanos, que admitamos, tanto el consenso como el disenso y que podamos trabajar en el orden, pero también admitir el caos. No hay mejor manera de lograr motivación que aquella que empieza con nosotros mismos. Pero en ocasiones es también necesario desmotivarnos, porque no somos perfectos, ni seres divinos, y esa desmotivación puede en ocasiones significar rebeldía, inconformidad, virtud necesaria para transformar situaciones adversas. 

La palabra apasionado es un adjetivo cuyo significado se refiere, a quien siente pasión o inclinación vehemente por algo o alguien. Nuestro deber ser de maestros sería hacer que ellos y ellas, sientan pasión o inclinación vehemente por el saber que profesan, pero pregunto, no sería interesante indagar en cada uno ¿Qué es lo que les gusta o les apasiona? Y en consecuencia permitir, que se vuelque dicho entusiasmo hacia ese saber, conocimiento o experiencia, así no sea de la materia o la clase que impartimos. Podría ser que la clave esté aquí y por eso nos cuesta mucho conseguir este propósito de la pasión de ellos por el conocimiento, porque éste les es ajeno o no disfrutan de las clases que “impartimos”, porque justamente, no compartimos sus gustos. 

Considero que no debemos educar solo para lograr parcialmente una “Real y Verdadera Convivencia”, sino que ésta última, debe hacer parte de todas nuestras prácticas pedagógicas y desde allí, desde la Real y Verdadera Convivencia, podemos dar el salto hacia una educación que tenga sentido, significado, relevancia y motivación para nuestros EDUCANDOS: La razón de ser de nuestro quehacer como maestros y maestras. 

Se me ocurre finalmente evocar al poeta español, Gabriel Celaya, quien concibe que:   

Educar es lo mismo que poner un motor a una barca…Hay que medir, pensar, equilibrar…y poner todo en marcha. 

Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino… un poco de pirata… un poco de poeta… y un kilo y medio de paciencia concentrada. 

Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que ese barco, ese niño, irá muy lejos por el agua. 

Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. 

Soñar que, cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. 

Foto de Pixabay