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Educar ¿Para cuál paz?

Por Mayra Alejandra Suárez Tapasco , Por Yuri Natali Taracha Pineros
Magisterio
19/07/2018 - 11:00
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Foto de Pixabay

En los diálogos de paz que actualmente se realizan en la Habana, en relación al conflicto armado colombiano se ha vislumbrado un posible fin del mismo, a lo que es imperativo como maestros preguntarnos ¿Cómo actuar frente a las dinámicas que se gestan en torno al posconflicto en la escuela?; si los constantes cambios del pueblo colombiano nos han llevado a reconocer que la paz no sólo es la ausencia de conflictos, sino también la construcción conjunta de valores, pensamientos y acciones que llevan a un bien común. 

Es por esto que debemos analizar las causas y consecuencias que deja el conflicto armado y cuál es nuestro rol docente, si como agentes activos dentro de la sociedad tenemos la posibilidad de aportar en la formación de sujetos activos en la realidad colombiana. La escuela permeada por estas realidades determina en gran medida las formas como nos aproximamos a dichas problemáticas para leerlas y comprenderlas.

A fin de cuentas si tenemos en cuenta que educar para la paz no es algo que sea competencia de algunas áreas o niveles específicos, sino que inicia desde los primeros grados, vale la pena reflexionar sobre aquellas posibles acciones reduccionistas del concepto de paz, tales como son las actividades sistemáticas donde se les pide a los estudiantes rellenar un boceto de una paloma blanca, haciendo alusión a la paz, impidiendo una apropiación del concepto, dejando de lado las experiencias de cada sujeto y así reprimiendo una construcción subjetiva de la misma.

Es por esto que la educación requiere de propuestas pedagógicas frescas y alternativas en donde se trabaje a partir de las realidades de cada sujeto, desde los diferentes roles y contextos que directamente o indirectamente han sido afectados por el conflicto, para lograr resinificar en cada uno de ellos, el concepto de paz.

Con lo anterior queremos abrir la posibilidad de reflexionar frente a las prácticas y discursos que podemos, como docentes en formación, reconocer en los contextos educativos y en los procesos de enseñanza y aprendizaje, tanto en la escuela como en otros escenarios, por lo cual nos lleva a replantear nuevas prácticas en relación a la paz, la reconciliación y la memoria, donde no solo la escuela, el maestro y los estudiantes sean agentes activos de este proceso, sino también involucrar los demás actores de la sociedad, concibiendo a la sociedad, como toda aquella persona que se ha visto inmersa en el eco que tiene el conflicto armado. 

La construcción de paz es un proceso de corto y de largo plazo en el cual intervienen los diferentes agentes activos de la sociedad, que con las diferentes transformaciones ayudan a enmendar y superar las causas que deja el conflicto dentro de la sociedad colombiana. Una de las bases más importante para esta construcción es contar con buenos líderes, por ende con buenas instituciones que estén dispuestas a velar por el respeto de los derechos humanos, procesos participativos y de fortalecimiento, en este caso los profesores tienen un papel (re)constructivo en la escuela.

Tal y como nos lo expresa Freire (1967)

“La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” (pág. 7).

Entendiendo así la educación como el camino mediador para la transformación de la sociedad, que nos permite reconocernos como sujetos únicos, que en colectivo logran generar cambios y libertad. Así que nuestra apuesta, gira en torno a la educación como se menciona anteriormente, la cual no se limita al aula de clase y a la estructura física de un centro educativo, sino, a la práctica o discursos pedagógicos que abarca toda la sociedad colombiana para poder lograr poco a poco transformaciones en las formas de actuar de cada individuo. 

El maestro juega un papel importante a la hora de generar el cambio en las formas de comprender el posconflicto partiendo desde el conocimiento que se tiene del conflicto armado y las diferentes dinámicas que se gestan en el aula de clase, para así a partir de una mirada crítica, construir e intercambiar conocimientos propicios para componer espacios apropiados para el diálogo, la discusión y actividades fortalecedoras en relación a la paz. Donde el sujeto sea agente constructivo, activo y participativo en la comprensión e interiorización en relación al tema. En escenarios caracterizados así, los sujetos contarán con un lugar de enunciación, es decir que su palabra será escuchada, que las actividades que realicen cobren sentido para sí y para los demás, tomando distancia del activismo al tener presentes valores y experiencias subjetivas. En las cuales no solo se construirán valores y reflexiones subjetivas acerca de su propia experiencia, sino también que se involucre una construcción colectiva teniendo en cuenta las voces de los demás sujetos.

De las diferentes conversaciones que se gestan entorno de la apropiación de lo que es paz, se debe tener en cuenta que las experiencias dialogadas y compartidas tienen en común la manera como se ha entendido y como ha tenido repercusión el conflicto armado en sus vidas. Si bien este diálogo ubica a las personas participantes en un lugar común, cada persona narra, cómo comprende y siente el conflicto armado, así como este lo ha permeado, teniendo en cuenta que muchas de estas comprensiones parten de los imaginarios y de los diferentes discursos que se han establecido alrededor del conflicto. Estos discursos están llenos de acciones violentas, estereotipadas y prejuiciosas que permean el comportamiento de aquellos que no lo han vivido de cerca. Asimismo estos discursos se convierten en realidad mediante acciones, que eclipsan a toda la sociedad.

Por esta razón es fundamental entrar a considerar el contexto colombiano y la situación política y social actual que reta a los educadores y educadoras infantiles a pensar en temas que desbordan las temáticas tradicionales de aula, partiendo de las diferentes concepciones que se han construido en torno al conflicto. Donde el hecho de comprender la situación coyuntural que estamos viviendo frente al proceso de paz en Colombia, es un hito histórico, por lo cual es necesario remontar los hechos y acontecimientos que se han dado por la construcción de la misma, puesto que se entiende, que este proceso no hace poco que surge.

Todo lo anterior lleva a entender que el fin del conflicto, es solo el comienzo para asentar las bases de una paz duradera, teniendo en cuenta que muchos de los conflictos son cíclicos, se deben dirigir acciones que fortalezcan y apoyen las estructuras sociales que fueron afectadas por el conflicto armado.

A su vez, se busca reconocer lo que hasta el momento el gobierno colombiano ha logrado, puesto que se sabe que el estado como protagonista del poder le ha dado más prioridad a la guerra año tras años dejando de lado la educación para la paz como elemento fundamental en la construcción social de los individuos desde la constante realidad, asimismo podemos ver cómo los diferentes bloques económicos del pueblo colombiano han sufrido una constante centralización y estancamiento en los servicios básicos primordiales de los habitantes. Gracias a los diálogos de paz realizados en la Habana, el actual gobierno trata de equilibrar los servicios básicos empezando por la educación implementado la ley 1732 del 2014, la cual imparte para todos los centros educativos del país la “cátedra de la paz”, que tiene como objetivo crear y consolidar un espacio para el aprendizaje, la reflexión y el diálogo sobre la cultura de la paz y el desarrollo sostenible que contribuya al bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población.

Esta ley da paso no solo a cuestionarnos, sino también a asumir el reto de educar para la paz, pero, cabe resaltar que es importante reflexionar sobre cuál paz, pensar detenidamente sobre qué es lo qué vamos a hablar en el aula, qué tipo de acciones podemos realizar, que significa para cada sujeto el conflicto y la paz. 

Podemos enseñar acerca de la paz cuando todos la hemos vivido de formas tan diversas. Desde qué concepto de paz se van a orientar las prácticas pedagógicas o es que solo la reconstrucción de los hechos, nos permite un adecuado significado de paz. Si bien es cierto que la memoria juega un papel importante en este proceso, queremos resaltar que no para todos significa lo mismo el conflicto armado, para algunos puede ser un hecho aislado que ven en los noticieros, para otros, una realidad innegable que dejó grandes huellas en su vida. Como educadores se hace fundamental preguntarnos cómo afrontamos esas distintas realidades que se mezclan en el aula de clases. Esta reflexión nos lleva a cuestionar:

¿Cómo educar aquellos que no han tenido relación directa con el conflicto armado?

¿Cómo hacer entender que algunas de las prácticas violentas o no violentas dentro de la escuela tienen un trasfondo cultural y gira en una lógica de terror?

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Con estas preguntas queremos hacer énfasis a lo observado en algunas ocasiones en los estudiantes de educación inicial y primaria, que nos encontramos en nuestras prácticas y escenarios pedagógicos, los cuales tienen una visión no tan clara del conflicto y como este se ha desarrollado en la ciudad; donde las visiones sólo se asemejan a las realidades presentadas en los medios de comunicación, que de una forma u otra también ayudan a construir una subjetividad propia equivocada desde realidades aparentemente apartadas de su contexto, llevándolo a comportarse según las tipificaciones mostradas en el televisor y reproduciéndose en el ámbito escolar, que en algunas ocasiones son exageradas o minimizadas de las realidad que vive un sujeto inmerso en el escenario donde se da el conflicto. 

Por otro lado está la acción del educador infantil que busca hacer entender que las prácticas reproducidas en los medios de comunicación y la vida cotidiana, no se asemejan a las formas reales que se dan en la sociedad, ya que tomamos muy superficialmente los acontecimientos que suceden lejos de nosotros pero que de alguna forma nos afectan. Entendiendo que Colombia es un país sin memoria, nuestra invitación es a construir desde la memoria de los distintos actores de la sociedad un pensamiento narrativo, ya que solo mediante los actos intencionales como el recuerdo y el olvido, preservamos y transformamos nuestra realidad, generando detonantes de la memoria se reconstruyen los pensamientos. Teniendo en cuenta que dentro de la escuela se encuentran visiones del mundo distintas, el maestro ha de tener la certeza de poder dirigir los conflictos, recalcando que los conflictos no se solucionan por medio de actos violentos y que estos mecanismos son propios de una cultura heredada, un contexto en el cual han sido educadas más de tres generaciones.

Además se quiere dar paso a como las prácticas violentas tienen un trasfondo cultural en la lógica del terror, como lo menciona Vargas Llosa (1980) en el texto que lleva el mismo nombre, esta es rigurosa, coherente e impermeable al diálogo. El mayor peligro para la democracia no son los atentados, por dolorosos y onerosos que resulten, es aceptar las reglas de juego que el terror pretende implantar. Por más de cincuenta años el pueblo colombiano aceptó, vivenció e interiorizó estas reglas donde cada uno de sus efectos repercute en la memoria al punto de modificar actitudes y acciones que hoy en día vivenciamos en las diferentes dinámicas de las organizaciones sociales; más que nada en la escuela.

En donde encontramos que la escuela, es un escenario generador de posibilidades y alternativas para entrar a mediar dentro de las diversas problemáticas que la afectan constantemente en relación al conflicto. Por eso, es necesario que cada actor que hace parte de la escuela conozca la historia a profundidad de los aconteceres colombianos y tome conciencia que cada uno de los actos violentos por más mínimos que sean, no son más que un reflejo de la cultura del terror, que indiferentemente está constantemente presente en nuestras actividades cotidianas. 

Es de suma importancia reconocer que las negociaciones de paz, son el primer paso para la mutua comprensión y el diálogo, donde se puede acordar mediante la firma de los acuerdos. Pero la verdadera paz se construye en igualdad de condiciones de los implicados y no implicados, partiendo desde una educación honesta, libre, crítica y reflexiva que ayude a la sana convivencia de cada uno dentro de un contexto, ya sea el campo o la ciudad. Mediante las acciones que el maestro realice ayuden a entender que esta construcción no solo la hacen aquellos que forman parte activa dentro de las instituciones sociales, sino también por cada uno de las personas pertenecientes a este territorio.

Para finalizar, se presenta un último interrogante el cual dio inicio a la idea central de esta ponencia, que como maestras en formación y futuras docentes están presentes en nuestro quehacer con los nuevos aconteceres. Si vamos a educar para la paz, a cuál paz nos referimos ¿Cómo entendemos la paz? Si entendemos por paz la ausencia del conflicto o como si el conflicto fuera el camino esencial para llegar a la paz, además de estas reflexiones nunca se ha pensado cómo sería una paz verdadera para Colombia.

Son conjeturas que aún no se han definido y a puertas de la firma inminente de la paz y alrededor del debate que ha generado el plebiscito, no podemos anticipar lo que puede pasar, pero lo que sí está claro es que la educación al igual que el respeto son necesarios para construir un mundo mejor. Como muy bien lo dice la ganadora del premio nobel de paz Malala Yousafzai (2014), Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución y es por ello que sin la educación ni siquiera hay la posibilidad de pensarse un mundo mejor e igualitario para todos.

Referencias  

Congreso Nacional de Colombia, (2014). Por la cual se establece la cátedra de la paz en todas las instituciones educativas del país. (Ley Nº 1732 1 de septiembre de 2014). Recuperado de http://wsp.presidencia.gov.co/Normativa/Leyes/Documents/LEY%201 732%20DEL%2001%20DE%20SEPTIEMBRE%20DE%202014.pdf

 Freire, P. (1969). La educación como práctica de la libertad. España: Siglo XXI Editores.
 Vargas, Llosa. M. (1980). La lógica del terror. Recuperado de https://www.yumpu.com/es/document/view/13834034/la-logica-del-terror-mar...

Yousafzai, M. (2014). Premio nobel de paz. España: Siglo XXI

Tomado de:http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf.Pp254-260. Título: Educar: ¿Para cúal paz?

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