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Educar para ser uno mismo

Magisterio
26/08/2019 - 11:45
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Foto de Adobe Stock

Hace unas semanas, mi pareja y yo comenzamos un proceso de adopción, un camino complejo y largo, que, como bien nos han dicho, puede ser que nunca concluya. Aun así, mantenemos la ilusión. Llevamos ya unos años con esta idea, por eso decidimos formalizar los papeles y registrarnos como pareja hace ya un tiempo. 

He de reconocer que, en un primer momento, viví esta etapa con una serie de contradicciones y, tal vez por la diferencia de edad, no me hacía especial ilusión. Sin embargo, el tiempo hace que las cosas vayan cambiando y, a día de hoy, mantengo este proyecto vital como un eje central en mi vida que me da mucho aliento. 

 La visceralidad y la exaltación del odio son muy fáciles de construir. Pero hacen un daño que cuesta mucho reparar. 

Todo esto se lo explicaba hace unas semanas a mis padres. Les comenté que tenía miedo, que ante los cambios que se aproximan y la deriva social, nosotros, por el hecho de ser “maricones”, no pudiésemos terminar adoptando. Mi madre torció su gesto mucho más que mi padre, tal vez él está acostumbrado a mi dureza discursiva y a ella estas cosas, por falta de costumbre, parece que le duelen más. -No digas eso-, me dijo; pero no por el hecho de no poder adoptar; lo decía por mi expresión, por llamarme así a mí mismo. Y en esas palabras y en sus miradas vi que ellos también veían muy difícil que esto se cumpliera. 

+Vea: ¿Cómo explicar el amor y la diversidad sexual a los niños?

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Pero, aun así, lo que más le dolía a mi madre era que utilizase esa palabra, “maricón”. Y yo pensé, ¡Pero bueno! Con las veces que me la habrán dicho a lo largo de mi vida. Con lo que tuve que aguantar con esa etiqueta toda la infancia, como un lastre, como algo que no entendía, como odiar una pluma que nunca podía dejar a un lado-. Ser uno mismo es ser maricón. Y eso es lo que les dolía, no por mí forma de ser, sino porque sintieron el miedo que habían perdido. A que me volviesen a insultar, a que perdiese mi libertad. 

debemos asumir y retomar la senda de la tolerancia; de encontrarnos en perspectiva en este mundo y apostar por el respeto y la diversidad.

Vienen tiempos complicados-, eso les decía. Un momento en el que muchas cosas que empezaban a estar socialmente mal vistas (como la homofobia pública), vuelven a estar trivializadas, banalizadas y, peor aún, señaladas. Eso mis padres fue lo que vieron y precisamente eso fue lo que más les dolió. 

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Por eso creo que ahora debemos asumir y retomar la senda de la tolerancia; de encontrarnos en perspectiva en este mundo y apostar por el respeto y la diversidad. La visceralidad y la exaltación del odio son muy fáciles de construir. Pero hacen un daño que cuesta mucho reparar. Son nuestras vecinas, conocidos y personas que de algún u otro modo queremos. 

Sé que a mis padres les ha costado mucho esfuerzo (sobre su propia educación e ideas) aceptar que debían educarme para que yo fuese yo mismo. Y por eso les doy las gracias. Y por eso me encantaría que sus nietos les puedan conocer. Paulo Freire decía que “la educación se rehace constantemente en la praxis. Para ser, tiene que estar siendo”. Ellos me enseñaron a ser y necesitamos estar en este mundo para no olvidar, para poder seguir siendo. 

El anterior artículo es tomado de la web Yo Soy Tu Profe - Portal educativo para visitar el contenido original haga click en el siguiente enlace: https://yosoytuprofe.20minutos.es/2019/02/12/educar-para-ser-uno-mismo/ 

Foto de Adobe Stock