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El ABC de la evaluación

Por Francisco Cajiao
Magisterio
02/11/2017 - 12:00
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

Para iniciar una discusión amable y productiva es indispensable acoger un significado común para el concepto de evaluación, a fin de precisar los alcances que puede tener un trabajo serio sobre el tema.

 

La palabra evaluar tiene dos sentidos:

 

1. En primer lugar significa asignar valor a algo. Este significado primordial es fundamental desde el punto de vista pedagógico, ya que la evaluación escolar debería centrarse cada vez más en “descubrir” el valor de cada estudiante, la “identificación” de los talentos particulares, el “hallazgo” de las mejores formas de enseñar y de organizar las instituciones educativas.

 

2. En segundo lugar significa identificar el progreso en el logro de unos objetivos propuestos, o averiguar el estado de algo con respecto a un parámetro (estándar) preestablecido. En general, este es el sentido que se asigna con más frecuencia a la evaluación. Para muchos, representa un sentido amenazante de calificación (o descalificación). Sin embargo, es necesario entender que todas las personas y las organizaciones humanas, por más informales que sean, siempre están recurriendo a este mecanismo, así lo hagan de una forma intuitiva.

 

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No vale la pena desgastarse en una discusión muy complicada sobre lo que pretende la evaluación o la necesidad de recurrir permanentemente a ella, usando los dos sentidos que se han mencionado. Lo que, en cambio, sí constituye un desafío muy grande es avanzar en la forma como se hace esa evaluación, de tal manera que cumpla su propósito central y contribuya de manera positiva al progreso colectivo.

 

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Si el tipo de evaluación que se usa en un determinado momento contribuye a desanimar a los niños y jóvenes en su deseo de estudiar y asistir al colegio, estamos ante un modelo equivocado de evaluación, pues no contribuye a mejorar el nivel de escolaridad de la población y, en cambio, genera grandes costos. Otro tanto podría decirse de un sistema de evaluación que conduzca a altas tasas de repetición en todos los niveles del sistema.

 

De otra parte, un modelo de evaluación en el cual los niños, niñas y jóvenes sientan que no tienen que hacer ningún esfuerzo para progresar en el conocimiento tampoco resulta adecuado, ya que la precariedad de los resultados obtenidos al final de la educación media no les permitirá proyectar su proceso formativo hacia nuevas oportunidades de educación postsecundaria.

 

Pero, además, es necesario avanzar en formas adecuadas de evaluar el progreso en los procesos de formación ética, desarrollo emocional y habilidad para participar activamente en la vida social. Hace falta diseñar modelos que permitan dar valor a la experiencia de los maestros y maestras, con el fin de establecer mecanismos permanentes de reconocimiento y estímulo. Se requiere afinar formas de evaluar la gestión institucional y local, teniendo como referentes indicadores más complejos sobre el desarrollo de las comunidades y las regiones.

 

+Lea: Evaluar desde una perspectiva ética

 

Es indispensable evaluar con criterios serios, de alto contenido académico y científico, los planes de estudio vigentes, ya que también ellos tienen mucho que ver en la oportunidad de aprendizaje que tienen los estudiantes.

 

Como puede apreciarse, el tema de la evaluación recoge muchos de los aspectos más relevantes de la educación, tanto en su nivel administrativo nacional y local, como en los ámbitos institucionales, hasta llegar a las situaciones específicas del aula de clase.

 

Titulo: Evaluar es valorar. Autor: Francisco Cajiao. pp. 34-36

 

Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

 

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