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El amor puede ser una respuesta

Magisterio
20/12/2019 - 11:00
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Foto de Pixabay

Compañeros de viaje  

Las palabras escritas a continuación pretenden hablar de corazón a corazón,  aunque se trate de un tema que precisamente lo desvincula. Sin embargo, hace parte también de lo humano en la medida en que ha estado presente de manera trasversal, se trata del conflicto. No es una situación aislada que sólo ocurre en determinados lugares y a determinadas personas; estamos frente a una situación de orden social que nos atañe a todos. 

Como lo menciona Galtun citado en Calderón (2009), los conflictos son portadores de objetivos; en algunas etapas contribuyeron a generar cambios en provecho del hombre, pero en otras, trascendiéndose a sí mismo y convirtiéndose en violencia condujeron a la deshumanización absoluta; y desde esta perspectiva se asume que el conflicto vivido nos ha llevado a la deshumanización.  

¿Cómo me relaciono con ese niño triste, asustado, con odio en su corazón?, ¿Qué siento, Qué se mueve en mi ser, Qué pienso de él? De igual forma; ¿Cómo me relaciono con la familia de ese estudiante? Papá o mamá que muchas veces no saben qué hacer… 

Partiendo de esta idea entonces, los interrogantes en torno a estrategias o intervenciones pedagógicas suscitados en la carta anterior, buscan respuestas que invitan al despertar de la conciencia; como la escritora lo propone, a pesar de los múltiples intentos y acciones, no se ha logrado incidir de manera significativa en una educación para la paz. Tal vez porque se ha mirado el afuera, sin cambiar la dirección hacia el interior. 

No es posible dar una “receta” para tratar un tema multifacético, polifacético, que cada ser encarna en sí mismo de acuerdo a su experiencia, a su vivencia, a su emocionalidad, a su sentir… Estas líneas por tanto, solo tienen la finalidad de ocasionar un breve espacio de auto- observación, auto-reflexión de los procederes en nuestra función cómo docentes, cómo maestros, cómo guías de un proceso educativo… 

Pero ¿Por qué el amor es camino, medio y fin?  

Porque es desde allí que construimos una civilización mejor, en donde no se desconoce al otro, no se deshumaniza, no se destruye; eso sí, no le rehúye al conflicto, pues entiende que para construirse, habrá que deconstruir cosas, situaciones, conocimientos, y eso ya de por sí es conflicto, pero que no debe destruir sino construir y plenificar. 

Si bien es cierto que diferentes instituciones brindan lineamientos para el actuar del maestro, también es cierto que la profesión del maestro es un encuentro desde lo humano, como lo dice Jung, “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. 

Actualmente la educación se está tornando más humana, y se está pensado con una visión de sujeto integral, que no solo piensa sino que siente y crea… sin embargo, la idea de escuela se establece, y considero vital esta postura, desde el estudiante. Moreno (2006). 

La invitación entonces, es a mirar hacia nuestro interior, identificando las maneras de interaccionar con el otro; ¿Cómo me relaciono con ese niño triste, asustado, con odio en su corazón?, ¿Qué siento, Qué se mueve en mi ser, Qué pienso de él? De igual forma; ¿Cómo me relaciono con la familia de ese estudiante? Papá o mamá que muchas veces no saben qué hacer… 

La principal herramienta para estar con el otro es el amor, se puede nombrar también como vocación. El maestro debe encarnar el amor, lo cual implica el conocimiento de sí mismo; la observación, el creer en su estudiante. Saber que con una mirada, con una palabra, incluso con un gesto se acompaña o se destroza a un sujeto. La invitación es a observar la simplicidad de cada día, los actos sencillos que pueden marcar la vida del otro. 

No es el amor, por el amor, es un amor que plenifica y hace más grande al amado, Ortega y Gasset decía en su texto Estudios sobre el amor (1963)…“El amor se prolonga en el tiempo: no se ama en serie de instantes súbitos, de puntos que se encienden y apagan como la chispa del magneto, sino que se está amando lo amado con continuidad. Esto determina una nueva nota del sentimiento que analizamos; el amor es una fluencia, un chorro de materia anímica, un fluido que mana con continuidad como de una fuente”…  Es ahí donde la profesión del maestro cobra vigencia y se hace más grande, pues pasa de un simple accionar a ser una acción transformadora de su realidad y de la realidad del otro. 

Pero ¿Por qué el amor es camino, medio y fin?  

Porque es desde allí que construimos una civilización mejor, en donde no se desconoce al otro, no se deshumaniza, no se destruye; eso sí, no le rehúye al conflicto, pues entiende que para construirse, habrá que deconstruir cosas, situaciones, conocimientos, y eso ya de por sí es conflicto, pero que no debe destruir sino construir y plenificar. 

Es por eso que La Escuela debe ser lugar para el amor, sin negar todo lo que ella lo compone, sus ires y venires y su conexión con el medio que lo circunda. 

Crear una cultura de Amor, como decía Ortega y Gasset (1917), es donde la construcción es por la persona y su quehacer…

“Desde su visión del hombre, si bien el esfuerzo individual es básico, el hecho de incluirse cada individuo en una circunstancia que comprende a otros significa que contar con el prójimo sea esencial”, debe ser papel de La Escuela, de la familia y la sociedad misma”; es por eso que debemos propiciar que ella nos permita decir como San Agustín “non intratur in realitatem nisi per amorem” (“No se entra en la realidad sino por el amor”) y que sea él, quien impregne la vida y se vuelva cultura… 

Y lo segundo en esa mirada de La Cultura del Amor es tener un carácter nacional, que es una propuesta como él mismo dice en Meditaciones del Quijote (1914) al decir que “Un pueblo enfermo de odios sólo puede sanarlo el amor”, es allí donde los claustros educativos deben generar no odios, sino amores, amores por el conocimiento, por las diferencias, por las singularidades que construyen pluralidades. 

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Y un tercer elemento la conversión hacia el amor de los intelectuales o La Intelectualidad que busca una convivencia total, que lleve o desemboque en la fraternidad, y que a su vez invita al maestro y a todos a una misión de “Organizar a la sociedad ejerciendo su influjo desde la labor que le corresponde hacer” y que “hiciera de cada ser humano una persona comprometida con su circunstancias”. No ser espectador pasivo, sino agente cambio, batallador de una mejor sociedad y un ser capaz de enfrentar y enfrentarse al mundo con otras armas, que no sean las armas, las guerras y la violencia misma. 

Es construir personas insertas en un proyecto de nación, que como la nuestra puede tener un marco referencial que nos atrevemos a llamar Amor”, amor por sí mismo, por lo que somos, por los que no somos, por lo que hacemos y creemos. 

Que esta epístola que se atreva responder otra de un maestro, sea punto de partida y momento de reflexión para entender que amando somos más y mejores y como decía San Francisco de Asís “Yo necesito poco, y ese poco lo necesito muy poco” y ese poco se llama AMOR. 

Junio de 2016 

Gisela Giraldo Vélez 

Gustavo Adolfo Soto Zapata  

Bibliografía 

http://revistaseug.ugr.es/index.php/revpaz/article/view/432/478 

Moreno, M. B. (2006). La creatividad en los alumnos de educación infantil Incidencia del contexto familiar. Creatividad y sociedad: revista de la Asociación para la Creatividad, (9), 43-52. 

http://cashflow88.com/Club_de_lectura_UTB/Ortega-Y-Gasset-Estudios_Sobre...

http://www.personalismo.org/bagur-taltavull-juan-la-cultura-del-amor-y-l...

P. Laín Entralgo, Ciencia, esperanza y amor en el pensamiento de Ortega, en J. San Martín (coord.), Ortega y la fenomenología: actas de la I Semana Española de fenomenología, Madrid, UNED, 1992, pp.325-328, p.334. 

J. Ortega y Gasset, Sencillas reflexiones, en J. Ortega y Gasset, Obras Completas. Tomo I, cit., pp. 591-601, p.597. 

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