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El choque generacional: adolescencia y escuela

Por Paola Andrea Roa
Magisterio
07/03/2018 - 11:45
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Foto de bearfotos. Tomada de Freepik

La insurgencia de la cultura juvenil, que viene acompañada por una ruptura en la fa­milia nuclear y en la relación entre sexos, comporta la idea de generación como etapa de pasaje altamente relacionada con procesos sociales. En tal sentido, pertenecer a una generación se ha vuelto un índice importante del ser joven, por ello cada generación es distinta y comporta rasgos únicos heredados de la cultura y la sociedad que le tocó vivir. En correspondencia, afirman Margulis y Urresti (1998),

Los jóvenes son nativos del presente y cada una de las generaciones coexisten­tes (divididas a su vez por otras variables sociales) son resultado de la época en que se han socializado: cada generación es portadora de una sensibilidad distinta, de una nueva espisteme, de diferentes recuerdos; es expresión de otra experiencia histórica (p. 4).

Por consiguiente, la idea de generación representa una forma de interacción dis­tinta entre generaciones anteriores y recientes, un rasgo de esto es, por ejemplo, el hecho de que los jóvenes ya no ven en los adultos sabios y experimentados guías u orientadores, los líderes suelen ser pares generacionales, lo cual se hace visible en los diferentes movimientos juveniles liderados por jóvenes, asimismo el conocimiento de la vida ya no se apoya en la experiencia de otros, mayores, sino en la propia o en la de otros jóvenes.

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El conflicto generacional se da entonces porque las generaciones emergentes poseen una cosmovisión y una sensibilidad distinta, sus métodos de conocimiento del mundo son otros, sus prácticas culturales y sociales disiden de las de sus padres o mayores. Al parecer, este desencuentro de realidades lleva a pensar que jóvenes y adultos han construido universos tan divergentes que, aunque conviven diariamente, están absolutamente separados.

Esto remite a los postulados de Margaret Mead (1995), según los cuales los avances tecnológicos han creado un abismo entre quienes antecedieron estas revoluciones y quienes son hijos de las mismas, así se han generado tres tipos de culturas diferentes que conviven paralelamente, una posfigurativa cuya empresa es la perpetuación de los saberes ancestrales, una cofigurativa de corte contemporáneo y en la que conviven lo ancestral y lo moderno, y una prefigurativa que viene renovando todo conocimiento, asumiendo una actitud nómada frente a este. Para la autora, la salida a este conflictivo panorama es la convivencia de estas culturas para que enriquezcan el porvenir de las futuras generaciones.

La confrontación de lo instituido y lo instituyente en aras de un consenso permite redefinir las representaciones sociales como producto de los intercambios discursivos entre sujetos que, aunque anclados en territorios distintos, esperan configurar una realidad social inclusiva, pero sobre todo crítica.

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Todo lo expuesto hasta aquí permite llagar a ciertas conclusiones: en primer lugar que la representación social de juventud ha estado enmarcada dentro de lo biológico como una etapa de transformación física y mental, además, ha sido calificada como conflictiva e inestable, imágenes de dicha representación que no involucran elementos como el contexto cultural, económico y político que moldean las maneras de ser joven en diversas sociedades; por consiguiente, esta no se entiende como una construcción social, minimizándose su importancia en lo histórico social.

En segunda instancia, existen aspectos como la industria cultural que hicieron posible la instauración de la cultura juvenil y que hoy participan altamente en la conforma­ción de la identidad juvenil y de los movimientos juveniles; esta interacción con la cultura permite a los jóvenes iniciar procesos éticos y estéticos en los que demuestran su autonomía y significan una temporalidad caótica.

Y tercero, el destiempo generacional causado por la divergencia de narrativas del mundo adolescente y el adulto hacen que las representaciones sociales negativas sobre la juventud se refuercen impidiendo la reflexión de un fenómeno social que cada día se vuelve más difícil de abordar, sobre todo, porque esos otros, que no se inscriben en él, lo simplifican sin darle las dimensiones sociales, culturales e históricas que implica.

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Todo lo enunciado hasta aquí tiene como finalidad mostrar que para definir la ado­lescencia es esencial entender múltiples variables, y sobre todo, el papel que los ob­jetos de la cultura de medios tienen en la configuración de la misma, no como meras entidades de entretenimiento y distracción, sino como elementos del significado que permiten encantar la rutina de formación cotidiana. Hasta cierto punto el ejercicio de dar sentido a la vida a través de estos objetos y prácticas permite a los jóvenes crear algo propio; en la constitución de una ideología, en el uso de un lenguaje específico de un atuendo y accesorio particular hay un acto creador que permite recusar las significaciones instauradas.

En relación expresa Maffesoli (1990):

Escapar de las instituciones fundadas en la modernidad parece ser lo propio de los jóvenes, ellos a fuerza de rechazo y aparente indiferencia, pugnan una experiencia creadora y fundante de lo que tal vez sea en una temporalidad cer­cana, las formas de socialidad que abran paso a nuevas formas de ser comunes y comunitarios (p. 161).

Ciertamente el aparente desinterés de los jóvenes y el apego a sus intereses “efímeros” tiene que ver con una manera particular de negar el pasado e instituir el presente, así, cada cosa que representa la adolescencia tiene un sentido, en tanto contribuye a la articulación de unas significaciones sociales instituyentes que explican las dinámicas de lo histórico social.

Referencias

Margulis, M. y Urresti, M. (1998). La construcción social de la condición de juventud. En: M. Margulis. Viviendo a toda. Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades. Bogotá: Universidad Central.

Mead, M. (1995). Cultura y compromiso. Barcelona: Gedisa.

Maffesoli, M. (1990). El tiempo de las tribus: el declive del individualismo en las sociedades de masas. Barcelona: Icaria Editorial.

Título tomado del libro: Ser madre joven y mujer. Autores:Paola Andrea Roa García, Andrea del Pilar Osorio González, Olga Lucía Riveros Gaona, Sonia Vallejo Rodríguez. Sandra Milena Pérez Medina, Ivonne Rocío Romero Brito. . pp. 49-51.

Foto de bearfotos. Tomada de Freepik

 

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