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El compromiso social desde la investigación participativa de los jóvenes

Magisterio
21/08/2018 - 11:45
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Foto de Freepik

Para reflexionar sobre el compromiso social y la importancia de adquirirlo por parte de los educandos y ayudar a construirlo por parte de las instituciones educativas durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, se hace necesario retomar la normatividad que lo postula, ya que ella abre la posibilidad de implementar diferentes procesos investigativos en todas las etapas de formación, donde se les permita a los educandos acercarse a las comunidades con un objetivo claro que ayude a formarlos como sujetos de cambio, facilitadores de procesos y transformadores sociales. 

Educación formal 

En Colombia, la Ley 30 de 1992, en su artículo 1, enuncia que: La Educación Superior es un proceso permanente que posibilita el desarrollo de las potencialidades del ser humano de una manera integral, se realiza con posterioridad a la educación media o secundaria y tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su formación académica o profesional. (párr. 1)

En este postulado se enmarca la trascendencia de reconocer la educación como un sistema continuo, holístico, en el que las necesidades cognoscitivas e intereses personales de los educandos varían por la complejidad de los esquemas conceptuales, pero no necesariamente como facilitadora de los procesos de equilibrio estudiados por Piaget e Inhelder (1984), en lo relacionado con las exigencias dadas por las sociedades emergentes, como las propuestas por Campos (1988): la sociedad del conocimiento y la sociedad de las comunicaciones.

Estas sociedades exigen una educación centrada en el ser, el saber ser, el hacer, y el saber hacer (Juliao, 2013), lo que se constituye en el eje central de la educación, una educación humanística fortalecida en el desarrollo integral del ser, orientada al desarrollo sostenible de las naciones (Maura, 2008).

La prioridad, entonces, debería estar sujeta a postulados de teóricos como Durkheim (2001), quien refiere al individuo dentro de una estructura social que lo moldea pero que la puede cambiar y enriquecer a través de propuestas investigativas; el principio de desarrollo cognitivo de Vygotsky (1998), para quien las relaciones socioculturales marcan el desarrollo de los procesos de orden superior que facilitan la adquisición de conocimientos y el de Severin (2011), entre otros, quienes propone la orientación de la educación hacia el desarrollo de competencias para el siglo XXI agrupadas en cuatro grandes categorías: manera de pensar, manera de trabajar, herramientas para trabajar y maneras de vivir el mundo.

Esto lleva a reevaluar un componente importante que surge como base para el desarrollo de nuevos conocimiento: el posicionamiento de la investigación en de las instituciones educativas. Dentro del proceso se debe dar respuesta desde la institución a:

  • ¿Qué es la investigación?
  • ¿Qué papel juega en el desarrollo de la sociedad?
  • ¿Cómo asociar este proceso al compromiso social?

Así, el objetivo que surge y que lleva a coincidir sobre alguno de estos interrogantes es el de conocer en los jóvenes el compromiso social a través de la investigación participativa. 

En este contexto, el proceso cognoscitivo no sólo debe buscar que el educando conozca, comprenda, analice, infiera, sintetice, evalúe y transforme en competencias los conocimientos adquiridos, sino que su fin último debe ser el de hacer ciencia, crear nuevos conocimientos, y la estrategia que lo hace posible de manera permanente es la investigación, lo que implica que esta asuma un nuevo rol: constituirse como el ambiente de aprendizaje propicio que facilita la adquisición de competencias; entre ellas, la autonomía que exige el aprender a aprender (Novak y Gowin, 1988), así como el compromiso con los sistemas de vida donde los nuevos conocimientos, avances científicos y tecnológicos deben estar al servicio del bien común.

La educación formal en el desarrollo investigativo de los jóvenes 

La Ley 30 de 1992, en el capítulo II, contempla entre sus objetivos principales: “capacitar a los estudiantes para que cumplan las funciones profesionales, investigativas y de servicio social que requiere el país”.

En ella se pueden determinar los grandes pilares en los que se ubican las cuatro categorías (en las que se agrupan diez competencias para el siglo XXI): la manera de pensar, la manera de trabajar, de vivir el mundo y las herramientas para trabajar (Severin, 2011).

Estas competencias se deben lograr, según el Ministerio de Educación Nacional (MEN) durante 17 años como mínimo de estudio. Los educandos se sumergen en una estructura organizativa, externa, delimitada en un tiempo y en un espacio, mediada por los compromisos de una institución sujeta ante un Estado, así como por los conocimientos limitados de un docente que puede o no tener la convicción de que hacer ciencia es un compromiso de todos.

En ella se busca, mediante un proceso de enseñanza-aprendizaje, aprender los contenidos que la sociedad considera que debe aprender, ejemplo de esto son los Derechos Básicos de Aprendizaje (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2016) que son estructurados en programas regulados por leyes; en Colombia, por la Ley General de Educación 115 de 1994, caso particular para la propuesta, en su artículo 5, en el que uno de sus fines es “la adquisición y generación de los conocimientos científicos y técnicos más avanzados, humanísticos, históricos, sociales, geográficos y estáticos, mediante la apropiación de hábitos intelectuales adecuados para el desarrollo del saber”. 

Con este artículo de ley se debe asumir que la cualificación del individuo para ser altamente competitivo en una sociedad cambiante, globalizada y holística que busca el bien común, debe estar ligado a la creación de conocimiento científico y “la capacidad de gestionar el cambio tecnológico y aplicarlo a la producción, la explotación racional de recursos naturales, la salud, la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales” (Barrere et al., 2012, p.11). Es decir, desarrollar conocimiento involucra de una u otra manera aprender a administrar los recursos y llevarlos al progreso de las comunidades afectadas por diferentes flagelos (Delors, 2013).

La consecución de estos objetivos significa que la educación debe redefinir algunos componentes en sus procesos y programas, ya que no solo se trata de enseñar contenidos donde está el poder adquisitivo de los conocimientos sino en los procesos para conocer, situar y llevar los conocimientos a la práctica a través de la resolución de problemas y en ello se desarrolle ciencia y tecnología. 

En este ámbito, toma un valor preponderante la comunidad y el compromiso social que se genera en el individuo al interactuar con la comunidad y contextualizar desde su área de conocimiento identifica una problemática a la que le propone una solución por el diseño de un método que garantice la exactitud del proceso o su verificación (Bunge, s.f.).

La investigación y el compromiso social del joven

Desde la teoría cognitiva de Vigotsky (1988), Ausubel, Novak y Hannesian (1998) y Novak y Gowin (1988), aprender requiere procesos secuenciales y lógicos, que van logrando diferentes grados de complejidad. Ellos se estructuran en mallas conceptuales que equilibran con una significación clara los contenidos que se adquieren, comprenden y les permiten su permanencia, así como la generación de nuevos e innovadores conocimiento. Este proceso se torna complejo en la medida en que se adquiere nuevos conocimiento, pero reducir el aprendizaje a solo su complejidad y repetición no implica ni aprender ni enseñar y en menos proporción a hacer ciencia. 

Construir desde la base de una teoría implica que el individuo registre una necesidad real, que lo motive y lo conduzca a indagar para comprender, analizar y producir nuevas relaciones, crear nuevos caminos que permitan interactuar con las comunidades para crear o diseñar productos, un sistema, un modelo de gestión, que solucione las problemáticas reales de los entornos en los que habita, en la sociedad en que circula su vida, o la realidad que observa, cuestiona o vive. 

El compromiso social en las Instituciones de Educación Superior, deben tener como punto de partida lo propuesto por Marcano (2002), quien considera que

se debe tomar conciencia plena de que el conocimiento es un bien social y como tal debe ser generado, transmitido, recreado y criticado en beneficio de la sociedad, por lo que deben asumir su responsabilidad en la búsqueda de soluciones a las demandas, necesidades y carencias manifiestas en los diferentes grupos sociales. (pp.149-150)

Esta visión está circunscrita en los procesos de desarrollo sustentable de las naciones en las innovaciones tecnológicas y en los procesos de comunicación para el cambio social y requieren individuos investigadores, activos, participativos y empoderados que la transmitan de generación en generación. Aquí también se hace necesario revindicar la educación, formar líderes que gestionen los cambios en las comunidades, que despierten el interés para la realización de las acciones, el ser mediadores para unificar conceptos y llegar a consensos que permitan logros de interés colectivo (Agüera, 2006, p.65). 

Para ello, nada más importante que la universidad abra espacios como fuente de conocimiento e interacción, con individuos con lazos de apego estimulados para comprender que su acción crea cambios sociales. 

La juventud inmersa en una sociedad del conocimiento y de las comunicaciones no es y no puede ser una juventud pasiva intelectualmente. Las mismas estructuras sociales que permiten un  sinnúmero de relaciones en diferentes niveles les exige crear y recrear espacios, movimientos sociales, cuestionar historias, tradiciones y comprender que el conocimiento no es memorístico, que ellos pueden crear interrelaciones diferentes donde los sistemas de gestión del conocimiento permite cambios en todos los sistemas sociales. Nada más paradójico que seguir pensando en un estudiante estático o pasivo que espera una nota de aprobación. Hoy se educa para construir conjuntamente procesos de aprendizaje que les ayude a una formación permanente, la calidad y la cantidad la exige las necesidades sociales (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2005; Krüger, 2006). 

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Conclusiones

Existe la posibilidad de seguir formando bajo la premisa de buscar sostener una sociedad a un Estado; se puede seguir educando pensando que el conocimiento está dado bajo las necesidades vistas desde las Instituciones de Educación Superior; o se puede postular la premisa de que hoy los procesos de enseñanza-aprendizaje son mediadores entre el conocimiento, la sociedad y el educando. 

El ser, el saber ser y el saber hacer (Juliao, 2013) son competencias poco estudiadas. Se tienen como bandera de los procesos por competencias para el siglo XXI, pero nada más alejado de la realidad que esta consiga, ya que para poder abrir el espacio al ser, y al saber ser, se hace necesario construir ambientes diferentes a los propuestos por la rigidez de las Instituciones Educativas, donde el conocimiento se mide con una nota definida por una evaluación regida más por las competencias al servicio social que por la gestión social de los individuos.

Referencias

Agüera I. (2006). Liderazgo y compromiso social: hacia un nuevo tipo de liderazgo estratégico, ético y con compromiso social. Ciudad de México, México: Editorial Porrúa.

Ananiadou, K. y Claro, M. (2010). Habilidades y competencias del siglo XXI para los aprendices del nuevo milenio en los países de la OCDE. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Recuperado de http://recursostic.educacion.es/blogs/europa/media/blogs/europa/informes... _competencias_siglo21_OCDE.pdf.

Ausubel, D, Novak, J. y Hanesian, H. (1998). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. Bogotá, Colombia: Editorial Trillas. 

Barrere, R., Castro, E., Fernández, I., Gordon, A., Jacovkis, P., Polino, C. y Silenzi, M. (2012). Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social. Programa iberoamericano en la década de los bicentenarios. Recuperado de http://digital.csic.es/handle/10261/132616.

Bunge, M. (s.f.). La ciencia su método y su filosofía. Argentina: Editorial Siglo XXI.

Campos, E. B. (1998). El capital intangible como clave estratégica en la competencia actual. Boletín de estudios económicos, 53(207). Recuperado de http://search.proquest.com/openview/3ab60647cc71baa198d764bab1a0ea34/1?p....

Colciencias. (2015). Estado de la Ciencia en Colombia. Recuperado de https://sites.google.com/a/colciencias.gov.co/estado-de-la-ciencia-2015/

Delors, J. (2013). Los cuatro pilares de la educación. Galileo, (23), 103-110. Recuperado de http://www.ucuenca.ec/ojs/index.php/galileo/article/view/169.

Durkheim, E. (1987). La división del trabajo social. Madrid, España: Ediciones Akal.

Tomado de :http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf.  Pp437-443. Título: El compromiso social desde la investigación participativa de los jóvenes.

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