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El concepto de falta, su tipificación y su inclusión en el Manual de Convivencia

Por José Guillermo Martínez Rojas
Magisterio
20/10/2015 - 15:45
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Tomada de Revista Internacional Magisterio virtual

Uno de los aspectos más complejos en la construcción de un Manual de Convivencia es el tema de las faltas, su tipificación, las posibles sanciones para cada uno de los tipos de estas, y el debido proceso. 

Este es un aspecto complejo porque su definición dependerá del enfoque formativo de la institución y de aquellos principios y valores de orden ético, moral y social que le subyacen. 

 

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El concepto de falta

En el contexto de un Manual de Convivencia se puede entender por falta todo comportamiento que va en contra de los principios formativos establecidos en el Manual de Convivencia y que afecta, ya sea a la persona que exhibe dicho comportamiento, a cualquiera de los miembros de la comunidad educativa, a personas externas a ella, o a la institución. Generalmente la falta se concreta en una conducta o comportamiento que se debe identificar plenamente, que se actúa de manera consciente y deliberada, y que tiene unas consecuencias en la vida escolar y formativa de quien la realiza.

 

+Lea La ética del cuidado como estrategia convivencial en el aula de clase. “El aula que soñamos”

 

Normalmente las faltas involucran a una o varias personas de la comunidad educativa, rompen uno o varios principios éticos y de convivencia de los establecidos en el PEI o en el Manual de Convivencia, afectan los procesos formativos de los estudiantes y, por lo general, terminan haciendo daño a alguien o algo de la vida escolar. 

 

La delimitación del concepto falta debe ser precisa y pertinente para que tanto las instancias formativas de la institución educativa, como la institución misma, no se desgasten o terminen por gastar toda su energía formativa en banalidades o en asuntos que no son trascendentales para los procesos formativos que se buscan en la institución. 

 

En este sentido, es importante graduar o establecer diferentes niveles de gravedad de las faltas, generar estrategias formativas para quienes las cometen y precisar sus consecuencias, todo ello acorde de acuerdo con la infracción o falta cometida. De una buena gradualidad en la tipificación de las faltas dependerá que se logren las intencionalidades formativas que la institución se ha fijado. 

 

Posibles tipos de faltas

Las instituciones educativas deben garantizar los presupuestos necesarios del debido proceso, de ahí que las reglas de conducta que dan origen a una sanción requieren estar determinadas previamente en la ley o el reglamento de la institución, pero además, que las sanciones que puedan imponerse se encuentren expresamente señaladas en el Manual de Convivencia, pues solo con ello el estudiante o cualquier miembro de la comunidad educativa puede comprender la dimensión y los efectos derivados de su comportamiento, de tal manera que sabrá a qué atenerse si comete una falta. 

 

En este sentido es preciso hacer una taxonomía que clasifique las posibles faltas de los estudiantes, según su gravedad, así como las sanciones o las consecuencias que se sigan de ellas, lo cual se ha de incluir en el Manual de Convivencia.

 

+Lea ¿Cómo entender las sanciones en el marco de la disciplina escolar?

 

Faltas leves

Las faltas leves son aquellas que no afectan directamente a otros, a los bienes de la institución educativa o de cualquier miembro de la comunidad educativa, ni lesionan la honra o el respeto del otro; generalmente ocurren por descuido, falta de previsión o anticipación de consecuencias por parte del estudiante, pero necesitan ser corregidas para permitir un proceso adecuado de formación de este. 

 

También son consideradas faltas leves todos aquellos comportamientos del estudiante que no cumple con los deberes consignados en el Manual de Convivencia ni aparecen señalados en él de forma explícita como faltas graves o especialmente graves. Sin embargo, una falta leve se puede convertir en grave o especialmente grave cuando es reiterativa, y por lo mismo, se constituye en una conducta intencionada que lesiona al mismo estudiante o a cualquier otro miembro de la comunidad educativa.

 

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Cada institución educativa, en virtud de los principios y criterios que rigen sus procesos formativos, debe determinar cuáles serán aquellas que se consideren faltas leves. Sin embargo, es preciso afirmar que dicha clasificación no puede incluir acciones, actitudes y comportamientos que la Carta Constitucional ha consagrado como derechos de las personas. 

 

A manera de ejemplo, se puede considerar como falta leve llegar tarde al colegio, a clases y a otras actividades, sin causa justificada. Nótese que en este ejemplo de falta leve se cumplen algunas de las características de la definición que se ha dado: generalmente ocurren por descuido, falta de previsión o anticipación de consecuencias por parte del estudiante.

 

Frente a las faltas leves se deben proponer estrategias formativas, que en el mejor de los casos deben ser consecuencias lógicas y les ayude a los estudiantes en su proceso de formación, de tal manera que se desestimule dicho tipo de comportamientos.

 

En coherencia con el ejemplo dado de falta leve —faltar a clase o llegar tarde— se puede considerar como estrategia formativa reponer el tiempo perdido de una clase durante el descanso siguiente a la ocurrencia del hecho o en programación especial. Nótese que la sanción es una consecuencia lógica de lo hecho por el estudiante y la estrategia formativa busca justamente resarcir o retribuir el tiempo que se perdió, pues que se considera que el tiempo de las clases es un momento valioso para los procesos académicos y formativos. En este sentido, cada institución debe determinar cuáles son aquellas que se consideran faltas leves y definir igualmente cuáles serán las estrategias formativas que se sigan en los casos de comisión de este tipo de faltas. 

 

+Lea:  Los manuales de convivencia de los colegios

 

También es preciso que se modele y precise el debido proceso, el cual debe incluir: 1) el profesor que conoce la falta cometida la tratará directamente con el estudiante; 2) el profesor dialogará con el estudiante sobre lo sucedido, escuchándolo y haciéndole ver el error cometido; 3) se hace un registro en el anecdotario u observador del estudiante, tanto de la falta como de los descargos del estudiante; 4) el profesor informará al estudiante sobre la consecuencia de su falta, lo que también quedará por escrito; 5) las faltas leves deben ser resueltas dentro de los cinco días hábiles siguientes a la fecha en que se inicie el proceso; 6) la decisión sobre la consecuencia por la falta o la sanción por ella, impuesta por el profesor que hace el debido proceso, puede ser apelada por el estudiante o sus padres ante una segunda instancia, que en este caso será la persona que se encargue del manejo de la convivencia en la institución. 

 

Faltas graves

Las faltas graves son aquellos comportamientos que comprometen las normas básicas de convivencia y afectan de manera significativa a la institución o a cualquier miembro de la comunidad educativa causándole daño, además de que cuestionan los principios y valores que la comunidad escolar ha definido como centrales y deseables para la vida en sociedad o ponen en peligro la vida del estudiante o de algún miembro de la comunidad escolar, incluyendo las faltas contra el medio ambiente y la salud.

 

De igual forma que en el caso de las faltas leves, cada institución debe determinar, según sus principios y valores formativos, cuáles son aquellas que pueden ser calificarse como faltas graves, qué circunstancias pueden considerarse como agravantes de estas conductas y cuáles atenuantes. 

 

Ejemplo de una falta grave se puede considerar el siguiente comportamiento: fumar en las instalaciones de la institución o fuera de ella en alguna actividad escolar. Efectivamente esta es una falta grave por cuanto según la definición que se dio de ella, dicho comportamiento afecta de manera significativa a cualquier miembro de la comunidad educativa, causándole daño, pone en peligro la vida del estudiante y se incluye dentro de las faltas relacionadas contra el medio ambiente y la salud.

 

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En el caso de las faltas graves también se deben proponer estrategias formativas que le permitan al estudiante no solo reflexionar sobre el hecho, el comportamiento o la falta cometida, sino además y fundamentalmente, asumir las consecuencias de los actos realizados y por lo mismo realizar acciones que reparen o resarzan el daño causado. La estrategia formativa que probablemente podría ajustarse mejor a este tipo de falta podría ser: la firma de un acta de compromiso en la que el estudiante se compromete a no volver a realizar este comportamiento y la realización de una campaña para dar a conocer entre los estudiantes los perjuicios del tabaquismo para la salud. Nótese cómo las dos estrategias formativas propuestas son consecuencias lógicas del acto realizado, de tal manera que las sanciones impuestas están en directa concordancia con el hecho mismo. No se puede olvidar que este es el ideal de las sanciones si se busca que ellas sean formativas, no refuercen la heteronomía del estudiante y contribuyan de manera significativa a su proceso de maduración y de crecimiento personal.

 

Por supuesto que en el caso de las faltas graves también se debe dar el debido proceso como el procedimiento que permite la delimitación de los hechos, la tipificación de la falta y la aplicación de una sanción. 

 

Se propone como debido proceso el siguiente: 

1) El profesor que tenga conocimiento de la falta debe abordar y confrontar directamente al estudiante implicado para aclarar los detalles y las circunstancias de lo sucedido; 

2) Diligenciar el formato o levantar un acta de registro de la situación en la que el estudiante pueda expresar su punto de vista sobre lo ocurrido a manera de descargo, este formato o acta debe ser firmado por ambos; 

3) Inmediatamente se inicie el proceso por falta grave de un estudiante, la institución, a través de alguna de sus instancias, deberá informar a los padres del estudiante sobre la apertura de dicho proceso;

4) El acta o formato diligenciado con la descripción de la falta y los descargos del estudiante se debe entregar a quien sea el encargado de manejar la convivencia en la institución para la calificación de esta y la imposición de la sanción a que haya lugar, acorde con lo contemplado en el Manual de Convivencia; 

5) El director de grupo o quien sea el encargado de la convivencia en la institución citará a los padres de familia y al estudiante y les notificará la decisión de la institución, de esta reunión se debe levantar un acta;

6) Los padres de familia o el estudiante podrán apelar la decisión tomada ante la instancia competente, que para este caso será la rectoría;

7)  En cualquiera de los momentos del proceso por falta grave, el estudiante y sus padres o acudiente podrán solicitar la veeduría o intervención, ya sea del personero de los estudiantes o del comité de convivencia de la institución, como acompañantes de proceso o como instancia de conciliación; 

8) El procedimiento para la indagación de una falta grave, los descargos, la calificación de la falta y la aplicación de la correspondiente sanción no podrá exceder los diez días calendario. 

 

Faltas muy graves

Las faltas muy graves son aquellas que atentan directamente contra los derechos humanos básicos, la integridad física, psicológica o moral de las personas o los principios educativos de la institución, y en muchos casos están tipificadas como delitos por la justicia ordinaria. Este tipo de acciones son consideradas generalmente delitos que ponen en riesgo la vida, la integridad física y los bienes materiales, de tal manera que pueden causar daños, en muchos casos irreparables o irreversibles. 

 

Si bien corresponde a la institución educativa determinar cuáles son esas faltas muy graves, este tipo de comportamientos y de actuaciones no solo causan daños graves a otros, sino que por su naturaleza también son considerados delitos por la justicia ordinaria. Con su comisión el estudiante se pone a sí mismo fuera de la comunidad educativa, pues procede abiertamente en contra de esta y de los principios que la orientan y rigen. 

 

Como ejemplo de una falta muy grave se puede señalar la posesión, comercialización o distribución de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas dentro o fuera de la institución. Este comportamiento se ajusta a la definición que se ha dado de faltas muy graves puesto que atentan directamente contra la integridad física, psicológica o moral de las personas o los principios educativos de la institución, y en muchos casos están tipificadas como delitos por la justicia ordinaria.

 

Ejemplo de una estrategia formativa para el estudiante frente a este tipo de comportamiento puede ser la exclusión inmediata del estudiante de la institución educativa, lo cual sería la consecuencia lógica de un comportamiento que previamente se ha autoexcluido de la comunidad educativa a la cual pertenece el estudiante. De todas maneras, corresponde a cada institución, en consonancia con los principios y criterios formativos, determinar las diferentes clases de estrategias que se proponen frente a este tipo de faltas. 

 

De igual manera, frente a este tipo de faltas también se debe seguir el debido proceso que garantice los derechos de los estudiantes y de la institución educativa. A manera de ejemplo, se proponen los siguientes pasos: 

 

1) Las faltas muy graves deben ser tratadas de igual manera que las graves hasta el momento en el cual se confirma la comisión de la falta y quien sea el encargado de la convivencia en la institución la califique como muy grave; 

2) Intervención del comité de convivencia, encargado de revisar la documentación existente sobre el proceso, así como de determinar la estrategia formativa adecuada y proporcional a la falta cometida;

3) El rector impondrá la sanción mediante resolución motivada, la que será comunicada al estudiante y a sus padres en reunión concertada para tal fin y de la cual se debe elaborar un acta; 

4) Si la falta muy grave es considerada delito por la justicia ordinaria, la institución, por medio del rector, la pondrá en conocimiento de las autoridades competentes para que ellas se ocupen de su investigación y manejo en lo que trasciende a la competencia de la institución educativa; 

5) Contra las decisiones que se tomen en la institución por faltas muy graves procede el recurso de apelación, el cual debe ser resuelto por el consejo directivo de ella; 

6) El estudiante implicado en una falta muy grave o sus padres pueden solicitar la veeduría del personero de los estudiantes en cualquiera de las etapas del proceso;

7)  La resolución de una situación por falta muy grave no podrá tomar más de los quince días calendario, desde que se inicia el proceso hasta su culminación. 

 

En todo este proceso de tipificación de las faltas de los estudiantes y su taxonomía, es preciso tener en cuenta que la intencionalidad no es hacer un decálogo de casuística que no deje nada por fuera, sino que debe buscar orientar a los estudiantes sobre los comportamientos que se esperan de ellos, así como mostrarles las consecuencias de sus actos. En ningún momento se puede ni se debe perder de vista la intencionalidad máxima, que no es otra cosa que educación ética y la formación moral de los estudiantes. 

 

Esto nos lleva necesariamente a reiterar la necesidad de que toda institución educativa cuente con una ética de la convivencia que soporte y oriente como fin último los procesos de tipificación de faltas, de sanción de estas y la imposición de estrategias formativas.

 

Nota. *Texto tomado del libro El manual de convivencia y la prevención del bullying. Diagnóstico, estrategias y recomendaciones  de Editorial Magisterio, José Guillermo Martínez Rojas. 2014, pp. 190-198.