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EL Decreto 3011 de 1997: Un tesoro escondido

Por María Esperanza López Arévalo
Magisterio
23/08/2017 - 10:45
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Foto de ANSES. Tomada de Flickr

Palabras clave: personas jóvenes y adultas, ley, decreto, reconocimiento de los saberes. 

 

Hace veinte años, en 1997, un grupo de profesionales de la educación interesados en avanzar en la cualificación de la educación para jóvenes y adultos dedicaron extensas jornadas a pensar en la mejor forma de organizar la educación en el país.  Motivados por el interés común de reconocer el conocimiento del adulto y buscar la mejor estrategia para aprovecharlo en el avance de su proceso educativo en educación básica y media, las largas jornadas de trabajo se cristalizaron en la expedición del Decreto 3011 de 1997: “Por el cual se establecen normas para el ofrecimiento de la educación de adultos y se dictan otras disposiciones”. Hoy, compilado sin modificaciones, en el Decreto 1075 del 26 de mayo de 2015: “Por medio del cual se expide el Decreto Único Reglamentario del Sector Educación”, en la sección 3 “Educación de adultos”, subsección 1 “aspectos generales”, Artículos 2.3.3.5.3.1.1, hasta el 2.3.3.5.3.7.7“. 

 

Aunque puede afirmarse que el Decreto 3011 de 1997 es una norma que a pesar de ser criticada, y en muchos casos ignorada, no ha podido ser actualizada y sí más bien ratificada. La norma ha tenido muchos contradictores que ven en la ella la vía libre para ofrecer procesos educativos de mala calidad, en razón a los tiempos tan reducidos, la interdisciplinariedad, la heterogeneidad de edades en los grupos, entre otros. Pero también la norma cuenta con muchos seguidores: aquellos que han sabido sacarle provecho para sus instituciones y en beneficiar a la población de jóvenes y adultos que por diversas circunstancias no ingresaron en su momento al sistema educativo o a aquellos que por malas decisiones, por circunstancias personales, familiares o sociales y/o falta de orientación desertaron del sistema. Este decreto ha sido valorado por el efecto positivo que surte cuando se llega a la población adulta que por las circunstancias se convierte en un grupo  vulnerable, pero que al si se le brinda oportunidades de nivelación académica se le abren oportunidades de mejoramiento y bienestar, pues gracias a esta formación se les mejora la autoestima, se les abre oportunidades de mejores empleos y por ende se les mejoran su calidad de vida y la de su familia. 

 

La norma, desde su proyección, plantea cuatro principios básicos: la flexibilidad, el desarrollo humano integral, la pertinencia y la participación, estos son la clave del éxito en un proceso educativo y no solo en el proceso con jóvenes y adultos. Estos principios deberían ser la base para todo proceso educativo desde la educación inicial hasta la educación superior, ya que ellos interactúan de forma permanente. 

 

La flexibilidad se ve reflejada desde la planeación, la organización y la didáctica, permite mantener la motivación e interés de los estudiantes, agrupar de manera interdisciplinaria los saberes y las asignaturas al trabajar por proyectos, por competencias, por áreas generales, etc. Esa integración exige el acompañamiento de estrategias y didácticas diversas, requiere  profesionales inquietos, investigadores dinámicos a la hora de retomar y aprovechar las experiencias de vida y conocimiento de sus estudiantes (desarrollo humano integral), la norma conlleva el reconocimiento de las personas, sus estudiantes (muchas veces con mayor edad que el docente) y sus saberes.

 

Esos aprendizajes que obtienen cada mañana, cada tarde, ese día a día que le ha permitido llenarse de información, muchas veces sin analizar, son el punto de partida. Y es precisamente esa información la que el docente,  desde la participación, debe retomar y transformar en conocimiento exploratorio, que debe corregir en algunos casos por no ser el más pertinente de acuerdo con los intereses del grupo o de la misma sociedad.  

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En la educación para jóvenes y adultos, desde la alfabetización hasta el ciclo dos de la  educación media, se debe contar con los mejores y más experimentados docentes; no es correcto que se involucre en ese rol a practicantes adolecentes con miras a cumplir un servicio social. 

 

Otro valor que la norma contempla es la oportunidad de ofrecer educación de calidad, flexible y pertinente, en las diversas modalidades que se pueden implementar. La diversidad de modalidades educativas, presencial, semipresencial y a distancia, son una oportunidad real por los potenciales estudiantes.

 

 Ahora bien, la expresión “a distancia” ha significado otra limitante que muchos administradores de la educación enuncian respecto al desarrollo de la norma cuando únicamente hacen referencia a las estrategias implementadas hace veinte años desde la radio y la televisión, que sin duda en su momento fueron herramientas de comunicación en auge; sin embargo, la transformación tecnológica de hoy, además de la diversidad de medios de comunicación, se convierten en herramientas favorables para que el desarrollo de esa modalidad permanezca más viva que antes.

 

Con el uso de celulares y su diversidad de aplicaciones y el acceso a tabletas y  computadores en los centros digitales, en las escuelas, en los centros comunitarios de todo el país, la educación a distancia tiene en la actualidad la oportunidad de convertirse en una de las opciones de aprendizaje más efectiva. Aunque eso sí es un proceso que requiere mucha voluntad, interés, motivación, compromiso y generación de hábitos por parte de estudiantes, pero que en los adultos se logra ante la oportunidad de alcanzar sus sueños. 

 

Así mismo, un principio central de esa norma corresponde al desarrollo humano integral. Con él se invita a reconocer al joven y al adulto como seres dotados de capacidades y potencialidades que les permiten evolucionar como sujetos activos y participantes en favor de la mejora de su calidad de vida. Reconocer a la persona con sus saberes adquiridos a partir de su experiencia es la base para desplegar los procesos educativos integrales que propone la misma norma, mediante la organización de los ciclos lectivos educativos integrados (CLEI) que, formulados, organizados e implementados con pertinencia, flexibilidad y participación, se convierten en una oportunidad para generar didácticas dinámicas y motivantes para grupos de personas de edades diversas, intereses variados, con conocimientos originados en la cotidianidad, con prácticas comunicativas de su entorno, sus amigos, su familia, con acciones del “rebusque”, con análisis diario de su entorno, los cuales deben ser pulidos y devueltos de una manera teórica, analítica y científica, si se requiere. En los procesos de enseñanza-aprendizaje debe haber un sentido, un para qué, un por qué. Si se continúa trasmitiendo información sin esos elementos, se tendrán solo estudiantes desinteresados, desmotivados y con muchos deseos de no perder tiempo en las aulas, son los próximos desertores del sistema educativo. 

   

Un ejemplo claro de conocimientos no reconocidos se puede encontrar en mujeres que apoyan a sus hijos, a sus nietos o a los hijos de sus vecinos en el proceso escolar; sus acciones potencian a niños y niñas y posibilitan construir sentido, pero al momento de inscribirse en el sistema educativo ellas deben iniciar desde la primaria (ciclo uno o dos) y cumplir con horarios extenuantes dado que no tienen un certificado de notas.

 

Es en esos casos que la norma, que conlleva el principio de flexibilidad, puede brindar a estas esforzadas mujeres la oportunidad de ser reconocidas, valoradas y permitirles presentar una prueba de reconocimiento de saberes para poder continuar en un nivel más alto. Muchas instituciones que implementan este tipo de reconocimientos han logrado que mujeres como las  mencionadas continúen en ciclo cuatro o más avanzado. Por demás, se trata de personas motivadas, comprometidas y con muchas ganas de seguir adelante. No en vano muchos estudiantes que han adelantado estos ciclos han obtenido resultados altos en las Pruebas Saber 11. 

 

Decreto 3011 de 1997 tiene un gran valor que debe ser aprovechado por los docentes, los profesionales y los directivos de las entidades que direccionan la educación en el país. Es de reiterar que es una herramienta que permite reducir los índices de repitencia, deserción y analfabetismo. Ha sido retomado en el diseño y aplicación para los modelos educativos flexibles, pero aún hay quienes dudan de los beneficios de su implementación. 

 

Se trata, en últimas, de una oportunidad jurídica para cambiar el estilo tradicional en las aulas, el cual está aburriendo a los estudiantes, porque los adolescentes y jóvenes ya no miran la televisión, no leen textos impresos, no les gusta repetir, no les interesa la monotonía y no aceptan ser señalados, ni excluidos. Los estudiantes de hoy quieren una educación que les permita participar, encontrarle sentido, saber el porqué y el para qué, una educación dinámica que les dé la oportunidad de explorar, crear y aportar para ellos y para la sociedad. 

 

+Conozca los libros donde encontrará a propósito del Decreto 3011 de 1997:

 

Ley general de educación. Articulación con la ley 715. Reglamentación, concordancia, jurisprudencia y comentarios.

La educación de jóvenes y adultos en colombia: más allá de la alfabetización

Manual de gestión y administración educativa

 

Foto de ANSES.  Tomada de Flickr