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El derecho a la participación en la infancia

Por Gloria López
Magisterio
14/06/2019 - 14:30
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By Freepik
El artículo aborda diferentes factores que facilitan u obstaculizan el derecho a la participación activa de los niños en la sociedad contemporánea. Los infantes son actores sociales que demandan su espacio en los diferentes entornos de aprendizaje y socialización: la familia, la escuela y la comunidad, en busca de alcanzar mayores oportunidades de autonomía. Uno de los factores que ha contribuido es la universalización de los Derechos Humanos en la cual se proclama que sean reconocidos como sujetos de derechos. La infancia representa gran parte de la población mundial y aunque los niños gozan de status de ciudadanos con derechos propios reconocidos, hasta la fecha no han participado en la sociedad ni mucho menos en las decisiones que los afectan.
Palabras clave: Derechos, sujeto de derecho, participación.
Participación de los niños
Al concepto de participación se le ha incorporado el tema de la inclusión social. El nivel de participación infantil depende de la edad, la experiencia y la madurez del infante. Un menor de un año no puede tomar decisiones lógicas como tampoco uno de siete años puede soportar la carga de las responsabilidades de un adulto. Sin embargo, todo niño debe participar y ser consultado en alguna medida sobre las cuestiones que afectan su vida. Por supuesto, la práctica está muy alejada de la elocuencia con que se proclaman estos conceptos, pues seguimos teniendo multitudes de excluidos para los cuales la participación y la inclusión es una prioridad (Johnson, V., Ivan-Smith, E., Gordon, G., Pridmore, P. & Scott, P. 1998).
la participación infantil significa ver las cosas desde la perspectiva del niño, implica la transformación de sujetos pasivos en sujetos activos de su propio destino.
En la agenda de las preocupaciones de los gobiernos los temas de los infantes en lo que respecta a salud y educación han estado siempre en el tapete pero no la participación activa de ellos como actores de su propio desarrollo. Esto refleja la visión que los adultos tienen de los niños: son inmaduros, deben ser capacitados para la madurez, son ignorantes deben ser enseñados, son irresponsables deben ser disciplinados (Johnson et al. 1998).
Apreciar el potencial de los niños a participar ha tomado y seguirá tomando su tiempo. El proceso de la participación realmente sucede cuando los miembros de una comunidad o grupo inciden efectivamente en la naturaleza de las decisiones. Es decir, participar conlleva el ser miembro activo de un grupo, donde se comparten intereses y valores y se participa en la toma de decisiones. Entonces, la participación infantil significa ver las cosas desde la perspectiva del niño, implica la transformación de sujetos pasivos en sujetos activos de su propio destino.
A partir del año 1979, a raíz del Año Internacional del Niño, comienzan a darse cambios en la visión de los niños lo que culminó con la Declaración de los Derechos del Niño. Paralelamente, Unicef (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia) organizó la Cima Mundial por la Infancia en la que 159 países se comprometieron a realizar una cantidad de objetivos en materia de bienestar infantil y en 1989 las Naciones Unidas adoptaron la Convención de los Derechos del Niño, que incluye una serie de cláusulas en relación con los derechos del infante, entre los que se cuenta el derecho a expresar sus visiones en las materias que los afectan. 
Lo novedoso es que la Convención extendió los derechos básicos, tales como el derecho a recibir alimentación, a tener una vivienda digna, a recibir educación, a tener protección, etc. 
Incluyó el derecho a la participación de los niños, a fin de que sean vistos como participantes activos de la sociedad. Boyden y Ennew (1997, pp. 39) afirman que
“la idea de que los niños tienen el derecho a participar en las decisiones que se toman en su nombre, particularmente en asuntos familiares pero no solo limitado a éstos, se basa en la observación y reconocimiento de las progresivas habilidades de los niños a medida que evolucionan hasta convertirse en jóvenes adultos”. Al revisar la Convención encontramos que deja muy en claro que “el derecho a participar depende de la edad y madurez de los niños”. 
Entre los factores influyentes que actualmente favorecen el desarrollo de la autonomía del niño tenemos: la televisión y la conexión por internet, ambos introducen una anarquía cultural que plantea nuevos retos a la familia y a la escuela, pues terminan por ser los “tutores” de los niños que se introducen a diario en el mundo comunicacional y tecnológico. Con la globalización de las nuevas tecnologías y mediaciones culturales, emergen nuevas formas del pensamiento visual que escapan a las formas de socialización hasta hace poco centradas en los padres y los maestros. La aparición de estas nuevas condiciones culturales que facilitan el que los niños alcancen un alto grado de autonomía e independencia con respecto a los adultos, favorece su reconocimiento como sujetos de derechos (Barbero, 1996).
Por otra parte, Gutiérrez (1994), señala que la mujer hoy en día ha tenido que salir a trabajar y ha dejado de lado la función de educadora que hasta ahora ejercía en el hogar, mermando hasta la función reproductiva de la mujer. Ahora los niños desde muy pequeños son llevados a centros educativos para su cuidado diario con lo que la estadía en los organismos de enseñanza es más prolongada en comparación con los niños de unos años atrás, otorgándosele a la escuela y a la misma comunidad el mayor contacto con el niño y quiénes terminan por complementar las funciones de socialización que antes eran propias de la familia y que, específicamente, le atañían a la madre. 
Los puntos de vista de los niños deben ser escuchados y sus aportes respetados con la misma fidelidad con que se aceptan los de los adultos. 
Cabe aclarar que no es la desaparición de tradiciones y prácticas populares para la crianza de los hijos, sino la superposición con cambios e innovaciones en las formas de socialización de los infantes por parte de las familias y sobretodo de las que habitan a nivel urbano.
Otro factor relevante es la aparición de las redes institucionales dedicadas a la atención de la infancia en sus primeros años, las cuales han llegado a plantear nuevas normativas y reflexiones pedagógicas. Este proceso ha sido característico de los países latinoamericanos en donde Unicef ha asumido la tarea de redireccionar el tratamiento de las problemáticas, la atención y la educación del infante. 
Los procesos de globalización han llegado a transformar la educación en una práctica que involucra a todos los actores sociales del entorno del niño, arrebatándole a la escuela y a la familia la exclusividad del acto educativo. Hoy en día el proceso de socialización tiene amplios y complejos escenarios y sobre todo cambiantes en la sociedad contemporánea. Los adultos deben tomar en cuenta y reflexionar acerca de los nuevos paradigmas culturales y educativos ya que los infantes de la sociedad contemporánea se plantean nuevas y más complejas formas en sus relaciones con los adultos.
Promoviendo condiciones propicias para la participación infantil
La participación del niño es una parte esencial de una buena práctica de desarrollo ya que su participación puede hacer posible que los proyectos de desarrollo respondan a las necesidades realmente sentidas de todos en la comunidad. Los puntos de vista de los niños deben ser escuchados y sus aportes respetados con la misma fidelidad con que se aceptan los de los adultos. Sin embargo, es de imaginarse que si consideramos que la participación de los adultos no se toma en cuenta a la hora de decidir acerca de su entorno e intereses, menos podemos pensar que la participación de los niños sea tomada en cuenta a la hora de decidir en los temas que le conciernen, ya sea de salud, educación, recreación, etc., el problema deriva de la no aceptación de los niños como participantes activos y como actores de su propio desarrollo (López, G. & Guaimaro, Y., 2007).
La mayoría de las veces los niños quieren participar y buscan sus espacios para satisfacer tal fin pero los adultos no facilitan el proceso. Uno de los factores que inciden en esta postura del adulto es la percepción, tanto cultural como social, de que los niños carecen de la habilidad para expresarse y por lo tanto terminan por ser incapaces de exteriorizar sus propios intereses e ideas. Otro factor es el temor de que los niños adquieran autonomía y los adultos terminen por perder el poder.
Para que los niños participen significativamente necesitan estar informados acerca de las razones y consecuencias de lo que ellos hacen, además de ser capacitados en las habilidades sociales necesarias para la toma de decisiones, debate y acción. Si los adultos están preparados para compartir el poder, hasta niños en edad preescolar pueden participar en la toma de decisiones (Sepúlveda, López y Guaimaro, 2002).
La participación infantil puede proveer las raíces para un desarrollo sustentable siempre y cuando facilitemos la intervención del niño en proyectos de desarrollo y vida comunitaria. Esto puede revelar nuevas perspectivas de los problemas, crear más unidad y confianza dentro de la comunidad y desarrollar las capacidades de la próxima generación de líderes y miembros de la comunidad. Al respecto Save the Children Fund (2000), describe los elementos clave que un adulto debe observar para asegurar una genuina participación de los niños:
  • Escuchar a los niños, de manera que se entienda realmente lo que ellos dice
  • Tomar en serio sus experiencias, son válidas.
  • Tomar en serio sus opciones, son válidas.
  • No poner a los niños antes de las niñas.
  • Permitir que los niños escojan libremente sus propias actividades, no imponerlas de acuerdo con el género.
  • Desarrollar un espacio en el cual ellos puedan llegar a concebir sus propias decisiones.
  • Ser un facilitador, no un profesor.
  • Buscar estrategias para estimular el conocimiento de alternativas y opciones a sus decisiones.
  • Investigar métodos para organizar talleres participativos de los niños.
  • Nunca usar a los niños para decorar eventos de adultos.
  • Los niños están en diferencia con respecto al poder de los adultos. Esta diferencia de poder es aún peor en los casos de niños pertenecientes a sectores desaventajados.
Este aporte refuerza la necesidad de desarrollar la participación como parte integral de un programa, proyecto o investigación, teniendo en cuenta que es un proceso lento que se logra en la medida en que los niños y los adultos avancen en la comprensión de sus nuevos roles de participación, aprendan nuevas formas de interactuar y comunicarse y compartan el poder de planear y decidir.
Marco legal venezolano
En Venezuela se ha avanzado en el replanteamiento de la acción que se desarrolla en el país acerca de los derechos del infante. Estas acciones se encaminan a la luz de los novedosos instrumentos jurídicos aprobados; cabe mencionar: la implantación de la Convención sobre los Derechos del Niño (ratificada por Venezuela el 26 de Enero de 1990), la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) y la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente (LOPNA) vigente desde el año 2000.
Pero todavía ni la escuela, ni la familia ni la comunidad se han convertido en espacios propicios para el desarrollo integral del infante. A los niños los rodea un contexto carente de protección y participación infantil, con rasgos de discriminación, autoritarismo y la consideración de que son objetos pasivos incapaces de pensar, aportar y participar.
La Ley venezolana consagra los derechos fundamentales de los niños y adolescentes a tener vivienda adecuada, a su desarrollo pleno y saludable y a un ambiente sano que permita su esparcimiento. En el artículo 81 se consagra el derecho de los niños a participar libre, activa y plenamente en la vida familiar, comunitaria, social, escolar, científica, cultural, deportiva y recreativa, así como a la incorporación progresiva a la ciudadanía activa, el artículo 2 establece el derecho a reunión, el 83 el derecho a manifestar, el 84 el derecho a la libre asociación, el 86 el derecho a defender sus derechos.
En síntesis, poseemos un marco conceptual y legal que ampara los derechos del niño a desarrollarse plenamente y a participar en la vida de la sociedad. La limitación, entonces, radica en la toma de conciencia plena acerca del significado e implicación de cumplir estos preceptos así como de la vía efectiva para su implementación progresiva y esto es lo que aún se encuentra en un estado embrionario. 
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Experiencias positivas de participación infantil
En Venezuela se están dando iniciativas destinadas a propiciar la participación de los niños, tal es el caso de Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje: Por los Derechos de la Niñez y Adolescencia, 2000) con su estudio Voces para el Cambio, es un estudio de opinión en el que se encuesta a niños y jóvenes sobre temas de actualidad con el objetivo de que fijen su posición en torno a temas. La publicación, por ejemplo, reporta una encuesta de 16 preguntas abiertas a 471 jóvenes damnificados entre 9-17 años acerca de su experiencia viviendo en los refugios después de la ocurrencia de un desastre natural. Una de las preguntas se refiere a si se toma en cuenta su opinión para las decisiones que se toman en el refugio: un 77% dice que no se toma en cuenta. A pesar que uno de los derechos consagrados en la LOPNA es el de participación.
Otra buena práctica fue la realizada por el Centro de Investigaciones para la Infancia y la Familia –CENDIF– de la Universidad Metropolitana (Sepúlveda, López y Guaimaro, 2002), la cual puede ser incluida, según la escalera de participación de Hart (1993), como iniciada por adultos, con decisiones compartidas con los niños. El objetivo principal fue conocer el significado que para los niños tenía el vivir en el barrio, evaluando sus percepciones y contrastándolas con las percepciones de los adultos del barrio. Se trató de un Estudio de Casos Múltiple, con un diseño de investigación transversal, de naturaleza exploratoria y descriptiva. La muestra fue seleccionada de manera intencional, no probabilística y comprendió a 79 niños con un promedio de edad de 11 años y pertenecientes a un barrio de alto riesgo social y geográfico. Entre las conclusiones más relevantes encontramos que, en el aspecto específico sobre participación, se revela que es necesario tomar en cuenta la opinión de los niños en lo que respecta a su entorno, particularmente en lo relativo al ordenamiento de su barrio con énfasis en sus necesidades de esparcimiento. Es importante recalcar la gran claridad, pertinencia y relevancia de las opiniones de los niños las que, en forma mayoritaria, coincidieron con las de los adultos entrevistados. Los niños de este estudio demostraron con eficacia que su participación es de calidad y se constituye en un valor esencial para la toma de conciencia de sus necesidades y así planificar para mejorar su calidad de vida. Los obstáculos para un desarrollo óptimo se hacen evidentes en este estudio. Tanto niños como adultos están conscientes de sus problemas y de cómo se debería actuar para solucionarlos. Sin embargo también es evidente que, a pesar de las dificultades, los niños mantienen esperanzas y disfrutan con las cosas sencillas de la vida, amparando fortalezas de resiliencia y competencia increíbles en las circunstancias en que se encuentran. Sus ideas son expuestas con energía y optimismo, imaginan soluciones prácticas, sencillas que les haría la vida más agradable y saludable. Sus opiniones concuerdan con el enfoque de “regeneración o mejoramiento de barrios” planteamiento que The World Bank (2000) considera el más acertado. Lo cual, en sí mismo, es un hecho extraordinario.
Cabe mencionar una tercera experiencia realizada en un barrio de la ciudad de Caracas con niños cuyas edades oscilaron entre 6 y 17 años, y cuyo objetivo básico del proyecto de investigación fue brindar a los niños de una agrupación comunitaria, herramientas para fortalecer su desarrollo personal y sus potencialidades en relación con el entorno en que se desenvuelven propiciando un espacio de participación infantil y juvenil que los llevará a ser protagonistas en la construcción y defensa de su hábitat. 
Talleres dictados a los niños y niñas 
Entre las conclusiones más importantes se destaca que el adulto debe reconocer que el niño tiene capacidades en todos los ámbitos, no solo en el plano oral o expresivo, y que ellos son capaces de comprender lo que significa ser sujeto de derechos. Todos los niños de la experiencia se constituyeron en una población ávida de conocimientos y de acompañamiento adecuado para construir nuevas oportunidades, ver y sentir la vida desde otra perspectiva y es allí donde Cendif-Unimet, a través de su acción social basado en una metodología de investigación-acción-participación, los impulsó a que apostaran por la idea de una transformación personal y social que les permitiera avanzar de manera segura y placentera en el cumplimiento de sus sueños y expectativas de vida. 
Otro aporte para resaltar de el trabajo desarrollado, es la valoración de lo ambiental en la vida de los niños y la manera como esto les permite asumir prácticas y compromisos con la defensa y promoción de su entorno en la interacción cotidiana en la escuela, el hogar y la comunidad, motivándolos a implementar programas de reciclaje, diseño de periódicos y revistas, jornadas recreativas, discusión de temas vinculados a la situación del ambiente en el planeta, publicación de materiales didácticos, creación de redes de comunicación, manifestaciones públicas y la organización de encuentros, en los que la presencia, las ideas y las propuestas infantiles y juveniles para mejorar el ambiente son los protagonistas (López, G. & Guaimaro, Y., 2009).
Recuperando espacios comunitarios
Una cuarta experiencia a compartir es el proyecto titulado “Rincones de los derechos de los niños, niñas y adolescentes”, en el cual Cendif-Unimet basado en que el ejercicio de los derechos a la participación y a la opinión debe involucrar, también, a los niños y considerando que el niño debe ser coautor de las normas que regulan su participación, diseñó y desarrolló un modelo piloto con el objetivo fundamental de motivar a los niños y adolescentes en la creación de sus propios espacios para la reflexión y la participación, espacios para debatir y comentar sobre los temas relacionados con los derechos de la niñez y la adolescencia. A los espacios de reflexión se les denominó "Rincones de derechos" y se diseñaron de acuerdo con las necesidades e intereses de los usuarios y de acuerdo con el espacio físico de la escuela. El modelo fue evaluado en una escuela urbano-marginal ubicada en un barrio de Petare Norte (Caracas) en el cual participaron 105 niños con edades comprendidas entre 10 y 14 años de edad, estudiantes de los grados 4°,  5º y 6º de Educación Básica. 
Los espacios creados demostraron ser adecuados para la transmisión de información y promoción de los derechos humanos, facilitaron la promoción de acciones que habilitan y posibilitan la consulta de opinión y la expresión de los niños como partícipes en la toma de decisiones en lo que a derechos les concierne y promovió el pasaje de un ser que hasta ahora había actuado como receptor pasivo a un actor activo sujeto de sus derechos. Se fomentó la creación de grupos locales permanentes de niños que, en unión armonizada y negociada con los adultos de su entorno, tengan como fin último la promoción, defensa y exigencia del cumplimiento de sus derechos.
Son múltiples las experiencias acertadas en el campo de la participación que necesitan de apoyo para multiplicar sus efectos e impactos positivos e incluirlos en la larga lista de propuestas para desarrollar efectivas políticas públicas. 
Conclusiones
Desde la actual visión de desarrollo humano, se hace necesario crear las condiciones para que la familia, la escuela y la comunidad promuevan y garanticen el cumplimiento de los derechos de los niños.
El reto de no desfallecer en la lucha por la garantía del derecho a la participación de los niños y, en ese sentido, hay mucho por hacer sobre todo tomando en cuenta que su verdadera participación es un ejercicio que se fortalece desde la acción concertada con los adultos, siempre y cuando sea pensada e iniciada por los propios niños, como protagonistas en la toma de decisiones, entendida ésta como una alternativa importante para llegar a ser ciudadanos informados y conscientes.
Los adultos son los llamados a impulsar la participación de los niños, entendiendo que la participación es un proceso de construcción y aprendizaje mutuo adulto-niño, el cual inicia cuando aprendemos a escucharlos y a respetarlos. Para ello, es primordial promover espacios de comunicación y cooperación inter-generacional en los que se estimule el diálogo y el intercambio basado en valores éticos que contribuyan al desarrollo de sociedades más democráticas e incluyentes. No podemos hablar de pleno funcionamiento democrático y de respeto de los derechos mientras persistan la tortura y el maltrato infantil en todas sus formas. Si entendemos la democracia como un proceso social “en el que las instituciones tienen la función de permitir, precisamente, la continua corrección y el aprendizaje” (Manzini y Bigues, 2000), ello debería significar la total abolición de tan indignantes acciones.
Los hacedores de políticas públicas deben tomar en cuenta los factores prioritarios que inciden en aquellas condiciones que favorecen el que los seres humanos disfruten de una vida plena en condiciones de dignidad, con servicios adecuados que velen por su salud y educación, que ofrezcan seguridad y espacios para la participación. Para ello, las políticas implementadas deben incidir en frenar la tendencia a una concentración excesiva de la población, en disminuir el incremento de las condiciones que favorecen la pobreza, menguar el índice de desempleo, minimizar la exclusión social, velar por la estabilidad de la familia, reducir a su mínima expresión la falta de una adecuada infraestructura y la ausencia de servicios básicos, decrecer la inseguridad y los hechos de violencia y debilitar el alto grado de vulnerabilidad en cuanto a la degradación del medio ambiente y los efectos ocasionados por los desastres naturales. 
Bibliografía
Barbero, J. M. (1996). Heredando el futuro. Pensar la educación desde la comunicación. Nómadas. Bogotá: Comunicación y Educación. Una relación estratégica, Nº 5. Fundación Universidad Central-DIUC.
Boyden, J. & Ennew, J. (1997). Children in Focus. A Manual for Participatory Research with Children. Stockholm, Radda Barnen Swedish Save the Children.
Cecodap. (2000). Informe voces para el cambio. Caracas: Venezuela.
Gutiérrez de Pineda, V. (1994). Modernización, tendencias poblacionales y transformaciones de las funciones de la familia. Memorias del segundo congreso de Trabajo Social. Chile. 
Hart, R. (1993). La participación de los niños, de la participación simbólica a la participación auténtica. Ensayos 4, OEA, pp. 47-59.
Johnson, V., Smith, I., Gordon, E., Pridmore, G. & Scott, P. (1998). Stepping Forward. Children and Young People’s Participation in the Development Process. Intermediate. Technology Publications Ltd, London, Inglaterra.
López, G. & Guaimaro, Y. (2007). Los niños, niñas y adolescentes de Caracas claman por sus derechos civiles. Caracas: Venezuela.
López, G. & Guaimaro, Y. (2009). “Protagonismo de niños, niñas y adolescentes en la construcción y defensa de su hábitat”. En: Niñez y juventud Latinoamericanas. Experiencias de relacionamiento y acción colectiva, pp. 137-167. Compiladora Ofelia Roldán. Medellín: Colombia. 
López, G. & Guaimaro Y. (2009). “Rincones de derechos de los niños, niñas y adolescentes”. En: Calidad de vida y derechos en niños, niñas y jóvenes en América Latina. Compiladora Graciela Tonón. Buenos Aires: UNLZ, Argentina. 
Manzini, E. & Bigues, J. (2000). Ecología y Democracia. De la justicia ecológica a la democracia ambiental. Barcelona: Icaria.
Save the Children Fun. (2000). Informe, U.K.
Sepúlveda, M. A., López, G. & Guaimaro, Y. (2002). "Creciendo en el Barrio: Percepciones del Entorno". En: Vivienda y Habitat: Retos y Soluciones. Caracas, Venezuela: Centro de Estudios de Vivienda y Habitat (CEVIHAB) Universidad Metropolitana, pp. 54-101.
The World Bank (2000). Cities without Slums. Thematic Group on Services to the UrbanPoor, Nº 2. En: http://www.302CCBBC47C2F4038525688800794FEB.OpenDocument
Gloria López.  Psicóloga Social. Profesora Asociada tiempo completo del Departamento de Desarrollo
Integral-UNIMET (Universidad Metropolitana de Venezuela) Directora del Centro de Investigaciones para la Infancia y la
Familia (CENDIF). glopez@unimet.edu.ve
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