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El desarrollo del pensamiento: prioridad de la educación actual

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
26/06/2014 - 21:15
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Ilustraciones de:

Tres décadas atrás un pequeño grupo de pedagogos e investigadores habíamos encontrado que el tránsito por la educación básica no favorecía la consolidación de los procesos de pensamiento de los estudiantes colombianos. La situación era tan crítica, que en procesos vinculados con la creatividad y la inteligencia práctica, parecía mejor permanecer por fuera de la escuela. Estábamos iniciando la década del ochenta del siglo pasado y nos encontrábamos inmersos en el Movimiento pedagógico colombiano impulsado por la Federación Colombiana de Educadores (FECODE). En este contexto, pusimos a prueba en tres instituciones educativas bogotanas un programa piloto para enseñar a pensar utilizando para ello nuevos contenidos en la enseñanza de las Ciencias Sociales. El relativo éxito alcanzado en esta experiencia piloto y la acogida que recibió la publicación y sistematización de la propuesta, nos impulsó a crear el Instituto Alberto Merani (IAM), una innovación pedagógica que buscaba validar el nuevo modelo pedagógico que estábamos gestando (De Zubiría y De Zubiría, 1986). Para hacerlo, creamos nuevas áreas de trabajo, entre las que se destacaban Pensamiento y Creatividad, Valores, Comunicación, Investigación, Ciencias Sociales y Tecnología, las cuales no eran tenidas en cuenta para aquel entonces en las instituciones de educación básica en América Latina. 

Había que diseñar nuevos currículos, validarlos y ajustarlos; escribir los módulos de trabajo para las asignaturas recién creadas, construir nuevas pruebas para evaluar los desarrollos alcanzados a nivel cognitivo, comunicativo y valorativo; y formar y orientar a los maestros en la mediación de asignaturas, cuyos contenidos, en su gran mayoría, desconocían. Pese a ello, a los fundadores y al equipo de maestros nos orientaba la idea fundante del Merani: Desarrollar el pensamiento tendría que convertirse en una de las ideas cruciales en la educación y para lograrlo, era necesario reinventar el currículo, las instituciones educativas y los sistemas de formación. Y era claro que esto demandaba esfuerzos y sacrificios muy grandes en formación, economía, reflexión y tiempo.

La entidad tomó su nombre de uno de los más profundos y prolíficos pensadores latinoamericanos del siglo anterior: Alberto Merani (1958 y 1969), quien dedicó su vida a divulgar en América Latina las concepciones de la psicología genética cultural y a desarrollar y completar la obra teórica de Henri Wallon (1984), uno de los creadores más importantes de la psicología desde la perspectiva sociocultural. 

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Dado que en Colombia no era viable crear una institución que innovara pedagógicamente debido a los altos niveles de control y supervisión que para aquel entonces ejercía el Ministerio de Educación Nacional (MEN), los fundadores discutimos cómo concretar la innovación que pondría a prueba el modelo pedagógico conceptual que habíamos gestado en los años anteriores. De las diversas alternativas pensadas, la que alcanzó mayor consenso fue la de crear una institución educativa que atendiera a niños y jóvenes con mayores capacidades y talentos . Los altos niveles de libertad que adquirimos para innovar, mostrarían lo acertado de esta decisión; al tiempo que los profundos sesgos que produjo en la percepción que tendría la población sobre el Merani revelaría, con el tiempo, los riesgos de esta decisión . 

Dado su carácter de innovación pedagógica, el IAM dejó de depender del MEN y pasó a hacerlo de Colciencias, entidad dedicada al apoyo de las investigaciones en el país. En la práctica, esto le representó un altísimo nivel de autonomía e independencia frente a los organismos de control gubernamental. Las decisiones pasaron a estar en manos de los procesos de evaluación e investigación llevados a cabo en la propia institución.