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El doctorado y la universidad. Qué es un PhD

Por Guillermo Velasco Echeverry
Magisterio
20/03/2018 - 10:30
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Foto de nensuria. Tomada de Freepik

En el mundo se implementa desde hace más de novecientos años la formación de doctores (PhD) como estrategia de desarrollo industrial y académico. Colombia inicia este proceso tímidamente hace menos de cien e intenta enfocar la educación hacia ese norte hace cuarenta años. El artículo analiza esta problemática que tiene implicaciones en términos académicos, de investigación, liderazgo, desarrollo e innovación. Se propone estimular esta orientación no sólo hacia el fortalecimiento de la investigación, sino el fortalecimiento académico en sí mismo.

La palabra doctor representa el más alto grado académico reconocido en todo el mundo. Tiene origen en el griego, a partir del término “φιλοσοφία” que puede entenderse como Amor al Saber. El concepto señala, a diferencia del pregrado, la especialización o maestría, la capacidad de creación de conocimiento.

En Colombia el uso popular de la palabra doctor representa una expresión de respeto; pero en el mundo sólo se concede a quien formalmente se ha doctorado. Al optar por un grado académico, se formaliza la categorización a la cual se ha llegado y donde se pretende desarrollar una actividad; en el caso del doctorado, se formaliza la pertenencia a una elite académica. 

Comentarios como: ¿qué vamos a hacer con tantos doctores?, ¿qué los pongo a hacer? son frecuentes por quienes no tienen claro qué es un doctor, siendo necesario ofrecer una perspectiva. 

+Lea: Formación docente y educación para el desarrollo humano integral

Los orígenes del doctorado se remontan a las madrasas medievales del siglo IX, al "ijazat attadris wa'l-ifttd", que significa "licencia para enseñar y emitir dictámenes legales" (….). El doctorado se extendió entonces a la filosofía en las universidades europeas de la Edad Media. Estas universidades generalmente colocaban a todas las disciplinas académicas fuera de los campos profesionales de la teología, el derecho y la medicina bajo el amplio título de "filosofía", o, al referirse a la ciencia, "filosofía natural". El grado de Doctor en Filosofía era un doctorado, generalmente otorgado como grado honorario a eruditos bien establecidos y selectos. Los primeros PhD fueron otorgados en París en 1150 (…) pero solo en el comienzo del siglo XIX  el término "PhD" adquiere su significado moderno como el más alto grado académico, lo que sucedió gracias a la práctica universitaria en Alemania. Antes del siglo XIX, los títulos de doctorado profesional sólo se podían otorgar en teología (ThD.), medicina (M.D.), o ley (J.D.) (…). Luego, en 1861, la Universidad de Yale adoptó la práctica alemana, que fue introducida por primera vez en el siglo XIX en la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín (Dinham y Scott, 2001, p. 1).

La necesidad del ser humano de conocer, saber y poder identificar verdades estables en el tiempo no es nada nuevo. No es desconocido, que hasta los estudios de Galileo (padre del pensamiento científico) el mundo era plano y a partir de él, la perspectiva cambió totalmente. Por otro lado, cualquier persona puede ejercer una función de mando, por reconocimiento, fuerza, poder o política; pero diferente es asumirla y proyectar la organización en un medio altamente competitivo permitiendo una perspectiva de contexto y  orientación mundial.

Conceptos del deber ser de “la universidad” aparecen muy disímiles, pero hay confluencia en que la universidad es un centro de cúmulo y evolución de ideas y conceptos que giran alrededor de una técnica que permite la interacción entre docentes, directivos, estudiantes y el entorno, reflejando los valores y la realidad que la sociedad instituye  y que la misma universidad asume y cuestiona a través del conocimiento y su creación.

La globalización rompe la cultura mono-territorial, facilitando y exigiendo conocer y estudiar más allá de la técnica, haciendo necesario el compromiso no sólo con el sector, sino integrando: universidad, empresa y Estado a manera del modelo de la Triple Hélice propuesto por Etzkowitz y Leydesdorff:
 
La sociedad del conocimiento se ha desarrollado, ya que considera que las instituciones de educación (en nuestro caso las universidades), son una clave fundamental para el proceso de globalización; se requiere de una formación profesional, investigación científica, que ayude a generar procesos de innovación que sirvan para desarrollar nuevos conocimientos y enfrentar los retos que el mundo moderno exige (Chang, 2010, p. 90). 
              
La investigación se asocia a la universidad y ésta, al pensamiento científico; sin embargo, éste último, sólo se puede considerar al acercarse a verdades estables en el tiempo; pues para asumir una verdad científica, se debe necesariamente romper con paradigmas culturales, o dicho de otra manera, con esquemas pre-edificados en la conciencia común de los individuos como verdades omnímodas e inmutables que exigen estudio y asumir un papel analítico racional. 

Llegar a una verdadera educación que esté más allá de la técnica, es un lujo. Pues dos personas pueden hacer lo mismo, pero la perspectiva cuando se posee educación es diferente; una persona puede recibir la misma información que otra, pero ver más allá de lo que se quiere mostrar, sólo puede hacerlo la persona educada. Así pues, se da la diferencia en términos de percepción, proponiéndose que quienes ejercemos la docencia intentemos al menos, ejercer un papel de educadores, de profesionales que asuman el conocimiento con humildad, pero con una decisión tal, que puedan confrontar el medio ambiente y por otro lado su propia cultura.

La globalización está cerrando la oportunidad para obtener información. El ser primitivo encontraba explicaciones en el mito, mientras el científico de hoy encuentra respuestas en el conocimiento científico. La cultura condiciona el conocimiento y el conocimiento la cultura y más, cuando amenaza los valores sobre los cuales la sociedad se apoya. No todas las personas en el mundo asumen los valores y el conocimiento sobre lineamientos racionales, pues ello implica desligarse de los esquemas aprendidos y por los cuales de alguna manera se está condicionado. 
 
Una pregunta importante es: ¿cuál es el papel de la universidad en estos aspectos? Es un cuestionamiento de fondo y la respuesta diferencia los mismos esquemas universitarios, en la medida en que la universidad asume la técnica como algo homogéneo en el mundo producto de la globalización, pero su rol no sólo es la transmisión de conocimientos, también valores, una posición frente al tiempo y el espacio en el que se desarrolla y parámetros sobre ética y poder, por supuesto.

Un doctor no va a cambiar la universidad, pero sí propone la reflexión por su misma condición, al reto universitario. Es decir, la meta de la universidad se propone sobre el supuesto de enseñar con profesores del más alto nivel existente y formar doctores en todas las ramas del conocimiento, lo cual debería estar inscrito en los planes de desarrollo de cada área. En nuestro medio, la formación de PhD es relativamente nueva.
(…) el primer periodo de la reforma universitaria de 1980 hasta 1991 cuando se aprueba la nueva Constitución de la República y da distintos aires al gobierno de la universidad con la autonomía universitaria (…). El Decreto 080 de 1980 (…) para los programas doctorales, presenta un avance significativo al eliminar el título de doctor a todas las profesiones y en concordancia sólo se otorgaría a los que acreditaran este nivel de alta calidad académica sustentada en la investigación. 
El segundo periodo comprende desde la Ley 30 de 1992 hasta la Ley 1188 del año 2008 (…). Se establece la autonomía universitaria y los requisitos y procedimientos para la creación de doctorados en Colombia (…). Los doctorados en educación se establecieron desde 1932 en la Facultad de Educación de la Universidad Nacional. Pero sustentados en la investigación científica sólo se organizan a partir de las políticas que instaura el Programa de Estudios Científicos de la Educación con el Decreto 585 de febrero de 1991. Luego, bajo el amparo de la Ley 30 del 28 de diciembre de 1992, se definen los programas de doctorado y de esta manera se cristaliza el primer doctorado en Educación en Colombia en Red en mayo del 1996. Este doctorado desaparece como tal en el año 2000 al no superar la acreditación previa. De esta red sólo continuó un programa de una universidad. El segundo doctorado en Educación, en Red, corresponde al programa de diez universidades regionales de carácter oficial en Colombia aprobado en junio de 1998, que a su vez, debemos indicar, correspondió a la creación del primer doctorado de estas instituciones y con impacto en el contexto colombiano y latinoamericano. Este doctorado se ha denominado Rudecolombia. En el año 2005 se aprueba el tercer doctorado en Red que corresponde a dos universidades de la capital del país y a una regional, todas de carácter estatal (Soto, 2009, p. 154).

+Conozca el libro Universidad y sociedad

Según datos de un estudio del Consejo Nacional de Acreditación, en Colombia actualmente hay 226 doctorados, es decir 131 más que hace cinco años (...) Brasil con 12.217, México con 4.665, Argentina con 1.680, Cuba con 1.235, y Chile con 514. Colombia, con 245 graduados según datos de 2011, solo supera a Costa Rica que tiene 112. En Colombia 43 universidades tienen programas de doctorado, pero seis de ellas tienen 126 de los 226 que actualmente existen (…). La Universidad Nacional con 57, la Universidad de Antioquia 24, la Universidad de Los Andes 15, la Universidad del Valle 13, la Universidad del Norte 10 y la Universidad Javeriana 7 (Revista Semana, 2014)

La innovación corresponde a un concepto académico y de desarrollo administrativo; no es algo simple ni sencillo de proponer. Los esquemas simplistas del pasado, representados hoy en nuevos parámetros de reflexión y análisis, se contrastan con la “inspiración divina” como se proponía de alguna manera en el pasado. Hoy la innovación, exige redes de investigadores de diferentes áreas del conocimiento y en muchas ocasiones en diferentes partes del mundo.

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Está claro que la universidad del siglo XXI no puede limitarse sólo a los aspectos particulares de la técnica, debe ir más allá, pues el discurso ha de hacerse desde el eje superior del conocimiento y no en niveles intermedios (maestrías o especializaciones) que siendo muy respetables y nada fáciles de obtener, no tienen interlocutores con el esquema doctoral mundial, pues en algunas universidades ni siquiera se les considera como verdaderos representantes de la institución. Dicho de otra manera, la meta del esquema universitario se propone a través de los doctorados en cada área de conocimiento, o al menos, la alternativa para asumirlos a través de esquemas metodológicos que faciliten la interdisciplinariedad.

El liderazgo, corresponde a otro planteamiento común en el discurso, que  también tiene una base conceptual sobre la que se apoya el producto: el liderazgo mismo; éste no nace solo. O dicho de otro modo: ¡Sí nace solo! Pero, en los primates y para los primates. Hoy, entre la gente educada el ejercicio del liderazgo es un accionar fino y delicado, en el que la racionalidad tiene un papel importante sobre la emoción, y entre ello, el conocimiento, la formación y la racionalidad de por sí.

El enlace al denominado primer mundo exige estrategias que difícilmente podrán ser propuestas desde nuestra posición universitaria a menos que exista un cambio, pues la distancia en términos de organización y conocimiento es grande, y corresponde a años de evolución académica.

Ser un doctor implica, que se ha focalizado la atención académica en un punto específico del conocimiento en términos del tiempo y del espacio; se ha asumido con humildad la crítica de otros, que han superado la soberbia del saber y la prepotencia del ego para revisar en forma exigente y profunda los avances técnicos de la formación hacia el camino del conocimiento, haciendo parte de un proceso casi homogéneo a nivel mundial.   

El conocimiento o el desarrollo del mismo, no es exclusivo de doctores; el conocimiento científico es de quien asume la racionalidad y la aplica; lo cual, exige necesariamente un proceso, que difícilmente se logra si no se asume y se valida con la formación “formal”, que implica, un reto que todo docente debe asumir en términos de la nueva realidad mundial representada por la globalización.

Existe un marco ideal, que corresponde a la universidad, donde el 100% de los profesores son PhD. La realidad de este porcentaje en nuestro medio es mínima ; siendo esta diferencia, un reto en términos de competitividad; un punto que en el tiempo medirá necesariamente la capacidad individual y directiva en términos de creatividad, estrategia, ganas y visión de futuro.

+Conozca el libro Educación superior e interacción curricular

Conclusiones
La universidad se enfrenta en la globalización al reto de “competitividad”; los doctorados son un referente para impulsar la academia y la investigación.

Difícilmente podremos considerar la transformación de la universidad y nuestra sociedad, si no trabajamos en un replanteamiento estructural desde el punto de vista académico del docente como eje de la misma, en el cual los doctorados son un eslabón de orientación.

La época actual está enmarcada en términos de perspectivas académicas, que representan una oportunidad en especial para los directivos de las universidades, quienes enfrentan un reto en términos de su formación, la formación de sus educadores y educandos y la responsabilidad en el tiempo con el desarrollo de sus propias universidades.

Gracias a la globalización nuestro país tiene oportunidades tangibles, la formación de doctores es un eje que puede influenciar diversos sectores en términos de competitividad.

Referencias
Chang, H. (2010). El modelo de la Triple Hélice como un medio para la vinculación entre la universidad y la empresa. Recuperado de: http://unpan1.un.org/
Dinham, S. y Scott, C. (2001). The experience of disseminating the results of doctoral research. Journal of Further and Higher Education, 25(1) 45-55. Recuperado de: http://www.tandfonline.com
Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (2016). Informe anual de indicadores de Ciencia y Tecnología 2016. Recuperado de: http://ocyt.org.co/ 
Revista Semana (13 de abril de 2014). Cifras sobre doctores y doctorados en Colombia. Recuperado de: http://www.semana.com/
Soto, D. (2009). Los doctorados en Colombia. Un camino hacia la transformación universitaria.  Historia de la Educación Latinoamericana, 12, 152-195. Recuperado de: http://www.redalyc.org/

 Foto de nensuria. Tomada de Freepik