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El juego en los adultos

Magisterio
18/01/2017 - 10:00
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Foto de Guillermo Viciano. Tomada de Flickr

Cuando se habla del juego como una actividad humana parece que nos referimos siempre al binomio: juego – infancia, y en ocasiones olvidamos y casi que negamos la posibilidad de otro tipo de jugadores (Mantilla, 1991); cabe anotar que este fenómeno ha estado, de alguna manera, muy ligado a la infancia, no sólo por la experiencia que tenemos los seres humanos sobre el mismo (Fink, 1996), sino también debido a que algunas disciplinas como la psicología han centrado parte de su reflexión en este lugar cronológico de la vida que si bien ha producido una reflexión rica al respecto también ha generado, sin querer, una mirada casi “exclusiva” hacia este binomio, del que en ocasiones nos cuesta salir.

 

+ Lea: El juego y su importancia en una propuesta de educación preventiva

 

Negar la posibilidad de jugar a otros jugadores, tanto jóvenes como adultos, se enuncia de manera reiterativa en múltiples expresiones y acciones que veremos más adelante, pero que sin duda proponen, por lo menos, la necesidad de desarrollar otro tipo de actividades de juego para la población adulta y juvenil, a quienes los demás no dudan catalogarlos de “infantiles” si se atreven a desarrollar juegos que están falsamente clasificados en una taxonomía que los ubica en un momento específico de la existencia de los seres humanos.

 

En este documento vamos a intentar esbozar algunas ideas sobre la importancia del juego en la vida de los seres humanos, para abordar la importancia de este fenómeno en la vida de las personas adultas que seguimos, hasta los últimos días de nuestra existencia, siendo titulares de una dimensión lúdica (Cinde, 2012) que nos posibilita mantener vigente la posibilidad de divertirnos y por ende de jugar.

 

+Conozca los libros El juego. Procesos de desarrollo y socialización - El juego nuevas miradas desde la neuropedagogía - Recreación, lúdica y juego - 

 

El juego es una actividad humana y social que aparece en el alba de la existencia (Newson, 1999); los primeros juguetes, de acuerdo con estos autores, son las mismas partes del cuerpo de los adultos que acompañan el desarrollo de los más pequeños, que en la medida que juegan con éstos les permiten acercarse al mundo que los rodea.

 

En el mismo sentido, Piaget (1979) y Vigotsky (1978) habían vislumbrado la importancia del juego como lugar de encuentro y desarrollo social, cognitivo, emocional, entre otros. Algunas teorías más recientes del juego y del desarrollo humano identifican en este fenómeno una importancia que si bien reconoce su papel en los procesos de socialización (Nussbaum, 2014), en el desarrollo biológico madurativo (Parolini, 1994), en el desarrollo cognitivo (Piaget, 1979), parten del mismo para proponerlo como un elemento constitutivo de la existencia de los seres humanos.

 

+Conozca las revistas El juego y Juego y educación

 

En el ámbito del desarrollo humano, el juego está catalogado como una de las capacidades centrales (Nussbaum, 2012) tan necesaria para el desarrollo de las personas como la alimentación, la educación, el trabajo, la imaginación, entre otras; asistimos de esta manera al reconocimiento de que el juego no es una actividad meramente instrumental, sino que se hace necesaria para la construcción de una vida humana valiosa (Nussbaum, 2012); al respecto cabe anotar que la construcción de una vida humana “buena” (2012) está ligada, necesariamente, a las oportunidades laborales, educativas, de protección y de expansión de las capacidades personales en las que la dimensión lúdica de los seres humanos cobra un lugar preponderante para el disfrute de la vida y la construcción personal y social. En Gadamer (1991), este planteamiento se expresa en la imposibilidad de contar con una sociedad sin el desarrollo de esta dimensión.

 

El juego considerado como autotélico, que según su etimología se desprende de: auto: por sí mismo y telos: fin, dicción que indica que es una acción que lleva en sí misma la justificación de su propio fin (Molina y Sánchez, 2015); sin embargo, si bien se trata de una acción autotélica, no significa que sea una actividad desprovista de sentido (Fink, 1996). El juego es una acción placentera, creativa, libre, en la que se desarrolla la imaginación (Salazar y otros, 2014) y también es una forma de comprender y apropiarse del mundo que rodea al jugador. De esta manera, el juego deja de ser una práctica infantil y se convierte en un fenómeno que hace parte de la cultura (Huizinga, 1971), que permite asimilarla, recrearla y hacer una apropiación de ésta y de la vida misma.

 

Adultos que juegan

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El juego en los adultos, al menos en lo que conocemos como la América española, está muy marcado por el proceso de la conquista y la colonia; la llegada de los españoles, su manera de ver y concebir el mundo significó un desplazamiento y aniquilamiento de las formas de diversión y juego que los aborígenes habían construido siglos atrás (Orian, 2007); los recién llegados calificaron de peligrosas algunas prácticas de juego por cuanto no respondían a una forma centralista de sujeción al trabajo (Tabares, 2009), que significó para los conquistadores la introducción de un conjunto de juegos para el disciplinamiento corporal y cultural (Godoy, 2007), que propone otras formas de juego que persisten hasta nuestros días.

 

La variada literatura encontrada da cuenta de cómo, en la época de la conquista, las diversas formas de juego, como todo lo que significaba diversión, poco a poco fueron desplazadas por medidas como las ordenanzas de Salamanca, que limitaban las posibilidades de abrir espacios de juego y ocio en las casas y en las tabernas, ya que con ello los indígenas y los esclavos se hacían “bellacos y holgazanes” (Verdu Macías y otros, 2003:29). No es gratuito que los virreyes entendieran que la diversión había servido, en algunos o muchos casos, para “la maquinación de conatos de rebelión” (Castro, Hidalgo y Briones, 2002:77), por lo que se buscó censurarla al calificarla de vicio y cargarla con costos excesivos.

 

De esta manera, los juegos fueron determinados por un interés de colonización y conquista, que establecieron formas de jugar y dinámicas de juego que eran permitidas a los virreyes, aunque vulneraran la norma de manera reiterativa con los juegos de evite, suerte y azar (Orian, 2007), durante largas jornadas que se encontraban proscritas y que fueron reguladas para evitar acciones “subversivas” por parte de los jugadores.

 

En la actualidad, el juego de los adultos se encuentra determinado por las dinámicas laborales y familiares a las que este grupo poblacional se ve abocado. La participación en actividades de esparcimiento tiende a desarrollarse a partir de permisos sociales que es necesario solicitar a los grupos de pares que se hayan construido a lo largo de la vida; a la cultura y a la disposición personal que se encuentra muy marcada por la infancia y el valor que se le haya dado al juego en la misma; quienes juegan en la vida adulta están usualmente ligados a grupos de pares, o a la ejecución de actividades deportivas esporádicas que se catalogan como juego, y que se llevan a cabo también con otros adultos. Romper las barreras adultas para inclinarse por la práctica de juegos infantiles está en general asociado a procesos de formación, a prácticas de acciones populares o juveniles; es usual ver sobre todo a los hombres dedicados a los juegos de mesa en sus diferentes variedades (cartas, dominó, ajedrez, damas chinas, entre otros); la dedicación a estas actividades suele darse después de las faenas laborales, en las que las personas se concentran para el descanso y el esparcimiento, en pequeños grupos de amigos que se encuentran para compartir, reír, aprender y divertirse.

 

Importancia del juego en los adultos

Despojados, de alguna manera, de las barreras sociales que impiden el desarrollo de juegos entre amigos, después de la jornada de trabajo se buscan espacios de encuentro para compartir y socializar con la excusa de aceptar una invitación para jugar.

 

Las jornadas de juego entre pares y con las familias tienden no sólo a fortalecer las relaciones entre amigos y familiares, sino también a facilitar la construcción de relaciones duraderas que fortalecen los lazos afectivos y la camaradería. El juego en las personas adultas tiene cualidades similares a las que se presentan en los niños jugadores; la persona mayor no es un sujeto acabado que nada tiene que aprender o madurar. Desarrollos pedagógicos contemporáneos invitan a todos los seres humanos a mantener una actitud abierta ante la vida, con el fin de apropiarse de todos los conocimientos y experiencias que fortalecen los aprendizajes y enriquecen la vida.

 

El juego, entendido como una práctica que se lleva a cabo de manera consciente, cobra fuerza en las personas adultas en dos sentidos: el primero, como una práctica que facilita la diversión y la construcción de alternativas de vida que superan la instrumentalización de la existencia, y el segundo, como una posibilidad de acercarse desde la complejidad de la adultez a una experiencia lúdica cada vez más compleja y llena de significados.

 

No se invita a los adultos a que saquen el niño que tienen dentro para ejecución de las acciones de juego, porque ello equivaldría a poner el juego como práctica solo de la infancia; pero sí se les propone jugar cada vez más con su pares y su familia, para seguir fortaleciendo los lazos de convivencia y fraternidad que tanta falta hacen para seguir construyendo vidas más completas y felices.

 

Referencias

Brunelle, L., Leif, J. (1978). La verdadera naturaleza del juego. Buenos Aires: Kapelusz.

Gadamer, H. G. (1991). La actualidad de lo bello. Barcelona: Paidós.

Huizinga, J. (1971). Homo Ludens. México: Fondo de Cultura Económica.

Mantilla, L. (1991). El juego y el jugar: ¿Un camino unilineal y sin retorno? Redalyc, 101-123.

Medrano de Luna, G. (2009). La expresión cultural de una cosa: El Juguete Popular. Nueva Antropología, 115-142.

Molina, V., Ossa, A., Franco, S. (2005). La fiesta como manifestacion del ocio: resistencia y subversión de lo cotidiano en: el ocio, el tiempo libre y la recreacion en America Latina: problematizaciones y desafios. Medellín: Soluciones editoriales.

Newson, J (1999). Juguetes y objetos para jugar. Nueva York: Ceac.

Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades. Barcelona: Paidós.

Nussbaum, M. (2014). Emociones políticas: ¿por qué el amor es importante para la justicia? Bogotá: Planeta.

Orian, J. (2007). El frenesí del vulgo: fiestas, juegos y bailes en la sociedad colonial. Medellín: Universidad de Antioquia.

Parolini, M. (1994). El libro de los juegos I. Sao Paulo: San Pablo.

Piaget, J. (1979). El juego. México: Fondo de la Cultura Económica.

Pujol, C. A. (2006). Ciudad, fiesta y poder en el mundo contemporáneo. Liminar, 36-49.

Salazar, I., Bojacá, P., Florez, A., Sánchez, N., García, D., Barrero, R., Pernett, L. (2014). Metodología Naves. Actualización. Su ser y su hacer. Bogotá: Corporación Día de la Niñez.

Tabares, J. F. (2009). Juegos populares y tradicionales. Ocio y diferencia colonial. Polis: en foco, sociología del deporte, 87-99.

Verdú Macías, V. y otros (2003). Fiesta, juego y ocio en la historia. Salamanca: U. de Salamanca.

Vigotsky, L. S. (1978). El desarrollo de los procesos sicológicos superiores. Barcelona: Crítica.

 

El autor

Tecnólogo en recreación dirigida. Licenciado en educación física, recreación y deportes. Candidato a magister en educación y desarrollo humano. Estudiante de maestría en dirección. Gerente técnico de la corporación “Juego y niñez”.

 

Foto de Guillermo Viciano. Tomada de Flickr