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El nuevo reto: humanizar la educación

Por Catalina Chacón , Por Valentina Devis
Magisterio
23/12/2017 - 10:30
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Foto de pressfoto. Tomada de Freepik

Palabras clave: Educación, cultura, ciudadanía, responsabilidad.

Gran parte de los cimientos del ser humano se gestan cuando se accede a la educación. No obstante, se escucha decir de modo constante que estas bases están fallando. Entonces, ¿esto significa que esos cimientos no están siendo bien construidos? Y, en ese caso, ¿se puede ir elucidando maneras de abordar este problema mediante la reflexión? Es claro que no existe una única manera de observar los problemas ni de proponerles una solución, pero un proceso racional y generador de ideas y soluciones debe ser expuesto y considerado.

Este escrito plantea una reflexión sobre algunas problemáticas culturales de Colombia y la forma como una implementación de una educación fundamentada en las humanidades puede ayudar a superarlas. Se trata de una educación que favorece el desarrollo de ciudadanos responsables con su entorno y los demás ciudadanos; de una formación que potencia individuos pensantes que pueden idear nuevos caminos y proyectos sociales; al tiempo que se le concibe como trascendentales al ir más allá de lo existente y ver una posible realidad más positiva.

El odio y el rencor han impregnado la conciencia de los ciudadanos de Colombia, llevándonos a un ambiente de permisividad, en el que todo se puede hacer y el otro sujeto no importa, al contrario, se ignora, se desconoce, se aísla.

+Lea: La educación y la construcción de la paz

Se hace evidente que urge la necesidad de un cambio sistemático que permita desarrollar un verdadero estado de paz y bienestar. Para el desarrollo de lo anterior, primero, se hablará de algunos problemas culturales manifiestos en la población colombiana; segundo, se explicará por qué se puede afirmar que estas dificultades surgen de una falla en el modelo educativo actual; y tercero, se sugieren las herramientas que proporcionan las humanidades para superar las problemáticas culturales mencionadas.

Las problemáticas

La educación otorga las herramientas para que una persona se pueda formar en todas sus dimensiones, es la denominada integralidad. Por ello, cuando la educación falla al dotar al ser humano de elementos positivos se presenta una serie de dificultades que se reflejan en la cultura y se hacen evidentes en la forma de pensar y de actuar de los ciudadanos. Por otro lado, cuando la educación es asequible, se supera la inequidad y se proporciona herramientas para el desarrollo conjunto; además invita a pensar y a crear, con lo que la sociedad logra crecer y superar ciertas dificultades sociales.

La primera problemática que se hace manifiesta, con una reiteración y una crudeza escalofriantes, es la extrema violencia en el actuar y en el pensar. La violencia está presente en el día a día a través de una mentalidad atravesada por el odio y el abuso. Atrocidades como el empalamiento de una mujer; la tortura, la violación, el desplazamiento y el asesinato de una niña por parte de su padre; el robo multimillonario por parte de un congresista a las familias del país porque, simplemente, 'no le era suficiente' lo que ganaba; el robo de miles de ciudadanos que a diario incumplen las leyes y pasan por encima de sus conciudadanos. El odio y el rencor han impregnado la conciencia de los ciudadanos de Colombia, llevándonos a un ambiente de permisividad, en el que todo se puede hacer y el otro sujeto no importa, al contrario, se ignora, se desconoce, se aísla.

Una educación que potencie las habilidades creativas debería invitar a las personas, primero, a reflexionar, valorar y cuestionar lo existente, y segundo, a aplicar conocimientos filosóficos, políticos y sociales para enfrentar los vacíos encontrados.

Por otro lado, también se puede enunciar como problemática la corrupción rampante. Una plaga que ha penetrado todas las instancias sociales. Abundan los  casos en las instituciones públicas y privadas, que siempre resultan en la pérdida anual de muchos millones de pesos. La corrupción ha penetrado la mentalidad del ciudadano común: es normal ver “colados” en Transmilenio o escuchar de los sobornos que ofrecen ciudadanos a policías con el fin de evitar multas. A raíz de estos comportamientos, adelantados por ciudadanos corrientes y por miembros del sector público, existe desconfianza hacia todo lo que tenga carácter gubernamental, hacia todo ente público. Ya nadie espera el cumplimiento de los objetivos por parte de sus entidades y/o sus representantes.

Ligado a la problemática de la corrupción está el desinterés político. Los ciudadanos desconocen el verdadero significado de la participación política, la cual limitan generalmente a las votaciones (pese a los elevados índices de abstención). En un país en el que campea la ignorancia, la conciencia política y social no existe, menos aún el sentido de pertenencia. Así que no hay control ciudadano ni tampoco cuidado de  los recursos públicos: la infraestructura del transporte público está deteriorada por el mal uso, las calles contaminadas de basuras y los monumentos históricos manchados  por aerosol.

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Por último, y tal vez con un tono de mayor gravedad, la inconsciencia social es el obstáculo que impide el desarrollo: la violencia, la corrupción y la indiferencia por lo público se sustentan en una mentalidad en la que la existencia del otro no es relevante. Es posible observar cómo los individuos a través de sus actos parecen haber olvidado el valor de la humanidad con el otro. Las personas se guían por un pensamiento en el cual reina la indiferencia social y el desconocimiento del significado y la importancia de la vida humana. La sociedad se ha olvidado de la dignidad del otro y el modelo educativo actual no ha hecho mucho al respecto.

Las fallas de la educación

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La educación en todas las instancias de la vida es responsable de formar ciudadanos que se comporten de una manera no violenta, no corrupta y consciente del entorno. Por esta razón, muchos problemas culturales nacen de, como lo denomina Hannah Arendt, una crisis educativa en la cual la educación busca una masificación de la identidad, donde la importancia está en el qué y no en el quién. Cuando se resta importancia a la diversidad tan propia de la naturaleza humana, el único interés que vale es el de “la humanidad o las clases, pero nunca el hombre o los hombres” (Arendt, 2003). Una educación tan despersonalizada también lleva a que las personas sientan poca (o nula) responsabilidad sobre la comunidad a la que pertenecen. Cada persona toma una actitud egoísta hacia su sociedad y busca únicamente su beneficio, sin importarle lo que pase a su alrededor.

Más allá, el sistema educativo colombiano también cuenta con problemas estructurales que ahondan la crisis educativa. En el sector público, el presupuesto ha sido limitado por políticas gubernamentales que afectan a la infraestructura y a las personas que intervienen en el proceso formativo. Por eso,  cuando se compara un colegio público con uno privado, se revelan las desigualdades, pues la educación pública no cuenta con recursos para  brindar mejores oportunidades y condiciones; además de que no le es posible contar con herramientas sólidas que le permitan el adecuado desarrollo del proceso escolar.

Los errores de la educación se evidencian en las características del modelo colombiano. Primero, existe una metodología memorística, en la cual se desea que el estudiante sea capaz de repetir las temáticas sin comprenderlas. También se ve en la parte terminológica, pues se desconocen los significados reales de los conceptos relevantes para la formación. Asimismo, en el diseño del modelo educativo el fenómeno de la reflexión, propio de las humanidades, se encuentra limitado a ciertas materias. Además, existe desconfianza entre el estudiante y el docente: el primero porque no valora el rol del maestro y desconoce sus capacidades; mientras que el profesor está siempre preparado para la trampa y la ignorancia de su estudiante. Así que se ha cultivado una relación de distanciamiento  entre estas dos figuras; se intenta mantener la superioridad del maestro y se perjudica al estudiante, el cual se siente inferior y hasta rechazado.

Lea: Estrategias didácticas y actividades para la educación emocional en el aula

En búsqueda de una nueva alternativa

El fortalecimiento del carácter humanista en el saber podría hacer un aporte importante a la superación de los problemas mencionados debido al desarrollo de habilidades clave. Las humanidades no son una cosa, son una forma de pensar y de ver el mundo, pues trascienden las disciplinas y evidencian la humanidad del ser humano. Sin un cimiento fuerte, como el que otorgan las humanidades en el desarrollo intelectual de cada persona, se corre el riesgo de volverse maleable, manipulable y no desarrollar un criterio propio, ni comprender la importancia de la existencia.

Cultivar la creatividad desde las humanidades podría generar un ambiente de nuevas soluciones planteadas por cualquier estudiante del país. Una educación que potencie las habilidades creativas debería invitar a las personas, primero, a reflexionar, valorar y cuestionar lo existente, y segundo, a aplicar conocimientos filosóficos, políticos y sociales para enfrentar los vacíos encontrados. La creatividad se puede gestar desde otras áreas del conocimiento, pero las humanidades aportan un tipo de creatividad con cimientos lógicos y basados en procesos racionales que se forjan a partir del estudio de teorías filosóficas, sociológicas, políticas y estéticas, generadoras de pensamiento crítico, que dan pie al surgimiento de creaciones e ideas nuevas. Este tipo de creatividad es indispensable para una sociedad que busca soluciones innovadoras para terminar con dificultades como la violencia. Asimismo, es la creatividad genera capacidad de cuestionamiento, reflexión y valoración de hechos de forma individual y racional que debe ir conducir  a ideas dirigidas a la práctica de comportamientos incluyentes. Por esto, este tipo de reflexiones desde el uso de las humanidades puede ser un primer paso para que los estudiantes hallen nuevos caminos, diferentes a la violencia y la corrupción.

El conocimiento del ser humano, de sus facultades y sus dimensiones es uno de los efectos más valiosos de la educación humanista. Las humanidades, como lo dice su nombre, se preocupan por el ser humano y sus diferentes facetas, le proporcionan al estudiante un sentido social en el cual comprende al ser humano, su importancia como individuo y la responsabilidad que se tiene consigo mismo y los demás. Adquirir conciencia del sentido humano hace que cada persona abandone la indiferencia frente al otro y se sienta comprometido en todas sus dimensiones con el bienestar individual y social. Estudiar e interiorizar teorías humanistas sobre el valor y la grandeza del ser humano es un punto de partida para moldear mentalidades que comprendan el valor inherente de cada individuo. Este beneficio de las humanidades respondería a las acciones violentas y a la deshumanización, características tan arraigadas en los últimos tiempos en la conciencia colectiva de los colombianos. . Colombia se plantea como un país democrático, sin embargo, es poca la relevancia que se le da a este mecanismo. Emiliano Zuleta (1995), en su texto La participación democrática y su relación con la educación, señala que las libertades democráticas adquieren su significado únicamente cuando los ciudadanos conocen sus derechos y los mecanismos para poder validarlos. La educación fomentada en las humanidades brinda los conocimientos para hacer valer la democracia. De lo contrario, el ciudadano continuará siguiendo a las masas y resignándose con lo que los demás deciden por él. De ahí proviene la fragilidad de la democracia, de la “angustia que significa pensar por sí mismo, decir por sí mismo y reconocer el conflicto” (Zuleta, 1995). Cuando la educación fomenta el pensamiento global en sus estudiantes, les genera una mirada crítica y analítica, también incentiva un mayor interés por la comunidad en la que se encuentra, fortalece la fragilidad de la democracia y motiva la participación del ciudadano.

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En definitiva, la cultura presenta un conjunto de diversos elementos, costumbres, ideas, pensamientos y comportamientos que caracterizan a un pueblo; en Colombia, por su historia y contexto, se puede ver que la cultura tiene elementos negativos que han moldeado unas problemáticas evidentes en cada ámbito de la sociedad. El pensamiento, la disposición y la actitud humanista que proporciona esta hipótesis educativa responden a la necesidad de superar los problemas culturales de Colombia. Este cambio estructural podría llegar a muchos ciudadanos a través de una educación básica, a la cual todos deberían poder acceder, ayudándoles a crear una nueva cultura. Este proceso estaría fundamentado en reconocer y tratar al otro como un ser humano valioso. Reconocer el enorme sentido de ser humano es una forma de pensamiento que podría solucionar las fallas del comportamiento colombiano, aunque implementarlo es el verdadero reto.

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Las autoras

Estudiantes de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario.

 Foto de pressfoto. Tomada de Freepik