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El papel de la educación artística en la construcción de un nuevo paradigma educativo en Colombia

Por David Alfonso Duarte
Magisterio
13/12/2017 - 14:15
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Foto de outanmax. Tomada de Freepik

En cierto punto de la historia reciente creímos que el modelo de producción industrial, era la opción más adecuada a imitar si queríamos optimizar los procesos y maximizar las ganancias, sea cual fuera la actividad, todas adoptaron (algunas en modos menos ortodoxos) el sistema de producción en serie como método para garantizar la calidad en el resultado.

Vehículos, muebles, ropa… Todo comenzó a ser fabricado de modo serial, con miras a que el producto final estuviera a la altura de los estándares de excelencia requeridos por una sociedad ávida de consumo. Así mismo, esferas sociales tan delicadas como la educación, volcaron sus esfuerzos a transformar sus procesos de modo que se parecieran más a una cadena de montaje que a una preparación cuidadosa. En este punto, la formación artística en todas sus ramas, pasó a ser considerada un objetivo de importancia menor, pues no respondía a las necesidades de la época, ni mucho menos, garantizaba el empleo en algún centro de producción como fábricas o talleres, sin embargo, el problema comienza cuando, tras haber superado la revolución industrial y haber cambiado evidentemente la dinámica social y económica, seguimos usando el mismo modelo educativo para formar a los jóvenes y niños de nuestros colegios.

+Lea: De la educación artística a la pedagogía artística en la educación inicial

Es muy común que en la actualidad escuchemos la palabra “arte” para referirnos a un proceso o un producto cuya complejidad resulta notable ante nuestros ojos, y aunque creo que muchas veces malgastamos dicha etiqueta solo por elevar categóricamente el valor de las cosas, también creo que en muchas otras, sí existe una intensión y un resultado artístico. Para definir qué es arte y qué no lo es, necesitaríamos valernos de un extenso estudio y sin duda nos tomaría un significativo espacio de tiempo, dado que ni los más notables teóricos del arte han logrado ponerse de acuerdo sobre su significado y su aplicación. Pero remitámonos a tres características fundamentales, ampliamente aceptadas para definir una práctica como algo relativo al arte. Estas son:

- Posee una intención clara. Es decir, encarna el deseo del autor por realizar dicha producción.

- Existe un meticuloso proceso de creación, que resulta de la conjunción de las habilidades particulares del artista que crea la obra.
- Se comunica con el público a través de una experiencia sensorial. Sea cual sea, siempre habrá como mínimo uno de los múltiples sentidos humanos involucrado en el arte.

En este caso, se me viene a la mente una de las prácticas más comunes que podemos apreciar en el diario vivir, la cocina. Y hablo de ella como arte porque, cuando es realizada en ciertos ambientes, cumple con todos los preceptos establecidos para ser considerada como tal.

+Lea: El sentido del arte en la escuela

Pero ¿qué tiene que ver la cocina con la educación, y más aún con la educación artística?

Resulta que actualmente, es posible evidenciar dos tipos de prácticas culinarias, y para ello sólo basta salir de nuestros hogares o visitar algún centro comercial. Existen locales que denominamos de “comidas rápidas” cuyo proceso de preparación se encuentra regulado por una serie de normas e indicaciones claras. Las diferentes recetas o platos poseen un conjunto de pautas que determinan el modo en que deben ser preparadas; ítems como la cantidad, el tiempo, la temperatura o la presentación, todo sigue unos estándares que garantizan al cliente tener exactamente lo que ordenó, en un tiempo mínimo de espera.

Y por otro lado existen los pequeños restaurantes, esos lugares donde el personal de la cocina planea un menú diferente cada día con ingredientes frescos de temporada, preparando meticulosamente las bases de su producto desde muy emprano en la mañana. Aquí, aunque no lo parezca, se cuida cada detalle para que el cliente viva una experiencia satisfactoria, cambiando con las exigencias del mercado y adaptándose a las necesidades particulares de cada quien. Que si el arroz blanco o con pasas, el jugo con o sin azúcar, la carne bien cocida o a “tres cuartos”, todas estas variables contribuyen a realizar un proceso más orgánico y menos industrial en los métodos de preparación de algo tan aparentemente simple como la comida.

Pues en Colombia, así como en la mayoría de países, la educación se parece mucho más al primer ejemplo que al segundo. Hemos aceptado la creencia de que el modelo de producción industrial es la opción más adecuada para nuestras aulas de clase y con ello desconocemos una verdad fundamental de nuestra realidad como seres vivos, nuestro desarrollo no sucede de manera lineal, mucho menos homogénea; es decir, si a un computador (ordenador) le ingreso unas instrucciones para procesar datos y posteriormente ingreso los datos que deseo, el resultado será predecible. Esto sucede porque la norma para el proceso fue determinado de manera específica, así que diez computadores programados de la misma forma, darán los mismos resultados si se les ingresan los mismos datos a cada uno.

+Conozca el libro La expresión artística en el preescolar

Sin embargo, resulta imposible que dos seres vivos reaccionen de igual manera a un mismo estímulo, nuestras madres, abuelas o quienes tienen jardines en sus casas, saben bien esto; algunas plantas, aunque sean de la misma especie, se desarrollan bien estando a la sombra, otras a la luz; o algunas se adaptan mejor si la tierra permanece húmeda, así como otras prefieren un sustrato seco y un leve rocío de vez en cuando.

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Este fenómeno de procesos mecánicos y orgánicos guarda una estrecha relación con el arte en cuanto el acto creativo que tiene lugar en este varía según la configuración de cada momento. Así, el arte y sus resultados, tienden a parecerse más al cultivo de una planta que al ensamble de un objeto. Es el resultado de la suma y la interacción de diferentes saberes, prácticas y conocimientos en nuestro cerebro, convirtiéndolo en un acto irrepetible, pues toda obra es diferente de otra, por más similares que sean sus procesos de construcción.

Además, el acto de creación (no sólo artístico) frecuentemente se genera en ambientes contributivos, cosa que al parecer hemos olvidado llevar a nuestras aulas de clase. Existen un sinfín de historias acerca de inventos y adelantos científicos donde una persona poseía una idea revolucionaria a su tiempo, pero sólo a través del trabajo y la cooperación con otras personas pudo encontrar una manera de traer esa idea hacia la realidad aplicable. Sin embargo, las formas de educación que conocemos nos incitan a la individualidad y al aislamiento, hemos tatuado en la mente de los estudiantes un ideal de competencia con el otro, y la competencia es una excelente manera de iniciar un conflicto.

Aquí entra la educación artística como elemento fundamental para resolver esta problemática. Debemos perseguir la implementación de un modelo educativo que premie la individualidad, pero no como elemento de separación entre nuestros estudiantes, sino como realidad única e irrepetible, cuyo desarrollo es potenciado por la interacción con otras realidades, también únicas e irrepetibles, que aportan distintas visiones y soluciones a nuestro pensamiento, así como los ingredientes de una receta confluyen en un todo excepcional. Además, debemos replantear las políticas de asignación horaria en los colegios, buscando un equilibrio en las cargas académicas que poseen las asignaturas, pues, si bien las matemáticas y las lenguas son parte fundamental de nuestras capacidades cognitivas, también lo son el razonamiento abstracto, la inteligencia emocional y el pensamiento divergente, solo por mencionar tres de los elementos que aportan las artes en el aula de clase. De igual forma, es necesario replantear también la importancia que le damos a los exámenes estandarizados, y con esto no quiero decir que no sean importantes, pero no pueden ser tomados como eje central del acto educativo. Cuando presentamos una obra a un concurso, existen ciertos parámetros que se deben cumplir para participar, sin embargo, cumplir con dichos requisitos no garantiza que nuestra obra sea ganadora, o incluso, que sea seleccionada. Así mismo, las pruebas estandarizadas sirven para evaluar las posibles falencias que existan en el proceso de aprendizaje y permitirnos a nosotros como educadores, plantear soluciones particulares a los casos de cada estudiante, no pueden ser nuestro pilar de calificación, pues es imposible evaluar de manera objetiva algo tan subjetivo como el aprendizaje.

Y por último, resulta prioritario formular un modelo de educación que imite al arte en cuanto a espacios; es decir, nosotros como maestros de arte (sea cual sea el caso específico) sabemos de primera mano que cuando impartimos lecciones a un grupo numeroso, se dificulta la tarea de personalizar los contenidos y resulta casi imposible atender las necesidades de cada estudiante, mientras que las clases con pocas personas arrojan experiencias de aprendizaje más constructivas y eficaces, pues el escaso quórum permite adaptarnos al ritmo de cada aprendiz, facilitando así un desarrollo enmarcado por sus realidades individuales. Este concepto, aplicado a la escena de la educación Colombiana, obliga a replantear los esfuerzos para alcanzar cifras de cobertura educativa a través de Mega Colegios. Tal vez, lo que necesite el país sean más bien “Micro Colegios” que al igual que una clase de arte, atiendan las necesidades particulares de cada entorno y administren sus políticas para garantizar la calidad basada en la personalización, no en la masificación del aprendizaje.

Conclusiones

- El modelo de educación colombiano no necesita ser mejorado, necesita ser renovado.
- Se debe actuar acorde a las exigencias del momento y asumir un compromiso verdadero con la creatividad y la inventiva a través de las artes.
- Los actuales estándares no promueven las diversas formas de inteligencia que posee el ser humano, y en vez de potenciar aprendizajes valiosos, limitan el desarrollo de las capacidades individuales y alejan al estudiantado de su potencial innato.
- La concepción de calidad, también puede ser lograda a través de la personalización, manteniendo los niveles y fortaleciendo los procesos según las características sociales de cada entorno educativo.

+Conozca la Revista Arte y educación

Referentes Bibliográficos

Robinson, K. Aronica, L. (2009), El Elemento. Barcelona, España: Random House Mondadori.
Johnson, Steven. (2010), Where Good Ideas Come From. 4° ed. Canada: Penguin Group.
Nussbaum, Martha C. (2010), Sin fines de lucro. Madrid, España: Katz editores.

Texto completo : El papel de la educación artística en la construcción de un nuevo paradigma educativo en Colombia

Este artículo se publica gracias a la alianza de contenidos de Blog libreta de bocetos y Editorial Magisterio

Foto de outanmax. Tomada de Freepik