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El papel de la pregunta en la construcción de personas críticas

Magisterio
22/01/2016 - 09:30
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Una maravillosa señal de que el hombre filosofa en 

cuanto tal, originalmente, son las preguntas de los niños. No 

es nada raro oír de la boca infantil algo que por su sentido 

penetra inmediatamente en las profundidades del filosofar. 

Quien se dedicase a recogerla, podría dar cuenta de una 

rica filosofía de los niños. La objeción de que los niños lo 

habrían oído antes a sus padres o a otras personas, no vale 

patentemente frente a pensamientos serios. La objeción de 

que estos niños no han seguido filosofando y que, por tanto, 

sus declaraciones sólo pueden haber sido casuales, pasa por 

alto un hecho: que los niños poseen con frecuencia una 

genialidad que pierden cuando crecen.

 

Este artículo pretende mostrar cómo la pregunta es parte vital de la vida de las personas y cómo ésta se va perdiendo con la llegada a la edad adulta, en tanto que los sistemas educativos y culturales mutilan la capacidad para preguntar tan natural en los niños. Pero que si esta capacidad de preguntar se potencia desde edades tempranas en el marco de una comunidad de indagación al estilo de Filosofía para Niños, puede contribuir a la construcción de seres humanos más críticos frente al entorno cultural y social que les rodea.

 

Introducción

La tesis que postula inicialmente Karl Jaspers es que las preguntas que realizan los niños son la mejor muestra del filosofar en el hombre y, que al parecer, esa genialidad que ellos poseen se pierde con el paso del tiempo. ¿Por qué se pierde? ¿Acaso la pregunta desaparece en la medida en que crecemos? ¿A dónde se fueron las preguntas que hacíamos cuando éramos niños? En las siguientes líneas trataré de sugerir algunas respuestas a estos interrogantes.

 

La tesis de la cual se partirá es que en la mayoría de los casos los sistemas educativos, culturales y sociales nos van mutilando la genialidad con la que elaboramos preguntas cuando somos niños y que si alimentamos esta capacidad para preguntar desde edades tempranas podremos llegar a construir personas más críticas, es decir capaces de elaborar mejores juicios frente a sí mismos, frente a los otras personas, frente a las instituciones, a los procesos culturales y sociales de los que hacemos parte, todo ello en el marco de una comunidad de indagación.   Para efectos de orden, dividiré el escrito en dos partes a saber: la relación entre la filosofía y los niños; el concepto de comunidad de indagación y algunos ejemplos de las preguntas que construyen los niños en el aula de clase.

 

+Conozca el libro La pregunta en la vida de los niños

 

La filosofía y los niños

 La pregunta es una forma de comunicación e interacción con todo lo que nos rodea, las preguntas son inherentes al ser humano desde el momento en que empezamos a articular nuestras primeras palabras. Estas primeras formas de expresión son las que nos permiten ir redescubriendo el contexto en el que nos hallamos inmersos, porque queremos saber lo que nos resulta desconocido. Cabe aclarar que, cuando llegamos al mundo, las personas y las cosas ya están ahí  y lo que hacemos es aprender esa red de referencias significativas que otros han creado.

 

La pregunta surge porque ignoramos algo y en la mayoría de los casos queremos descubrir su respuesta o significado. Siempre, a lo largo de nuestra vida, ignoramos muchas cosas y cuanto más aprendemos, nos damos cuenta de lo ignorantes que somos. Así, la pregunta en cierto sentido nos ayuda a encontrar y dar significado a las personas, situaciones o cosas que tenemos a nuestro alrededor. Sin embargo, con el paso del tiempo y la llegada a la edad adulta, esta capacidad de preguntar tan propia de los primeros años vida, se ve reducida, en la mayoría de los casos, a preguntas informativas sobre aquellas cosas que nos afectan a diario. Aunque la perdida de la pregunta no sólo está matizada por la pérdida del asombro en la edad adulta, sino que también nos apena reconocer que somos ignorantes, nadie dentro de la escena pública se quiere reconocer como tal. Los niños, en la mayoría de los casos, sí expresan su ignorancia y lo hacen porque tienen el firme deseo de aprender algo más sobre el mundo en el que se encuentran.

 

 Este problema también se ve reflejado en muchas aulas de clase; elaborar preguntas es muy complejo y lo va a ser más si la educación no se preocupa por desarrollar habilidades para preguntar. Sabemos que la filosofía se interesa más por las preguntas que por las respuestas, en tanto que las primeras promueven rupturas, generan nuevas perspectivas y permiten que el conocimiento avance, por ello lo que sugerimos de fondo es que el acto educativo se preocupe más por generar preguntas, que por transmitir las respuestas que otros han pensado o descubierto.

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 Con esta afirmación, lo que se pretende no es negar la tradición del conocimiento que se ha construido a lo largo de la historia del hombre, sino enseñar el cómo esa tradición llegó a formarse. Pues en la mayoría de los casos, se trasmiten teorías como: la filosofía de Emanuel Kant, la teoría de la evolución de Charles Darwin, la reproducción humana, entre otros saberes que el hombre ha acumulado, pero no explicamos el proceso que tuvo lugar para llegar a su construcción. Por ejemplo, las matemáticas nos enseñan que los números son infinitos y exactos en sus diversas operaciones, pero, en la mayoría de los casos no se nos dice el por qué lo son, cómo el hombre llegó a concebirlos como algo exacto e irrefutable; sólo damos por sentado que así son las cosas y no es necesario ir más allá. 

 

Es necesario explorar el mundo de vida de los niños en las diversas interpretaciones que ellos mantienen sobre él. Para esto, es de suma importancia preguntarse: ¿cómo entienden los niños el mundo? En primera instancia, la mentalidad del niño es algo abierto, con una razón intrínseca por conocerlo, explorarlo, aprenderlo, en una palabra: desnudarlo para sí, y, de esta forma, ver qué tan ciertas son todas aquellas cosas que los adultos le dicen. ¿Cómo son? ¿Para qué sirven? ¿Por qué todo está hecho de esa manera? ¿Por qué pensarlo desde lo que les han dicho? Tales son preguntas que los niños tienden a plantearse una y otra vez.

 

Al adentrarnos en el universo de los niños se puede descubrir que aparece un mundo a veces no comprendido; es como lanzarse en una aventura de la cual se puede esperar cualquier cosa. Por esto el niño, cuando es arrojado al mundo, lo asalta, lo asombra y quiere saber para qué fue hecho. ¿Por qué los adultos han hecho palabras complicadas para lo que, a simple vista, puede ser sencillo? ¿Por qué no descubrirlo, inventarlo de otra forma? De modo que el explorar el mundo de los niños implica buscar el sentido latente en el sentido aparente de sus interpretaciones, es decir, lo que está oculto en su espontaneidad, en su lenguaje, en la naturaleza y, en definitiva, en todo lo que se encuentra y es capaz de usar. Ahora bien, ¿En qué momento, propiamente, empieza el filosofar en los niños? Lipman afirma al respecto

 

¿Cuándo empieza el niño a razonar filosóficamente? Porque, si bien toda actividad filosófica implica el razonamiento, no todo el que razona está involucrado en una actividad filosófica. Los niños empiezan a pensar filosóficamente cuando empiezan a preguntar ¿Por La pregunta ¿por qué? es sin duda una de las favoritas de los niños pequeños. Pero sus usos no son nada sencillos. En general, se está de acuerdo en atribuir dos funciones principales a la pregunta ¿Por qué? La primera es descubrir la explicación de una causa, la segunda es definir una finalidad.

 

 Explicar la causa de una cosa es hacer alusión a las posibilidades de que una cosa aparezca. Se puede explicar la caída de los cuerpos a partir de la fuerza de gravitación universal que los atrae hacia la tierra; se puede explicar la causa de un incendio en los cerros de Bogotá porque alguien tiró la colilla de un cigarrillo encendido, o porque la luz solar se refracta a través de una botella y origina el fuego en en las hojas secas.

 

“Preguntar para averiguar la finalidad es preguntar para qué está hecha una cosa o para qué sirve una actividad”4. La finalidad de una carretera es comunicar un lugar con otro. La finalidad de un borrador es que sirva para borrar o de un lápiz que sirva para escribir. Sin embargo, hay otro tipo de preguntas que buscan indagar sobre las razones del ¿por qué sucede algo? Por ejemplo, si un niño pregunta dentro de una indagación en el aula ¿Por qué pensamos? En primera instancia puede ser una pregunta muy obvia para los niños, pues todos piensan y no necesitan realizar ningún esfuerzo para pensar, pues es algo inherente al hecho de ser hombre. Sin embargo, si analizamos la pregunta, puede tener varias interpretaciones: en primera instancia, puede referirse al hecho biológico que hace posible en los seres humanos el acceso o la llegada al pensamiento, es decir las condiciones psíquicas y físicas que nos permiten pensar; por otra parte, puede referirse a la necesidad del pensamiento como parte inherente a nuestra forma de vida como seres humanos. En síntesis, preguntar es algo complejo que está siempre presente en la vida de los seres humanos, especialmente en los niños que lo hacen de manera espontánea, por tanto, hay que buscar un escenario propicio en el que se desarrolle la pregunta y esto es lo que se quiere proponer al hablar de una comunidad de indagación.

 

La comunidad de indagación y la construcción del juicio crítico

La “comunidad de indagación” tiene su origen en la idea de “comunidad de investigación”, desarrollada por el filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce para dar cuenta del modo como se construye la ciencia por medio del esfuerzo cooperativo entre una comunidad de investigadores. Teniendo en cuenta que para Peirce se trataba de una comunidad de investigadores científicos, Lipman busca ampliar esta idea, con el fin de entender, por una parte, que, así como puede haber una comunidad de investigación científica, puede haber también una comunidad de investigación filosófica; y, por la otra, que dicha comunidad no tiene por qué estar restringida a un grupo de “sabios” o especialistas, sino que puede estar abierta para todo hombre razonable, e incluso –esta es la gran novedad– a los propios niños. Esta comunidad de investigadores es, según Peirce, un grupo de personas que, mediante una actividad deliberativa, buscan la autocorrección y el pensamiento crítico. Esta actividad no sólo tiene un componente epistemológico, sino también, un carácter ético, ya que en ella se cultiva la disponibilidad para dar y recibir ideas, la perseverancia, la honestidad y la cooperación.

 

Por tanto, el principal objetivo aquí es romper con los esquemas de la educación pensada como trasmisión de saberes, para preocuparse no por el producto, sino por el proceso que se realiza para llegar a él. Justamente, a la hora de la práctica, no hay que enseñar filosofía, sino que hay que enseñar a los niños a pensar filosóficamente, en otras palabras hacer filosofía con ellos. La filosofía, de esta forma, busca promover en los niños la realización de buenos juicios. Pero, ¿cómo entender dicha realización? Precisamente desde el lenguaje, que permite discutir, analizar y proponer nuevas formas. Esto debe ir acompañado de un esfuerzo por descubrir las falacias que se hallan en lenguaje o pensamiento cotidiano; por ejemplo, las personas desde niños se les ha dicho que digan la verdad, que sean justos, que admiren lo bello, que sean buenos, pero nunca les dicen qué es la verdad, la justicia, lo bello o lo bueno. Una buena forma de empezar a aclarar estos interrogantes es la comunidad de indagación que promueve una construcción comunitaria del conocimiento. 

 

Esta y otras preguntas surgen de manera recurrente en las aulas de clase, a partir de la lectura de las novelas del programa de FpN6 u otras alternativas que sugieren los manuales que acompañan el trabajo con el programa. Precisamente, el fomento de la capacidad para hacer mejores preguntas, ha sido uno de los principales objetivos dentro del trabajo que se realiza en las comunidades de indagación; por esta razón a continuación presentaré algunos ejemplos que, a mi modo de ver, pueden ayudarnos a entender de una mejor manera los desarrollos que se pueden alcanzar al tener en cuenta las preguntas que realizan los niños. Fácilmente encontramos  niños que se preguntan sobre la imaginación, la realidad, la fantasía, las ideas, los pensamientos, la verdad, el tiempo y en fin una infinidad de preguntas que tienen una estrecha relación con la filosofía.

 

A continuación relataré algunas de las experiencias más significativas con las preguntas dentro del aula de clase. En una ocasión, al iniciar un diálogo sobre la pregunta de por qué los adultos siempre estaban tan ocupados, uno de los niños mencionó como respuesta que no tenían tiempo porque siempre estaban trabajando y justo con esta afirmación se pudo sugerir la siguiente pregunta. Es cierto, entonces, que los adultos no tienen tiempo, pero entonces, ¿qué es el tiempo? Cuando se lanzó la pregunta varios de los niños de tercer grado dijeron: lo que está pasando, o lo que aparece en el reloj. Luego, uno de los niños realizó la siguiente afirmación: el tiempo era el origen de todo, pues gracias a él todo había empezado a evolucionar gracias a una explosión inicial originada por Dios. Después pasó al tablero y explicó que el tiempo era el punto inicial del cual se derivaban líneas horizontales que iban cruzadas por líneas verticales que eran los acontecimientos históricos. Las anteriores conclusiones del niño bien pudieron ser construidas a partir de conocimientos previos, pero lo que quiero destacar aquí es cómo una pregunta dio lugar a un nuevo conocimiento para sus compañeros de aula. 

 

En otra ocasión, con un grupo de estudiantes, después de leer el capítulo tres de la novela “Pixie” surgió un interesante diálogo con base en la pregunta ¿cuál es la relación entre hablar y pensar? El capítulo sugiere que al hablar las personas expresan lo que sienten y piensan9; al respecto los estudiantes opinaban que el habla expresa lo que pensamos. Y ¿qué pasaría si se eliminan las palabras? Pues no queda para pensar nada. ¿Qué te sugiere la palabra nada? Lo que no es concreto, la misma nada. Sin embargo, otros apreciaban que la nada es algo pues al pensar en nada, inevitablemente estamos pensando en eso y por tanto es algo. En este segundo ejemplo se ve claramente cómo los estudiantes examinan las diversas posibilidades que tiene el pensamiento y cómo se puede escudriñar en él examinando de manera clara algunos de los supuestos en que se basa nuestra realidad cotidiana. 

 

Ahora bien, quisiera cerrar con la exposición sobre algunas de las respuestas que construyen los niños sobre la pregunta: ¿qué es la filosofía?10 Las respuestas de algunos de los niños son las siguientes:

Es el arte en el que un individuo, piensa más de lo que dice pensar, tiene que ver las cosas de otra manera y no importa sí las opiniones son varias, porque dan nuevas conclusiones.

La filosofía es el arte de pensar, analizar, e indagar sobre diferentes temas que abarcan al humano desde tiempos inmemorables hasta temas de la actualidad.

 

La filosofía busca responder a diferentes interrogantes sobre el ser humano y estos niños, sin llegar a abordar un conocimiento académico sobre la misma, dan cuenta de algunas de sus tareas. Esta es tan sólo una muestra de la construcción de personas críticas desde edades tempranas con la construcción de preguntas en el marco de una comunidad de indagación. No es la solución definitiva en la formación de personas más reflexivas, pero sí se puede convertir en una buena alternativa para la construcción de un mundo en el que las personas sean más democráticas y justas con los otros que cohabitan.

 

Bibliografía 

Accorinti, S. (1999). Introducción a la filosofía para niños. Buenos Aires: Manantial 

Laurance, J. S., & Sharp, A. M. (1995). La otra educación: Filosofía para niños y la comunidad de Lipman, M. (1992). "Acerca de cómo surgió la filosofía para niños"; tomado del original publicado en inglés como On Writing a Philosofical Novel. En: A. M. Sharp, & R. (Reed, Studies in Philospophy for Children. Harry Stottlemeier´s Discovery (págs. 3-7). Philadelfia: Temple University Press. Utilizo la versión traducida al español de Diego Antonio Pineda con su autorización. 

Lipman, M. (1998). Pensamiento complejo y educación. Título original inglés: Thinking in Education, 1991. Traducción, introducción y notas, Virginia Ferrer Cerveró. Madrid: Ediciones de la Torre.

Lipman, M., Shar, A. M., & Oscanyan, F. (1980). Philosophy in the Clasroom. Philadelfia: Temple 

University Press. Utilizo la versión traducida al español de Diego Antonio Pineda con su autorización. 

Lipman, M. (2004). El descubrimiento de Harry. Traducción y adaptación para Colombia, Pineda, 

Lipman, M. (2004). Elfie. Traducción y adaptación cultural para Colombia, Pineda, Diego Antonio. 

Lipman, M. (2004). Elisa. Traducción y adaptación cultural para Colombia, Pineda, Diego Antonio. 

Lipman, M. (2005). Pixie. Traducción y adaptación cultural para Colombia, Pineda, Diego Antonio. 

Lipman, M. (1989). En Busca del sentido. Manual del profesor para acompañar a "Pixie". Madrid: 

Lipman, M. (1989). Investigación filosófica. Manual para acompañar el descubrimiento de Harry 

López, M. (2008). Filosofía con niños y jóvenes: La comunidad de Indagación a partir de los conceptos de acontecimiento y experiencia trágica. Buenos Aires: Noveduc.

Kohan, W. O. (2004). Infancia. Entre Educación y Filosofía. Buenos Aires: Laertes. 

Santiago, G. (2006). Filosofía, niños, escuela. Trabajar por un encuentro intenso. Buenos Aires: 

Zuleta, E. (1995). Educación y Democracia. Bogotá: Corporación Tercer Milenio.

 

El autor

Licenciado en Filosofía y Pensamiento Político. Universidad Santo Tomás. Candidato a Magíster en Filosofía de la Universidad del Rosario. Docente e investigador del Departamento de Filosofía de Uniminuto. Ha trabajado como autor de los libros Compromisos A, D, y E de la editorial SM y desde hace varios años viene trabajando en la implementación y formación de docentes en Filosofía para niños.

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 48 . Educación filosófica y creatividad