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El papel de las prácticas de crianza en el rendimiento escolar

Por Eduardo Aguirre Dávila
Magisterio
05/07/2018 - 11:30
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Foto de Pixabay

Objetivo 

Determinar las prácticas de crianza que influyen en el rendimiento escolar de niñas y niños (NN) de grado 5º de la educación básica.

Revisión bibliográfica 

Para empezar, es necesario abordar el deslinde de las dos variables implicadas en el estudio: prácticas de crianza y rendimiento escolar. La crianza es una manifestación particular del proceso de socialización, es la forma por medio de la cual los padres guían el comportamiento de sus hijos, inciden en su desarrollo futuro y les facilitan la inserción en la estructura y dinámica social (Aguirre, 2015). De manera más específica, se puede afirmar que las prácticas de crianza conforman el conjunto de comportamientos, creencias y pautas por los que se brinda apoyo afectivo y se regulan las conductas, pensamientos y emociones de NN.

La crianza es una manifestación particular del proceso de socialización, es la forma por medio de la cual los padres guían el comportamiento de sus hijos, inciden en su desarrollo futuro y les facilitan la inserción en la estructura y dinámica social (Aguirre, 2015).

Por rendimiento escolar se entiende el desempeño cognitivo, socioafectivo y moral de NN asociado al logro de metas académicas y a la adecuada convivencia social, esto quiere decir que los estudiantes que tienen un buen rendimiento escolar no solo sobresalen en lo académico, sino que también presentan buena regulación emocional, comportamientos prosociales y fuertes redes sociales. En términos del enfoque de aprendizaje social, el rendimiento estaría dado por el mayor dominio (mastery) sobre los hechos y vínculos sociales, y el incremento de la percepción de autoeficacia.

La investigación científica ha abordado la relación entre las prácticas de crianza y los diferentes comportamientos escolares. Entre estos estudios se encuentran aquellos que han recabado evidencia de la relación entre las prácticas de crianza, los patrones de motivación y el rendimiento escolar (Alfaro, Umana-Taylor y Hamaca, 2006; Bronstein, Ginsburg y Herrera, 2005; Duchesne, Ratelle, Larose y Guay, 2007; Froiland, 2015; Green, Walker, Hoover-Dempsey y Sandler, 2007; Kim, Schallert y Kim, 2010; Pomerantz, Grolnick y Price, 2005; Ratelle, Guay, Vallerand, Larose y Senécal, 2007; Duchesne y Ratelle, 2010). Estos muestran que los padres cariñosos y al mismo tiempo exigentes influyen de manera positiva en la motivación intrínseca para el éxito académico y en las habilidades de autorregulación, en tanto que una crianza más restrictiva se ha visto asociada a la motivación extrínseca, lo cual significa que altos niveles de apoyo permite en NN el desarrollo del sentido de agencia y la confianza en sus capacidades. 

Asimismo, se ha establecido que existe una correlación positiva entre brindar adecuado apoyo afectivo y oportuno control y el buen desempeño académico y la madurez psicológica (Dorrnsbusch, Ritter, Leiderman, Roberts y Fraleigh, 1987; Duchesne y Ratell, 2010), dado que las NN se responsabilizan más de sus estudios cuando se dan cuenta que sus padres los apoyan afectivamente y que están involucrados y disponibles para ayudarlos a responder con sus obligaciones escolares. 

Al respecto, Englund, Luckner, Whaley y Egeland (2004) y Marschall (2006) sostienen que se ha demostrado la asociación positiva entre el rendimiento académico y el involucramiento parental, tanto en el hogar como en el colegio. Froiland (2011) encontró que el apoyo de la autonomía mejora la percepción de los padres sobre la motivación autónoma de sus hijos y la experiencia subjetiva de los niños en torno al efecto positivo de las tareas escolares en casa.
Por otro lado, si bien se ha percibido que bajo el exceso de control ejercido por los padres las NN tienen buen rendimiento académico, también se ha observado que este tipo de práctica de crianza puede ser perjudicial para la regulación de las emociones y el comportamiento prosocial, dos aspectos muy importantes en la vida escolar, debido a que el buen desempeño en el colegio no solo depende de lo académico sino también de la calidad y fortaleza que tengan los vínculos sociales. A este respecto, Duchesne y Ratell (2010) afirman que el fuerte control parental se asocia tanto al logro de metas académicas como a un alto nivel de ansiedad, mientras que el involucramiento a menores síntomas de ansiedad y al logro de las metas académicas.

Eccles, Wigfield y Schiefele (1998) y Englund et al. (2004) afirman que otro factor clave para el logro es el nivel de confianza de los padres en las habilidades de sus hijos: a mayores niveles de expectativa en cuanto al logro se relacionan con hijos con más necesidades de logro.

Englund, Luckner, Whaley y Egeland (2004) y Marschall (2006) sostienen que se ha demostrado la asociación positiva entre el rendimiento académico y el involucramiento parental, tanto en el hogar como en el colegio.

Otro conjunto de investigaciones muestra que el rendimiento escolar se ve favorecido cuando los padres de familia tienen una percepción positiva de las instituciones educativas de sus hijos y mantienen una relación estrecha con esta (Solis, Díaz, Del Carpio, Esquivel, Acosta y Torres, 2007). Sobre esto, Epstein y Salinas (2004) propusieron clasificar la participación de los padres de familia en el rendimiento escolar en seis categorías: a) habilidades de crianza, b) comunicación escuela-padres, c) involucramiento de los padres como voluntarios en las escuelas, d) involucramiento en actividades de aprendizaje en casa, e) involucramiento en la toma de decisiones escolares y f) colaboración con la escuela y la comunidad. 

Este vínculo entre el colegio y los padres de familia pone en evidencia la continuidad del ámbito familiar al escolar, dado que la participación de los padres en distintas actividades del colegio, el conocimiento de las metas educativas de la institución y la alineación de sus expectativas con los valores y principios institucionales, crean condiciones para que las prácticas de crianza proporcionen a NN mejores recursos para el aprendizaje tanto en el colegio como en el hogar. Green, Walker, Hoover-Dempsey y Sandler (2007) y El Nokali et al. (2010) señalan que la estrecha relación entre la institución educativa y los padres también favorece a la familia redunda en un mejor rendimiento escolar de NN, debido a que los padres perciben que la institución considera que tienen algo que aportar en la educación de sus hijos. 

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Metodología

 El diseño metodológico utilizó el análisis multivariado de correspondencias múltiples con el cual se estableció el grado de relación entre la variable predictora prácticas de crianza y la variable criterio rendimiento escolar (calificaciones, autonomía escolar y comportamiento prosocial), la cual se sintetiza en gráficos de decisión.

La muestra estuvo conformada por 240 padres y sus hijos que cursaban 5º grado de la educación básica. Fueron seleccionados de forma intencional de cuatro instituciones educativas públicas y privadas de Bogotá, D. C.

La variable predictora son las prácticas de crianza y la variable criterio rendimiento escolar, definido en función del puntaje alto en calificaciones del bimestre, autonomía escolar y comportamiento prosocial. Los instrumentos utilizados fueron: 

1) Cuestionario de Prácticas de Crianza y Logro Académico (CPC-LA, versión 2013) (Aguirre, Rodríguez y Salcedo, 2011), con un alfa de Cronbach de 0.74, el cual está conformado por cuatro escalas: acompañamiento escolar, manifestación afectiva, comunicación y establecimiento de normas.

 2) Calificaciones del tercer bimestre de las 4 áreas básicas del conocimiento: matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales y lenguaje, las cuales fueron convertidas a una escala de 1 a 5 con los siguientes rangos: 1 a 2.9 desempeño Bajo, 3 a 3.5 desempeño básico, 3.6 a 4.5 desempeño alto y 4.6 a 5.0 desempeño superior.

 3) Cuestionario de Percepción de Autonomía Escolar (CPAE) (Ruiz, 2015), con un alfa de Cronbach de 0.73. Evaluar las actividades del estudiante en el colegio y la realización delas tareas escolares en el entorno familiar; consta de cuatro escalas: social, cognitiva, afectiva-emocional y motivacional.

 4) Escala de Comportamiento Prosocial (Caprara y Pastorelli, 1995, adaptado por Mestre, Samper, Tur y Dı́ ez, 2001) con un alfa de Cronbach de 0.60.  

Tomado de: http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf.pp 121-124.El papel de las prácticas de crianza en el rendimiento escolar.

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