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El principio de orientación curricular: para qué educamos

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
14/12/2017 - 14:15
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Foto de creativeart. Tomada de Freepik

Tal como vamos, los depósitos de conocimiento

no van a estar más dentro de nuestras cabezas,

sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por

Internet. Ahí va a estar toda la información, todos

los datos, todo lo que ya se sabe. En otras

palabras, van a estar todas las respuestas. Lo que

no van a estar son todas las preguntas.

J. Mujica

El primer principio para diseñar un currículo por competencias tiene que ver con las finalidades asignadas a la educación, con las intenciones que debemos trazarnos como sociedad para las nuevas generaciones; con lo que llamamos en el primer capítulo la pregunta más importante de toda educación: definir el tipo de individuo y el tipo de sociedad que estamos contribuyendo a formar con el proceso educativo. En una palabra, definir el para qué de la educación.

+Lea: ¿Qué significa educar?

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Desde tiempos inmemoriales, asistir a la escuela ha sido sinónimo de participar en un proceso de aprendizaje. El fin esencial al asistir a la escuela ha sido el que niños y jóvenes se apropien de los conocimientos que ha acumulado la cultura a lo largo de su historia. La idea es que las nuevas generaciones conozcan las ciencias sociales y naturales, la matemática y la gramática que ha sido creada por los miles de millones de adultos que han caminado previamente sobre la Tierra. El sistema educativo funciona bajo la lógica de la transmisión de los conocimientos acumulados por la cultura a las generaciones recientes. El sistema educativo ha sido organizado bajo el presupuesto de que Durkheim (1895, edición de 2001) tiene la razón y que, tal como señalamos en el primer capítulo, el fin de la educación debería ser el de imponer a los niños las formas de pensar y actuar que desea la sociedad que alcancen. 

De manera un poco terca y obsesiva, la escuela ha intentado transmitir la mayor parte de los conocimientos de tipo particular que se han ido acumulando a lo largo de la historia humana. El papel procultural ha sido totalmente dominante en el diseño ideativo del sistema educativo, en detrimento de su carácter intercultural y revolucionario (Andrade, 2010). Y por ello, las informaciones y los datos, tanto en las ciencias sociales como en las naturales, han sido el acervo esencial para seleccionar los contenidos a trabajar en el aula de clase en la mayor parte de escuelas de América Latina. Así mismo, la enseñanza de las matemáticas ha privilegiado contenidos de tipo procedimental, que es lo análogo a las informaciones y los datos para las ciencias. Se ha tratado de que los niños y jóvenes aprendan los principales algoritmos que ha construido la cultura, como la suma, la resta, la multiplicación y la división, con diversos tipos de números (enteros, fraccionarios, racionales, irracionales, complejos y letras, entre ellos). Y en lenguaje, el énfasis ha estado en el mejoramiento de la ortografía, la caligrafía y el conocimiento de múltiples nociones de gramática. Cualquier análisis sistemático, cualquier seguimiento e investigación riguroso al respecto, evidenciaría que hemos fracasado completamente en el propósito buscado y que los niños y jóvenes de América Latina no aprenden lo que hemos querido enseñarles.

+Conozca el libro Educar el desafío de hoy

En los medios masivos de comunicación se observa un sesgo bastante similar al de la escuela y los noticieros de prensa, radio y televisión transmiten informaciones específicas diariamente. Los noticieros informan el valor del dólar, el del barril de petróleo, las acciones más vendidas y de mejor precio, o el valor de la compra de los mejores futbolistas, pero en ningún momento se aclara qué es y cómo se determina la tasa de cambio o el precio del petróleo; ni tampoco los efectos que ello tiene sobre el comercio internacional, ni por qué fluctúan los valores de las acciones, ni por qué en pleno siglo XXI se siguen transando los jugadores y sus pases siguen siendo propiedad de las empresas que los adquieren y no de ellos mismos.

Referencias

DURKHEIM, E. (1895, edición 2001). Educación como socialización. Bogotá: Editorial Pedagogía y Sociedad.

ANDRADE, G. (2010). “Los roles culturales de la escuela”. Ponencia presentada en el Festival Vivamérica, celebrado en Barranquilla en octubre de 2010.

Título tomado del libro: ¿Cómo diseñar un currículo por competencias? Autor: Julián de Zubiría Samper. pp. 182-183

Foto de creativeart.  Tomada de Freepik