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El relato de aventuras

Por Jaime Ricardo Reyes Calderón
Magisterio
11/12/2019 - 09:30
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By Freepik

Occidente inició su horizonte literario plasmando por escrito hazañas que daban cuenta de la creación, de los orígenes del mundo y los pueblos. Los poemas épicos, los poemas fundacionales de cada cultura –Gilgamesh, Enuma elish, Vedas, Libro del génesis–, nos describen circunstancias enmarcadas en viajes repletos de aventuras, donde un héroe enfrenta a los agentes de la contrariedad y la destrucción. La Ilíada nos narra una gran historia, la historia de la cuna de occidente, la historia de la exaltación griega como punto obturante de la civilización occidental. Aventuras que aúnan los deseos y esfuerzos de hombres y dioses. Voluntades que se chocan en el afán de realizar los más sublimes deseos. De esta manera, con la ira e invencibilidad de Aquiles, la astucia de Odiseo, la apostura de Paris, la belleza de Helena, la valentía de Héctor y la lealtad de Patroclo, nace el deseo por presentar la historia, nuestra historia humana, las historias de todos y cada uno, como un largo camino en búsqueda de un sublime ideal, meta tan alta y tan gratificante, que en ello se nos va gustosamente la vida. 

aun cuando todo texto de aventuras se ha escrito para entretener a un lector ávido de emociones, el entendimiento humano posee un dinamismo de comprensión marcado por los caracteres definidores de la aventura. Lo humano está atravesado por las incertidumbres, las emociones, los peligros, las búsquedas y los sobresaltos de la aventura.  

Saber es también aventurar. El Fenomenólogo francés M. Merleau-Ponty escribe Las aventuras de la dialéctica, Etienne Gilson Las tribulaciones de Sofía, Hegel propone su muy abstracta Fenomenología del Espíritu como una novela de aventuras metafísicas protagonizada por el espíritu absoluto, una odisea de la conciencia. Con esto queremos afirmar que, aun cuando todo texto de aventuras se ha escrito para entretener a un lector ávido de emociones, el entendimiento humano posee un dinamismo de comprensión marcado por los caracteres definidores de la aventura. Lo humano está atravesado por las incertidumbres, las emociones, los peligros, las búsquedas y los sobresaltos de la aventura.  

+Lea: Didáctica para la formación del talento narrativo y literario en jóvenes escritores

Encarar la lectura del género aventura es descender a las fuentes primigenias del relato y la literatura. La aventura es matriz que servirá para forjar y modelar todos los demás géneros, no sólo los géneros de acción. Decir literatura fue primero que todo, decir aventuras que emocionan a un auditorio lector. En un tiempo en el que la noticia gira siempre alrededor del sempiterno tema económico. Donde la sensibilidad ha sido desterrada al rincón de los vicios, la violencia gratuita, la morbosidad simplista y la vida gris del mediocre. Este tiempo signado bajo los monótonos acordes de la tecnología, el internet, lo digital y la búsqueda de sucedáneos de la felicidad. Este tiempo exige rebelión, exige el renacer de la perspectiva aventurera, el restaurar los ideales heroicos, el volver a hacer profesión de fe en las capacidades humanas para enfrentar el riesgo y la contrariedad. Todo hombre es una historia y toda historia es la búsqueda de los lugares en los que agarraremos el ansiado tesoro de la felicidad. Queremos invitar a la empresa aventurera, para recordar que aún hay corazones que se fatigan por el imposible, y que un amor, un tesoro, una esperanza, una victoria, siempre nos esperan más allá de nuestras grises rutinas cotidianas, retando nuestra valía y nuestra voluntad. 

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Título tomado del libro: Teoría y didáctica de los géneros aventuras y policíaco. Autor: Jaime Ricardo Reyes Calderón. pp. 11-12 

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