Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
web_banner_magisterio_1115x116.png

El síndrome de Adán y la Parábola de la bicicleta estática

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
24/09/2015 - 10:45
0

Entrevista con Rafael Rodríguez, nuevo presidente de la Asociación de Facultades de Educación de Colombia 

 

 Es curioso que justo este momento, en el que nos encontramos, coincida con la fecha en que ha sido declarado, mediante norma, el Día de la excelencia educativa. ¿Qué reflexión le genera esta jornada y todo lo que se está moviendo en torno a ella, con miras a la transformación de nuestro sistema nacional de educación? 

Bueno, creo que el asunto de la calidad educativa no es solo de un día, sino de la cotidianidad que atraviesa el proceso formativo de niños, niñas y adultos en general, desde el preescolar hasta el doctorado. Entonces, la reflexión tiene que pasar por el concepto de ética, en el sentido del reconocimiento y el respeto del otro, condición indispensable para ponernos en disposición de buscar mejores formas de tramitar los problemas que tenemos alrededor. 

 Desde su amplia trayectoria en el área, ¿qué mejoras considera que ha tenido el sistema educativo colombiano en las últimas cinco décadas?

Creo que es necesario reconocer que el sistema educativo colombiano ha desarrollado procesos importantes en los últimos 50 años. He podido estar en la mayoría de las reformas; he vivido experiencias como la de los INEM, la educación media diversificada, que después se llevó a más de 50 países en el mundo. He participado de los procesos de las concentraciones rurales y de la articulación de la primaria con la secundaria para hablar de una educación básica en las ciudades; también estuve en los ciclos propedéuticos en las universidades y vi cómo se empezó a trabajar en la educación media recogiendo la inquietud de cómo proyectar al niño que sale del grado noveno hacia la educación superior. Tuve la oportunidad de estar en el Ministerio cuando se estaba expidiendo la Ley 115 y la Ley 30. 

Entonces sí se han desarrollado políticas, pero, al tiempo, hay una inequidad académica. Y lo planteo como una reflexión desde la universidad: desde pequeñitos nos han convencido de que solamente existen las áreas básicas: la matemática, las ciencias naturales (yo vengo de las ciencias naturales), las ciencias sociales, los idiomas… ¿y las otras qué? Y muchas políticas, por allá después, en octavo y noveno, comienzan a remediar lo que no le dieron al niño desde el principio… toda la parte humanística empieza a aparecer por allá arriba. 

Pero, curiosamente, las áreas básicas de las que hablamos, las mismas que casi a nivel mundial son las más impulsadas por la escuela en este momento, son las que presentan problemas, y eso que es en las que más insistimos; entonces hay que quitar ese filtro y empezar a tomar en serio la educación física, el arte, etc. Pero no por allá arriba con políticas de contra-jornada que intentan llevar al niño a ambientes con los que no se familiarizó desde el principio. Eso es parte de una mirada gruesa de lo que podrían ser políticas en términos de educación en general y, en particular, del sistema. 

 Desde esa perspectiva, ¿se requiere de ajustes o de una transformación de fondo del sistema?

Es de fondo. Ya coyunturalmente no podemos estar colocando partecitas. Se requiere de una mirada estructural del sistema, que tenga en cuenta el proceso del niño, que ya desde el momento de su nacimiento es, no una caja vacía, sino una caja de resonancia que filtra todo lo que está en su entorno. Nosotros hemos parcelado mucho el sistema. En un artículo que yo escribí al respecto, mostraba cómo desde la época de los 60s cada gobierno fue introduciendo una reforma. Carlos Lleras Restrepo introdujo una reforma en la educación media. El siguiente hizo una reforma en educación preescolar, con la introducción del Bienestar familiar. Luego vino, con Turbay, la reforma de la educación superior. Luego vino Virgilio Barco y se enfocó en la educación a distancia. Hasta que se dieron cuenta de que habían reformado todo por pedacitos y entonces vino la gran reforma: la Ley 115, pero se quedó en la educación media. Luego viene en el 91 la reforma de la educación superior otra vez. Entonces siempre miramos el sistema de manera parcial y contribuimos a parcelarlo aún más. Realmente se necesita de una mirada de fondo que reestructure el sistema educativo. 

 ¿Qué cambios ha de sufrir el sistema pedagógico para cumplir a cabalidad con su función social y académica?

Hay que revisar el sistema en términos de consistencia interna. Ello implica, no solo la conexión de los elementos que contiene, sino, realmente, un entramado de los diferentes componentes. Es como los huesos: uno no puede hablar de articulaciones si no hay algo que interrelacione los huesos que las componen. No por colocar un hueso encima del otro podemos hablar de articulación. La primaria y la secundaria se articulan en función de procesos formativos. Si entendemos eso así, podemos decir que desde pre-escolar hay que mirar al niño, e ir revisando todo su proceso de manera que se puedan ir mejorando permanentemente las interacciones.

 Aparte de esta mirada estructural, ¿qué otros aspectos habría que tener en cuenta para recorrer de manera exitosa el camino hacia la excelencia educativa?

Bueno estamos hablando de una proyección a 20 años. Pero hay un contexto que se debe tener muy en cuenta: todo el contexto económico y social. Las políticas de tipo económico deben estar profundamente conectadas con el modelo educativo. No podemos desconocer la proyección del país hacia la paz. Ese es un contexto que no tenemos visualizado. Esta es la problemática que está alrededor de la educación: lo social, lo tecnológico, lo científico. Pero por otro lado hay que pensar en el maestro. El maestro es fundamental en todo este proceso de transformación. Hay que pensar en qué es lo que hacemos para que ese maestro, en su proceso formativo, en sus valores, en sus actitudes, en sus concepciones, y en los procesos que desarrolla en la interacción, realmente cumpla la función de ser pedagogo, de llevar a cabo un proceso educativo. En términos latinos, al educere yo le agregaría una “s”: que el maestro sea un seducere. O sea, que seduzca y se dé al otro. En el mejor sentido seducir es darse al otro. El maestro debe ser entonces un seducere y no un educere en el sentido de agarrar, de aprehender.

 Desde esta, que ya es toda una perspectiva conceptual, ¿cuál es su principal preocupación ahora, como presidente de la Asociación de Facultades de Educación de Colombia?

Ahí viene el reto. Una tarea fundamental que me ha sido encomendada con este nombramiento es la de hacer entender que la figura del maestro debe ser reivindicada de manera permanente en la sociedad. Hay una crisis de reconocimiento del maestro y esa es una de las ideas fundamentales dentro del plan de trabajo que se ha propuesto: cómo acercarnos a la comunidad, a la sociedad, para hacerle ver que el maestro no es un profesional de 8 horas de oficina, sino que es un profesional de 24 horas. Es la maestra que termina sus clases, llega a su casa y, viendo un programa de televisión, dice eso me sirve para mañana en la clase; que está con sus hijos y está pensando cómo eso que está haciendo con sus hijos le sirve para su interacción con los alumnos. El maestro es un profesional que a veces no reconocemos. Además hay muchas tareas, pero además hay otra tarea fundamental: mostrar que las facultades de educación son los corazones, afectivamente hablando, pero más allá de eso, son el núcleo mismo de la concepción pedagógica de una universidad. Las universidades que tienen facultad de educación deben y deberían entender que es ahí donde está la concepción y el desarrollo de sus modelos pedagógicos.

 Bueno. Entonces su prioridad es la reivindicación del maestro en la sociedad y de las facultades de educación en las universidades. Pero al maestro, además de reivindicarlo, hay que respaldarlo dándole herramientas para que pueda cumplir a cabalidad su función en lo social. ¿Cuáles son los principales aspectos que se deben tener en cuenta al hablar de la formación de educadores para la sociedad contemporánea?

Desde el punto de vista formativo lo más importante es incidir en la concepción de lo que es ser maestro: esa preocupación permanente por la búsqueda de respuestas a lo que está en su medio, es decir, todo el problema investigativo y, desde allí, toda una mirada a la práctica pedagógica. Su práctica, su quehacer cotidiano, no debe girar en torno a lo que le digamos en las facultades, sino alrededor de su propia reflexión sobre el medio, sus posibilidades y sus necesidades. 

Ahora precisamente que se habla del sistema de formación de docentes y del sistema de evaluación, surgía la reflexión de que el hilo conductor de estos sistemas debería ser un excelente estatuto docente que planteara la idea de reivindicación desde el punto de vista conceptual, y le diera al Estado las herramientas para que los incentivos, la formación, la preocupación permanente de capacitarse, de reflexionar, fueran asuntos cotidianos.

  Bueno, ese sería el abordaje desde la perspectiva del Estado en la formulación de políticas públicas dirigidas a la formación de educadores. Pero, ¿cuál es el papel específico de las facultades de educación para, por ejemplo, potenciar a los maestros como líderes del proceso de construcción de escenarios locales de paz Colombia?

Aprovechando la estructura que tiene ASCOFADE, que es por capítulos, hacemos las juntas directivas en las diferentes ciudades, según los capítulos. En cada reunión tratamos de convocar a los decanos, a los rectores, a los directores de las normales, a los directores de los colegios, para que juntos aprovechemos lo que ya existe. Ya hay unas normas que pueden servir para todo este trabajo de tipo formativo: Para ver cómo las universidades van a los colegios, a las instituciones educativas para, por una parte, introducir a los estudiantes noveles en la realidad, formándolos como gestores sociales, pero también, por otra parte, para generar una interacción permanente entre los distintos estamentos educativos y las comunidades. 

Entonces hay dos caminos importantes: uno es ese poder directo de convocatoria que tienen las facultades de educación en la relación permanente con los colegios. Pero hay otro camino que no hemos aprovechado suficientemente, el de los comités de capacitación que por ley tienen las ciudades. Allí también tienen asiento las facultades de educación. Entonces, tanto desde la generación de políticas, como desde ese sentarse juntos las directivas estatales, municipales, departamentales y nacionales, con investigadores, con facultades de educación, con alcaldes, con secretarios de educación, podemos incidir en el mejoramiento de la educación.

 Bueno, pero además de canalizar este tipo de aproximaciones a la realidad durante su proceso de formación, ¿qué más pueden hacer las facultades para dotar de manera efectiva a los futuros educadores para enfrentar los nuevos desafíos de su rol en la sociedad?

ANUNCIO
banner_formacion_2019_web_336x280.png

Bueno. Algo importante es que no sistematizamos experiencias. Somos muy de serendipity, de pálpito. Cada año vienen políticas nuevas, hay rectores que tienen visión y plantean cuestiones interesantes, pero se quedan ahí, apenas esbozadas. A nuestra cultura la aqueja el síndrome de Adán, cuyo principal síntoma es creer que cuando yo llego todo empieza. Tenemos que aprender a recoger lo que aprendemos en el día a día para sistematizarlo y comunicarlo. Porque hay miles de experiencias valiosas en las escuelas que no llegan a conocerse, miles de maestros a lo largo y ancho del país cuyo día es de 24 horas reales en función de la educación. Esas experiencias no las recogemos, ni las sistematizamos. Eso es parte de lo que debemos hacer como facultades de educación: empezar a unir todos esos hilos que usted comenta para formar un educador colombiano capaz de ser transformador de su propia realidad.

 Usted, como presidente de la Asociación de Facultades de Educación de Colombia, habla de las experiencias locales exitosas y de la importancia de su sistematización y su difusión como parte de la formación de los educadores; también de la importancia de un problema de “inequidad académica” que debería solventarse poniendo el acento del sistema en áreas diferentes a las denominadas “básicas”; y de la necesidad de que el maestro asuma su rol como un investigador y trasformador de su contexto social. Sin embargo, a la hora de pensar el sistema educativo como un todo, se vuelven a traer a colación los estándares internacionales de evaluación, e incluso en este momento, que se anuncia como coyuntural por el Estado, se habla de la incorporación de modelos educativos exitosos de países como Singapur y Corea, tan disímiles de nuestro contexto cultural e histórico. ¿No es esto contradictorio? ¿Dónde está el papel de las facultades de educación en esta “coyuntura”?

Ahí es cuando vuelvo a ASCOFADE como una asociación, y lo que planteo es cómo relacionarnos realmente con el Estado, con los gobiernos, en el sentido de que el gobierno no podrá llegar a todas las escuelas, pero nosotros sí podemos generar algo así como un árbol que pueda organizar las facultades de una ciudad para que lleguen a los municipios y, de los municipios, puedan llegar a los maestros y formar como un gran mapa en el que se pueda recoger en doble vía. En este esquema las facultades traeríamos y llevaríamos todas estas experiencias. 

Esa es una de las fallas que encuentro. Siempre tenemos la mirada hacia afuera y esa mirada hacia afuera está marcada por un indicador que pesa mucho: el económico. En Europa, ¿a quién le interesa lo social de Colombia? No. En Europa lo que interesa es la mano de obra de Colombia, y eso es lo que de pronto se mira. Entonces sí: nosotros, como asociación tendríamos que recoger más relaciones con el Estado y generar una estructura sobre la base común del reconocimiento de lo que podemos hacer unos y otros.

 Hoy, de cara a la opinión pública, se estarían sentando las bases para la transformación del sistema, a partir de la reflexión sobre las posibilidades y propuestas de los colegios frente al ideal de excelencia educativa planteado por el gobierno. Pero, ¿dónde están las facultades de educación?; ¿dónde está la estructura de “árbol” que usted plantea?; ¿existe realmente un enlace entre estas reflexiones y la formulación de las políticas?

De pronto nos volvemos bicicletas estáticas: mucho activismo pero la bicicleta no avanza. Y ahí usted acierta cuando habla de que es un asunto más bien dirigido hacia la “opinión pública”. Ojo: no podemos soportar políticas sobre el concepto de participación, cuando la participación no es real. Primero, una jornada pedagógica tiene que ser una oportunidad para que la comunidad se reúna y reflexione sobre sus intereses, sus problemas, sus necesidades y expectativas; no puede ser un día más de vacaciones para los estudiantes, en el que los profesores se reúnen con los rectores, lejos de los niños, lejos de los padres de familia, en un ámbito discursivo que no conduce a ninguna parte. ¿O quién recoge esa reflexión?; ¿a dónde va a parar?; ¿la recoge el rector en un protocolo que lleva después a la Secretaría de Educación?; ¿qué pasa con eso? No pasa nada. 

Todo el mundo sigue en lo mismo. Tenemos que hablar de una participación decisoria. Los niños también tienen mucho qué decir, que lo digan. Los padres también tienen mucho qué decir, que lo digan. Pero, además, que no nos quedemos simplemente recogiendo una información para luego decir que participó todo el mundo, aunque las decisiones se aparten diametralmente de los contenidos de esa participación. 

 Muy bien. Y entonces, ¿cuál va a ser el papel de las facultades de educación en esta meta que está proponiendo hoy el gobierno con respecto a llevar al país a la excelencia educativa en un término de 10 años?

Creo que no podemos demorarnos tanto. Pero volvemos al punto de partida: nosotros tenemos maestros excelentes, pero les faltan incentivos y la comunidad no los reconoce; tratan de darse, pero son a veces rechazados por el medio. El asunto es un trabajo mancomunado de toda la comunidad educativa para que estos maestros excelentes que estamos formando, sean reconocidos por la comunidad. Nosotros estamos formando, no informando, formando con calidad educativa. Ese proceso formativo es integrador con un contexto. De pronto tenemos que revisar ese sentimiento humanista, ese sentimiento social, ese reconocimiento de un país en conflicto. A veces creo que al maestro, por pegarse un poco a lo disciplinar, se le olvida que el otro es un ser humano, y caemos en esa discusión, que ya no debería darse, sobre qué pesa más, si la disciplina o la pedagogía. Eso no debe ser. Debe tratarse de una construcción de un conocimiento en una interacción que genera formación. 

 Bueno, es interesante: partimos de la idea de que “tenemos unos maestros excelentes y debemos reivindicarlos socialmente”. Pero también a los maestros les hacen falta ciertas herramientas que les permitan proyectarse más allá de lo disciplinar y trabajar con el entorno y con el otro. Entonces quizá las facultades deberían entrar a evaluar qué aspectos necesitan ser reforzados, o incluso reformulados, para formar a ese maestro del que hablamos, que construye país y no que simplemente se limita a “dictar” unos contenidos disciplinares…

Sí. Bueno. Usted me mete ya en líos con mis compañeros de las facultades. Pero efectivamente tenemos que entrar a trabajar más la reflexión y todo el problema epistemológico: cómo es que se construye el conocimiento. Tenemos que formar a nuestros estudiantes en la reflexión y el reconocimiento del contexto. En eso nos estamos quedando muy cortos. 

 Bueno. Entonces tenemos una suerte de epistemología social para incluir en el currículum. ¿Qué más?

Ahí tenemos trabajo de contexto y el concepto de práctica investigativa. Entonces ya tocamos puntos sobre los que también podemos aportar mucho las universidades: cómo mostrarle al país, desde las facultades, que las escuelas que tenemos pueden cambiar, porque estamos nosotros ahí, trabajando de la mano con ellos. Y ese es un trabajo que no espera 10 años. Es ya. 

 Es ya. De acuerdo. Entonces, ¿qué van a hacer las facultades para sentar un precedente y lograr que esa nueva mirada que se dirige hoy hacia la calidad de la educación, conduzca hacia un lugar diferente, y que el proceso no sea como el de la bicicleta estática?

Bueno, en diálogos con la Ministra anterior y la Viceministra, ASCOFADE le exigía al Ministerio que mirara con mucho cuidado los criterios de aprobación de las instituciones formadoras, porque no podemos ser laxos con esos estándares, y las instituciones que sean reconocidas como tales, tienen que estar a la altura de su compromiso con la sociedad. Esa fue una discusión muy fuerte de la que tomé parte muy activa.

 Eso está muy bien. Pero si hablamos de las instituciones, ¿cuál va a ser su rol?; ¿van a ser testigos del proceso, o realmente se van a comprometer desde una perspectiva conceptual a ser asesores directos de la transformación?

Sí que debemos serlo. Porque si la educación es la base de la transformación de un país, los maestros somos el soporte de la educación. Entonces tenemos que hacer esto real en la cotidianidad. 

 Además, porque son ustedes quienes permanecen a través de la historia y de las diferentes administraciones. Entonces son ustedes quienes podrían ser esos veedores que dieran continuidad y un sentido conceptual bien enraizado al proceso, para que no estuviéramos a merced de “la idea transformadora” del presidente o del alcalde, o del ministro de turno…

Tenemos que cambiar la perspectiva, porque si se cambia la perspectiva, las políticas cambian. 

 A manera de cierre, ¿cuáles serían entonces los puntos clave que, en este momento, las facultades no van a permitir que se pasen por alto en la transformación de la educación en Colombia?; ¿desde qué derroteros van a trabajar por ese cambio de perspectiva? 

Primero, desde el sentido de lo que es ser maestro. Segundo, desde la unificación de criterios muy claros con respecto a las instituciones formadoras de maestros, en términos de conceptos, de conocimientos, de procesos, de actitudes y de valores que les den sentido como tales. Tercero, desde la relación entre las diferentes asociaciones para que cada una de las facultades se convierta en un polo de desarrollo de esos procesos innovadores de formación. Cuarto, desde una relación directa con el Estado, con los gobiernos, para que las políticas públicas sobre educación surjan de una construcción realmente participativa que involucre a las comunidades. En relación con este último punto, me permito poner a disposición dos publicaciones de ASCOFADE que están por salir, una es un libro sobre formación de docentes y construcción de política pública en educación, para formación de docentes de una manera muy diferente; la otra es un libro sobre evaluación de docentes. Son el producto de un trabajo investigativo de grupos inter-universidades durante los últimos dos años en ASCOFADE.

Bueno, pues quedan en el aire, unos compromisos muy puntuales y la invitación entonces sería a que todas estas investigaciones y todas estas inquietudes entren a actuar en este que es un momento coyuntural, para que la educación en Colombia tome un curso propio en el que las facultades tengan un lugar protagónico como gestoras de la excelencia con pertinencia social e histórica en nuestro país.