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El tiempo: cómo enseñarlo

Por Antoni Badia Garganté y otros
Magisterio
23/03/2018 - 10:30
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Foto de Pixabay

Sin duda, para aprender el concepto de tiempo y su medida, como para aprender cualquier otro tipo de concepto, lo más importante que debemos tener en cuenta es la constancia en la práctica de los procedimientos. De nada servirá que se trabajen intensamente durante un trimestre de un curso concreto si no se ha trabajado con anterioridad y no se desarrolla posteriormente.

Por eso es importante que desde muy pequeños iniciemos a los niños en el descubrimiento del tiempo cotidiano para acabar dominando la competencia temporal en la educación secundaria.
Para superar la dificultad de aprendizaje relativa al concepto de tiempo es importante que ensenemos, desde la educación infantil y primeros ciclos de primaria (Wood y Holden, 2007) a colocar de manera correcta (sucesión) repertorios de iconografía en lo referente a acciones o situaciones de la vida cotidiana y a ordenarlas del principio al final y del final al principio (reversibilidad).

También para ensenar la simultaneidad es importante constatar, identificar y enumerar acciones o  fenómenos que suceden o pueden realizarse en un mismo tiempo. Y detectar situaciones de cambio y continuidad a partir de las transformaciones de la propia persona y del entorno social y natural.

Para desarrollar bien estos conceptos es necesario realizar acciones que ayuden a organizar secuencias. Por ejemplo, en la educación primaria podemos pedir a nuestros alumnos que realicen fotografías de sus acciones cotidianas: en el momento de almorzar, cuando están cenando, cuando meriendan, en el instante en que están jugando, cuando se cambian de ropa, etc. Después pediremos que traigan estas fotografías al aula y las podremos ordenar entre todos. De este modo podremos establecer que hacemos primero, que hacemos después, etc. Y así empezar a trabajar el concepto de sucesión a partir de acciones cotidianas. De esta manera, las fotografías nos permiten aproximarnos a la reversibilidad porque podemos pedir a nuestros niños y niñas que las ordenen del final al principio. Estas fotografías, además, pueden servirnos para establecer comparaciones entre alumnos y trabajar competencias actitudinales y comunicativas que rebasan las estrictamente vinculadas al aprendizaje del tiempo.

Las fotografías también pueden ser nuestros elementos esenciales para detectar los cambios y transformaciones en la vida de las personas. Así, por ejemplo, podemos crear una colección de fotografías con nuestros alumnos y establecer los cambios que se han producido desde que nacieron.

En los últimos cursos de primaria y también en la educación secundaria daremos un paso más y les ayudaremos a situar en repertorios de imágenes y objetos sencillos según la antigüedad u orden cronológico. También será importante que incidamos en la situación en sucesión correcta de elementos relacionados con la historia de la humanidad: evolución de la vivienda, de la vestimenta, de los transportes, de la utilización de la energía.

Podemos dar un paso más también en las detecciones de los cambios y las continuidades y centrarnos en los cambios producidos en los objetos a lo largo del tiempo o en detectar elementos del pasado, reconocidos como tales, y que están presentes en nuestra vida cotidiana (lengua, expresiones, costumbres, artefactos, músicas, monumentos). Habrá que insistir en la ordenación de manera más o menos intuitiva, de imágenes diversas referidas a los periodos de la historia. Detectar la convivencia en el presente de objetos o artefactos de procedencias espaciales o temporales muy diversas y analizar objetos, juegos, costumbres, refranes o acciones que denotan una continuidad o pocos cambios a lo largo del tiempo, también contribuirán al logro de la competencia temporal. Y, finalmente, tendremos que insistir en la situación correcta de hechos emblemáticos de la historia local, comarcal o nacional y relacionarlos con fenómenos históricos más generales y en la situación correcta de las diferentes fases que caracterizan la elaboración de un determinado producto básico: pan, tejidos, metales, etc.

Para aprender la medida del concepto de tiempo tendremos que seguir la estructura marcada en la dificultad anterior, es decir, iniciar a los niños desde muy pequeños e ir aumentando gradualmente la dificultad en la educación primaria y secundaria. Es una buena manera de empezar asociando variaciones y ritmos naturales a unidades de referencia temporales: día, noche, estaciones, de este modo se podrá asumir el concepto de semana tipificado a partir de referencias sociales y culturales. Habrá que iniciar a los niños en la lectura del reloj como máquina para medir pequeñas unidades de tiempo para así poder, finalmente, asumir el concepto de ano a partir de referentes socioculturales (fiestas, cumpleaños, vacaciones, etc.) y naturales (sucesión de estaciones).

También habrá que iniciar a los alumnos en el concepto de mes a partir del uso de calendarios y conocer el nombre y aproximadamente la magnitud de diferentes unidades temporales: minuto, hora, día, semana, mes, estación y ano.
En los últimos cursos de primaria, seguiremos trabajando para conseguir que sean competentes en estos aspectos y por eso desarrollaremos actividades que impliquen:

  • Dominar perfectamente la lectura del reloj y del calendario;
  • Coordinar y jerarquizar correctamente las diferentes unidades temporales;
  • Saber que el nacimiento de Cristo es un punto de referencia a partir del cual contamos los años.
  • Asumir el concepto de siglo como una unidad de medida del tiempo histórico. De este modo, despacio, podremos introducir la denominación, el orden y la sucesión de las grandes etapas convencionales que dividen la historia para acabar conociendo perfectamente su duración y distinguir los subperiodos. Y una vez interiorizada esta periodización podremos ensenar a los niños y niñas a asociar una iconografía variada a la etapa histórica a que corresponde y detectar anacronismos en situaciones o imágenes.

También podemos ensenarles a elaborar cronologías sobre la historia de la propia persona o de la familia para acabar elaborando cronologías precisas de la historia local o nacional distinguiendo diferentes subapartados. En este tipo de actividades solemos pedirles que realicen la cronología hasta la generación de sus abuelos; pero también podemos plantear la actividad como un proyecto de investigación en el que tienen que tratar de llegar lo más lejos posible: buscar información, fotografías, documentación, etc. y realizar, con sus familias, el árbol familiar. Estas actividades, aparentemente sencillas, ayudan a estructurar y a medir el concepto de tiempo. Es preciso que en estas edades aprendan también a utilizar los números romanos para designar los diferentes siglos y situar fechas correctamente en el siglo a que corresponden para acabar, finalmente, situando correctamente hechos, personas o situaciones emblemáticas de la historia nacional en una cronología.

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Uno de los proyectos interesantes que podemos realizar de forma práctica con el alumnado de los últimos cursos de primaria para poder comprender la medida del tiempo es la realización de una cronología de los grandes periodos de la historia.

Hay que establecer, en primer lugar, que material usaremos (papel higiénico, hojas de papel, cartón, etc.), dar un color a cada época de la historia y sobre todo consensuar las medidas. Cada unidad de material que utilicemos debe tener su correspondiente unidad temporal y la misma medida para todos los participantes.

Es necesario este consenso porque esta actividad nos ayuda a visualizar la duración de los periodos de la historia y, si no establecemos las mismas medidas entre todos, no cumpliremos con nuestros objetivos. Una vez establecidas estas normas, repartimos a cada alumno una unidad temporal que es su objeto de estudio.

Tiene que descubrir que paso en ese periodo concreto, que hechos relevantes sucedieron y dibujarlos para poder después compartirlos con sus compañeros.
Cuando cada alumno ha hecho su parte de la cronología, necesitaremos un espacio grande para realizar nuestra línea del tiempo. De este modo iremos viendo como los periodos de la historia se suceden los unos a los otros. Y más podremos establecer la duración de cada uno de ellos. Es una manera muy gráfica de ver la duración de los periodos de la historia.

En educación secundaria, y después de que los alumnos tengan asimilados los procedimientos anteriores, deberemos elaborar cronologías sincrónicas que se refieran a diferentes civilizaciones, países, etc. Elaborar cuadros que relacionen diferentes aspectos de un mismo periodo o de diferentes periodos (economía, política, arte, urbanismo), secuenciar correctamente diferentes subperiodos históricos referentes a historia política, historia de la técnica, historia del arte; conocer y dominar los diferentes subperiodos de la historia nacional y datar cada vez con más precisión e identificar con más exactitud una amplia gama de objetos, artefactos, conceptos relacionados con los diferentes periodos y subperiodos históricos.

Referencia
WOOD, L.; HOLDEN, C. (2007): Ensenyar historia als més petits. Manresa:Zenobita Edicions.

Título tomado del libro: Dificultades de aprendizaje. Matemáticas, lenguaje, ciencias naturales y ciencias sociales. Autores: Antoni Badia Garganté, Maribel Cano Ortiz, Ceneida Fernández Verdú, Maria Feliu Torruella,

Concepción Fuentes Moreno, Miguel Ángel Gómez Crespo, Eva Liesa Hernández, Salvador Llinares Ciscar, Juan Ignacio Pozo Municio, Dolores Sánchez Navarro, Rafael Sospedra Roca y Cristòfol-Albert Trepat Carbonell, del texto. Pp. 272-275.

Foto de Pixabay