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El yoga nuestro de cada día. Entrevista con Alexander Rubio Álvarez

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
13/03/2018 - 09:45
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Foto de peoplecreations. Tomada de Freepik

¿Puede el yoga entrar a formar parte de la vida de los profesores mejorando su calidad de vida y su desempeño profesional?  El profesor Alexander Rubio Álvarez, finalista del Global Teacher Prize 2017 por su innovadora pedagogía a través de la práctica del yoga y ganador del Guinness World Records en varias oportunidades en la misma línea de trabajo, comparte hoy con los lectores de Magisterio varias sugerencias y recomendaciones prácticas y sencillas para que puedan incorporar esta milenaria tradición a su vida cotidiana y aprovechar sus múltiples beneficios.

¿Cómo puede el yoga enriquecer el ejercicio profesional de un educador?

El yoga puede enriquecer el ejercicio pedagógico en tanto constituye una estrategia alternativa que, al tomar como punto de partida la perspectiva somática que no es inmediata, permite desarrollar la autoconciencia, la percepción, la alteridad, la otredad y la empatía. Tanto el profesor como los estudiantes pueden acceder a este desarrollo y alcanzar el equilibrio en todos sus procesos vitales y relacionales, al incorporar preceptos fundamentales del yoga como la autorreflexión, la comprensión de la profunda interrelación del todo y el consecuente fluir en armonía para la acción.  Y ello se refleja en la dimensión física, en la dimensión intelectual y en la expresión socioafectiva.

Usted sabe de los principales factores de estrés a los que están expuestos los profesores en su quehacer cotidiano  ¿Podría el yoga transformar su percepción y su reacción frente a tales factores?

Los profesores  están sometidos en la cotidianidad a factores de estrés de carácter exógeno y endógeno.  Dentro de los de carácter exógeno están, en primer plano, el  ambiente laboral y todo el complejo entramado de las relaciones que tienen lugar en ese ámbito con estudiantes, compañeros de trabajo, directivos docentes, coordinadores, rectores, funcionarios y padres de familia. La infraestructura de la institución educativa en su conjunto. Pero a ello se suman otros aspectos que trascienden la escuela, como la familia, la búsqueda de estabilidad económica, la vida sentimental, etc.  Los de carácter endógeno implican la actitud, la aptitud y la disposición emotiva y socioemocional de cada docente para generar la interacción, así como factores de orden físico que pueden interferir, como afecciones crónicas el sistema osteomuscular o del aparato fonador, entre otras. 

La institución educativa es el espacio donde transcurre el mayor número de horas de la vida del docente. Si el docente es feliz en su entorno educativo, va a generar una serie de hormonas de efecto positivo como la dopamina, la serotonina, las endorfinas, conocidas como hormonas del bienestar y la felicidad. Pero si las situaciones escolares son asumidas como una carga, y el entorno se percibe como un espacio de sufrimiento, angustia y dolor, las hormonas que producirá son cortisol y adrenalina. El desequilibrio y desbalance de estas hormonas puede generar la aparición de patologías físicas y psicológicas como estrés laboral, ansiedad, depresión, etcétera.

El yoga, y particularmente las líneas más somáticas como el Hatha, contribuyen   al equilibrio socioemocional, además a la mejoría en procesos de control, equilibrio, conciencia corporal y autopercepción. El trabajo de respiración que fundamenta una práctica bien dirigida genera un estado de tranquilidad y también la producción de hormonas de bienestar.  La base de esta técnica es la búsqueda de la armonía, el equilibrio y, de manera fundamental, la felicidad.  La práctica regular del yoga permite en la cotidianidad abordar el trabajo con una sonrisa, con una mezcla equilibrada de tranquilidad y dinamismo y, sobre todo, con amor.  Porque cada una de las que en apariencia son pequeñas acciones comienzan a formar parte de una red de tejido emotivo: cuando eres feliz, tus estudiantes, tus compañeros, los padres de familia, etc. lo perciben, lo cual genera una trasformación del entorno escolar. Los grandes cambios empiezan por transformaciones personales que luego se contagian y generan un impacto mayor.  Y el yoga  puede facultar ese tipo de transformaciones.

Más allá de la actitud yóguica que favorece el desarrollo de esa red de tejido emotivo ¿Podría la práctica de ásanas específicas contribuir a paliar dolencias físicas recurrentes en la población docente, por ejemplo, las del sistema articular? 

Desde la línea específica  del yoga  como acción somática, el Hatha contribuye al mejoramiento de cualidades físicas como la movilidad (flexibilidad, elasticidad), la fuerza isométrica (contrarresta una resistencia alta), isotónica (contra una resistencia baja) e isocinética (relativa a la velocidad del movimiento en desarrollo), el equilibrio estático y dinámico, el rendimiento cardiovascular, así como la percepción del espacio, la concentración, etcétera.

A nivel articular, mejora la producción de líquido sinovial, el cual permite que se minimice el desgaste de las articulaciones, pero a su vez activa el sistema muscular y el tegumentario (ligamentos y tendones), el sistema nervioso central y el periférico, y el sistema vestibular (relativo al equilibrio). Este trabajo favorece la movilidad, la postura, la capacidad de reacción, todo lo cual produce una sensación de bienestar, rejuvenecimiento y longevidad. Con la práctica regular, el cuerpo se ve y se siente joven y responde de manera consecuente a las demandas del diario vivir. Lamentablemente, a veces encontramos cuerpos muy jóvenes con patologías de adulto mayor. Pero esta técnica permite recobrar la vitalidad, la postura ante la vida y la posibilidad de mantenerse activo y feliz. Todo esto no sólo en términos de aptitud motriz, sino de actitud vital ante cada situación del diario vivir.

 La hipertensión suele constituir una restricción para el ejercicio físico ¿Puede la práctica del yoga  (más allá de la respiración, si bien a partir de ella) ayudar a contrarrestarla y controlarla?

Así es. Tuve la oportunidad de estudiar en la Svyasa Yoga University, que es una universidad de India que realiza investigación específica en el campo del yoga y sus beneficios en la salud física y mental. Allí aprendimos técnicas particulares para trabajar de acuerdo con las patologías de cada persona. Respecto a la hipertensión, se deben evitar las posiciones invertidas (aquellas en las que la cabeza queda hacia abajo), hacer conciencia de la respiración y, a su vez,  hacer conciencia de los buenos hábitos de vida, como consumir alimentos bajos en sal.  Pero además hay ásanas específicas que permiten disminuir la presión de las arterias y mejorar las afecciones asociadas. Se trata fundamentalmente de ásanas que incentivan el trabajo cardiovascular, lo que permite que aumente la vascularización y disminuya la tensión (todo de una manera progresiva y de acuerdo con la edad y las características de cada persona). También la inhalación, la exhalación con el uso de mudras es favorable, así como las técnicas de relajación, ya que hay estudios médicos que relacionan ciertos niveles de estrés con la aparición de la tensión arterial elevada.

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Las ásanas recomendadas son: en posición vertical, manteniendo la alineación de la columna vertebral con el cráneo. Dentro de ellas pueden mencionarse la posición del guerrero, la vertical de pie, con las manos juntas en el centro del pecho (este gesto de las manos es conocido como el Anjali mudra) y la posición del sastre (sentado con las plantas de los pies juntas).  Además se pueden modificar algunas posiciones utilizando para ello cojines y sillas de acuerdo con las necesidades individuales. Se enfatiza en las respiraciones diafragmáticas y basales, porque permiten mayor oxigenación. Se recomienda evitar posiciones de presión máxima como la del pavo real y, como ya advertimos, las posiciones invertidas sobre la cabeza.

Los profesores suelen también sufrir de afecciones en su aparato vocal ¿Hay algún tipo de práctica dentro del yoga que pueda paliar este tipo de dolencias?

Es muy importante el uso de técnicas respiratorias en posiciones como la del sastre: por ejemplo, practicar el Anjali mudra (palmas de las manos juntas a la altura del pecho) haciendo énfasis en la respiración apical (zona superior), mediastínica (zona media) y basal (zona inferior de los pulmones, movilizando el abdomen en el ciclo respiratorio).

Respirar de forma consciente y hacer algunos ejercicios fonadores desde la utilización de vocales y el uso de mantras como el “om”, ayuda a que la voz se proyecte desde el diafragma, por el uso de los resonadores adecuados, para evitar el desgaste del aparato fonador.

Los mantras son sonidos que se emiten en la exhalación y permiten focalizar la energía en distintas zonas del cuerpo o lo que denominan los orientales centros de energía, pero que a su vez corresponden a las glándulas.  En cuanto a los resonadores, son los espacios respiratorios que se activan al generar sonidos y que los docentes a veces desconocemos y no sabemos utilizar de forma  adecuada.

 ¿Recomendaría usted alguna secuencia sencilla de posturas y respiración que pudiera contribuir al bienestar de los profesores que quieran practicarla, ya sea de manera preventiva o para mejorar su calidad de vida y su desempeño profesional?

Claro que sí. Hay un ejercicio que me encanta y que se puede practicar a diario.  Yo lo practico hace cerca de 27 años. Es el “Saludo al Sol”, una secuencia sencilla que se puede modificar de acuerdo con las capacidades particulares y que se va incrementando en amplitud de movimiento e intensidad de la respiración a medida que se va avanzando.
El saludo al Sol  o Surya namaskar (nombre en sánscrito) se compone de  doce ásanas. Cada ejercicio activa un grupo muscular, que se complementa con la siguiente ásana. Es decir, si se trabajan los músculos flexores en un ásana, la siguiente trabaja los músculos extensores.  Las doce  posturas  permiten la estimulación del mayor número de grupos musculares y la totalidad de las articulaciones. Se trabaja de modo conjunto con el ciclo respiratorio. Para ello hay que inhalar, exhalar y mantener cada postura desde tres, cinco, siete y más respiraciones.

El Saludo al Sol inicia en posición vertical con las palmas de las manos juntas a la altura del pecho. Para hacer una extensión de la columna dorsal y cervical, se estiran los brazos hacia arriba y hacia atrás. Luego, hay que inclinarse al frente, llevar la pierna derecha hacia atrás, hacer una  flexión de la rodilla izquierda, inicialmente a 90 grados para proteger la articulación rotuliana (esta es la postura conocida como “ecuestre”). Posteriormente, se pasa a posición de apoyo en manos y pies (tabla o plancha), para luego acostarse boca abajo (decúbito ventral) en posición de rodillas y curvando la columna lumbar y dorsal  (en este momento hay ocho  puntos de apoyo: pies, rodillas, abdomen, pecho y manos). A continuación,  se hace una extensión de brazos y columna en posición de cobra. Después se eleva la pelvis hasta quedar en la posición del perro boca abajo, que se asemeja a una montaña con el apoyo de pies y manos. Luego se lleva la pierna  derecha  al frente (apoyando el pie entre ambas manos. De nuevo, la flexión de 90 grados).  A continuación, se ubica el otro pie entre ambas manos y se va a la posición de extensión de rodillas (estirar las piernas) y flexión de columna o pinza, Padahastásana (inclinación hacia adelante dejando colgar la cabeza),  para culminar en vertical con las palmas de las manos juntas a la altura del pecho. Se repite toda la secuencia,  cambiando el pie que va hacia atrás en la postura ecuestre) y así se completa un ciclo.

Esta secuencia se puede desarrollar de manera dinámica en poco tiempo, por ejemplo, en menos de cinco minutos, y hay que repetirla varias veces. O se puede ejecutar una única vez, pero sosteniendo cada postura durante tiempos prolongados para ejecutar el ciclo completo  hasta en 30 minutos o más según el nivel. Aunque lo importante es regalarse al menos cinco minutos diarios de respiración consciente e incluso, de forma novedosa, un día llegar al grupo de estudiantes y enseñarles una respiración profunda antes de iniciar la clase, para preparar el sistema nervioso central para el aprendizaje, regalarles una sonrisa y permitir que aparezca el espacio de innovación en las clases y en las vidas de cada docente. Siempre hay que respirar, pensar y actuar. Esa es la trilogía de la pedagogía del loto.

 Foto de peoplecreations. Tomada de Freepik