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Enseñar economía en la educación media: ¿Cuál economía?

Por Carlos E. Vasco
Magisterio
05/06/2017 - 11:00
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Foto de Automobile Italia. Tomada de Flickr

El presente artículo busca realizar un recorrido por el sentido de la economía y reflexionar sobre su enseñanza en la educación media. Para hacerlo, se dispone de un diálogo con el lector en el que, partiendo de la relación entre ecología y economía, se plantean los caminos a considerar a la hora de incluir esta clase en la educación media.

 

Palabras clave: Economía, ecología, educación media, hábitat.

 

Economía y ecología

¿Había caído en cuenta el lector o lectora de la semejanza entre los sonidos iniciales de las palabras "economía" y "ecología"? Esa combinación inicial "eco" no es solo un eco que se repite al comienzo de la una y de la otra palabra. Para la etimología del eco tendríamos que ir a la leyenda de la ninfa Eco, que solo podía repetir la última palabra de lo que le dijeran. Pero esos dos "eco", el de "economía" y el de "ecología", provienen de otra raíz griega, "Oikos", escrita también "Oecos" en otra transcripción, que se pronuncia "Eco" y significa "la casa".

 

Oikos

¿Puede usted recordar una tercera palabra muy recientemente acuñada que también comience con el "eco-" de "Oikos"? Sin necesidad de preguntarle a “Mister Google”, haciendo memoria unos momentos, pronto encontrará "Ecografía". Pero esa palabra no viene de "Oikos", sino de "Eco", en el sentido de la ninfa Eco, por el eco del ultrasonido que rebota en el feto o en el tumor; muchos de esos ecos, al traducirlos por computador, de sonidos y silencios a luces y sombras, producen una imagen visual nunca antes vista. Ahora es asunto cotidiano.

 

Ensayemos otra vez a exprimir la memoria. Si usted ha visto biología en el colegio o le gusta la ecología, probablemente recuerde "Ecosistema". Esa palabra sí proviene de "Oikos", pues es la casa o el sistema en el que viven poblaciones animales y vegetales, si los humanos, los peores depredadores de la jungla darwiniana, todavía los dejamos vivir en su casa. En ecología se ha introducido otro vocablo que va muy bien con "Oikos" y con "Domus", el "Hábitat", el lugar en donde habita una población vegetal, animal o humana, su "Casa" local.

 

+Lea: La economía como fundamento en la democratización de la oportunidad educativa del futuro

 

La economía debería empezar por casa, en latín "domus", y por eso a las niñas ricas hasta hace cincuenta años se les enseñaba "economía doméstica" para aprender a manejar su casa, su esposo, sus hijos, sus empleadas, sus compras, su despensa, su ropa y sus muebles y enseres. El dinero no lo podían manejar, porque eso solo lo hacía el esposo. Pero si "Oikos" es "casa", y "Domus" es "casa", con razón se acabó la economía doméstica: esa expresión era un pleonasmo.

 

¿Para qué relacionar la economía con la ecología?

Las dos ciencias conocidas como economía y ecología pretenden ayudar a las personas a vivir en sus casas, en sus ciudades, en sus campos, en sus países, aunque solo en los últimos cincuenta años la ecología ha tomado importancia, porque los países ya se quedaron muy pequeños para ser la casa de todos; la ecología nos recuerda que mientras todos los humanos no nos sintamos como hermanos y hermanas que vivimos en la misma casa, el planeta Tierra, nuestra casa actual seguirá de tumbo en tumbo, de mal en peor.

 

La economía actual se suele dividir en “microeconomía”, cuando se trabajan los procesos de producción, distribución y consumo empresa por empresa (pues hace tiempos se le olvidó a la economía que debía empezar casa por casa) y en “macroeconomía”, cuando se trabajan esos mismos procesos país por país y los intercambios comerciales y financieros entre países. Hace tiempo se le olvidó a la economía que "micro" debía ser cuando se estudia el consumo y el ahorro, la producción y la re-producción de una casa pequeña con la ecología de su entorno inmediato, y "macro" cuando la casa es grande, y ahora es muy grande: nuestra casa globalizada es todo el planeta Tierra, con la ecología de su entorno, que es nuestro sistema solar.

 

+Lea: Hacia una Oiko-nomía del futuro

 

Por eso, ahora que sabemos que los países tampoco son nuestras casas naturales, que ya es una casa única y global, deberíamos llamar "meso-economía" a la economía de los países y "macroeconomía" a la ecología global. Pero no es así. Los economistas no se han dado cuenta de que les llegó su complemento, la ecología, y siguen tan campantes sin mirar ni oír siquiera las raíces griegas de ambas palabras. Más bien se ha venido dando una guerra entre la ecología y la economía: los ecologistas denuncian que los economistas están acabando con el planeta, nuestra casa macro, y los economistas denuncian que los ecologistas están estorbando la producción y el crecimiento del Producto Interno Bruto o PIB de nuestra casa meso, nuestro país. Tal vez por esa guerra entre ecologistas y economistas no podemos responder muy bien para qué la economía en la Educación Media.

 

Inteligencia económica y ecológica

Como se preguntaba Teresa León Pereira cuando trabajábamos sobre la renovación curricular de matemáticas, con los grupos de ciencias naturales y sociales en el Ministerio de Educación, ¿quién ha dicho que Colombia necesita incrementar el producto interno bruto? Deberíamos preocuparnos por aumentar el producto interno inteligente.

 

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Más inteligentes seríamos si supiéramos articular la economía con la ecología, en vez de hacerles caso a los economistas y arruinar nuestros ecosistemas para dar paso a la minería, la deforestación y la invasión de los páramos y parques naturales. Pero si nos dedicamos a las campañas ecológicas sin saber economía, ¿qué hacemos con los colonos? ¿Tumbar árboles, en una empresa maderera que siembra más de los que tumba, es bueno o es malo? ¿Cómo desaprovechamos las bonanzas petroleras y auríferas? ¿Detenemos las carreteras y los túneles? ¿Arruinamos las empresas con la exigencia de contaminación-cero?

 

Pero si cedemos ante la presión de los capitales extranjeros y la ambición y voracidad de los empresarios locales, aconsejados por sus economistas de cabecera, ¿sabemos qué costos vamos a pagar y qué desierto estéril dejaremos a las generaciones siguientes?

 

La economía de los depredadores

La economía actual se salta el nivel micro de las casas de la gente común y corriente y de sus entornos locales, va directo a las empresas (tal vez por eso a veces las llamaban "casas", como "La Casa Arana") y a la competencia entre ellas; luego salta a los países, que compiten como fieras entre sí. Sin caer en cuenta de que la ecología global ya tiene teorías evolutivas darwinianas, o neo-darwinianas, para la biología, la psicología, la sociología, la economía y la politología. La competencia entre empresas y entre países por los mismos recursos es una situación de siempre y para siempre, un escenario darwiniano con claros depredadores monopólicos locales y peores depredadores imperiales, de los cuales ahora solo hay un "top predator" o depredador máximo. Para atender esta situación hay buenos modelos ecológicos, por lo menos son mejores que los modelos económicos actuales.

 

Esta economía actual ­–que todavía se salta lo micro-doméstico y no sabe que su macro es meso, ni que todos vivimos en una única casa macro– es una ciencia muy útil para los depredadores humanos, especialmente cuando se trata de capitalistas voraces y las presas somos nosotros, seres humanos comunes y corrientes que no tenemos suficiente capital financiero para depredar a los demás, menos para vivir de la renta. Para esa situación insostenible sí hay buenos modelos económicos.

 

No les decimos a los rentistas que regalen su capital, sino que no lo acrecienten sin mesura a costa de los demás. Si ya tienen cómo vivir muy cómodos en sus casas, fincas y mansiones, que por lo menos nos dejen vivir en nuestras casas, en vez de tratar de expropiarlas por las deudas. Sería mejor que ayuden a construir con el producto de su trabajo otras casas para quienes aún no tienen. No estamos pidiendo casas gratis, pues eso tampoco es buena economía, ni buena ecología. Ni siquiera buena política. Estamos pidiendo casas confortables para la familia, casas-países confortables para todos, y una casa grande tan confortable como la casa de los abuelos, en donde quepamos todos en las fiestas familiares, un solo Oikos planetario bien cuidado.

 

¿Aprender la economía actual?

La pregunta de este número de la Revista Magisterio es si vale la pena enseñar economía en la Educación Media. Pero ¿cuál economía, la actual? Para aprender la economía actual, como ciencia de la depredación, no es necesario dar lecciones en los colegios; basta con ver los episodios de "Animal Planet" o de "National Geographic", en los que el pez grande se come al chico, el carnívoro grande se come al herbívoro chico y todas las fieras se comen unas a otras, todas amarradas por un tal Charles Darwin a la cadena trófica.

 

Esos programas nunca dicen quiénes son los top predators, los depredadores máximos, pero sí nos recuerdan continuamente que vivimos en un mundo de depredadores y presas, y que es mejor ser depredador que presa. Tampoco nos dicen que estamos amarrados a la misma cadena trófica y a muchas cadenas de producción; no nos dicen en qué nivel de esas cadenas estamos, pero todo el tiempo nos asustan con una amenaza de muerte prematura si tratamos de romperlas.

 

¿Ciencia o ideología?

Pero no sigamos con las raíces darwinianas de la economía actual, podrían decir que en vez de hablar de ciencia económica o ciencia política estoy propagando una ideología y una politiquería extremo-izquierdista (o castro-chavista), como si la ideología llamada "filosofía", especialmente la llamada "ética", y la ideología llamada "politología" no pudieran ser también ser tratadas con el cuidado epistemológico y el ethos científico de las demás disciplinas académicas; como si esas disciplinas y otras, como la antropología y la sociología, no tuvieran mucho qué ver con la economía actual.

 

Por saber tan poco de epistemología muchos profesionales, y aún científicos sociales, tratan la ecología y la economía como ciencias unidas a ideologías de izquierda y de derecha respectivamente, cuando mi análisis ha sido cuidadosamente epistemológico y basado en otra ciencia: la "biología darwiniana", o "neo-darwiniana". Recordemos que antes solo había botánica y zoología, todavía no consolidadas como ciencias teóricas.

 

Esas otras ciencias y filosofías, especialmente la ética y la epistemología, son precisamente las que permiten hacer una crítica certera y constructiva a la economía actual de los depredadores. Llamar ideologías a esas teorías críticas es un mecanismo de defensa muy utilizado y muy sospechoso, sobre todo después de que el extremo-izquierdismo marxista descalificaba a todas las ciencias modernas como ideologías burguesas; sin caer en cuenta de que su propia teoría era pura ideología. Hasta se opuso a la genética como ideología individualista y Trofim Lysenko, desde su púlpito en la Academia de Ciencias de la URSS, prohibió la bioquímica de los ácidos nucleicos y la genética neo-darwiniana. Por su parte, el extremo-derechismo capitalista descalificaba todos los aportes de las disciplinas sociales y económicas que provenían de los científicos socialistas, sin ni siquiera tratar de comprenderlas, discutirlas y aprovecharlas.

 

Etimologías

Para no seguir con una polémica inútil sobre las raíces darwinianas de la economía de los depredadores, volvamos a las raíces griegas, que despiertan menos sospechas entre los depredadores y sus economistas de cabecera. Decíamos que "economía" viene de "Oikos", que significa "la casa", y de "Nomos" que significa "la ley", "la norma", "la regla", "la regulación". ¿Se nos ocurre otra palabra relacionada con la Economía que empiece con sonidos parecidos?

 

Con tantos juegos de palabras sobre la economía actual, probablemente algunos recordarán inmediatamente a la "Econometría", la ciencia que produce y refina modelos matemáticos que permiten hacer cálculos de los futuros valores de los indicadores económicos, a partir de los datos de los censos, encuestas e investigaciones empíricas, cuando se insertan los valores actuales en las fórmulas econométricas. Sin la econometría no podríamos calcular los desequilibrios de la balanza comercial, ni de la balanza de cambio, ni promediar el per capita, ni siquiera lograríamos calcular el coeficiente Gini para saber qué está pasando con la distribución de la riqueza y la promesa reaganómica del goteo o trickle-down.

 

Como matemático, esta disciplina de la econometría sí me gusta mucho, y me gustaría trabajar funciones y cálculo con los chicos y chicas de noveno y décimo, pero no me gusta nada el uso que hacen los actuales economistas de las fórmulas matemáticas para optimizar la tasa de depredación, mientras rechazan las fórmulas matemáticas que relacionan la tasa de ganancia del capital con la de la economía. Tampoco me gusta que escojan las funciones de utilidad por la facilidad de sacarles derivadas parciales, en vez de escogerlas porque modelan adecuadamente los procesos de pauperización de las familias trabajadoras, del aumento del desempleo y de la concentración de la riqueza.

 

Ni siquiera con las derivadas parciales y los costos marginales las actuales economía y econometría han sido muy buenas para predecir las crisis, pero sí les han servido a los depredadores y a sus economistas de cabecera para hacer diagnósticos que sirvan de disculpa post mortem. Como si sirviera de algo anotarlos en los certificados de defunción de las empresas fracasadas y de los países fallidos, y cobrar así las primas de los respectivos seguros de vida o de las inyecciones de capital estatal sacado del bolsillo de los contribuyentes. No me gusta nada el razonamiento econométrico que permite privatizar las ganancias y oficializar las pérdidas.

 

Volvamos a la pregunta

¿Cómo pueden los profesores y profesoras de sociales en décimo y undécimo grado enseñar economía a sus estudiantes? ¿Usted qué diría?

No pueden, dirían los economistas actuales. Ni los estudiantes de los colegios están preparados para un curso de microeconomía, y mucho menos de macro, ni sus profesores y profesoras están preparados para enseñarlos. No deben, diría yo. No me parece que valga la pena enseñar la economía de los depredadores a los estudiantes de la educación oficial o a los de la precaria educación privada, que abunda en los barrios populares de las ciudades. Que las estudien los hijos de los depredadores.

 

Se podría argumentar que al menos los otros jóvenes sí debían estudiar la economía actual hasta saber lo suficiente para defenderse de los depredadores, pero no creo que con saber más van a poder defenderse. Sin embargo, supongamos que el Ministerio de Educación, las secretarías y los supervisores, rectores y coordinadores insisten en que hay que enseñar economía, contaduría, emprendimiento y matemáticas financieras en esos grados. ¿Valdrá la pena enseñar micro y macroeconomía en los colegios oficiales con los modelos y teorías actuales de la economía de los depredadores?

 

Después de los fracasos de la economía en casi todos los países de Europa, de las crisis no previstas por los mejores economistas, de la concentración cada vez peor de la riqueza que denuncia apenas ahora Thomas Piketty, y que había denunciado Marx hace ciento cincuenta años, ¿todavía valdrá la pena aprender la economía actual de los depredadores?

 

El undécimo: "No generalizar"

Por supuesto que no todos los economistas actuales se limitan a repetir la economía de los depredadores para ayudarles a mejorar sus tasas de ganancia, mientras aumentan las quiebras privadas, el desempleo y los desahucios. En Colombia hemos tenido economistas de amplias visiones, como Antonio García, Mario Arrubla, Jesús Antonio Bejarano..., y no quiero mencionar a los que todavía viven para que no tengan que irse al exterior como los buenos periodistas investigativos. Podríamos también leer a los que ya están afuera, como José Antonio Ocampo y Guillermo Perry.

 

Sería refrescante leer con los estudiantes de los dos últimos grados columnas muy finas, críticas y propositivas, como las de Eduardo Sarmiento Palacio, que afortunadamente aparecen de vez en cuando en algunos periódicos secundarios –a quien nombro porque no es de los que se van a ir al exterior por amenazas– y en ciertas páginas alternativas de la Internet, que no nombro para que no las ataquen los "hackers" al servicio de los depredadores.

 

El profesor y sus estudiantes podrían aprender juntos lo suficiente de la terminología, y del tipo de razonamiento económico, como para leer comprensivamente esas columnas. Esas lecturas y reflexiones abrirán a sus estudiantes nuevas avenidas en la cartografía de la problemática local, urbana y rural, la de sus casas y sus barrios, hasta que se sientan ciudadanos del mundo y hermanos y hermanas que conviven en la misma casa grande que es el planeta Tierra. Así no los encerraremos de nuevo en una concepción de la economía reducida a los modelos matemáticos de las funciones de utilidad, ni en las teorías que suponen consumidores libres y racionales, que no los hay en ninguna parte, y menos en Colombia.

 

La interdisciplinariedad y la integración curricular

Si queremos enseñar economía en la educación media, aprovechemos las otras disciplinas y a los otros colegas de nuestro cuerpo docente. Aprovechemos los PRAE, la Constitución Política, la ciencia política, la historia, la geografía y la educación ciudadana. Todo nos ayudará. Podemos empezar por leer artículos originales y de divulgación de los aportes de muchos de los recientes Premios Nobel de Economía: Amartya Sen; Heckman, Smith y Kahneman; Aumann y Schelling; Paul Krugman, Ostrom y Williamson; entre otros, como Joseph Stiglitz y Thomas Piketty.

 

Podemos leer las columnas de Krugman y de Stiglitz, ver la entrevista a Piketty y leer algo sobre la otra Pickett, Kate Pickett, epidemióloga inglesa que, con Richard Wilkinson, nos da otra idea sobre la desigualdad y la (in)-felicidad colectiva. Todos ellos ya han empezado a mostrar visiones políticas, sociales, antropológicas y filosóficas de la economía, claramente interdisciplinarias y muy críticas de la economía de los depredadores que estaba acabando –y sigue acabando– con nuestro planeta.

 

No aceptemos excusas infundadas

Muchos economistas parecen no haber caído en cuenta de que la microeconomía y la macroeconomía unidisciplinarias no pueden resolver los problemas económicos, éstos se deben a la ambición, a la corrupción, a la política, al narcotráfico, a las pirámides y a los inventos de las opciones futuras y las derivadas hipotecarias. Después de cada crisis, se lavaron las manos y dijeron que sus modelos eran matemáticamente válidos, que sus proyecciones científicas hubieran tenido éxito en guiar a los gobiernos en la vía del desarrollo –identificado abusivamente con el crecimiento del PIB– pero que la culpa fue de los políticos que no les hacían caso, de los corruptos, los estafadores, los narcotraficantes y los paramilitares, de los guerrilleros que volaban los oleoductos o de cualquier otro.

 

Después de tantos fracasos a mí que no me hablen de la "validez matemática" de un modelo, ni de "proyecciones científicas" de una teoría económica. Yo preguntaría de qué modelos me están hablando, qué modelan, qué tan bien y para qué. No confundiría el razonamiento formal matemático con el razonamiento basado en los casos y el basado en los modelos. No utilizaría la palabra "científica" para darle brillo artificial a una solución de una ecuación y deslumbrar a los incautos.

 

Hacia una economía del futuro

¿No se trataría en una economía interdisciplinaria del futuro, articulada con la ecología, de prever también los factores psicológicos y psicoanalíticos, políticos y sociales? ¿No se podrían predecir la cesación de pagos de tantos países, las quiebras de las aerolíneas, el colapso de la ENRON, la iliquidez de Lehman Brothers, la voracidad de las farmacéuticas, los movimientos de los capitales golondrina y los capitales de la droga por los paraísos fiscales? ¿No podríamos incluir, como factor, la propensión al juego de los colombianos, que nos lleva a hacer colas para invertir en las pirámides y los fondos "Premium"; el comercio legal e ilegal de armas por Urabá, los bandazos del "Plan Colombia" y las maniobras de los Estados Unidos en Ecuador, Colombia y Venezuela por el control de las reservas de gas y de petróleo? Eso podría lograse si construyéramos modelos económicos más comprensivos, más sensibles a las condiciones del tiempo y de los espacios locales y regionales, y si pudiéramos desarrollar nuevas teorías con mayor valor explicativo y, ojalá, predictivo.

 

Eso no lo podemos hacer en la Educación Media, ni siquiera en las carreras profesionales de pregrado, pero sí podemos iniciar y orientar a muchos y muchas jóvenes a prepararse para construir esa nueva economía del futuro. En el artículo final del número encontrará el lector o lectora algunas ideas sobre esa futura ciencia económica, que llamaré, con la raíz griega que me ha servido de tema, "Oiko-nomía".

 

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 74

 

Foto de Automobile Italia. Tomada de Flickr