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Enseñar a filosofar: una apuesta por el conocimiento y la libertad

Por Edna Rocío Cerquera Beltrán
Magisterio
20/09/2019 - 09:45
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By Freepik

Palabras clave:  Asombro, Experiencia, Filosofar, Niños, Pensamiento, Reflexión 

A través de este texto se pretende resaltar que la filosofía tendrá la debida importancia en la escuela cuando nos demos a la tarea de enseñar a filosofar. Solo así se podrá contribuir realmente a formar el pensamiento crítico de niños y jóvenes, y a reavivar el interés por el conocimiento en un mundo en el que aparentemente no hay ningún misterio o enigma que resolver. Para esto es necesario partir del asombro, la curiosidad y la observación como puntos de partida del ejercicio reflexivo, con el fin de acercar el filosofar a nuestras propias vidas, y centrarnos en la resolución de problemas e inquietudes concretas, pues son estas las que motivan a realizar la búsqueda, no solo de teorías y planteamientos que ayuden a comprender una situación o un fenómeno en particular, sino también de soluciones prácticas y concretas. Para lograrlo es importante observar el mundo como un lugar en el que todavía queda mucho por descubrir, y en el que aún es posible vislumbrar nuevos caminos. Todo lo cual contribuirá a generar cambios reales en la manera de pensar y de actuar de los individuos y a reivindicar este tipo de saber en el aula. 

¿Por qué debemos enseñar a filosofar? 

“Nada se aprende tan bien como lo que es descubierto” 

Sócrates 

Usualmente se cree que la filosofía debe irrumpir en la escuela en la educación media, ya que es en este nivel en el que se considera que los jóvenes han desarrollado habilidades y capacidades que les permiten entender algo con respecto al complejo mundo de la filosofía. También se suele considerar que presentarla en la secundaria es un trabajo engorroso y desgastante, puesto que muchos consideran que los adolescentes no son capaces de comprender los propósitos de la filosofía, ni mucho menos de argumentar adecuadamente o de generar reflexiones rigurosas. Otros piensan que la filosofía ni siquiera debería estar presente en los colegios, y que su verdadero espacio está en las universidades, donde aquellos individuos que poseen mentes especialmente dotadas para esa labor pueden dedicarse por completo a especular sobre asuntos que no aportan nada nuevo ni útil a nuestras vidas. Todas estas afirmaciones están basadas en prejuicios y en falsas apreciaciones que hemos alimentado sin siquiera darnos la oportunidad de comprobar estas ideas por nosotros mismos, y que han logrado desprestigiar el papel de la filosofía no solo en los planteles educativos, sino también en nuestra sociedad. 

Es por esto que se considera necesario enfocarnos, no en enseñar filosofía, sino en enseñar a filosofar; partiendo del asombro, de la curiosidad, y de la inquietud y reflexión constantes sobre cuestiones que se vinculen con nuestra vida cotidiana.

Otro factor que juega en contra de la filosofía en el aula es que aún sigamos creyendo que, para apegarnos a la tradición filosófica que nos precede, debemos esforzarnos por transmitir los planteamientos de los grandes pensadores de la manera más fiel posible, o por poner a discutir a dos o más autores en torno a un tópico determinado con el propósito de defender una postura, limitándonos muchas veces únicamente a ejercicios de esta naturaleza, y dejando de lado el desarrollo de nuestras propias reflexiones. Es por esto que se considera necesario enfocarnos, no en enseñar filosofía, sino en enseñar a filosofar; partiendo del asombro, de la curiosidad, y de la inquietud y reflexión constantes sobre cuestiones que se vinculen con nuestra vida cotidiana —tarea que no es para nada sencilla en una época en la que el deseo de descubrir cosas nuevas ha perdido gran parte de su sentido, ya que con frecuencia podemos creer erróneamente que poseemos respuestas contundentes y definitivas a muchos interrogantes que el ser humano se ha planteado, y que por lo tanto no vale la pena seguir interesándonos en llevar a cabo nuevas búsquedas—. 

+Lea: La construcción del pensamiento crítico en el ámbito escolar

Difícilmente podremos lograr que la filosofía se convierta en un agente estructurante del pensamiento de los niños y jóvenes, si se presenta como un conjunto de teorías que parecen incuestionables, etéreas y desvinculadas de la realidad; o si se pretende evadir las cuestiones que son de vital importancia para los individuos, aquí y ahora. Una enseñanza de la filosofía fundamentada exclusivamente en el peso de la tradición posee forma, pero carece de fondo, de esencia, de corazón. Se torna superficial y desconoce lo que es relevante, concentrándose en formalismos que opacan y distorsionan el sentido real de la búsqueda filosófica, y el aporte que esta hace a la vida humana. Ahora bien, esto no debe llevar a pensar que la tradición debe ser ignorada o desdeñada, sino más bien que nosotros debemos reconocer los aportes y el legado que nos dejan los grandes pensadores, pero no creer que un autor o un solo sistema filosófico es capaz de explicar nuestra realidad. Es vital conocer los senderos que han transitado los grandes filósofos, pero también es importante atrevernos a pensar por nuestra propia cuenta. 

Ahora bien, este panorama lejos de desalentarnos, debe motivarnos a idear estrategias que permitan enseñar a los niños y jóvenes a filosofar, despertando en el proceso la capacidad de asombro, la necesidad de cuestionar y el interés por reflexionar sobre aquello que les impacta, les conmueve o les afecta directamente. Lo anterior, se puede lograr con mayor facilidad si recurrimos a la cotidianidad del estudiante, a lo que le es familiar y cercano (García, M. 2001, p. 13). Es preciso incitarlos a pensar sobre lo que saben y conocen, llevándolos a sorprenderse al reflexionar sobre una situación, una vivencia o una conducta que ha estado presente en sus vidas, y a la que a pesar de ello nunca habían prestado demasiada atención, aun cuando esta los afecte directamente. O a analizar una obra literaria de su interés, una pieza audiovisual o un juego de rol. Al poner en marcha este tipo de estrategias podemos entender que el oficio de filosofar puede y debe apoyarse en la experiencia, en el interés y la necesidad de cada individuo, por muy simple que este parezca. 

a través de esta línea de acción se impulsa a los niños y jóvenes a contrastar información, a tratar de encontrar las causas, y las posibles soluciones de cuestiones que son cruciales para ellos, y a pensar con mayor detenimiento en el por qué y en el para qué de las pesquisas y los análisis que se llevan a cabo. 

Enseñar a filosofar puede y debe llevarnos a valorar en su justa medida el rol transformador que desempeña la filosofía en la vida humana, y a esmerarnos por poner en práctica las ideas y principios que se han forjado gracias a nuestra propia reflexión, sin dejar de lado la tradición filosófica. Por el contrario, al enseñar a los niños y jóvenes a filosofar se les da la oportunidad de acercarse a ciertos autores que pueden aportar a sus búsquedas, y de comprobar por sí mismos que sus ideas no son un simple cúmulo de planteamientos sin utilidad práctica, sino que, por el contrario, estas nos permiten orientar y sustentar nuestras propias reflexiones, reconociendo de esta manera su verdadera riqueza e importancia. Asimismo, a través de esta línea de acción se impulsa a los niños y jóvenes a contrastar información, a tratar de encontrar las causas, y las posibles soluciones de cuestiones que son cruciales para ellos, y a pensar con mayor detenimiento en el por qué y en el para qué de las pesquisas y los análisis que se llevan a cabo. 

Por eso el llamado es claro: debemos enfocarnos en despertar nuevamente la capacidad de asombro y el interés por investigar, por descubrir cosas nuevas y por forjar un pensamiento y un criterio propios. Para lograrlo es indispensable que tomemos a los niños como modelo a seguir, y que procuremos preservar la espontaneidad de los más pequeños, su interés por preguntar, por investigar y por experimentar por sí mismos. También, debemos cultivar en los estudiantes y en nosotros mismos una actitud filosófica que nos permita recuperar el deseo de interrogar la realidad, que nos lleve a desconfiar de quienes aseguran que todo está dicho, y que nos motive a alcanzar nuestra libertad, entendida como la posibilidad de pensar y de decidir por nuestra propia cuenta, siendo plenamente conscientes de las posibles consecuencias de nuestras acciones u omisiones. Todo esto es beneficioso, no solo para los individuos, sino también para la sociedad, ya que al potencializar estas habilidades podremos educar ciudadanos propositivos, conscientes y dispuestos siempre a superarse y a dar lo mejor de sí. 

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Finalmente vale la pena recordar que Friedrich Nietzsche (2006) nos presenta al niño como símbolo de la tercera y última transformación del espíritu. En esta, el espíritu logra liberarse de los prejuicios, crear nuevos valores y afirmar la vida sin reservas. Ahora bien, esta elección no es fortuita ni caprichosa, pues es precisamente el niño el que representa la inocencia, la espontaneidad y la humildad propias de aquellos que se erigen como dueños absolutos de su propio destino; y también el que más se asemeja al verdadero filósofo: un individuo inconforme, que busca incesantemente superarse a sí mismo y convertirse en un creador de nuevas perspectivas y de nuevos caminos. Por algo también se afirma que los niños —y los que son como niños— son filósofos por excelencia. Ambos son capaces de crear, de imaginar, de buscar incansablemente la verdad, de vislumbrar otras posibilidades sin prejuicios o prevenciones, lo que los lleva a ver el mundo como un escenario en el que todavía hay mucho por descubrir y, sobre todo, mucho por hacer. 

+Conozca el libro  Filosofía para niños

Referencias bibliográficas: 

García, M. (2001). Lecciones Preliminares de Filosofía. México D.F.: Porrúa. 

Nietzsche Friedrich, (2006) Así habló Zaratustra, Trad. Andrés Sánchez Pascual, Madrid, Alianza Editorial. 

Artículo perteneciente a la Revista Internacional Magisterio No. 98 Filosofía para niños  

Edna Rocío Cerquera Beltrán. Filósofa, Universidad Nacional de Colombia. Docente SED. Colegio Miguel de Cervantes Saavedra IED 

Rossetta31@hotmail.com 

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