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¿Enseñar Filosofía o aprender con Filosofía?

Por Verónica Yhasmín López Muñoz
Magisterio
13/04/2018 - 11:30
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Foto de pressfoto. Tomada de Freepik

Leyendo un poco acerca del próximo 15º  Congreso Mundial de Prácticas Filosóficas (15º ICPP) titulado “La práctica Filosófica para crear relaciones humanizantes y contextos de paz” a realizarse del 25 al 29 de junio en la Ciudad de México, reflexione lo siguiente:

Cuando me preguntan a qué me dedico siempre respondo orgullosa que soy maestra de bachillerato, acto seguido la pregunta rigurosa es ¿qué enseñas? Mi respuesta es “Filosofía”… luego entonces vienen las expresiones descalificativas como “haaa ¿Es un poco aburrido no?” o “A mí nunca me ha gustado”... En realidad no los culpo, creo que el desdén por la Filosofía proviene de las malas experiencias que los mismos docentes hemos sembrado en nuestros alumnos.

Lo interesante de esta propuesta es que no pretende enseñar Historia de la Filosofía a niños o adolescentes, es decir el aprendizaje de épocas, corrientes y filósofos a lo largo del tiempo; sino enseñar a Filosofar, es decir, a generar espacios que lleven a los estudiantes a realizar planteamientos filosóficos de cualquier orden: éticos, epistemológicos o estéticos, 

Si bien la educación puede compararse con una planta que se siembra, se procura y cultiva para que con el tiempo florezca, entonces dependerá del abono que utilicemos para observar el fruto que cosecharemos. En este sentido la enseñanza de la Filosofía como la mayoría de las disciplinas escolares ha caído en un mecanicismo tedioso, por demás aburrido y poco interesante para los estudiantes. Esto a pesar de que las actualizaciones en los planes, programas y enfoques educativos pretenden desarrollar aprendizajes significativos como menciona Ausubel (Echeverría, 20061:39), son pocos los verdaderos logros en este aspecto.

+Lea: La enseñanza de la filosofía en la escuela

Lo anterior se debe, en gran medida, a que no existe una vinculación de los conocimientos que se enseñan con la vida cotidiana del alumno. De ahí la clásica pregunta “¿Eso para que me va a servir?” o el comentario “Nunca lo voy a utilizar”. Si de Filosofía hablamos es aún más común que exista una falta de vinculación total con la realidad, el contexto y la circunstancia específica de cada educando. De manera que se repiten filósofos, épocas y doctrinas sin sentido alguno, de igual forma, en las distintas disciplinas académicas se habla de conceptos, operaciones o ideas que son ajenos completamente o en su mayoría, al entorno actual de niños, adolescentes y jóvenes.

Ante este panorama la alternativa está en las manos del mismo docente, quién debe buscar el óptimo desarrollo de las habilidades y potencialidades de las nuevas generaciones. La cuestión es ¿Cómo lograr un aprendizaje significativo? ¿Cómo vincular la realidad que viven nuestros estudiantes con los conocimientos que deben adquirir?

En definitiva no existe una respuesta acabada pero si un abanico de posibilidades y propuestas para cambiar la perspectiva relacionada con la adquisición de conocimientos. Cabe señalar también que todas estas ideas no representan en lo mínimo una especie de receta mágica que nos devolverá en un abrir y cerrar de ojos lo interesante a nuestras clases, así como también es pertinente mencionar que cada educador debe involucrar lo más noble de su ser para que el resultado se refleje en el aula.

+Video: Educación para la felicidad

Así podríamos exponer una serie de autores desde Ausubel hasta Lipman pasando por grandes maestros de la didáctica filosófica, de psicología y pedagogía (Echeverría, 2006).Sin embargo sólo retomaremos algunos puntos relevantes y estratégicos. 

Entre ellos podemos mencionar de entrada el cambio de paradigma en la educación, pues en lugar de creer que los niños acudirán a la escuela a adquirir conocimientos como si su mente sólo fuera un recipiente vacío por llenar, ahora se afirma que cada alumno, como enunciaba Vigostky (Echeverría, 2006:32), construye de forma activa conocimientos a partir de su propia experiencia y de su interacción social. Por otro lado, la demandante dinámica social de un mundo cambiante, globalizado y cada vez más virtualizado hace imprescindible la formación ciudadanos con capacidad crítica y creativa para analizar, resolver problemas y proponer soluciones o alternativas a las diversas circunstancias que se le presenten, de la misma manera necesitan un pensamiento cuidadoso que les permita tener mayor empatía con sus conciudadanos en aras de un ambiente más armonioso dentro de las sociedades donde se desenvuelvan.

De esta forma, la propuesta metodológica de Filosofía para Niños de Mathew Lipman (1992) a través del desarrollo de comunidades de indagación, se nos presenta como una excelente opción no sólo para erradicar el tedio de las clases, sino también para lograr aprendizajes significativos y el desarrollo de un pensamiento de orden superior que pueda ser crítico, creativo y cuidadoso. Dice Echeverría al respecto que el objetivo final es formar personas críticas con conciencia social (2006:67), dicho objetivo podrá alcanzarse en la medida en que se promueva el pensamiento de orden superior.

El pensamiento crítico permite evaluar determinados contextos y actuar en base a criterios bien fundamentados; el pensamiento creativo que da espacio a la libertad y a la parte emocional, y si bien es cierto se vincula mayormente con la estética no se reduce a ella; finalmente, el pensamiento cuidadoso está encaminado hacia la conciencia social que se planteaba.  

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Lo interesante de esta propuesta es que no pretende enseñar Historia de la Filosofía a niños o adolescentes, es decir el aprendizaje de épocas, corrientes y filósofos a lo largo del tiempo; sino enseñar a Filosofar, es decir, a generar espacios que lleven a los estudiantes a realizar planteamientos filosóficos de cualquier orden: éticos, epistemológicos o estéticos, por poner un ejemplo. Preguntándose, verbigracia ¿Qué quiere decir portarse bien? ¿Qué significa ser persona? ¿Cuándo utilizamos inferencias? y un sinfín de cuestionamientos de orden filosófico.

+Conozca el libro Didáctica de la filosofía

Por otra parte, además de los aspectos académicos que los alumnos desarrollan, como el hecho de preguntarse, analizar y argumentar sobre temas fundamentales, se obtienen otro tipo de beneficios tales como el progreso en la seguridad y autoestima de los educandos.

Esto implica que los alumnos no sólo aprenderán Filosofía puesto que, partiendo justamente de la idea de que  la Filosofía es la madre de todas las ciencias y considerando que esta metodología puede aplicarse a cualquier disciplina de su currículum de estudio, luego entonces los aprendizajes construidos tanto en el ámbito filosófico como en el de cualquier ciencia serán más significativos.

Si a esto le sumamos la parte lúdica, que casi podríamos asegurar es inherente a la condición humana, los resultados pueden redoblarse, puesto que niños y adultos disfrutamos del juego en sus diversas modalidades. Así aprender mientras se juega se convierte en algo más significativo y por supuesto menos mecánico.

Trabajar de esta manera no solo garantiza un mejor desenvolvimiento y una mejora como persona en los niños, jóvenes y adolescentes involucrados sino también en la vida misma del docente, quién sin duda se reinventa a sí mismo en cada sesión que realiza. Así que emulando a Fernando a Savater se puede decir que aprender Filosofía es aprender para la vida. (2012:17).

En este sentido los alumnos no estaría aprendiendo Filosofía sino aprendiendo con Filosofía, y aunque existen muchas propuestas relacionadas con una didáctica más prometedora, así como un sinfín de seguidores de Lipman con propuestas concretas en la enseñanza de la Filosofía vale la pena recordar a Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Y para comenzar o seguir haciendo camino,  el 15º  CONGRESO MUNDIAL DE PRACTICAS FILOSÓFICAS (15º ICPP) se nos presenta como una grandiosa oportunidad para intercambiar y enriquecer nuestras experiencias docentes, dado que es un espacio para coadyuvar al desarrollo profesional y personal en el que participarán filósofos prácticos y académicos de todo el mundo.

Referencias

Echeverría, Eugenio. (2006) Filosofía para Niños. Editorial Aula Nueva.
Lipman, Mathew. (1992). Filosofía en el Aula. Ediciones de la Torre.
Savater, Fernando. (2012) Ética para Amador. Editorial Ariel.

Por: Mtra. Verónica Yhasmín López Muñoz, docente de la Escuela Preparatoria “Villaflores”

Foto de  pressfoto. Tomada de Freepik