Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0

ANUNCIO ruta_libro_web_banner_magisterio_1115x116_0.png

Entretenimiento, educación y medios

Por José Manuel Pérez Tornero , Por Santiago Tejedor
Magisterio
23/05/2019 - 14:45
0
Foto de Pixabay

Para poder hablar del vínculo entre el entretenimiento y la educación, hay que incorporar un eslabón previo: la relación entre educación y medios de comunicación, puesto que el entretenimiento llega a la educación a través de los medios de comunicación. Aunque los debates teóricos sobre comunicación y educación se desarrollan a partir de la segunda mitad del siglo XX, durante la primera mitad ya se habían realizado proyectos que relacionaban medios de comunicación y educación. En este sentido, se puede recuperar la experiencia del periódico escolar desarrollado por Freinet.

Más recientemente se ha generado una preocupación más general por incorporar el entretenimiento en el aprendizaje. Gitlin afirma que es posible conocer y aprender entreteniéndose a partir de la inmersión en imágenes y sonidos, situación propia del consumo mediático. Además, los nuevos perfiles de estudiantes y los usos de los videojuegos han ayudado a ampliar el concepto. El neologismo «edutainment» ha generado un campo semántico natural en el que se interrelacionan la educación y el entretenimiento. En este sentido, aunque hay aportaciones teóricas de valor en la definición del concepto «edutainment» —Garrett y Ezzo ahondan en los mecanismos cognitivos que se ponen en marcha cuando se aprende entreteniéndose y Okan analiza los recursos multimedia que son necesarios—, lo cierto es que la literatura ha vinculado «edutainment» en muchas ocasiones a soluciones de software aplicadas al aprendizaje. Frente a esta visión reduccionista del entretenimiento en la formación, este texto defiende que el entretenimiento es un elemento sustancial del proceso de aprendizaje.

el reto consiste en unir dos mundos: el de la enseñanza y el del entretenimiento. Ahora la mejora de nuestros conocimientos y competencias tiene que estar estimulada del mismo modo que se estimula y acompaña nuestro tiempo de ocio o nuestro consumo de bienes y servicios.

Solo una formación atractiva y acorde con los nuevos usos e intereses sociales podrá convertirse en un recurso de mejora a lo largo de la vida de un ciudadano del siglo XXI: atreverse a decir en voz alta que el proceso de aprendizaje debe mover al entusiasmo, que debe provocar interés y que debe ser entretenido. Puestas así las cosas, el reto consiste en unir dos mundos: el de la enseñanza y el del entretenimiento. Ahora la mejora de nuestros conocimientos y competencias tiene que estar estimulada del mismo modo que se estimula y acompaña nuestro tiempo de ocio o nuestro consumo de bienes y servicios.

Los medios de comunicación, internet y los videojuegos son el mejor instrumento para acercar la formación al entretenimiento, puesto que su esencia es propiamente la del entretenimiento; por eso se los valora y por eso se los usa. Por esta razón los estudios sobre consumo de medios indican que cada ciudadano dedica una parte significativa de su tiempo a los medios de comunicación tradicionales, a internet y a jugar a través de cualquier pantalla.

La creación del «learning plot»

A ese ciudadano que consume horas diarias de medios lo consideramos audiencia. Y los medios trabajan sobre la audiencia para atraparla y retenerla con fines informativos y de entretenimiento. En esa línea, el siguiente paso que hay que dar en los procesos formativos es modificar la consideración que se ha tenido del estudiante hasta la actualidad como público cautivo y empezar a considerarlo también audiencia. Esa nueva consideración tiene consecuencias notables. Establezco seis diferencias que se detectan entre los programas docentes y los programas mediáticos, y las consecuencias que generan si se considera a los estudiantes «à la vieille façon» o se los considera audiencias:

–  Mientras los estudiantes se han considerado históricamente un público cautivo, las audiencias son públicos libres. Son las audiencias las que tienen el poder de escoger qué hacen. En cambio, los estudiantes como públicos cautivos tienen la obligación de seguir o asistir a las clases. 

–  En el mundo de la docencia el poder de decisión lo tienen el programador y el profesor que decide cómo será el programa docente; mientras que en el mundo de los medios, el poder de decisión lo tiene la audiencia. Es la audiencia la que encumbra o hace que retiren un programa en función de sus resultados entre el público. 

ANUNCIO
banner_web_rim_digital.jpg

–  En el mundo de la docencia, los resultados obtenidos por el programa (rendimiento y satisfacción) no suelen determinar el futuro del programa; mientras, que en los medios, los resultados de audiencia son determinantes para que un programa siga más de una temporada, se reubique en la parrilla o se desprograme. 

–  Los programas docentes no suelen dejar memoria entre los estudiantes (a lo sumo la deja algún que otro profesor). En cambio, los programas emitidos por la radio o la televisión dejan memoria indeleble. Así se explica el fenómeno de los 
fans o las reposiciones y las compras privadas de algunos programas. –  Los programas docentes no suelen marcar la experiencia vital de los estudiantes (si acaso los estudiantes activan en sus currículos los títulos o el prestigio de la Universidad). En cambio, los programas de radio y televisión que llegan al público marcan la experiencia vital de la audiencia. En estos casos la audiencia suele vincular el consumo de estos programas con momentos de su biografía individual y colectiva. 

–  Y, finalmente, los programas docentes no tienen voluntad de sorprender, retener, entretener y fidelizar a los estudiantes respecto a los conocimientos que plantean. Por lo menos no tienen estos objetivos de manera formalizada y declarada. Por su lado, los programas mediáticos tienen la voluntad de sorprender, retener, entretener y fidelizar al público al que se dirigen.

Tomado del libro: Innovación educativa y TICs. Guía básica. Autores: José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor. p.p.. 55-58

Foto de Pixabay