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Estrategias para implementar el rediseño curricular: Contextualizar

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
13/07/2018 - 14:00
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Foto de Unsplash

La psicología cognitiva demuestra que el conocimiento progresa principalmente menos por sofisticación, formalización y abstracción de los conocimientos particulares que por la aptitud para integrar estos conocimientos en su contexto y su conjunto total. Por consiguiente, el desarrollo de la aptitud para contextualizar y totalizar los saberes se convierte en un imperativo de la educación.

E. Morin

Contextualizar quiere decir enraizar las ideas en un escenario, una época, unos participantes y un lugar. Contextualizar tiene que ver con incluir una idea, una palabra o un hecho, en una estructura que los englobe y con la que interactúan. Contextualizar implica dialogar con la cultura, con el entorno y con sucesos que se presentaron antes o que están sucediendo, y que podrían incidir en la nueva realidad. Al contextualizar, cambiamos de escenario y de participantes porque los vinculamos con otros participantes y escenarios en una realidad más amplia. De allí que una pregunta central del diseño curricular tiene que ver con la caracterización del contexto a nivel global, local, institucional y familiar. 

El contexto global nos permite dialogar con la cultura humana y con las diferentes expresiones de ella en las ciencias, la economía, las artes y la sociedad. Nos define el escenario, la época, los participantes y los lugares más generales en los que se inscribe el proceso educativo llevado a cabo. El contexto local nos permite visualizar la situación de un país o de una región en estos ámbitos y sus tensiones y articulaciones con el contexto general. Nos demarca las tendencias que se están presentando en el país y la región, para que el proceso educativo llevado a cabo en la institución, dialogue con ellos. Así mismo, a nivel sociocultural y personal hay que caracterizar la población de padres y estudiantes con la que se trabajará. Esto nos permite precisar las condiciones en las que estamos desarrollando el rediseño curricular.

A nivel institucional es imprescindible la caracterización del modelo pedagógico adoptado, ya que éste incidirá en la delimitación de los fines, los contenidos, las secuencias, las estrategias metodológicas, las actividades a desarrollar y los criterios de evaluación. Hay que tener en cuenta los fundamentos epistemológicos, psicológicos y pedagógicos del modelo pedagógico adoptado. Estos principios y estos fundamentos permean el diseño curricular en múltiples ámbitos y de diversas maneras.

En el nivel familiar se requiere indagar por la naturaleza social y cultural del grupo en el que se desarrollan niños y jóvenes. Múltiples estudios encuentran una alta asociación entre el logro de los estudiantes y los niveles educativos de los padres, (PISA; LLECE, PIRLS y TIMSS). En el estudio LLECE se encontraron cuatro factores socioculturales altamente asociados con la calidad:

  • El nivel educativo de los padres, en especial de la madre
  • La calidad y cantidad de libros en el hogar
  • La convivencia con los dos padres
  • El tiempo de comunicación de ellos en el hogar.

Estas variables son ratificadas tanto por PIRLS como por TIMSS, en especial, la variable sobre estudios de los padres que llega a explicar una diferencia de cien puntos en ambos estudios (PIRLS-TIMSS, 2011). Su influencia es superior a la encontrada en PISA 2009, en tanto PISA es una prueba de competencias y en general en las pruebas de conocimientos son más altas las asociaciones con las condiciones familiares y socioeconómicas que en las pruebas de competencias.

De allí que una adecuada contextualización debe garantizar que la comunidad educativa conozca la resonancia cultural que les brinda la familia a sus hijos, su composición, su estabilidad, su funcionalidad, su caracterización socioeconómica y el tipo de estructura y estilo de autoridad en el que se ha desarrollado el niño y el joven.

En el nivel personal hay que caracterizar los intereses, las necesidades y los niveles de desarrollo alcanzados por los niños y los jóvenes involucrados en el proceso educativo; en especial, en sus estructuras profundas ligadas con el pensamiento, las competencias comunicativas y la formación valorativa y ética. Si tiene razón Ausubel en su tesis principal en torno a la educación y la cual reitera una y otra vez en sus textos (“Si tuviera que reducir toda mi teoría en una sola proposición, diría la siguiente: Averigua lo que el alumno sabe y enseña a partir de allí”), necesariamente todo proceso educativo se iniciaría con una caracterización del nivel de los estudiantes en los conceptos previos del área, y de una manera más general, el nivel de desarrollo de las estructuras cognitivas alcanzadas en un momento dado tanto en los instrumentos del conocimiento, como las operaciones intelectuales y los procesos metacognitivos por parte de los estudiantes. Todas las clases tendrían que iniciar con una pregunta. Y si tenemos en cuenta la integralidad que estamos en deuda por asumir en la educación, la caracterización también debe incluir el nivel de desarrollo alcanzado en la autonomía, las interacciones sociales y las competencias comunicativas.

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Titulo tomado de: Cómo diseñar un currículo por competencias. Autor: Julián de Zubiría. pp. 236-238

Photo by pixpoetry on Unsplash