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Estrategias para resolver conflictos en la escuela: la colaboración

Por Antoni Badia Garganté y otros , Por Gemma Alsina Masmitjà , Por Juan Antonio Amador Campos
Magisterio
22/06/2018 - 10:15
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

Hay tres maneras o planes para abordar las dificultades de conducta de un alumno. Cuando los adultos imponen su voluntad en respuesta a una conducta inadecuada; el plan C, cuando el adulto deja de hacer cumplir una norma, durante un tiempo, y el plan B, que se refiere a la resolución de problemas en colaboración cuando el niño y el adulto se comprometen a resolver un problema o una expectativa insatisfecha de manera realista y mutuamente satisfactoria (Greene, 2009).

El plan A

Imponer la voluntad del docente, se utiliza para intervenir con la mayoría de los alumnos, y con la mayoría de los alumnos funciona. Pero funciona porque la mayoría de alumnos disponen de buenas habilidades adaptativas, pueden pensar, afrontar la adversidad y encontrar la manera de resolver problemas.

Esta manera de actuar tiene tres problemas básicos con los alumnos con dificultades de conducta: aumenta extraordinariamente la probabilidad de aparición de conductas problemáticas; no ayuda al adulto a pensar por qué el alumno no hace lo que querría que hiciera y no enseña al niño ninguna habilidad que no sepa o la manera de resolver un problema.

El plan C

Que consiste en abandonar expectativas concretas relacionadas con la conducta de un alumno, es útil para reducir los conflictos y mejorar la relación, pero no enseña a resolver problemas ni habilidades adaptativas concretas. Este plan C no significa ceder, sino que quiere decir dejar algunas conductas
inadecuadas poco importantes para priorizar las más importantes.

+Lea: 12 características de un buen director de grupo

El plan B

Es la resolución de conflictos en colaboración, que ayuda al docente a aclarar y comprender las preocupaciones del alumno o su perspectiva ante un problema no resuelto. También ayuda al alumno a captar y comprender la preocupación del docente ante este problema no resuelto. En definitiva, es la manera con la cual el docente y el alumno trabajan juntos para encontrar soluciones mutuamente satisfactorias. El plan B se puede utilizar de dos maneras:
en respuesta a una emergencia o proactivamente. El plan B de emergencia se pone en marcha cuando el niño empieza a mostrar las señales de aparición
de una conducta reactiva. El objetivo es ayudar al alumno a pensar ante una situación adversa de una manera flexible y tolerante con las emociones que
esta situación despierta. Dicho de otro modo, ayudarlo a pensar, a comunicarse y a buscar una solución. Se utilizan las siguientes estrategias:

♦  Buscar soluciones en los conflictos con el alumno.
 Ayudar a mantener la calma en medio de la frustración.
 Establecer un tira y afloja.
 Proponer maneras alternativas de solucionar un problema.
 Intentar resolver los desacuerdos de manera mutuamente satisfactoria.
 Buscar un acuerdo. Un acuerdo es una manera de resolver las cosas cuando no se está acuerdo. Una solución que contenta a todos porque significa que hemos sido capaces de solucionar un problema sin generar conflicto.

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+Conozca el libro La solución de conflictos en la escuela

El plan B de emergencia en realidad es útil, pero cuando se pone en marcha no suele ser el mejor momento, porque el niño ya puede sentirse molesto o haber entrado en un estado de ofuscación. El plan B proactivo es un proceso de construcción de las relaciones que tiene como objetivo resolver los problemas del alumno y enseñarle habilidades para afrontar la incertidumbre y la adversidad cuanto antes mejor. El comportamiento difícil tiende a ser altamente predecible, el docente no debe esperar a que el alumno se sitúe en medio de un episodio de mal comportamiento, conviene resolver el problema que causa dicho episodio. El plan B permite al docente conseguir cinco objetivos esenciales para ayudar a los niños con dificultades de comportamiento:

♦  Asegurar que se abordan las preocupaciones que plantea un niño determinado.

♦    Traer al niño hacia la colaboración y la satisfacción mutua de manera duradera.

♦    Enseñar al niño habilidades que no tiene.

♦    Reducir la conducta problemática.

♦    Crear relaciones de ayuda.

Título tomado del libro: Convivencia escolar, déficit de atención. Autor: Gemma Alsina Masmitjà, Juan Antonio Amador Campos, Àngels Arroyo Rodríguez,
Antoni Badia Garganté, Mar Badia Martín, Claudia Contreras Contreras, Blanca Mas Salsench, Beatriz Mena Pujol, Laia Salat Foix i Carme Saumell Mir
pp:50-52.

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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo