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Estudiantes de Palmira pintan con remolacha, espinaca y moras

Magisterio
25/10/2018 - 17:00
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Foto Secretaría de educación de Cali

Fundación Terpel - Diseña el cambio 

Sobre el lienzo un joven estudiante pinta un gato que tiene unos profundos ojos verdes. Con el pincel el joven pintor le da volumen y textura a los pelos del cuerpo del felino. Junto a él, otros 20 jóvenes artistas y compañeros de clase intentan darle color a sus creaciones. 

“Plasmar los animales es una forma de mostrar lo que me gusta”,

así describe su trabajo mientras de fondo se escucha música instrumental. Este joven de 17 años es un perfeccionista que no deja nada al azar. Él arma los marcos de los cuadros y prepara  en el laboratorio del colegio, de una manera no convencional, las pinturas que luego le darán vida a sus creaciones.

La idea de utilizar plantas, frutos y semillas para extraer los pigmentos nació en el salón de clase de arte del colegio Juan Pablo II en Palmira, Valle del Cauca. Los profesores y estudiantes empezaron a notar que en las clases de arte los compañeros no estaban motivados. Las pinturas, vinilos y colorantes provocaban en los niños mareos, dolores de cabeza y náuseas. En todos estos materiales hay cantidades altas de químicos como el plomo, cadmio, cobalto y mercurio, productos que, tras su inhalación, también pueden causar alergias.

En el mismo salón surgió la pregunta sobre la manera de reemplazar las pinturas sin alterar el trabajo. Los estudiantes recurrieron a tesis universitarias, investigaciones publicadas en internet y allí encontraron la respuesta. “Nosotros empezamos a mirar hacia las culturas indígenas en Latinoamérica y Colombia para determinar cómo extraían las pinturas para sus vestidos y enseres”, cuenta la profesora líder.

Los niños artistas consultaron al grupo de investigación del colegio sobre los pigmentos naturales, quienes se encargaron de identificar las plantas, frutos, semillas y demás productos vegetales que servirían para el proyecto. Experimentaron en el laboratorio de química hasta lograr que los pigmentos tuvieran la consistencia necesaria para fijarlos en el papel. “Estábamos preocupados por las largas horas de malestares que tenían los compañeros cuando pintaban”, recuerda el estudiante.

 Este estudiante ha sido un afortunado. Ya vendió su primer cuadro y ha regalado otros a familiares y amigos que se los han solicitado. Por ahora no tiene claro si quiere seguir en la pintura, lo que sí sabe es que espera que este año, cuando termine sus estudios secundarios, los estudiantes de cursos menores continúen el trabajo y se enamoren de la idea de utilizar los pigmentos tradicionales para mejorar el medio ambiente.

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Este estudiante ha sido un afortunado. Ya vendió su primer cuadro y ha regalado otros a familiares y amigos que se los han solicitado. Por ahora no tiene claro si quiere seguir en la pintura, lo que sí sabe es que espera que este año, cuando termine sus estudios secundarios, los estudiantes de cursos menores continúen el trabajo y se enamoren de la idea de utilizar los pigmentos tradicionales para mejorar el medio ambiente.

Invitamos a nuestros lectores a conocer otras historias inspiradoras en la web de la Fundación Terpel  y participar de su iniciativa Diseña el Cambio que busca premiar a los maestros, escuelas y estudiantes, que sueñan y trabajan por una mejor educación. 

Para conocer el documento completo haga click aquí: 10 historias de cambio Reto 2016

Foto Secretaría de educación de Cali