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Ética de la educación: el nuevo rol del docente

Magisterio
19/12/2016 - 16:00
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Foto de Thetaxhaven. Tomada de Flickr

Como educador consciente de la responsabilidad social y política de la profesión docente, cada profesor tiene el deber de redescubrir una ética de la educación y tiene el deber de repensar la propia identidad profesional para avanzar hacia un nuevo modo de vivir su propio rol.

+Lea: El aprendizaje en equipo

No basta con seleccionar los contenidos que se proponen, sino que es necesario reflexionar sobre las estrategias didácticas que hay que adoptar para vehicular los conocimientos y favorecer la motivación para el estudio aumentando su atractivo (Consejo Europeo de Barcelona 2002: objetivo estratégico 2 «Facilitar a todos el acceso a los sistemas de educación y de formación; objetivo conectado 2.2 «Aumentar el atractivo del estudio»).

+Conozca la colección Saber Mejor

Para salvar la distancia entre lo que se aprende en la escuela y lo que es, en cambio, la vida de todos los días, es necesario repensar la proyección curricular, centrándonos en la programación por competencias, que no es alternativa a los saberes entendidos como conocimientos disciplinarios. Con la finalidad de que se desarrollen competencias que vayan más allá de los conocimientos específicos y superen la yuxtaposición de las informaciones, son necesarios precisamente los saberes disciplinarios.

+Conozca los libros Cómo diseñar un currículo por competencias y Formación por competencias

La construcción de aprendizajes, a través de la experimentación de actividades concretas y ligadas a la vida real, a través de momentos de proyección y de realización en pequeños grupos que implican la puesta en común y la participación en todas las fases de trabajo, permite superar el límite de la asimilación pasiva de conocimientos/informaciones y permite materializar las condiciones favorables para que los chicos puedan enfrentarse a situaciones inéditas, coordinando y diferenciando sus propios esquemas de acción.

Si la vida escolar está caracterizada por un modo de garantizar la educación para la resolución de problemas durante el aprendizaje de las diversas disciplinas, los esquemas de acción, activados para construir respuestas eficaces a situaciones complejas, se elaboran y se interiorizan hasta formar parte de la identidad de la persona.

La resolución de problemas no es una peculiaridad exclusiva de las matemáticas.

+Lea: Resolución de conflictos: Estrategias para educar en el valor de la justicia

La enseñanza de toda disciplina se puede establecer según una didáctica para resolver problemas, que se hace indispensable para la construcción de competencias transversales, las cuales son el resultado de experiencias puestas en práctica en situaciones inéditas y complejas que deben proponerse a los chicos.

Las competencias en las que hay que centrarse durante la proyección de la actividad a proponer al alumnado son:

  • Expresar informaciones adecuadamente
  • Intuir
  • Imaginar
  • Plantearse problemas
  • Resolver problemas
  • Proyectar modelos de situaciones reales
  • Construir modelos de situaciones reales
  • Realizar elecciones en situaciones de incertidumbre
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En este escenario, el perfil del docente debe corresponderse con una figura poliédrica, que sepa asumir el rol de guía, de punto de referencia, de facilitador y mediador, dentro de la clase y para cada alumno.

Una figura que lleva a cabo también otra importante tarea: se mide con la investigación a todos los niveles, en ámbito científico-cultural y en el ámbito didáctico- pedagógico, pero, a la vez, verifica en la práctica didáctica de todos los días la eficacia y la validez del modelo escogido moviéndose según la praxis de la investigación-acción. El docente por tanto evalúa, no solo los resultados de sus propios alumnos, sino también el impacto de sus elecciones en los procesos de aprendizaje de los chicos, teniendo la humildad y la valentía de revisar el proyecto de trabajo, asumiendo una parte de responsabilidad respecto al aprendizaje del alumnado.

Es importante además saber encontrar el equilibrio justo entre garantizar la adquisición irrenunciable de los saberes de base por parte de todos y ofrecer a cada uno de ellos la posibilidad de recorrer su propia trayectoria personal.

Cada uno de los alumnos debe tener las condiciones para poder escoger la profundización en lo que responde en mayor medida a sus propias aptitudes y a sus propios intereses, con el fin de que pueda llevar a cabo el desarrollo del talento encerrado en cada sujeto, y demasiado a menudo sacrificado a favor de una acumulación acrítica y estratificada de informaciones.

Es importante que el docente aprenda a planificar en equipo, a coordinar y a gestionar proyectos y a documentar su propio trabajo en un perenne diálogo consigo mismo, con el alumnado, con otras figuras profesionales: colegas, expertos externos al mundo de la escuela, entes; todo ello con la implicación de las familias en la etapa educativa.

Así, cada una de las disciplinas se convierte en un verdadero instrumento formativo al servicio de los docentes para alcanzar objetivos de aprendizaje, sea tanto en el plano cognitivo como en el relacional.

Referencia

(Consejo Europeo de Barcelona 2002: objetivo estratégico 2 «Facilitar a todos el acceso a los sistemas de educación y de formación; objetivo conectado 2.2 «Aumentar el atractivo del estudio»).

Tomado del libro: Saber Experimentar. Autores: Marina Galetto y Antonia Romano. pp. 40-41

Foto de Thetaxhaven. Tomada de Flickr