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Evaluación de calidad ¿Qué es, cómo, por qué y para qué?

Magisterio
22/11/2016 - 10:00
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Foto de ProyectoMARTadero. Tomada de Flickr

La evaluación del centro representa un acto de autonomía, como decisión de comprobar que la institución reúne los requisitos de calidad exigidos por los expertos. El modelo de evaluación de calidad no es excluyente de las heteroevaluaciones que pueda realizar el sistema, pero en su concepción los percibe como simples trámites legales, porque el centro tiene institucionalizado su propio sistema de aseguramiento de la calidad; de tal manera, que acciones de evaluación externa realizadas por las agencias estatales, no la toman por sorpresa y precisamente la propuesta que subyace en esta publicación es que las instituciones educativas, sean proactivas y prospectivas y por sencillas que sean logren desarrollar su propio sistema de aseguramiento de la calidad, crear sus propios bancos de indicadores de gestión y de impacto de los diferentes procesos que desarrollan y proyectan hacia su entorno.

 

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La cultura optimizante es la más común en las organizaciones de cualquier tipo, ha existido desde el nacimiento del sujeto organizado y representa el marco de construcción del mundo contemporáneo en la búsqueda de la racionalidad productiva del grupo frente a la individualidad y el conflicto; sin embargo, reconocemos la existencia de otros tipos de culturas tales como la política, la cual es consecuencia del protagonismo de las personas que a toda consta quieren exhibir su individualidad y capacidad frente al grupo estableciendo reglas de poder, interacción y liderazgo en el protagonismo y la cultura integradora; ésta considera que cada paso anterior hace aportes a la dinámica social, integrándolas al tejido que trabaja por el bienestar colectivo y por la obtención de resultados sociales visibles, tales como la satisfacción de las personas, valores significativos en las diferentes etapas del proceso, desarrollo del grupo, impacto en el entorno.

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En todos los casos, hay que tener claro que los sistemas de evaluación no son más que ayudas para mejorar las instituciones, los niveles educativos, los programas, los grupos o las personas. Quienes no los utilizan no están pensando en crear una cultura de mejoramiento continuo y seguramente tengan muy poca idea de esto, pero quienes lo usan, deben implementar los sistemas más adecuados y pertinentes para lograr sus propósitos y si es posible, crear su propio sistema con arreglo a las tendencias, racionalidades evaluativas existentes, las necesidades y la naturaleza de la organización. ¿Qué sucedería si el éxito de hoy se convierte en el fracaso del mañana?, ¿qué sucedería si convencidos de las bondades de las metas establecidas en el proyecto educativo descubrimos que no son aceptables ni viables para nuestro entorno y para las personas con las que trabajamos ni para los intereses y expectativas de los estudiantes? Lo que visualizamos como viable es construir sistemas de evaluación multifocal, multicultural, lo cual no significa que tengamos que renunciar a la filosofía, valores, principios y propósitos contemplados en el proyecto educativo; sino poder considerar la alternativa de articular otros contrastes, lo cual no inutiliza el trabajo, por el contrario, lo amplía, haciendo aflorar las posibles fallas. El proceso de evaluación para la construcción de la cultura del aseguramiento de la calidad, puede complicarse en algún momento de acuerdo a la situación, pero en otros casos, puede limitarse a llenar ciertos vacíos, analizar contradicciones o identificar otras perspectivas.

 

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Si nos detenemos a analizar el enfoque e intencionalidad de los diferentes modelos culturales de aseguramiento de la calidad, podemos identificar que más allá de elementos diferenciadores, estos pueden servir de insumos para fortalecer el paso de una modalidad a otra, creando nuevas y mejores condiciones al proceso, lo cual debe ser claramente identificable por los grupos que asumen la responsabilidad de promover la construcción de esta cultura. Lo importante es tener claro en la institución que como toda transformación social exige tiempo, forzar el proceso sólo conduce a provocar resistencias y antagonismos, es en definitiva un proceso de maduración. A mayor nivel de asimilación personal y colectiva, la institución está más cercana a la cultura integradora. El grupo gestor institucional puede promover una evaluación de la situación y plantear las estrategias de cambio que sean necesarias a mediano y largo plazo; pero la estrategia debe ser flexible, de acciones directas, participativa, desarrollada día a día, descubriendo las ventajas de poner las metas en el grupo y en la sociedad, ser capaz de superar las contradicciones que implica un proceso de desestructuración de la cultura institucional como este que se propone, en el ciclo aprender a aprender, desaprender y volver a aprender, para poder emprender.

 

 

Título tomado del libro: Gestión y evaluación de calidad. Referentes para la acreditación. Autor:  Cecilia Correa de Molina. pp: 97-99

 

Foto de ProyectoMARTadero. Tomada de Flickr