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Experiencia disruptiva

Magisterio
24/02/2017 - 11:00
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Foto tomada de Revista Magisterio No. 84

 

Este trabajo postula la experiencia como la unidad básica del aprendizaje y de la pedagogía como disciplina científica, además de presentar el concepto de experiencia disruptiva como generadora de cambios en las tendencias del aprendizaje a partir de la consideración de ejemplos tomados de la biografía de personajes famosos de la historia del arte y la ciencia, de los análisis de John Dewey y de los estudios contemporáneos sobre mapas neuronales. El concepto de experiencia disruptiva puede ser clave en procesos de innovación educativa científicamente sustentados.

 

Palabras clave: experiencia disruptiva, experiencia virtual, experiencia vicaria.

 

Introducción

 

En 1879, un autodidacta, Tomás Alva Edison, inventó la primera bombilla eléctrica que se conoce, lo que generó un cambio en las prácticas de iluminación de los hogares; la invención del teléfono en 1871 por parte de Antonio Meucci, que luego Alexander Graham Bell patentó en 1879, inició una experiencia que cambió la dinámica de la comunicación y generó una nueva tendencia social, que fue renovada por la telefonía móvil en la década de 1990. Estos pueden ser considerados ejemplos de cambios disruptivos.

La disrupción tiene como referente tendencias esperadas y requiere procesos en marcha. Si aparece un factor que permita que la tendencia del proceso cambie de dirección, se puede hablar de disrupción. Este número de la Revista Internacional Magisterio, Educación y Pedagogía se interesa por el concepto de experiencia disruptiva, a la cual se le atribuye el potencial para redireccionar un proceso, en especial en el aprendizaje.

 

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La madre, tras la temprana muerte de su padre, un hombre rico de la nobleza prusiana, buscó la manera de educar a sus hijos teniendo en mente como modelo la imagen de Goethe. La directriz fue la de presentar la realidad como si fuera un drama con la capacidad de llenar la mente de esperanza y alimentar el espíritu con suficientes elementos de reflexión. Expertos bien pagados acudían al castillo donde moran los dos jóvenes y les dictaban conferencias de nivel universitario: a Alexander de química, física y matemáticas y a Wilhelm de lenguaje y literatura, y los dos estudiaban también griego, latín y filosofía. El primero mostraba resultados mediocres en estas prácticas y cuando lo dejaban libre prefería deambular por el bosque coleccionando y clasificando escarabajos. A los nueve años, diseñó un pararrayos y lo instaló en el techo del castillo donde vivía. El mayordomo del castillo se preocupaba por generarle experiencias que le templaran la capacidad de controlar las emociones y sentimientos, unas veces con vivencias nocturnas con los fantasmas del castillo o a través de lecturas como las del conquistador Lope de Aguirre en el Amazonas. El interés de Alexander por la medición, la observación y la exploración lo fue llevando a buscar nuevas experiencias y pronto se le vio remontando el río Orinoco y explorando las cordilleras de América, aventuras de las enviaba sus reportes a Wilhelm, para que fueran publicados en Europa (Kehlmann, 2006). Alexander von Humboldt, científico y expedicionario, se convirtió en referente para el desarrollo de varias disciplinas.

 

+Conozca la revista Innovación disruptiva y Experiencias dinámicas en la escuela

 

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Carl Frederick Gauss, el hijo de un jardinero, desertó de la escuela elemental para dedicarse a experimentar con los números y, a partir de sus modelos, a intentar entender fenómenos de la vida cotidiana. Sus primeros años le ofrecieron como escenario la experiencia de acompañante de su padre en las labores de jardinería y otro de lector, con el apoyo de la madre. La primera experiencia escolar fue liderada por un maestro que gozaba castigando los errores de los niños, lo que dio como resultado la huida del niño del escenario escolar, pero que le abrió paso al reconocimiento de sus potencialidades para la matemática y a la activación de experiencias de solución de problemas retadores con el acompañamiento de un tutor. Sus progresos fuera de lo común hicieron que los tutores se motivaran a publicar los resultados en revistas de la época y a que el Estado lo financiara al para continuar en su labor de aprender investigando, hasta que, muy joven aún, recibió el título de doctor (Kehlmann, 2006) y se convirtió en uno de los matemáticos más reconocidos de su época.

 

+Conozca el libro Formación, experiencia y saber

 

Don José Ruiz fue creando un escenario de experiencias pictóricas para su hijo Pablo Ruiz y Picasso. Perdonaba con facilidad sus deficiencias en el aprendizaje escolar, en especial en lo relacionado con matemáticas y lenguaje. Le permitía que lo acompañara en sus actividades de pintor y restaurador en un museo y en las clases que impartía en la Escuela de Artes. Esto le dio oportunidad de conocer e interactuar desde muy pequeño con pintores reconocidos. Le organizaba actividades lúdicas de dibujo y pintura, y naturalmente los resultados no tardaron a manifestarse, hasta que un día, ante las innegables muestras de talento del adolescente, el padre le entregó sus pinceles, paleta y colores en reconocimiento a la madurez de sus potencialidades artísticas (Ribes y Escolano, 1985).

 

El sentido de experiencia en Dewey

 

El reconocimiento del antagonismo entre las tendencias tradicionalistas y progresistas fue el escenario en el cual John Dewey (1938), uno de los filósofos más destacados de inicios del siglo XX, introdujo el análisis del concepto de experiencia en educación. En su concepción, la educación tradicional es un movimiento en el cual se constituyen cuerpos de conocimientos, valores y habilidades dominadas por los adultos, se forman maestros como agentes de la transmisión y se establece una relación entre enseñante y aprendiz, en un escenario típico de salón de clase. La disposición de instrumentos, así sean tecnológicamente muy avanzados, no cambia esta tendencia.

 

Un sistema que de manera dinámica se adapta a los cambios del entorno, según Dewey (1938), conforma un proceso de crecimiento continuo en el cual la experiencia es el mecanismo generador de progreso. La excelencia de la educación depende de la calidad de las experiencias que se promueven y que afectan al sistema cognitivo, emocional y actitudinal de la persona que se forma. La experiencia llama a la continuidad: marca tendencias y forma hábitos. Las experiencias pueden cambiar tendencias en la formación de conocimientos, hábitos o actitudes y convertirse en disruptivas.

 

La experiencia genera una relación de mutuo control dinámico entre la persona que se está formando y su entorno físico y social, lo que marca tendencias de libertad o de autocracia, de búsqueda o de recepción subordinada, de investigación o de repetición, y es la base de la integración del conocimiento científico con los procesos concretos de formación.

 

Estructura neuronal y experiencia

 

El enfoque de Dewey sintoniza muy bien con los desarrollos contemporáneos en ciencia cognitiva. En el Instituto Neurológico de Montreal, el doctor Penfield descubrió que la estimulación de zonas del cerebro mediante electrodos generaba sensaciones en partes específicas del cuerpo. La exploración sistemática mediante este procedimiento en los pacientes que trataba por lesiones en el cerebro le permitió probar que cada parte del organismo tiene su imagen en neuronas asociadas que permite hablar del mapa del cuerpo en el cerebro. No sólo se han podido identificar los mapas de las partes externas del cuerpo, también se han identificado mapas de los sensores internos como el oído interno o la presión sobre la planta de los pies, que actúan en el manejo del equilibrio. Esos mapas son dinámicos; por ejemplo, cuando aprendemos a practicar un deporte, se actualiza la información sobre los movimientos y sus características y las propiedades de las manos o las piernas, de manera que se identifican con rapidez las diferentes posiciones. Los mapas en el cerebro representan al propio organismo y también al entorno, y en esa dinámica se construye el concepto del yo como referente: es la base de la referencia y la autorreferencia. En ese proceso dinámico, la experiencia es la influencia mutua entre el entorno que estimula al yo y éste que genera cambios internos y actúa sobre aquel para generar adaptación.

 

Una de las posibilidades que abren los mapas del cuerpo en el cerebro es la de poder pensar o imaginar acciones y movimientos. Pascual-Leone inició una serie de estudios muy reconocidos en los cuales combina varios métodos no invasivos para estudiar la relación entre el ejercicio de actividades con la imaginación del ejercicio de las mismas, como tocar piano. La investigación en esta dirección muestra que la experiencia imaginada activa las mismas zonas del cerebro que el ejercicio directo de esas actividades. También se ha encontrado que si los deportistas activos desarrollan sesiones en las que imaginan el desarrollo de sus actividades, se produce un mejoramiento significativo de las habilidades imaginadas (Blakeslee y Blakeslee, 2008). En otras palabras, el mapa corporal habilita formas de experiencia imaginada, que bien se pueden denominar virtuales en sentido estricto, y ese tipo de experiencia influye de forma positiva en el aprendizaje de habilidades cuando se combina con sesiones de práctica real.

 

En 1991, el equipo de investigación liderado por Giacomo Rozzelatti descubrió que cuando un primate observa a otro, o a una persona, ejecutar una acción, se activa un conjunto de neuronas que también se activa cuando se ejecuta esa acción. A éstas las denominó neuronas espejo, que desarrolla un campo de investigación de especial relevancia en la actualidad. Se ha probado que éstas permiten el aprendizaje por observación o aprendizaje vicario, hacen posible la imitación de comportamientos, se activan cuando se observan características emocionales en el comportamiento de otros, son la base de la simpatía o de la antipatía, y, si se deterioran, pueden originar comportamientos autistas (Rizzolatti y Craighero, 2004; Blakeslee, y Blakeslee, 2008). Estos descubrimientos abren una categoría especial de experiencia generadora de aprendizaje: la experiencia imitativa, que se activa con gran frecuencia en la formación de los seres vivos, en particular, en la infancia.

 

Conclusión

 

En un enfoque científico de la pedagogía, la experiencia se torna en su unidad básica de estudio

(Maldonado, 2012). La sucesión de experiencias en la historia individual de la persona configura el conocimiento previo, que sirve de sustrato para el procesamiento de información por venir, de manera que lo nuevo lo es a partir de lo previo. Este proceso, si se mira en los colectivos, cuando es compartido por otros marca tendencias. Con frecuencia, por ejemplo, se oye a los innovadores en educación hablar de referentes como el salón de clase, enseñanza - aprendizaje, aprobar o perder la materia, el curso o el año escolar. Cuando se piensa en innovación educativa, sin tener en cuenta la experiencia como la unidad básica del aprendizaje, se puede caer en lo falaz.

 

Los biógrafos muestran a Picasso, Gauss y Humboldt como niños que se enrutaron en secuencias de experiencias que no fueron las institucionales; pareciera que fueron personajes excepcionales porque vivieron experiencias excepcionales que fueron disruptivas frente a la tradición dominante. Sin embargo, cada uno de ellos tuvo una tendencia que continuó en su historia individual.

 

Los trabajos de John Dewey abren un horizonte que se compagina de forma positiva con los avances de la ciencia cognitiva para fundamentar la pedagogía en el estudio y diseño de experiencias educativas. Las tres clases de experiencias: perceptiva del entorno y de sí mismo, imaginaria o virtual y vicaria tienen un gran potencial para analizar los procesos y dinámicas del aprendizaje y del cambio.

 

Referencias

Blakeslee, S.; Blakeslee, M. (2008). The body has a mind of its own. New York: Penguin Random House Inc.

Maldonado, L. F. (2012). Virtualidad y Autonomía: pedagogía para la equidad. Bogotá: Iconk Editorial.

Dewey, John (1938). Experience and Education. New York: Simon & Schuster Inc.

Kehlmann, Daniel (2006). Measuring the world. New York: Pantheon Books.

Túnez, I.; Leone, A. P. (2014). Estimulación magnética transcraneal y neuromodulación. presente y futuro en neurociencias. Barcelona: Elsevier España.

Penfield, W.; Boldfrey, E. (1937). Somatic Motor and Sensory Representation in the Cerebral Cortex of Man as Studied by Electrical Stimulation". Brain. 60 (4), 389-443.

Ribes, F.; Escolano, J. (1985). Picasso. Colección Grandes Protagonistas de la Humanidad.

Bogotá: Editora Cinco.

Rizzolatti, G.; Craighero, L. (2004). The Mirror-Neuron System. Annual Review Neuroscience 27:169–92.

 

El autor

PhD. International Corporation of Networks of Knowledge (Iconk) - Grupo Tecnice.

 

Revista Internacional Magisterio No. 84. ¿Experiencias Disruptivas?