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Génesis y desarrollo de la Etnoeducación en Colombia

Por Margoth Guzmán Munar
Magisterio
13/07/2018 - 15:45
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Foto de Darij & Ana. Tomada de Flickr
 
…todo lo que sabemos lo sabemos entre todos 
Antonio Machado
El documento presenta una reflexión histórica sobre la Etnoeducación en Colombia, desde la conquista hasta hoy, en la que se gestó un proceso democrático mediante actividades como la investigación y la experimentación, con el apoyo de actores y organizaciones sociales involucradas en las transformaciones. Este propósito, se acentuó y se hizo vital a partir de ejercer la defensa de los valores y principios de la dignidad humana, tan gravemente violados en este país, y por ello se requirió propiciar espacios para la participación de voces y producir cambios en las culturas autoritarias, con el fin de introducir propuestas desde la diferencia. Cambios que se evidencian en las últimas décadas, demostrando que no es posible afianzar la justicia social en el país si no se forma a través de un proceso intencionado a quien se dirige, sujeto que se construye en una escuela, que es capaz de reconocerse como sujeto de aprendizaje desde su propio entorno cultural. La recuperación del sujeto aparece como la tarea central de una educación propia dentro de la diversidad.
Introducción 
La educación es un proceso social que se desarrolla al interior de una comunidad y que se cultiva en los individuos con el ánimo de favorecer su formación integral, a fin de que puedan convertirse en agentes de su propio desarrollo y del grupo social del cual hacen parte. Este proceso presupone una manera determinada de concebir al hombre y la sociedad, ya que los valores implícitos de toda práctica educativa son la base y fundamento real de la cultura. Así, puede decirse que todo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se caracteriza por el avance en sus procesos educativos.
Esta dimensión social de la educación se fundamenta en la certeza de que
“cada grupo humano cuenta con los mecanismos básicos para educar a sus miembros dentro de una perspectiva que le garantice a la sociedad los elementos necesarios para construir su devenir histórico en el contexto de su proyecto de hombre y de sociedad; es por esto que la sociedad, en su conjunto, es educadora” (Artunduaga, 1997, p. 3.)
Asimismo,
“la educación es la forma privilegiada de transmitir, conservar, reproducir y construir la cultura. Permite generar conciencia crítica capaz de transformar la sociedad”. La educación bien implementada enfatiza la libertad de pensamiento y de acción, por cuanto no podría hablarse de “conciencia crítica”
Y transformación sin estas características no se concretan en mejores condiciones para todos, y si no propende por la construcción de un espíritu social y democrático, entendiendo este proceso como esencial no solo para la persona sino para su comunidad y para los demás hombres, ya que:
 
“La educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual. En la educación, tal como la practica el hombre, actúa la misma fuerza vital, creadora y plástica, que impulsa espontáneamente a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo. Pero, adquiere en ella el más alto grado de su intensidad, mediante el esfuerzo consciente del conocimiento y de la voluntad dirigida hacia la consecución de un fin” (Werner, 1980, p.3.).
La etnoeducación en Colombia
Desde la conquista hasta la época actual las etnias indígenas, pobladoras y dueñas de estas tierras, han sufrido un proceso de trasgresión, coerción social y dominación, que ha significado la pérdida de su territorio, el desmembramiento de su cultura, la servidumbre ideológica y que, en la mayoría de los casos, los llevó a la extinción. Puesto que el proceso de civilización implementado por la corona y la iglesia se dio, básicamente, a través de la evangelización para trasmitir valores y formas de ver el mundo completamente ajenas a la cosmovisión de las etnias. Es así como se inicia un proceso de desconocimiento por los saberes del otro, como se enuncia a continuación. 
En 1564 Venero de Leiva, presidente de la Nueva Granada, siguiendo la real cédula, instaló centros de enseñanza para hijos de caciques e indios principales, con la disposición de apartarlos completamente de sus comunidades. Posteriormente, en 1580, Felipe II implementa la cátedra de lenguas indígenas que continuó con el incesante desmedro de la autonomía de las etnias, hasta que en 1824, ya en la naciente república, se expide la Ley 30 sobre Educación Indígena, en las que se encontraron “limitaciones conceptuales y no se fijaron criterios que permitieran proyectar una verdadera política educativa para las comunidades indígenas” . Generalmente, estos preceptores “aplicaban conceptos desconectados de la realidad que se vivía, lo que conllevó a conflictos interculturales” (Romero 2000, página virtual). 
Luego, en 1920, el Estado delegó a la iglesia la educación de las etnias, labor que desarrollaron aplicando metodologías católicas con libertad y autonomía hasta finales del siglo XX. Por esta época se inician las luchas indígenas por reivindicar su derecho a una educación propia , una escuela indígena, teniendo como adalid a Quintín Lame, voz rebelde que condujo la confrontación de acuerdo con la cosmovisión amerindia. Él manifestaba: “Mi pensamiento es el de un hijo de la selva, que lo vio nacer, que se crió y educó debajo de ella, como se educan las aves para cantar” (Quintín, 1987, p 17). Décadas después, estas reivindicaciones ganan espacio y reconocimiento en el escenario nacional.
En efecto, hoy día, la educación en Colombia es un derecho consagrado en la Constitución y definido en la Ley 115 de 1994 como el “proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona, de su dignidad, de sus derechos y sus deberes” . La educación considerada en un ámbito indígena, bilingüe, rural y diglósico , debe tener como meta una función integradora que, en el mejor de los casos, promueva y favorezca el pleno desarrollo del educando y de su grupo, partiendo de su propia cultura, intereses, necesidades y ambiciones. Un concepto de educación construido desde esta visión, establece que:
“Educación es el proceso que hace posible que las prácticas, experiencias y vivencias sean comprendidas y explicadas en el diálogo de saberes, que promueva la construcción del ser y de un nosotros inspirado en la aceptación y el respeto de sí mismo, la apropiación de una cultura, de unos principios, de unos valores” (Fun Zio-A’i, p. 34).
Así lo asume el Estado colombiano en la Constitución de 1991. En ella se señala que “El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”  y que “los integrantes de los grupos étnicos tendrán derecho a una formación que respete y desarrolle su identidad cultural” . Estos logros de las etnias indígenas de Colombia entrañan múltiples compromisos al reconocerse en la Constitución la diversidad étnica y cultural de la nación, así como una implicación pedagógica.
Lo anterior condujo a la reglamentación de la atención educativa para grupos étnicos en Colombia, mediante el decreto 804 de 1995 en el cual establece que “La educación para grupos étnicos hace parte del servicio educativo y se sustenta en un compromiso de elaboración colectiva, en el que los distintos miembros de la comunidad en general, intercambian saberes y vivencias con miras a mantener, recrear y desarrollar un proyecto global de vida de acuerdo con su cultura, su lengua, sus tradiciones y sus fueros propios y autóctonos” .
Esta disposición establece la necesidad de implementar una educación intercultural. “Intercultural no solo para las etnias culturalmente diferenciadas, sino también, para la sociedad nacional colombiana, que tiene el deber de valorar nuestra cultura con los aportes de otras, en una dimensión de alteridad cultural a partir de un diálogo respetuoso de saberes y conocimientos que se articulen y complementen mutuamente” (Artunduaga,1997, p. 5). 
Así, al considerar procesos educativos que se han desarrollado desde hace milenios en las etnias precolombinas, se verifica que su implementación se hace acorde con necesidades específicas y costumbres ancestrales. Por ejemplo, los varones aprendían la ocupación de su padre en tal forma que después podían ayudarle en sus tareas, o se le preparaba para las profesiones de Estado como la milicia o las artes. En la educación de las niñas se consideraba indispensable iniciarlas en actividades técnicas propias de su pueblo y en las tareas domésticas. En este proceso intervienen la exhortación y el ejemplo. En estos grupos, los padres, instintivamente, modelaban a sus hijos a imagen y semejanza, iniciándolos en roles acordes con su género. Posteriormente, se debían desempeñar aplicando conocimientos que iban desde su preparación como gobernantes, sacerdotes, agricultores, artesanos, músicos, o danzarines, hasta el arte de componer nudos para la contabilidad, el cálculo, las matemáticas o la astronomía. Con lo anterior, queda claro que la educación en las etnias indígenas es uno de los aspectos más importantes de la vida comunitaria, donde los progenitores y demás miembros del grupo, según su tradición y métodos, trasmiten a través de la práctica lo político, lo militar, lo social y lo cultural a las nuevas generaciones (Espinosa, 1990, p. 271).
De esta manera, las diferentes organizaciones indígenas inician procesos de autoreflexión sobre la educación propia e inician procesos educativos, como es el caso de los Paeces, Yanaconas, Guambianos en el departamento del Cauca y los Arahuaco en la Sierra Nevada, en donde surge la discusión sobre los conceptos de “educación indígena” o “educación propia” y “educación bilingüe”. Sin embargo, el concepto de educación bilingüe no tuvo el carácter crítico, endógeno y contestatario frente a la educación oficial que sí tuvo, en muchos casos, el de educación indígena, situación que llevó al MEN a definir claramente estos conceptos y a plantear proyectos apropiados para cada caso. Un ejemplo de lo anterior es el proyecto Holanda-Colombia adaptado a las características y necesidades de los grupos de los Territorios Nacionales, desarrollado entre 1978 y 1982. 
Experiencia Holanda-Colombia
La experiencia Holanda - Colombia  concretó metodologías que, desde la in¬vestigación participativa, lograron la integración de los diferentes modos de educación y de las instituciones que prestaban servicios educativos, de acuerdo con los siguientes objetivos:
La contribución al mejoramiento de la nutrición y la salud de la población in-dígena mediante la investigación y la educación.
Promoción del desarrollo cultural y científico de las comunidades mediante el fortalecimiento de los valores autóctonos y del patrimonio cientí¬fico de los indígenas.
Desarrollo de posibilidades e implementación de distintos modelos ecológicos apropiando las tecnologías más adecuadas a la situación socioeconómica actual.
Integración de trabajos y problemas comunales en el proceso de la educación formal. 
Impulso del desarrollo de técnicas indígenas con elementos cientí¬ficos y tecnológicos de la sociedad mayor, facilitando la asimilación de los elementos exógenos al acervo de tradi¬ciones, valores y conocimientos autóctonos.
La experiencia adelantada identificó problemáticas como: alcoholismo, deficiente atención médi¬ca, abandono de los trabajos comunales  y, fundamentalmente, abandono de la visión y tratamiento comunitario de los asuntos propios de los indígenas. Al haberse planteado el estudio y uso de las lenguas indígenas no sólo como un instrumento de comunicación, sino como constitutivos de la organización del conocimiento y estructuración de las categorías mentales de las comunidades, se hizo necesario estudiar su estructura básica, tanto gramatical como de visión del mundo, y experimentar una metodología para establecer un programa de alfabetización en la lengua propia que fuera manejado por ellos mismos.
Experiencias regionales
Hacia 1985, las organizaciones indígenas que habían iniciados procesos de educación propia realizan un encuentro con el fin de hacer un balance y prospectivas de la Etnoeducación. Las organizaciones son: Comunidad Arhuaca, Confederación Indígena Tayrona –CIT–; Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC–; Organización Regional Embera, Waunana –OREWA–; Comunidad Wayú, Organización Indígena YANAMA; Consejo Regional Indígena del Vaupés –CRIVA–; Organización Regional Indígena de Santa Teresa del Tuparro –ORIST– y la Organización UNUMA de los Llanos Orientales.
En el Seminario participaron representantes de instituciones oficiales y no oficiales como comunidades que tenían que ver con la educación indígena en el ámbito nacional, lo cual constituyó un avance importante en el desarrollo integral de las comunidades indígenas, dado que el enfoque teórico y metodológico propuso acciones educativas desde el desarrollo propio. En efecto, la educación debía atender a que las comunidades indígenas asumieran el control de su propia cultura para beneficio de la identidad nacional. Las actividades realizadas fueron un hito muy significativo por cuanto se estableció el diálogo entre las poblaciones indígenas.
Los propósitos centrales del Seminario fueron: 
- Analizar la legislación existente sobre educación indígena y el documento Lineamientos Generales de Educación indígena del Ministerio de Educación Nacional.
- Intercambiar experiencias en materia de Etnoeducación, presentando y evaluando las adelantadas por algunas comunidades indígenas.
- Establecer pautas de acción para diseñar, ejecutar y evaluar programas de Etnoeducación, en el entorno regional y local. 
El Seminario concluyó que los procesos de Etnoeducación en Colombia han estado mediados por los conflictos políticos y sociales que amenazan la supervivencia física y cultural de las etnias, lo cual se manifiesta en el desplazamiento de sus territorios ancestrales, en los daños ocasionados al suelo y subsuelo, en la participación forzada en conflictos armados, en la amenaza constante a las familias indígenas, a la cohesión comunitaria y a la conservación de valores culturales (Trillos, 1999, p 13.) 
Propuesta
A partir de lo anterior, las organizaciones regionales propusieron: que se dé aplicación a la ley 85 de enero 23 de 1980, para reconocer oficialmente a los maestros indígenas que trabajan en los programas de las comunidades; que se descongelen las plazas docentes; que se asigne presupuesto suficiente para asegurar el buen funcionamiento de los programas de Etnoeducación que están en curso; que se capacite a los maestros en todas las áreas: pedagogía, salud, nutrición, historia, entre otras; que se prevea la disponibilidad presupuestal para realizar investigaciones en las comunidades indígenas y que éstas investigaciones, preferencialmente, las contraten con indígenas, a través de sus organizaciones, previa autorización de las mismas.
Y al analizar los problemas educativos presentes y pasados de estas comunidades y de quienes interactúan con ellas, consideran necesario tener en cuenta lo que pervive de sus procesos educativos. Surge así la necesidad de un concepto que recoja esta intención, por lo que se comienza a hablar de Etnoeducación definida como un programa que ofrece a grupos o comunidades que integran la nacionalidad y que poseen una cultura, una lengua, unas tradiciones y unos fueros propios y autóctonos. Esta educación debe estar ligada al ambiente, al proceso productivo, al proceso social y cultural, con el debido respeto de sus creencias y tradiciones (Art 55 Ley 115 de 1994).
Asimismo, se inscribe la Etnoeducación en el cauce de las luchas y reivindicaciones históricas de los indígenas en Colombia, proceso a través del cual los grupos étnicos han buscado definir y construir un proyecto de sociedad y de vida acorde con sus criterios y aspiraciones, exigiendo un replanteamiento de los fundamentos, elementos y funciones curriculares en su conjunto, a partir del pensamiento y desarrollo histórico de cada pueblo. Así, “en las décadas del 70 y 80 las luchas indígenas consiguen que sus exigencias de una educación propia quede reconocida y plasmada en la legislación” (MEN, 1996:25). 
Conclusión
En consecuencia, la Etnoeducación se planteó desde una coordinación interinstitucional clara y decidida, para que las respuestas pedagógicas y administrativas fueran coherentes con las necesidades reales de las etnias, propendiendo por una relación de respeto y de diálogo entre los organismos gubernamentales y no gubernamentales, y las comunidades étnicas. Los contenidos curriculares han sido participativos en el sentido en que fueron diseñados por las mismas comunidades, plasmando en ellos un proyecto de vida que privilegia el sentir y el devenir histórico de cada pueblo.
Por ello, el papel del maestro que participe en procesos etnoeducativos, debe considerar en su trabajo una relación de compromiso con la comunidad, con sus autoridades, su organización, sus instituciones y, por supuesto, con el grupo de educandos bajo su responsabilidad. Entonces, la escuela, espacio en donde se desarrolla el proceso educativo es, esencialmente, un lugar para el aprendizaje, “la casa del saber” como la llamarían los incas, mecanismo propio de socialización, creación y recreación del conocimiento, o foro de negociación y construcción de sentido. Así, la comunidad educativa en donde interactúa el maestro y sus educandos se nutre con el espacio físico en el cual se desarrolla este proceso, y que en las etnias indígenas bien puede ser el fogón, la chagra o lugar de cultivo, el río, el conuco o choza, los árboles, la montaña, la maloca o lugar de reunión de saberes o mingas de pensamiento, constituyendo un entorno educativo que busca formar miembros cada vez más autónomos y auténticos, aptos para dar respuestas contextuales a los requerimientos de su comunidad. 
Bibliografía
Artunduaga, L. A. La etnoeducación: una dimensión de trabajo para la educación en comunidades indígenas de Colombia. Revista Iberoamericana de Educación No 13. (OEI). 
Fundación Zio-A’i. (2000). “Unión de Sabiduría”. Concepto citado en: Programa de educación propia del pueblo Cofán y los Cabildos Indígenas del Valle del Guaméz y San Miguel, Putumayo, Colombia.
Ministerio de Educación Nacional –MEN– (1987). Lineamientos Generales de Educación Indígena”. Bogotá. 
Ministerio de Educación Nacional –MEN–. Ley General de Educación. Art. 1º.
ONIC. (1987). Talleres litográficos Bogotá. p 17.
Quintín L, M. (1987). Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas 
Romero, F. (2000). Surgimiento de la Educación Indígena”. www.educación/romero/utp/.
Trillos A. M. (1999). “El entramado de la multiculturalidad”. En: Memorias de Simposio de Etnoeducación. Barranquilla: Fondo de Publicaciones Universidad del Atlántico.
Werner, J. (1980). Paidea. México: Fondo de Cultura Económica.
Notas
MEN (1987). Lineamientos Generales de Educación Indígena. Ibíd. p. 18. La escuela occidental siguió siendo una institución ajena, en la que el evangelizador era una persona extraña, que no conocía ni la cultura, ni el contexto en el cual desarrollaba su labor.
2 Se utiliza la terminología “Educación propia” como sinónimo de Etnoeducación. En: Programa de Educación propia del pueblo Cofán y los Cabildos indígenas. Valle del Guamez Putumayo, Colombia. 
3 Ministerio de Educación Nacional –MEN–. Ley General de Educación. Art. 1º.
4 Dos lenguas enfrentadas en el mismo espacio geográfico. (Español-quichua)
5 Art. 7o. de la Constitución Nacional.
6Art. 68. de la Constitución Nacional.
7 Hacen parte de los Etnias indígenas aquellas personas que se autorreconocen como pertenecientes a etnias y comunidades indígenas (amerindias), formando parte de un grupo específico, en la medida en que comparten su cosmovisión, sus costumbres, su lengua y sus códigos relacionales (socialización). Es indígena quien pertenece a una tradición cultural (de acuerdo con procesos de socialización, comunicación, trabajo, cosmovisión), descendiente de las etnias originarias que habitaban América antes de la Conquista. (MEN- Colombia Aprende).
8 Art. 1º. Capítulo. I. 
9 El 31 de agosto de 1985 la ONIC y con el apoyo de Interamerican Foundation, se organizó en Girardot, Cundinamarca el Seminario Nacional de Etnoeducación coordinado por Yolanda Bodnar, especialista en el tema, evento al cual asistieron 400 funcionarios del MEN, y líderes indígenas, protagonistas de experiencias sobre la Etnoeducación en el país.
10 En el periodo de la bonanza coquera, el narcotráfico arremetió por estas zonas, generando una economía subterránea que no permitió la planificación, e impulsó una ola colonizadora que favoreció la implantación y crecimiento de cultivos ilícitos. Durante esta década, la creciente demanda de cocaína determinó cambios radicales en costumbres ancestrales: la hoja de coca pierde sus atributos rituales o medicinales y pasa a convertirse en la materia prima sobre la que se levanta una mafia mundial. Asimismo se desatiende la agricultura tradicional, la pesca y la caza, activi¬dades que tradicionalmente habían constituido la fuente de alimentos para las etnias.
Margoth Guzmán Munar 
Doctora en Ciencias de la Educación -RUDECOLOMBIA-UPTC. Investigadora en Etnoeducación. Docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Foto de Darij & Ana. Tomada de Flickr
 

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