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Gestión del aula: metodología reflexiva del hacer docente

Por Jhon Vargas Rojas
Magisterio
29/10/2018 - 12:00
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Foto de Pixabay

“Romper la línea de confort, perder el espacio de seguridad, buscar nuevos paradigmas, nuevos lugares (…) estamos demasiado cómodos, metidos en nuestro traje, en nuestras formas de mirar y de mirarnos. 

No estamos dispuestos a modificar ni modificarnos” 
(Planella, 2017). 

La gestión de aula es un tema complejo, con gran relevancia en el presente de las escuelas, llevando a debates tanto conceptuales como procedimentales, ya que uno de sus ejes centrales, implica la reflexión sobre el aula como espacio de producción de aprendizaje y por lo tanto, de formación, no solo del estudiante, sino también, de manera relacionada, del maestro. 
Situado en este escenario, el artículo que se presenta a continuación, propone tres coordenadas analíticas para abordar la gestión del aula: en primer lugar, desde el propio lugar como maestro de aula; en segundo lugar, como docente que hace seguimiento a prácticas formativas de profesores en formación; y en tercer lugar, desde la posición como teórico de la educación.  Sin embargo, es importante aclarar que la división propuesta, responde a una intención meramente explicativa, porque en la práctica, operan  juntas, se constituyen y constituyen realidad escolar. 

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El problema de la gestión de aula
La realidad del aula es desconocida, supone trasegares que se ocultan en la cotidianidad y que generan un escenario de naturalización e institucionalización. Cada acción diaria, sedimenta un hacer, la mayor parte del tiempo irreflexivo, que instaura una reiteración performativa que produce el rayado de posibilidades de la vida escolar. 
Los docentes llegan al aula con un conjunto de propuestas didácticas, que inscritas en un modelo pedagógico, apuestan por intenciones formativas y para lograr tal fin, la gestión de aula es fundamental, ya que la relación enseñanza-aprendizaje no solo está inscrita en el ingenuo juego de un docente enseñante y un estudiante aprendiente, sino que está atravesado por las tensiones, las emociones y las disputas propias del aula.  
En este sentido, es importante recordar que, en palabras de Villalobos (2011), 

“La gestión de aula se desarrolla entre las interacciones que realiza el sujeto que enseña y el sujeto que aprende en una micro sociedad que es la sala de clases o el lugar donde se desarrollan dichas interacciones. Dentro de ello, juega un rol preponderante la construcción de significados y nuevos conocimientos a partir del traslado efectivo de las propuestas curriculares oficiales a la práctica” (p. 5) 

Entendido entonces, que la gestión de aula, es fundamental para la acción educativa, se proponen las siguientes preguntas analíticas: teniendo en cuenta la realidad escolar actual, ¿qué tipo de relación se puede establecer con la gestión de aula?, ¿qué implica para la pedagogía, la didáctica y las estrategias educativas la gestión de aula? y ¿qué aperturas para la acción educativa propone la gestión de aula?

+Lea: ¿Qué puedo hacer yo en mi escuela?
¿Cómo lograr educar a quien no quiere ser educado? 
La realidad escolar actual es difícil, pareciera que ni estudiantes ni docentes entendieran su relación con el proceso escolar. La relación de muchos estudiantes con el aprendizaje es tensional, como si los estudiantes no quisieran estar en la escuela y por lo tanto, para los docentes, la tarea formativa es un camino ambiguo, problemático y cargado de profundos retos. 
La presión de aula, ya no solo se da, en términos específicos de la enseñanza, sino desde las dinámicas del aula; problemas de disciplina, dispersión, falta de motivación, la presencia de tecnologías como el celular en el aula, suponen para el maestro, una actitud de cambio, de actualización, de cuestionamiento de creencias y de prácticas estructuradas. 
Los docentes deben estar dispuestos a entender la nueva realidad escolar, a comprender que su papel en el aula excede la transmisión de conocimientos y transita también por el hacer cotidiano, llamar a lista, mantener la atención, entre otras realidades, parafraseando a Camilloni (1998), incluso la manera en la que se cierra la puerta del aula, es una acción didáctica. 

Nuestras apuestas en aula, retos para el maestro hoy 
Desde mi experiencia como docente y como tutor acompañante de prácticas pedagógicas, me he encontrado con el desdén de muchos docentes y estudiantes de licenciatura por la gestión de aula. De alguna manera, se considera que es un problema de operatividad que desprofesionaliza al docente. Frente a esta posición, se propone en este apartado, que la gestión de aula sea entendida desde la necesidad metodológica reflexiva, lo que implica entenderla como un saber fundamental para el docente en la situación actual de la educación, en palabras de Villalobos (2011):   

“La complejidad de la tarea de enseñar: cómo enseñar determinados contenidos y saber cómo aprenden los estudiantes; asume un perfil técnico, científico y didáctico por parte del profesorado. El papel del profesor por tanto, recae en habilidades y estrategias pedagógicas que permitan favorecer el aprendizaje de sus estudiantes como la de ellos, aplicar y modificar los planteamientos y materias curriculares, crear situaciones de enseñanza efectivas y afectivas, analizar y diseñar nuevas prácticas y tareas contextualizadas y situadas, razonar y pensar la educación para el cambio educativo desde un papel individual y colectivo, crear categorías globales, estrategias y representaciones de instrucción, conocimientos de interpretaciones, entre otros”  (p. 1). 

La metodología reflexiva del docente, le otorga la posibilidad de acción, por lo menos en dos niveles: el primero, lo lleva a reconocer la importancia que tiene la técnica, no como instancia instrumental, sino como experiencia que media el aprendizaje, en la medida que las condiciones del aula en el acto educativo, son fundamentales para lograr los propósitos formativos;el segundo, la metodología reflexiva que permite entender que la configuración didáctica de la clase (Camilloni, 1998), no es solo un conjunto de actividades sino que supone procesos de articulación entre el modelo pedagógico, la apuesta curricular, la estrategia didáctica, el conjunto de técnicas utilizadas, las actividades propuestas y la evaluación. Villalobos (2011), sostiene que,

“Ser un profesional de la educación, significa contar con conocimientos especializados, tener compromiso frente a la tarea que se ejerce, controlando la práctica en autonomía profesional, en el fondo, como señala Le Boterf (2001), un profesional sabe gestionar una situación profesional compleja, sabiendo actuar y reaccionar con pertinencia, combinar los recursos y movilizarlos en un contexto, sabe transferir y utilizar sus meta-conocimientos para modelar e interpretar los indicadores en contexto, sabe aprender y aprender a aprender y sabe comprometerse” (p. 2).

En resumen, un docente debe estar preparado para diseñar, crear situaciones de aprendizaje y reflexionar sobre sus prácticas. Al  respecto, Villalobos (2011), afirma que,  

 “Luego de conocer al sujeto que aprende y diseñar estrategias y evaluaciones acordes con el mismo, el profesor crea situaciones de enseñanza que promueven experiencias de aprendizaje, configurando un ambiente adecuado que estimula el aprendizaje. Dichas experiencias deben ser ricas en actividades, conforme a la idea de que a mayor estimulación mayor unificación del aprendizaje. Las actividades, los trabajos y tareas escolares variadas y articuladas son importantes, pero también lo es el promover en los estudiantes la duda, el trabajar con los por qué, sus propios intereses y el error”  (p. 4).

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A manera de conclusión
Finalmente, la gestión de aula debe entenderse como una estrategia metodológica reflexiva, los docentes deben prepararse en procesos vinculados con el aula, como un espacio conflictivo, performativo y cargado de saber pedagógico. 
En esta coordenada, se hace fundamental que los maestros conozcan una variedad de estrategias dirigidas a la gestión, que van desde la distribución física, la presencia de normas claras, democráticas y con procedimientos de acción, hasta la capacidad para motivar el aprendizaje. 
Sumado a lo anterior, Villalobos (2011), insiste en que:

“Los profesores están llamados a realizar juicios críticos de su práctica pedagógica en un trabajo en equipo constante; si bien, la cultura individualista domina hoy en día, el trabajo en equipo es necesario, por no decir fundamental, para lograr buenos resultados en cuanto al aprendizaje. Generar ayudas pedagógicas y trabajo en equipo, permiten analizar problemas comunes aunando criterios de acción coherentes e inmediatos, que buscan soluciones desde el conocimiento práctico y teórico, en una organización educativa basada en la cooperación y la colaboración” (p. 6).

Y agrega:  

“Otro punto fundamental es la comunicación y el tipo de relación que se dé entre el profesor como autoridad y el estudiante, y entre estudiantes. La subjetividad de este punto atraviesa también el aprendizaje. Como señala Silvia Schlemenson (2000), el reconocimiento del lugar y la vigencia que adquiere el encuentro con los otros, es tal vez el eje que posibilita el acceso al aprendizaje significativo, al aprendizaje atravesado por la subjetividad y no recluido a la enciclopédica incorporación de conocimiento que las computadoras prometen” (p. 5).

En definitiva, la gestión de aula es fundamental para los docentes, en la medida que le recuerda al maestro que debe reinventarse, reconstruir sus prácticas y crear vínculos con los estudiantes. Comprender los nuevos retos y agendas de la educación y ante todo, situarse como un agente central en la enseñanza. 
Referencias 
De Camilloni, A., Davini, M. C., Edelstein, G., Litwin, E., Souto, M., & Barco, S. (1998). Corrientes didácticas contemporáneas. Paidós.

Villalobos, X. (2011). Reflexión en torno a la gestión de aula y a la mejora en los procesos de enseñanza y aprendizajes. Revista Iberoamericana de educación, 55(3), 1-7.

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