Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
web_banner_magisterio_1115x116_infancia.png

Hacia la formación de la competencia literaria

Por Héctor Pérez Grajales
Magisterio
08/02/2016 - 12:15
0

Este artículo es producto de la revisión bibliográfica y de la experiencia docente fruto de un recorrido en la enseñanza del español y literatura en varios colegios y universidades del país. Se refiere al desarrollo de la competencia literaria y la formación del hábito lector, tan útiles en esta sociedad informatizada dominada por el hedonismo y el facilismo.

Palabras clave: Competencia comunicativa, competencia literaria, hábito lector, escuela, libros, canon, club de lectura.

Reseña histórica

La conceptualización de las competencias es una tarea llevada a cabo por varios pensadores. Noam Chomsky es el primero en hablar de la competencia lingüística, en su libro Aspectos de la teoría de sintaxis (1970).

Se suele hacer un paralelismo entre la antinomia competencia lingüística y actuación lingüística de Chomsky (1970) y la antinomia lengua/habla (de Saussure). Sin embargo, lengua y competencia lingüística no son correlativas, pues Saussure definió la lengua en su Curso de lingüística general (1961), como “un producto social de la facultad del lenguaje”, en tanto que para Chomsky la competencia lingüística no es social, sino individual.

En 1966, Dell Hymes presenta la competencia comunicativa, otro enfoque diferente al de Chomsky en un trabajo titulado On Communicative Competence, en el que critica lo restringido del concepto chomskiano, introduciendo las reglas de uso, que van más allá de la competencia de Chomsky como conocimiento.

Hornberger, en 1989, introduce varias consideraciones en torno de la teoría de la competencia lingüística, por parte de varios lingüistas tan reconocidos como van Ek (1986) y Widdowson (1978). Finalmente encontramos a Canale y Swain (1980) y Bachman (1990) quienes desarrollan una teoría de cuatro componentes de la competencia comunicativa, a saber: la competencia gramatical (lingüística), la competencia socio-cultural o pragmática, la competencia discursiva y la competencia estratégica. A estas competencias habría que agregar la competencia enciclopédica, propuesta por Umberto Eco. Los lineamientos curriculares de lengua castellana (1998) añaden las competencias literaria, poética y semántica. Todas estas competencias hacen parte de la competencia comunicativa.

Las competencias se visualizan a través de desempeños de acciones en diferentes campos: social, cognitivo, cultural, estético o físico.

Competencia literaria

Como quedó explicado antes, la competencia literaria y la competencia poética se hallan involucradas en la competencia comunicativa. No obstante, es necesario establecer la diferencia entre competencia poética y competencia literaria, que aunque cercanas, tienen referentes bien distintos. La competencia poética se refiere a la capacidad de crear, mediante la imaginación, mundos posibles en el campo de la narrativa, el teatro y la poesía lírica. La competencia literaria se dirige a la comprensión y valoración del fenómeno estético del lenguaje que se da a través de la literatura: entender la literatura como representación de la cultura y convergencia de todas las manifestaciones humanas y de las otras artes. Además, ver en la literatura no una acumulación de información: periodos, escuelas, autores, obras, sino como experiencia de lecturas, expresión y desarrollo de la argumentación crítica. Las teorías sobre el lenguaje y las teorías literarias constituyen dos de los pilares fundamentales de la formación del estudiante.

El gran desafío para el docente de literatura es despertar en sus alumnos el amor por la lectura. Al respecto decía Borges: “Creo que el ejercicio de un profesor de literatura es hacer que sus estudiantes se enamoren de una obra, de una página, de una línea”. Formar en literatura implica para el maestro ser un guía de textos y autores, ayudar a entenderla (teorías, escuelas, figuras, convenciones), despertar el gusto por la lectura, relacionarla con la vida y convertirla en modalidad estética del conocimiento.

Desarrollo de la competencia literaria

Este desarrollo se encamina a formar estudiantes autónomos, capaces de elegir sus propias lecturas y redactar sus propios artículos, ensayos y reseñas y a formar el gusto literario. En otros términos, se pretende crear el hábito de la lectura de libros selectos y formar a los jóvenes en la comprensión y producción de textos, con base en la lectura de textos literarios, que supere el consumo informativo presente hoy en la red, en los libros, periódicos y revistas y busque su propia expresión como ser humano pensante y creativo. 

La construcción y reconstrucción de la competencia literaria involucra tres factores fundamentales: familia, instituciones educativas y el propio texto. En lo que respecta a la familia, se han realizado estudios en España (Cerrillo, Larrañaga y Yubero, 2002) que señalan a la familia como origen de la formación del hábito lector y, por ende, de la iniciación de su competencia literaria. Generalmente es en este ámbito, donde el lector habitual tuvo su primer contacto con el cuento, con la poesía, es decir, se inició en la lectura.

El segundo factor importante en la formación de la competencia literaria y en el hábito lector, entendido como el resultado de un proceso de enseñanza-aprendizaje, es la escuela. En esta dirección, resulta fundamental la formación del profesorado, porque ellos se convierten en mediadores irreemplazables para la enseñanza de la literatura y en la formación del lector.

Pero la realidad, en muchos casos, es triste porque muchos profesores no tienen el hábito de la lectura y enseñan la literatura como un compendio de conceptos, desligados de la lectura de las obras literarias. Maestro que no lee no puede transmitir pasión por la lectura, afirman Cerrillo y otros (2002).

El tercer factor es el texto. Al hablar de la influencia de las instituciones y de la importancia del texto en la educación literaria, es primordial la elaboración de un canon. Se impone la selección de unos textos compartidos por todos, en cada uno de los niveles educativos en que vamos a trabajar: primaria, secundaria y universidad y cuya lectura contribuya al crecimiento del intertexto del lector. Esta tarea es difícil porque a veces se olvidan obras inmortales de la literatura y se incluyen otras de menor trascendencia.

Para selección de obras, se pueden seguir varios criterios. Uno es el eje diacrónico. Elegir una pléyade de autores, respaldados por obras y críticos de reconocida solvencia en la literatura, puesto que la dimensión histórica ayuda a seleccionar los clásicos y a desechar obras de menor importancia que, aunque reconocidas por sus contemporáneos, no han resistido el paso del tiempo (Van Dijk, 1980). Como ejemplo de esta iniciativa está la Universidad de la Salle que tiene un canon de cien libros que todos los estudiantes deben haber leído, al terminar su carrera.

Otros criterios para la elaboración del canon son los premios literarios otorgados, las reseñas bibliográficas sobre novedades publicadas en literatura y el gusto literario de quien elabora la antología.

Para concluir lo relativo al canon, en nuestro libro Introducción a la narrativa (2011), sugerimos que esta selección se empiece por textos narrativos, aunque los otros géneros desarrollen también la competencia literaria, porque el género narrativo se ha estudiado más y hay unos textos que se tienen como clásicos, por haber sido escogidos por la crítica, a través de los tiempos como obras de calidad. A estos se pueden añadir obras novedosas por su forma y contenido, en la medida que se ocupan de la problemática del hombre actual.

Al lado de estas lecturas, se deben introducir algunos conceptos básicos en literatura en los tres géneros literarios: narrativa, teatro y poesía lírica. Por ejemplo, en la narrativa, estructura de la novela y el cuento, los personajes, el tiempo, el espacio, el narrador y otros elementos a juicio del profesor.

Propuesta para la formación de la competencia literaria

La adquisición y desarrollo de la competencia literaria tiene como primera etapa la formación del hábito lector, para lo cual se propone la creación de un club de lectura. A través de él, se buscaría una solución al siguiente problema: ¿Cómo incentivar el gusto por la lectura en los jóvenes en una sociedad dominada por los medios audiovisuales, la comunicación electrónica, la ciencia, la tecnología, el consumismo y el hedonismo?

La lectura por imposición ha dominado la escuela por mucho tiempo. Con esta actitud, los maestros privan a la juventud del descubrimiento, del placer de conocer el mundo a través de las visiones mágicas de la imaginación de los escritores más representativos de todos los países y de todas las épocas. Me refiero a la literatura, a los “libros aburridos” de la clase de español, que solo se abren bajo la presión de un examen, la realización de una reseña o la nota de un parcial. Así se priva del placer de la lectura y el maestro que debía “enseñar amor a la literatura”, según Borges, convierte el libro en un castigo.

Este proyecto trata de dar respuesta, en cinco etapas, al interrogante planteado, según se propone, más adelante. La consigna de este club será “lea lo que quiera pero lea”. Al principio, los estudiantes escogerán los libros para leer, pero luego que su iniciativa se agote, el tutor entra a ser un guía de libros, orientándolos hacia las obras del canon elegido. El desarrollo de este proyecto es un reto para formar lectores para toda la vida. No es una meta fácil, pero tampoco imposible de alcanzar para los que amamos la lectura.

ANUNCIO
banner_web_rim_digital.jpg

Metodología

Como la lectura no debe ser impuesta sino disfrutada, este goce debe estar desligado de obligaciones y calificaciones para que los jóvenes encuentren en los libros ese universo maravilloso de manera espontánea. Se espera alcanzar esta meta en varias etapas, según propone Chambers (1996).

1. Sensibilización. Conocimiento de los estudiantes a través de una dinámica. Luego se leerán, en voz alta, diversos textos del gusto de los estudiantes como una forma de acercamiento, por puro placer sin esperar nada a cambio.

2. Encuesta. Estará destinada a conocer el gusto literario de los estudiantes. Conversatorio para conocer los libros leídos últimamente. Inventario de libros que hay en la biblioteca de la institución educativa sobre obras literarias.

3. Organización del Diario de lectura. En él se registrará el resumen de lo leído, título, autor, fecha y un breve comentario. Debe hacerse sin presiones de nota.

4. Seguimiento. En esta etapa el maestro debe servir de guía para la lectura de los próximos libros, de acuerdo con la preferencia del lector. No se trata de imponer sino convencerlo de que cierto texto le gustará. Desde este ángulo se le señalará la importancia de la calidad de los libros de modo que el joven quede motivado para leer el libro recomendado.

5. Al ritmo de la imaginación. En este estadio, se da rienda suelta a la imaginación del lector creando espacios para la escritura. Los lectores se convierten en escritores de cuentos, anécdotas y experiencias de sus vidas. El profesor-tutor y los miembros del club escucharán la lectura de estas primeras narrativas del club. Si los estudiantes aceptan, el profesor podrá realizar observaciones para mejorarlas y corregirlas.

Al finalizar el año, se espera haber conformado un club de lectura con un número representativo de lectores (20) que lean por placer los libros de su iniciativa y algunos de los que señala la institución educativa.

Bibliografía

Bachman, L. (1990). “Habilidad lingüística comunicativa”. En: Llovera et al., pp.105-129.

Canale, M. & Swain, M. (1980). “Theoretical Bases of Communicative Approches to Second Language Teaching and Testing”. En: Applied Linguistics 1. Oxford: University Press.

Cerrillo, P., Larrañaga, E. & Yubero, S. (2002). Libros, lectores y mediadores. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Chambers, A. (1996). “Cómo formar lectores”. Tomado de: Hojas de lectura, número 45. Bogotá: Fundalectura.

Chomsky, N. (1970). Aspectos de la teoría de la sintaxis. Madrid: Aguilar.

De Saussure, F. (1961). Curso de lingüística general. 4ª edición. Traducción de Amado Alonso. Buenos Aires: Losada.

Dijk, T.  A. van. (1980). Estructuras y funciones del discurso. Bogotá: Siglo XX.

Ek van, J. (1986). Objectives for Foreign Language Learning. Vol. I. Estrasburgo: Council of Europe.

Hornberger, N. (1989). “Tramites and Transportes: The Acquisition of Second Language Communicative Competence for One Speech Event in Puno, 

Peru”. En: Applied Linguistics, 10. Oxford: University Press, pp. 244-250.

Hymes, D., John, B. & Holmes, J. (1966). On Communicative Competence. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.

Pérez Grajales, H. (2011). Introducción al estudio de la narrativa. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio. 

Widdowson, L. (1978). Teaching English as Communication. Oxford: OUP.

El autor. Licenciado en Español y Literatura de la Universidad Pedagógica Nacional y Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Se ha desempeñado como profesor de español y literatura en diferentes centros educativos del país, entre los que se destaca el Inem Francisco de Paula Santander de Bogotá, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Distrital. Desde el segundo semestre de 2002, labora como profesor de lingüística de la Universidad de la Salle. Es autor de varios libros y artículos sobre literatura y lingüística, aparecidos en diferentes revistas y editoriales del país. Entre sus obras se destacan siete libros publicados por la Cooperativa Editorial Magisterio.

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 56. Educación e inclusión