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Herramientas para gestionar adecuadamente las emociones en adolescentes

Por Carolina Passega y Julián Saad
Magisterio
10/02/2020 - 11:15
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Foto de Pixabay

Educación emocional y adolescentes 

En el último año escolar los estudiantes toman una serie de decisiones que, de alguna manera, los enfrentan al contexto en el que se desenvuelven, pero también hacia sí mismos. El temor al fracaso, a enfrentarse a un futuro incierto o a la presión de cumplir las expectativas de los padres, con algunas preocupaciones que desembocan en manifestaciones de ansiedad, impulsividad, agresividad, miedo o evasión. Algunos estudiantes asisten a terapias psiquiátricas, toman medicamentos, reaccionan violentamente con los otros o no le encuentran sentido a su quehacer, especialmente cuando los resultados obtenidos no son los esperados. Consideran que ser competentes para la vida es obtener notas altas, destacarse por alguna aptitud y ser reconocidos por los otros. Muchas veces se comparan con los compañeros y es usual escucharlos decir que no saben qué quieren en la vida, no saben para qué son buenos y que no creen en sus aptitudes porque no son exitosos.  

la formación de los maestros y equipo directivo es determinante para generar un ambiente adecuado que permita que los estudiantes se empoderen en la toma de decisiones, realicen ejercicios de autorreflexión, acuerdos y generar así un ambiente escolar que permita poner en práctica los principios de la propuesta. 

Algunas veces la respuesta del adolescente frente a dichos estímulos es agresiva, a la defensiva, impulsiva y los lleva a “salir” de los estados emocionales a través del alcohol, juegos de video, redes sociales o drogas. Notamos que tienen pocas herramientas para gestionar sus emociones, para lograr cambiar su estado de ánimo y en general encontrar la ruta para hallar mayor bienestar. 

La educación emocional y la inteligencia emocional, términos que comenzaron a aparecer a mediados de los noventa, son dos caminos que, implementados en el currículo, pueden proponer salidas más favorables para nuestros estudiantes. Existen varios modelos que se han ido consolidando con los años, como el que proponen Linda Lantieri y Daniel Goleman con CASEL (Colaboración para el aprendizaje académico, social y emocional), un programa de aprendizaje socio emocional que busca “mejorar la autoconciencia y la confianza en uno mismo, dominar las emociones y los impulsos perturbadores y aumentar la empatía y la colaboración” (Lantieri, pág 15). Esta propuesta abarca cinco grupos básicos de habilidades o aptitudes que son: la autoconciencia, la autoconciencia social, autogestión, toma de decisiones y habilidades personales que, con la práctica permiten perfeccionar la inteligencia emocional. La psicología positiva, que resuena desde el año 2000, contribuye a reforzar la conversión de emociones positivas, la creación de bienestar emocional, la felicidad y el fluir. 

También está el Modelo Prime (Berkowitz, 2009) el cual le da importancia a la formación del carácter impulsada por los maestros, que reúne seis principios que tienen en cuenta la edad de desarrollo y los intereses de los estudiantes para establecer un modelo liderado por los adultos, pero que fortalece, empodera y facilita la toma de decisiones guiadas. En esta propuesta, la formación de los maestros y equipo directivo es determinante para generar un ambiente adecuado que permita que los estudiantes se empoderen en la toma de decisiones, realicen ejercicios de autorreflexión, acuerdos y generar así un ambiente escolar que permita poner en práctica los principios de la propuesta.  

Otro modelo que es importante mencionar, es el pentagonal de competencias emocionales propuesto por Bisquerra (2009), el cual establece cinco grandes bloques que son: conciencia emocional, regulación emocional, autonomía personal, competencia social y competencias para la vida y el bienestar; que integrados al modelo educativo a nivel metodológico permiten intervenciones puntuales para que los estudiantes pongan en práctica sus competencias emocionales (Bizquerra, 2009, pág 146). 

Los maestros, como replicadores emocionales, tenemos la gran responsabilidad de trabajar en nosotros mismos.  

Si bien existen muchos modelos, los mencionados anteriormente son los más relevantes y han servido como base para estructurar currículos y estrategias de educación emocional en muchos colegios a nivel mundial. Ofrecen rutas claras para formar a estudiantes y maestros, generar ambientes educativos que permiten poner en práctica la toma de decisiones, la empatía y la autorreflexión, entre muchas otras cosas, y educan en la práctica. No obstante, nuestros estudiantes nos han mostrado que necesitan estrategias puntuales dada la edad y el momento en el que se encuentran, pues su ritmo es otro. Algunas veces hay tanta información teórica que se vuelve difícil la práctica y dilata la intervención frente a los adolescentes, otras veces, los procesos de transformación requieren más tiempo, más aún cuando ello implica movilizar al profesorado a comprender el modelo, mirarse a sí mismos y creer en la propuesta.  

Algunas herramientas a tener en cuenta 

A partir de los modelos que han surgido a lo largo de estos años, se pueden aplicar distintas herramientas que permiten hacer conciencia y gestionar de una manera adecuada las emociones, puntualmente en las situaciones que día a día movilizan a nuestros estudiantes adolescentes, con intervenciones enfocadas y claras. Como se mencionó anteriormente, los procesos de transformación pueden llevar más tiempo e implican una movilización del profesorado, aspectos que no son compatibles con los tiempos que manejan los adolescentes y la manera como resuelven sus asuntos, más aún cuando no han iniciado un proceso de educación emocional en años anteriores.  

Notamos que la regulación emocional y conciencia emocional en un periodo corto de tiempo, son dos pilares básicos que se pueden empezar a poner en práctica con los estudiantes a través de ejercicios guiados que les permiten conectarse con la autonomía, establecer relaciones más positivas, empoderarse, tomar decisiones más conscientes y tener más en cuenta al otro. Pero también enseñarles que los problemas se vuelven más grandes cuando no se maneja la mente, cuando no se hace un alto para respirar.  

A continuación, algunas recomendaciones puntuales que se pueden llevar a la práctica en clases de hora y media, al menos una vez por semana o en los espacios de dirección de grupo, si los hay: 

  • Ejercicios contemplativos y de respiración: con ellos se busca que los estudiantes sientan más el cuerpo, paren el ritmo del día a día, se conecten interiormente y se ubiquen en tiempo presente. Algunas prácticas: mindfulness, meditación, Chikung y todo aquello que les enseñe a manejar el ritmo respiratorio y contemplar su interior. Dichos ejercicios deben ser guiados por profesores o personas que tengan experiencia y formación en ello.  
  • Ejercicios de aceptación y resiliencia: a través de meditaciones guiadas, evocar una situación que me ha traído alguna mala experiencia. Durante el proceso, reconocer lo que siento, abrazarlo, aceptar y dejar fluir. Se busca transformar experiencia negativas en positivas y comprender que se tiene el poder de cambiar los estados emocionales. 
  • Diario emocional: tiene como objetivo registrar los cambios, alteraciones, emociones y situaciones que desencadenan reacciones en ellos, tanto positivas como negativas. Con ello se abre el espacio para reconocer las propias emociones y las de los demás, identificar qué situaciones detonan emociones positivas y negativas, escribir lo que surja, dibujar, y  expresarse con creatividad.  
  • Ponerle nombre a los sentimientos y emociones. Pueden escribirse en el diario o ubicarse en el cuerpo, bien sea con material de trabajo o después de la meditación. Con ello se busca mostrarles que el cuerpo tiene un registro de las emociones y que es importante aprender a escucharlo.  
  • Ejercicios de expresión y conocimiento de sí: explorar con música, pintura, escritura, entre otros, los gustos de los estudiantes, con qué se sienten cómodos, y qué les permite expresarse libremente para conectarse con su interior. 
  • Ejercicios de relajación y tomar distancia de la personalidad: tienen como objetivo callar la mente y el ego, y para ello se recomienda armar legos, dibujar o cualquier actividad que los concentre y no los obligue a competir.   
  • Retroalimentación: es fundamental. En el proceso se pueden establecer cambios, reflexiones y permiten enfocar las actividades hacia los objetivos de búsqueda de bienestar y educación emocional. Escuchar las reflexiones marca el ritmo de las intervenciones y permite que el grupo se sensibilice frente a los otros. Aquí no hay jerarquías, el profesor o el guía pueden abrirse en las actividades para mostrarse empáticos y facilitar el proceso. 

+Lea: Educación emocional: Sentir para aprender

Estos ejercicios dirigidos por personas que hayan tenido formación y acercamiento a la educación emocional e implementados a lo largo de un semestre, han dado resultados. Algunos estudiantes comenzaron a meditar por su cuenta o a hacer Chikung. Otros agradecieron la oportunidad y afirmaron que no habían tenido este tipo de experiencias, las cuales les cambiaron la percepción de sí mismos y de sus problemas. Si bien no se trata acá de presentar resultados medibles, podemos afirmar que al brindarles un espacio diferente que les permitió conocerse mejor, parar su día a día, conocer herramientas para cambiar sus estados emocionales y hacerlos un poco más autorreflexivos, para muchos cambió su manera de relacionarse consigo mismos, con el mundo y con las dificultades que deben afrontar.  

Está claro que la finalidad de la educación de hoy debe centrarse en dar herramientas a los estudiantes para la vida. Una herramienta fundamental es la educación que parte del conocimiento y regulación de las emociones, que son señales de nuestra existencia y que determinan quiénes somos y lo que hacemos todos los días. Los maestros, como replicadores emocionales, tenemos la gran responsabilidad de trabajar en nosotros mismos.  

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+Conozca el libro Sentir y crecer. El crecimiento emocional de la infancia.

Bibliografía

Berkowitz, M. W. (2009). Teaching in your PRIME. Good things to do: Expert suggestions for fostering goodness in kids, 9-14. 

Bisquerra, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Editorial Síntesis. 

Bisquerra, R. (2016). 10 ideas clave. Educación emocional. Barcelona: Graó. 

Cullen, M. y Brito, G. (2015). Mindfulness y equilibrio emocional. (Roc Filella, trad.). Málaga: Sirio Editorial. 

Cury, A. (2016). Padres brillantes, maestros fascinantes. (Amalia Sato, trad.). Bogotá: Planeta. (Obra original publicada en 2003). 

Goleman, D. (2016). La inteligencia emocional. (Elsa Mateo, trad.). México: Ediciones B. (Obra original publicada en 1995). 

Lantieri, L. (2009). Inteligencia emocional infantil y juvenil. (Ana Grandal, trad.). Madrid: Penguin Random House. (Obra original publicada en 2008). 

Nieto, A. (2016). La fuerza serena. Chi Kung Shaolin. Bogotá: Ediciones B Colombia. 

Carolina Passega. Es profesora de sociales y directora de grupo en el Gimnasio Moderno. Historiadora con magister en Historia del arte.  

Julián Saad. Trabaja como Coordinador de Semestralización en el Gimnasio Moderno. Comunicador social con estudios en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona. 

Este artículo pertenece a la Revista Internacional Magisterio No.100 Educación para la felicidad

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