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Historias para danzar juegos coreográficos: una metodología para divertirse y aprender

Por Claudia Marcela López Colmenares , Por Zulia Valbuena Mosquera
Magisterio
29/09/2017 - 10:30
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Foto de Revista Internacional Magisterio No. 70

Es una metodología de enseñanza sistematizada en un procedimiento, que permite a través de un cuento, o un tema académico diseñar una historia para danzar. En este sistema de enseñanza se integran la música, el movimiento, la actuación y la danza que culmina en una coreografía, las cuales permiten al niño utilizar lenguajes corporales, trascender a otras instancias del sentimiento y darle mayor sentido a las acciones corporales. Narran con el cuerpo historias que van creando un vínculo entre la fantasía y la realidad, y allí exploran emociones y movimientos que le permiten ser más desinhibido espontáneo, creativo, autónomo y libre.

 

Palabras clave 

Motricidad, danza, juego coreográfico, expresión, desarrollo, metodología.

 

Introducción 

En el marco de esta propuesta, el Juego Coreográfico es una estrategia metodológica y didáctica que busca desarrollar habilidades rítmicas, expresivas, comunicativas y sociales, que se proyectan en una coreografía, a través de manifestaciones corporales. Esto sirve de herramienta a docentes, ya que por medio de ella, los niños despiertan emociones y sentimientos que los identifican.

 

Esta propuesta abre la posibilidad de encontrar alternativas para los docentes de cualquier disciplina, quienes desde lo corporal quieran reforzar cualquier contenido, y deseen construir su propio juego, donde los niños sean los protagonistas; se desarrollan habilidades rítmicas, expresivas, comunicativas y sociales que luego se proyectan en una coreografía que surge desde sus intereses y su forma de sentir.

 

Elementos del juego coreográfico

La música

Se plantea la utilización de música preferiblemente clásica, porque inspira en los niños diferentes estados emocionales y sentimientos, conectándose fácilmente con el cuento, la danza, los movimientos y las situaciones de los personajes, donde no necesariamente se lleva el ritmo, sino que se utiliza como acompañamiento incidental en la escena.

 

Así como el Adagio de El claro de luna de Beethoven nos evoca un estado de tristeza, La marcha Turca de las ruinas de Atenas (tema musical de “El Chavo”) invita a jugar. “Probablemente los mecanismos neurales de la música se desarrollaron como una forma de comunicar la emoción como un precursor para el habla, ofreciendo un punto de vista respecto a la forma en que la mente integra información sensitiva con emoción y significado” (Habermeyer. S, 2005).

 

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La expresión corporal

Se favorece la conciencia y liberación del propio ser, poniendo en juego todas las posibilidades expresivas del cuerpo, el movimiento, gestos, sonidos y palabras, manifestándose con un estilo propio, personal y con gran fuerza emotiva, sin someterse a técnicas muy elaboradas; crea una relación simultánea entre el pensamiento y la acción para que el niño se descubra sin inhibiciones en el aquí y el ahora.

 

Expresión verbal

El niño mejora su oralidad cuando descubre y se apropia de nuevas palabras al analizar y recrear la historia. El sentimiento de frustración puede entrar en su lenguaje, porque al representar el personaje en el cuento, lo ha experimentado y puede reformular palabras más descriptivas, como por ejemplo “me siento decepcionado, triste, rechazado, frustrado”. Estos ejercicios verbales le permiten ampliar y desarrollar su repertorio, comprender más al otro y mejorar sus relaciones; se manejan unos modelos de comunicación que intervienen en la formación de la estructura de la personalidad. Se incluyen momentos donde el niño tiene la oportunidad de expresarse oralmente, ejerciendo influencia en sus procesos mentales de conceptualización. A su vez, esto le proporciona instrumentos de lenguaje que lo llevan al camino de la autoafirmación y el reconocimiento de sus propias expresiones, facilitando la abstracción de experiencias ajenas transferidas a la vida cotidiana.

 

Expresión gráfica y matemática

Se puede aprovechar este momento y utilizarlo para trabajar relaciones espaciales que se han vivenciado en los desplazamientos al bailar y que ayudan a hacer transferencias en la dimensión gráfica, reforzando otros conceptos y operaciones mentales útiles para el proceso de lectoescritura, afianzando las relaciones topológicas de distancia, proximidad, separación, orden y sucesión.

 

“El niño, que escucha o lee el cuento, pasando de la ternura al entusiasmo, y descubriendo en el destino del “Patito Feo” una firme promesa de triunfo, no puede darse cuenta del hecho de que el cuento imprime en su mente el embrión de una estructura lógica: pero es un hecho” (Rodari, G,1997).

 

La exploración

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El niño se sensibiliza porque se descubre a sí mismo y a su entorno, en una experiencia multisensorial y como dueño de sus imágenes; inventa, pasa de un estado de ánimo a otro, de un movimiento a otro, de una idea a otra con el desenfreno y la osadía que procura la imaginación, a la cual nadie tiene acceso, sólo él. Aun sin haber visto con anterioridad el objeto a explorar, sin haber estado en el lugar, ni tenido algún tipo de relación con lo explorado puede darle a este una condición, una personalidad, una característica, incluso darle vida de acuerdo con sus esquemas de acción, que como los llama Piaget en su libro “Seis estudios de Psicología” son referentes de nociones, conceptos o habilidades prácticas que anteceden al aprendizaje y exige que los estudiantes tengan unas condiciones previas que les permiten afrontar cada experiencia con éxito.

 

Durante la representación de un rol, los niños asimilan y comprenden las situaciones que se viven en la vida real. El niño juega a ser otro, copia el objeto o personaje evocado y juega a representarlo de manera que lo significa y lo hace propio, pues se conecta, se abstrae y se convierte en él.

 

La danza

Los niños no solamente desarrollan habilidades propias de la danza, sino que a través del lenguaje hecho movimiento, se expresan con autonomía para improvisar, ya que una de las características de estas coreografías es que se presentan momentos de transición, donde los niños tienen la libertad de salirse del esquema organizado de movimientos, de manera que cada uno puede expresar con su cuerpo un mismo sentimiento desde su propia percepción. Por ejemplo, un niño puede interpretar a un conejo que está distraído como un animalito escondido entre la espesura del bosque; mientras que otro niño lo haría como uno que se distrae mirando una mariposa, pues gracias al juego simbólico se pueden hacer transferencias de situaciones y acciones de los personajes a su mundo mágico, porque personifica a otros, adquiere simbólicamente sus características, se identifica con ellas, tiene la oportunidad de tomar distintas personalidades y así establecer vínculos con otros.

 

Así como los niños tienen el espacio para explorar e improvisar, también durante el proceso logran organizar sus movimientos, fruto de la práctica y repetición del juego, dándose un aprendizaje natural.

 

Al cambiar de roles y repetir, se va mecanizando y aprendiendo una secuencia y por lo tanto, se van perfeccionando los movimientos en sincronía con la música; es ahí donde el maestro, en vez de decir “repitamos la coreografía”, les dice: “juguemos de nuevo”. De esta manera, cada ensayo se convierte en una oportunidad para volver a jugar.

 

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Fase I: preparación

Esta es la fase de la planeación y construcción del proceso completo. Comienza con la creación y adaptación del cuento, donde incluso se pueden cambiar los finales, el mensaje que queremos que los niños interioricen, la caracterización de los personajes, el vestuario y la personalidad que van a proyectar; también se planean los momentos cuando se va a dividir la historia por cuadros escénicos, titulados con una frase con mensaje. Teniendo en cuenta que es una danza y que las escenas van acompañadas de la música, se inicia una búsqueda de la melodía que resalte la esencia de cada circunstancia y una proyección del baile con la coreografía, de los movimientos que los niños, a partir de la exploración, modificarán y enriquecerán durante las clases. Para finalizar el proceso de preparación, y sintetizando en un cuadro de aprendizajes, se escribe el conocimiento intelectual y motor, en forma de mapa mental, organizando aspectos específicos, como punto de partida, a través del cual el docente tendrá la oportunidad de interiorizar y expandir su conocimiento. Esta fase será la base para iniciar la aventura de aplicar con los niños todo lo que se ha dispuesto. 

 

Fase II: implementación

Esta fase corresponde al encuentro entre las ideas, la preparación previa del maestro y la creatividad de los niños. Se descubren posibilidades de movimiento, expresión y situaciones de todos los personajes de la historia con música. Contar la historia es el inicio para que el niño se familiarice y retenga situaciones con referentes significativos que pueda evocar en el baile. Luego, al explorar con preguntas como: ¿Cómo correría una liebre?, ¿cómo se movería una semilla que está creciendo?, ¿cómo caminaría un cerdito asustado?, entre otras, recorren la historia y experimentan múltiples maneras de representar personajes y situaciones, construyendo referentes de movimiento y sentimiento en una experiencia creativa que aplicarán en el juego más adelante.

 

El trabajo de las sesiones de clase se realiza con la misma música que se va a utilizar en la presentación final, creando variedad de movimientos que luego serán los insumos para la coreografía. Se inventan secuencias de movimientos con frases cortas, relacionándolas con personajes o situaciones específicas del cuento. Por ejemplo:

 

“Los árboles son muy altos y sus ramas llegan hasta el cielo” (ponerse en puntas de pie y estirar brazos).

“El viento mece las ramas hasta que se las lleva” (desplazarse moviendo cuerpo y brazos).

“El tronco del árbol se dobla hasta tocar sus raíces” (flexión de tronco).

“La tortuga sale poco a poco de su caparazón” (realizar estiramiento de extremidades y cuerpo hasta incorporarse y extender todas sus partes, de centro a extremos). Hacer fragmentos de la historia y movimientos propios de los personajes con gestos y expresiones relacionadas con sentimientos, haciendo cambio de roles como por ejemplo: los cerditos construyendo la casa, un lobo que se acerca acechando a un cerdito; reflexiones en pareja como un cerdito que le pregunta a los lobos por qué les tumbaron la casa. Además, formas jugadas como cerditos divirtiéndose en su nueva casa, y ejercicios de expresión plástica y gráfica, como representar la secuencia del cuento en hojas blancas con dibujo, pintura, títeres etcétera.

 

El montaje o ensamble es el ajuste y acople de los cuadros escénicos, donde se evidencia una continuidad narrativa en la coreografía. De esta manera, comienza la práctica del juego.

 

Si es necesario, cada cuadro escénico se construye por separado en varias sesiones, pues en cada uno se abordan situaciones, sentimientos, contenidos y grados de dificultad diferentes.

 

También se crean espacios para que los niños hagan inferencias y cuestionamientos en torno al comportamiento y situaciones que se van entretejiendo a lo largo de la construcción del Juego Coreográfico, donde se hacen constantes reflexiones y van surgiendo nuevas formas de retroalimentación, preguntas, ideas y actitudes mediadoras en beneficio de las relaciones intrapersonales e interpersonales.

 

El niño, al estar inmerso en la problemática de la escena donde él es el protagonista, reafirma el aprendizaje en torno a los valores y a la toma de decisiones. Es aquí donde se reúnen y bajo la orientación del maestro aportan ideas, ponen ejemplos, dialogan y concilian. Las palabras relacionadas con los sentimientos se vuelven aplicables a su lenguaje cotidiano y todo se da dentro de la dinámica de la conversación. Este es el espacio para favorecer la clarificación de conceptos, interiorizarlos y transferirlos a situaciones de la vida real, en un proceso de sensibilización con la música.

 

Ahora cada cuadro escénico se ha unido al otro como un eslabón y el Juego Coreográfico está completo con toda su secuencia. De esta manera, culmina el proceso y se confronta lo aprendido con lo esperado, se configuran diálogos creativos, se evidencian los logros, se observa el anclaje, ya cada uno sabe qué hacer y como en los juegos populares, juegan cambiando de roles.

 

Fase III: Presentación del Juego Coreográfico

Todo culmina con una presentación frente a sí mismos, frente a los padres y a la comunidad en general, como resultado de la finalización de un proceso del cual otros pueden aprender. Se hace completo sin hacer cortes, todas las escenas se presentan continuas hasta el final, donde se condensan aprendizajes que van más allá del baile, la actuación y la repetición de movimientos.

 

 

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Conclusión

Cualquier cuento o concepto se puede convertir en una historia para danzar, pues al ser una experiencia corporal, el aprendizaje cobra mayor sentido y es más fácil de recordar promoviendo así el desarrollo integral como un propósito que no se queda sólo en palabras, sino que se hace visible y explícito en todos sus momentos, pues en su dinámica los niños se benefician de las experiencias motrices, expresivas y sociales que se especifica en cada rol, al ver las cosas desde otros puntos de vista.

 

Cuando el docente se arriesga a hacer su propio juego coreográfico, se encuentra en el proceso con gratas sorpresas, ya que él mismo va descubriendo, en la construcción con los niños, nuevas formas de implementar, de crear y son ellos su principal elemento para lograrlo, ya que les va mostrando el camino para llevar a cabo el proceso y tener resultados exitosos.

 

Referencias

Hugas, A. (1997). La danza y el lenguaje del cuerpo en la educación infantil. Madrid: Celeste ediciones.

Laban, R. (2006). El dominio del movimiento. Madrid: Editorial Fundamentos.

Piaget, J. (2001). La formación del símbolo en el niño. Madrid: Morata.

Piaget, J. (2009). La Psicología de la inteligencia. México: Siglo XXI Editores.

Regal, R. (2006). Educación motriz y educación psicomotriz en preescolar y en primaria. España: Editorial INDE.

Rodari, G. (1997) Gramática de la Fantasía. Barcelona: Ediciones del Bronce.

Robinson, J (1999) El niño y la danza. Barcelona: Ediciones octaedro.

Sousa, D. (2002) Cómo aprende el cerebro. España: Editorial Corwin Press.

 

Zulia Valbuena Mosquera

Es Licenciada en Educación Física de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, ganadora del premio Nacional de Investigación Científica en el Deporte. Especialista en Docencia de los Juegos Coreográficos y Especialista en Pedagogía y didáctica de la Educación Física. Participante en congresos nacionales e internacionales en Cuba (Pedagogía 2011). Docente de la Institución Educativa Distrital República Dominicana. Publicación de su libro “Danzando Historias” en proceso. zucabuena@yahoo.es

 

Claudia Marcela López Colmenares

Es Licenciada en Educación Física de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, Máster en Actividad Física y Salud; certificada en yoga para niños, pilates y danza. Participante en congresos nacionales e internacionales en Cuba (Pedagogía 2011), New York (Educación y Aprendizaje 2014). Docente de danza el nivel de preescolar del Colegio Rochester. Publicación de su libro “Danzando Historias” en proceso.  marcelalopezcol@gmail.com

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