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Ideas para la construcción de la Paz en Colombia. Parte 1

Magisterio
14/12/2016 - 10:00
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Foto de Maria Grazia Montagnari. Tomada de Flickr

 

Construir la paz es más difícil que llegar a un acuerdo entre las partes en conflicto. Será una tarea de toda la sociedad civil y no de unos pocos. Tardaremos mucho tiempo en pacificarnos, pues llevamos la violencia en nuestra alma. Cambiar la conciencia es más difícil que cambiar el mundo y es el primer paso que tenemos que dar.

 

La educación en su más amplio sentido será la principal gestora de la paz. Educación individual y social. Para que así sea tendremos que cambiar la educación tal como se vive en la actualidad. Hoy, lo mismo que el trabajo, está enfocado exclusivamente en función del rendimiento y de la producción. Una verdadera educación del ser humano debe ser mucho más que una capacitación para ser eficientes en un mundo que no se detiene a pensar y que funciona como una máquina enloquecida.

 

+Le puede interesar la colección Juegos de Paz

 

La paz social e individual son el fruto de un proceso largo y complejo. Todas las sociedades viven inmersas en diferentes conflictos y estos no se pueden ni deben acabar, pues es parte de su vida. Lo que se puede y debe acabar es la guerra interna o la manera violenta de intentar solucionarlos.

 

Cuando una sociedad deja de matarse por defender una idea o un proyecto social, aunque siga discutiendo y buscando soluciones a los problemas que la aquejan, entonces esa sociedad vive en paz.

 

+Conozca la revista La escuela y la paz

 

Para llegar a ese estado de conflicto pacífico, esa sociedad tiene que haber solucionado aquellas estructuras que por ser injustas, generan odio, resentimiento y violencia. La desesperación en que malviven muchas personas que no ven fin a sus desgracias genera reacciones desesperadas que aumentan los males.

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Solo podremos empezar a construir la paz en un contexto de justicia social mínimo. No quiere esto decir que tendremos que esperar a que haya una igualdad total que, por lo demás, no es sinónimo de justicia. La justicia es un ideal siempre perfectible y nunca alcanzable completamente.

 

Del mismo modo que nunca se acabarán los conflictos, tampoco pueden abolirse las diferencias, pues cada individuo es y debe ser singular, único y, por lo mismo, diferente a los demás. Lo que debe darse en una sociedad mínimamente justa es una igualdad de oportunidades para ser diferentes. No es justo, como decía un sabio con mucho acierto, que unos nazcan con la montura puesta para que otros, que nacen con las espuelas, los monten.

 

+Lea: La educación y la construcción de la paz y La pedagogía para la paz

 

La paz es un estado en el que los conflictos se viven sin matarse unos a otros. A veces la explotación de unos por otros se acerca a la esclavitud y algunos justifican el uso de las armas para poner fin a esa violencia del sistema. ¿Qué lleva a los seres humanos a explotar a otros seres humanos? La codicia, el afán de poder, el egoísmo, la impiedad y otros vicios semejantes. ¿A qué se debe que la mayoría de los humanos den rienda suelta a sus pasiones negativas y caigan en conductas viciosas? A una educación defectuosa y un nulo trabajo personal por superar esas pasiones.

 

Mi propuesta de solución es intempestiva, es decir, va contra lo que habitualmente se piensa y dice. Solo un cambio de mentalidad, de manera de pensar y de ser podrá traer la paz a los individuos y a los grupos. Y este cambio de mentalidad solo lo puede realizar un proceso educativo integral, individual y social.

 

Desde la antigüedad los más grandes pensadores han intentado responder a estas preguntas y a estos dilemas. En Grecia, Platón, el padre de la filosofía, dedicó sus más grandes esfuerzos para resolver estos problemas. En su vida práctica, intentó aplicar sus pensamientos, con nefastas consecuencias: llegó a ser vendido como esclavo y a correr peligro de muerte. En teoría , propuso educar a los niños, pues los mayores ya no podían cambiar, en valores distintos a los usuales y que conducen a todo tipo de desgracias. Su sistema educativo era imposible de realizar de manera masiva. Finalmente conducía a una sociedad comunista y estratificada en estamentos rígidos que, para funcionar, necesitaba de un gobierno totalitario. Una utopía llena de contradicciones, pues los humanos somos contradictorios y diversos. No es posible ni deseable alcanzar la unanimidad. Solo bajo las dictaduras se consigue, mediante represión, una aparente uniformidad. En el sangriento siglo XX se volvieron a repetir estos intentos utópicos y también desembocaron en totalitarismos de diverso tipo.

 

+Conozca el libro Educación para la paz. Una pedagogía social para consolidar la democracia social y participativa

 

No caigamos en los errores de los que nos antecedieron. No es posible solucionar radicalmente los males que nos aquejan. El mal y sus manifestaciones son parte de nuestra condición y es imposible erradicarlo. La sociedad perfecta no existe y ni siquiera es deseable. Tenemos que convivir con seres diferentes que chocan contra nuestros intereses y hay que tolerarlos. Lo más que podemos hacer es procurar llegar a acuerdos mínimos y avanzar lentamente hacia metas siempre perfectibles y a través de acuerdos, pactos y compromisos.

 

La única salida para nuestra imperfecta condición humana es trabajar poco a poco hacia una sociedad más equitativa y pacífica. Para ello tendremos que aminorar nuestro egoísmo excesivo, pues un cierto egoísmo es necesario para sobrevivir y para poder ayudar a los necesitados de algún tipo de socorro. Decía Nietzsche que primero hay que ser egoísta para luego poder ser generoso. Savater habla del amor propio como algo necesario dentro de una ética ilustrada. Pero la máxima virtud es la "qué hace regalos".

 

En el caso concreto de Colombia y de la paz que se está negociando entre el gobierno y las fuerzas insurgentes, pienso que es un paso importante y necesario para seguir adelante e ir construyendo una sociedad más armónica, justa y ordenada. Los problemas de diferente tipo y la violencia no se van a acabar por arte de magia, pero sin este primer paso no se puede seguir adelante.

 

Los valores ilustrados de la modernidad, la reflexión ética de todos los tiempos, las sabidurías y las religiones auténticas, no las supersticiones y los fanatismos, el humanismo que defiende al ser humano concreto y no a una humanidad abstracta o una idea del Hombre Nuevo, todo el tesoro espiritual acumulado por la humanidad a lo largo de su historia, transmitido mediante una educación al servicio del crecimiento espiritual son indispensables para ir construyendo la paz.

 

Solo en un sistema democrático, imperfecto pero perfectible, y mediante una educación que practique la democracia auténtica, es posible construir la paz social e individual. Habrá que dar especial importancia a los valores e ideas que fomentan la democracia y el crecimiento espiritual del ser humano. Estos valores e ideas están en la filosofía, en la religión, en la ciencia y en el arte.

 

No somos tan ingenuos de creer que hemos encontrado la panacea que nos llevará de inmediato a un mundo feliz. Ya sabemos que ese mundo "feliz" no lo es en absoluto y que la felicidad es una conquista difícil que exige un gran esfuerzo y un paciente trabajo. Más que un estado celestial, la felicidad es la satisfacción que produce el siempre difícil ejercicio de la libertad.

 

La comunicación de ideas adecuadas para una mente pacífica y la crítica de aquellas que producen una mente violenta a través de la educación son pasos necesarios para la construcción de la paz en Colombia. El historicismo y la idea lineal del tiempo, el finalismo que cree en una edad de oro al final de los tiempos, la idea de que la política nada tiene que ver con la moral y que, por lo mismo, el fin justifica los medios, el mito de la revolución que lo soluciona todo, son algunas ideas que hay que desmontar y sustituir.

 

Hay que tener claro que es inaceptable absolutamente matar a otro ser humano por una idea o doctrina, por más maravillosa que sea; o que la toma del poder por las armas traerá necesariamente un estado de injusticia y de violencia; de que solamente mediante medíos justos y moderados, frutos del diálogo y del consenso se podrá ir construyendo, poco a poco, una sociedad más justa y armónica.

 

Las ideas no bastan. Hay que vivirlas y probarlas. La escuela y el hogar siguen siendo los lugares donde se educa a los niños y jóvenes. Estos espacios deben ser de práctica de ideas y valores acordes con esa sociedad pacífica y justa que tenemos como ideal. Las virtudes cívicas y democráticas, el cuidado del otro y del medio ambiente, la igualdad de género, la austeridad necesaria en un mundo escaso, el respeto a toda forma de vida, la ética de mínimos, la solidaridad, la moderación, y otros valores fundamentales, deben guiar y ser práctica habitual y compartida en estos espacios educativos.

 

Es en estos espacios educativos donde se irá construyendo, de modo prioritario, la paz que Colombia anhela, necesita y se merece.

 

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Foto de Maria Grazia Montagnari. Tomada de Flickr