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Ideas para la construcción de la paz. Parte 3

Magisterio
14/12/2016 - 11:45
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Foto de Ikik. Tomada de Flickr

 

Octavio Paz sostuvo que el actual México era el resultado de una violación. De ahí provendría una cierta tendencia hacia la muerte propia de los hijos de la Malinche y de Hernán Cortés. Aunque esta hipótesis la concibió pensando en su país, bien se puede ampliar a toda la América Latina.

 

Desde el comienzo de nuestra historia moderna, nuestro ser se ve desgarrado en dos partes antagónicas: la indígena, la madre, y el conquistador europeo, el padre, español o portugués, en nuestro caso. El elemento femenino es dominado y segregado. La madre indígena fue silenciada y menospreciada. La clase dominante criolla, en lugar de integrar a la madre, la excluyó aún más drásticamente. A partir de ahí se fue gestando la herida y la enfermedad de nuestra cultura dividida.

 

+Conozca la colección Juegos de Paz

 

Habría una violencia en la raíz misma de nuestro ser. Eso explicaría la fijación con la muerte, no sólo en la forma del asesinato sino también en los comportamientos auto-destructivos que forman parte de nuestra cultura e historia. ¿Cómo entender que en las fiestas populares de nuestros países el alcohol y la muerte sean protagonistas omnipresentes?

 

La herida causada por nuestro origen y las constantes guerras que nos han desgarrado, al tiempo que la marginalidad de grandes capas de la población, han hecho que la vida en nuestra realidad sea difícil y violenta. Es necesario comprender que es nuestra alma lesionada la que produce la violencia exterior y que es ahí, en nuestro interior, en esa zona de penumbra que el psicoanálisis llama "subconsciente", donde debemos iniciar la cura.

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+Lea: Ideas para la construcción de la paz en Colombia Parte 1 y Parte 2

 

El sistema de clases tan desiguales y con escasa movilidad social hizo que nuestro mundo se dividiera en dos partes con escasa comunicación entre sí. La rabia que engendra la injusticia aumentó la violencia originaria, que se expresó en guerras civiles constantes y crueles.

 

Todo esto configuró una mentalidad cargada hacia un romanticismo y pesimismo malsanos. El mundo se nos revela como "ancho y ajeno". Perdido en la inmensidad de una naturaleza tan bella como inhóspita, el habitante de nuestra América siente desesperación y desamparo.

 

Como contrapunto a este rasgo de su personalidad, el latinoamericano es al mismo tiempo, amante de la vida y hedonista. Las corrientes ilustradas modernas apenas han arraigado en nuestro suelo y aún esperamos la modernización.

 

+Conozca la revista La escuela y la paz

 

No pretendemos quedarnos en esta visión negativa de nuestra realidad. Queremos dar ideas para salir de esta posición existencial y girar en la dirección contraria. Es fundamental superar esta actitud depresiva y resentida hacia otra vitalista y esperanzada. ¿Cómo vincular el Deseo con la vida y desligarlo de la muerte? Esto requiere de un trabajo personal y social profundo.

 

Tanto a nivel individual como social hay que realizar una integración de lo que ha estado escindido y que, por lo mismo, se ha vuelto violencia hacia fuera y hacia dentro. Jung habla de una parte oscura de la personalidad, la Sombra, que, de no integrarla bien, se vuelve contra nosotros. Es lo que ha sucedido con nuestra herida originaria y con la segregación que conlleva.

 

Para construir la paz en nuestras sociedades hay que curar el sufrimiento generado por la violencia de nuestro nacimiento como sociedades mestizas a la que también hay que incorporar la tragedia de los africanos arrancados de sus hogares y vendidos como esclavos en nuestro continente. ¿Cómo se cura ese dolor? Tomando conciencia y procesando ese sufrimiento desde una comprensión superior y transformando el odio en aceptación y en amor. Es fácil decirlo, pero muy difícil realizarlo.

 

Solo una elevada espiritualidad puede conseguir esta superación y la integración de la parte oscura y violenta en una totalidad sana y capaz de vivir construyendo. Es en el reconocimiento de nuestro mal y de nuestro trauma donde empieza la curación y la transformación de nuestro  des- valimiento en fuerza y firmeza constructora.

 

Debemos liberarnos del odio y la rabia que nos atenazan y entonces estar maduros para una vida en paz. El Otro excluido debe ser integrado en una totalidad social abierta y tolerante y solo así podremos iniciar una convivencia pacífica. Nuestra cultura enferma puede aprovechar su dolor para adquirir una salud superior .

 

Para la construcción de sociedades libres, justas y en paz no sobraría escuchar al gran artista alemán Thomas Mann cuando dice en su Montaña Mágica: "¡No quiero conceder a la muerte ningún poder sobre mi pensamiento! Solo el amor puede hacer frente y vencer a la muerte".

 

Conozca los libros Filosofía para vivir mejor - Didáctica de la Filosofía y Didáctica de la historia de la Filosofía

 

Foto de Ikik. Tomada de Flickr