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Jugar para leer

Magisterio
05/02/2020 - 16:15
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Foto de Adobe Stock

Ay, ¡qué aburrido es leer! Era el grito a coro de un grupo de adolescentes, que no tenían ningún interés por la lectura. Vivían en un albergue de Lima. Todas tenían en común haber vivido su infancia en la calle. Fueron rescatadas de los vicios y la mala vida, estaban en proceso de rehabilitación. 

Ese día, cuando llegué al lugar, lo encontré silencioso. Algo extraño. Las chicas estaban en un salón y no las dejaban salir, mientras les revisaban las habitaciones por unos hurtos que se habían cometido. 

La directora, una religiosa, me pidió quedarme en el salón con el grupo de jóvenes, mientras hacían la respectiva requisa. 

 iba en la mitad del diario, cuando interrumpió la directora para autorizar a las chicas a salir. Abrió la puerta, pero ninguna se movió de su sitio. Nadie se fue a pesar de que tenían la libertad de hacerlo.

En mis manos llevaba el libro Todos los cuentos de Alfredo Bryce Echenique. Ingresé al lugar y estaban 20 jóvenes. Lo primero que les dije fue: vamos a leer y la respuesta esperada fue enérgica: Ay, ¡qué aburrido es leer! 

Observé sus rostros. Algunas permanecían somnolientas por efecto de las pastillas tranquilizantes. Otros rostros expresaban inquietud debido al encierro. Más allá, algunas permanecían en el piso durmiendo. Las de allí, conversaban. Me ignoraban totalmente. 

Frente a ese ambiente de rechazo, les pregunté si alguien escribía un diario de las cosas que le pasa durante el día. Una sola chica dijo que lo hacía. Las demás nunca habían escuchado sobre un diario. Les comenté que tenía uno de un muchacho llamado Manolo y que en él cuenta cómo se enamora de una linda chica y la forma como se le declaró, (ya tenía al 80% del grupo a la expectativa). 

–¿Dónde está ese diario? –me dijeron. 

–Aquí –les dije mostrando el libro que llevaba y se rieron. 

–Sí, miren y les mostré el cuento titulado “Una mano en las cuerdas”, que era, en efecto, un diario. 

–¿Quieren saber qué dice Manolo en el diario? –dije 

–Sí –dijeron todas las chicas a un solo coro. 

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–Saben, les respondí, tenemos un problema. Hace un rato me dijeron que leer es aburrido y por lo tanto, no puedo hacerlo. Además, ustedes se van a aburrir mucho más –dije en tono de preocupación, intentando que se dieran cuenta de lo interesante que es leer. 

–¡No, no nos vamos aburrir! –gritaron todas (ya tenía toda su atención). 

–Entonces ¿quién va a leer?, porque para saber qué dice en el diario Manolo, alguien tiene que leer. 

–Tú lees, por favor léenos –dijeron en tono suplicante (ya tenía la aprobación que me iban a escuchar). 

Comencé a leer. Capturé su atención leyendo pausadamente, utilizando la entonación apropiada y además la historia sí que era interesante. Muchas veces me interrumpieron pues las chicas deseaban contar que algo parecido les había sucedido. Comentábamos y nos reíamos, sin saber ellas, estábamos en un círculo literario. 

Así, iba en la mitad del diario, cuando interrumpió la directora para autorizar a las chicas a salir. Abrió la puerta, pero ninguna se movió de su sitio. Nadie se fue a pesar de que tenían la libertad de hacerlo. Se quedaron para seguir escuchando el diario de Manolo. Terminamos la lectura y ellas aplaudieron. Luego se me vinieron encima para rogarme que les prestara el libro. 

Cuando se da en el gusto todo es más fácil para animar la lectura. 

Título tomado del libro: Animando a leer. Autor: Lizette Mantilla Sánchez, pp, 35-37 

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