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La administración de la pregunta como centro de la evaluación formativa

Magisterio
30/10/2019 - 11:45
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By Freepik

Palabras clave: evaluación formativa; preguntar; pensar; innovar; ser. 

“El acto de evaluar adquiere sentido cuando su intención esencial es incluir a todos en la formación de un mejor ser humano del que ya existe”. 

Pablo Romero I. 

La evaluación formativa sigue siendo la gran ausente del sistema educativo latinoamericano. En numerosos contextos educativos todavía se evalúa para verificar, comprobar, medir, concluir y, finalmente, calificar, olvidando que la evaluación formativa exige un proceso de valoración permanente, progresiva e intersubjetiva, mediada por la interlocución, la inclusión y el buen trato, lo que conduce al aprendizaje significativo. “Existen numerosas evidencias de que el afán por preparar a los estudiantes para unas pruebas de Estado ha hecho más daño que bien, pues miles de instituciones educativas están más preocupadas por el puesto que ocupen en su región y a nivel nacional, que por la formación de seres humanos que reflexionan, piensan, cuestionan…” (Romero, 2019, p.155). 

La evaluación formativa implica un proceso que tiene como mínimo cinco momentos: 1. diagnóstico; 2. fundamentación; 3. planeación; 4. implementación; y 5. metaevaluación. Estos tienen como centro la pregunta. Todo conocimiento comienza con la pregunta que surge por el asombro y el interés. Lamentablemente, solo se premia al que ofrece respuestas correctas, pero jamás se valora al que hace preguntas inteligentes. Si en verdad estamos comprometidos con la formación de un ser humano que disfruta el arte de asombrarse, que percibe integralmente la realidad que lo rodea, que duda, comprende, interpreta, analiza, critica, refuta, debate con argumentos y evidencias, pero que además propone con facilidad, es necesario desarrollar la destreza para preguntar. De ahí que este sea el primer compromiso para orientar mejor a nuestros hijos, estudiantes, profesores, académicos de las múltiples áreas y a cualquiera que desee aprender a disfrutar el conocimiento. 

En un contexto educativo, lograr consolidar un ambiente de estudio centrado en la pregunta es asegurar el asombro, el cuestionamiento, la crítica y la autocrítica como realidades naturales y cotidianas. En una de las conversaciones entre Paulo Freire y Antonio Faundez, Freire nos ofrece una sensible y rica reflexión: 

Creo, en este sentido, que el educando insertado en un permanente proceso de educación tiene que ser un gran interrogador de sí mismo. Esto es, no es posible pasar de lunes a martes sin preguntarse constantemente. Vuelvo a insistir en la necesidad de estimular permanentemente la curiosidad, el acto de preguntar, en lugar de reprimirlos. Las escuelas, ora rechazan las preguntas, ora burocratizan el acto de preguntar. El asunto no es simplemente el de introducir en el currículo el momento dedicado a las preguntas, de nueve a diez, por ejemplo. ¡No es todo! El tema nuestro no es la burocratización de las preguntas, sino reconocer la existencia como un acto de preguntar (Freire, 2013, pp. 12-13). 

Aprender técnicas o métodos de redacción o planteamiento de preguntas permite interactuar mejor tanto en lo social como en lo académico y en el campo laboral. Esta habilidad facilita el diseño de pruebas escritas, orales e interactivas. “Todos preguntamos, pero, ¿de qué manera? Lo primero que a un niño o niña hay que enseñarle no es a repetir la palabra del adulto, es a plantearse su propia pregunta” (Romero, 2018, p.121). Para esto, necesitamos fortalecer a los estudiantes en procedimientos adecuados que les permitan incluir la pregunta en su realidad natural, en su cotidianidad. Hay numerosas experiencias de investigación e innovación educativa relacionadas con la pregunta en el contexto escolar, por ejemplo, “Evaluación y procesos de pensamiento para el aprendizaje significativo” que lideré entre 2004 y 2006 y que fue publicada en el mes de julio de 2006 como parte del libro Ambientes de aprendizaje y evaluación interlocutiva. Tanto la investigación como la publicación fueron financiadas por la Alcaldía Mayor de Bogotá, D. C. y por el IDEP. En ese proceso encontré que, con frecuencia, responder a lo que no ha sido preguntado coincide con la incapacidad para formular preguntas. Quien sabe preguntar, por lo general, sabe responder y sabe detectar la estructura e intención de las preguntas. 

+Lea: La usina de preguntas potentes: un dispositivo para releer el mundo en clave freireana

Para asegurarnos de que nuestras preguntas apunten a una formación integral, es necesario desarrollar, tanto en los procesos académicos cotidianos como en el diseño de pruebas escritas, orales e interactivas, seis “saberes” con intenciones muy diferentes: 1) saber: comprender con naturalidad en contexto, sin estructuras mecánicas; 2) saber pensar: aprender a dudar, refutar, analizar y criticar con argumentos y evidencias; 3) saber hacer: actuar con idoneidad, administrar conocimiento; 4) saber innovar: aprender a proponer, idear, diseñar, rediseñar, contextualizar y adaptar; 5) saber ser: aprender a interactuar con los demás, con el entorno natural, digital y artificial de manera pacífica y constructiva; y 6) saber sentir: aprender a disfrutar de nuestra existencia y de aquello que nos rodea; si tenemos ganas de llorar, pues lloremos; si deseamos celebrar, celebremos sin pena, sin temor, porque hacerlo fortalece nuestra salud mental. 

¿Qué requerimientos atender en el planteamiento adecuado de una pregunta? 

Antes de redactar un listado de interrogaciones, comienza por plantearte: ¿a qué tipo de público va dirigida mi interpelación? ¿Cuál es el asunto o cuáles las temáticas sobre las que deseo inquirir? ¿Con qué intención redactaré mis preguntas? 

Al redactar nuestras preguntas es importante asegurarnos de que interpelen de manera directa a nuestra población objeto, de que sean claras, sencillas, nada ambiguas en cuanto a su comprensión, pero también de que mantengan su complejidad sin caer en la subjetividad o en una dificultad inútil. En la redacción hay que evitar todo tipo de sesgo o de intención de manipulación y caer en contradicciones y en engaños. Por ejemplo, al analizar preguntas de opciones múltiples, he podido notar un error frecuente que consiste en colocar trampas para confundir al aprendiz. Otro error común, hallado en pruebas nacionales, es que puede haber dos respuestas correctas a una pregunta, digamos la b y la c, pero la persona que redactó considera una sola acertada según su juicio o sesgo ideológico particular. He encontrado numerosas preguntas que, supuestamente, están redactadas bajo el modelo basado en evidencias y, sin embargo, no dejan de ser ambiguas en su planteamiento y por lo tanto admiten varias respuestas. 

+Conozca el libro La pregunta en la vida de los niños

¿Para qué preguntar? 

En un proceso de evaluación formativa, la pedagogía de la pregunta es el centro que dinamiza los procesos de enseñanza-aprendizaje. Es importante comprender que las intenciones en el acto de preguntar son numerosas, por lo tanto, no siempre se interroga para comprobar o verificar si el otro tiene conocimiento. Podemos redactar nuestras preguntas atendiendo a múltiples intenciones, por ejemplo, para desestresar al estudiante o a la persona que vayamos a interrogar. Supongamos que hacemos una prueba escrita de diez preguntas: la primera debería ser tan sencilla que cualquiera la pueda responder, incluso sin haber estudiado. Pero, ¿por qué regalar una pregunta en una evaluación? ¿Acaso eso no contribuye a patrocinar la pereza de algunos? Ofrecer como regalo la primera pregunta ayuda a eliminar los miedos con los que muchos llegan a una prueba escrita, oral o interactiva. Invita a leer y a intentar responder las otras nueve preguntas, aunque el resultado de la experiencia sea malo. Los que toman la prueba por lo menos se interesan en buscar alguna otra pregunta que puedan responder. A los que no están de acuerdo con regalar o ayudar a un estudiante, les recuerdo que una pregunta no hace la diferencia en el desarrollo de diez; si la persona no ha estudiado, no está preparada, de todos modos va a obtener la calificación mínima, pero con este método se despertó su interés. 

También podemos redactar una pregunta para introducir un tema, es decir, para iniciar el desarrollo de una temática específica y su respectiva comprensión. Otro propósito puede ser verificar o comprobar si se tiene conocimiento o no; por cierto, este es uno de las objetivos más comunes. Una de las intenciones del arte de la pregunta es la opinión libre o el debate, es decir discernir, refutar, captar la atención o seducir para desarrollar tareas específicas, para propiciar experiencias emocionales, para interactuar en experiencias sociales, espirituales o culturales. 

¿Cómo podemos iniciar la redacción de una pregunta? 

En la redacción de un listado de interrogaciones, evitemos caer en la monotonía o en la repetición. Recomiendo tener presentes diferentes puntos de partida: qué, cómo, cuándo, cuál, por qué, para qué, con qué, con quién, en qué, quién, quiénes, cuánto, dónde… 

¿Cuáles son los tipos de preguntas que existen? 

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Hay numerosas taxonomías, categorías y maneras de clasificar las preguntas. En mi proceso de investigación, he podido identificar cuatro grandes categorías: 1. preguntas con múltiples propósitos; 2. preguntas para el desarrollo de habilidades del pensamiento; 3. preguntas con una función pedagógica; y 4. preguntas temáticas. 

Las preguntas con múltiples propósitos, como su nombre lo indica, poseen numerosas intenciones ya sea que la pregunta sea abierta o cerrada, convergente o divergente, compleja o simple, esencial o no esencial, por su estructura flexible. 

El segundo tipo que propongo tiene como objetivo el desarrollo de las habilidades del pensamiento. Por ejemplo, cuando se plantean constantemente preguntas hipotéticas a las personas en formación, se les está ayudando a desarrollar una habilidad del pensamiento: la capacidad de proponer hipótesis y aprender a deducir las diferentes consecuencias. Igual pasa con las demás preguntas de esta categoría como lo son las preguntas literales, interpretativas, analíticas, de opinión y las preguntas propositivas. 

En el tercer grupo de clasificación ubico las preguntas con una función pedagógica. Por ejemplo, en vez de plantear a nuestros estudiantes una pregunta para averiguar si conocen o no un tema, lo que se espera es interesarlos en la temática que se va a desarrollar. Ahí estamos ante una pregunta con una función pedagógica. En este grupo se encuentran las preguntas para interesar, para activar el desarrollo de un contenido, para concluir, las preguntas con opciones múltiples, de relación, preguntas con el apoyo de representaciones visuales y, también, la habilidad de preguntar sin preguntar. 

+Lea: 5 claves para liberarse de una educación equivocada

En el cuarto grupo están las preguntas temáticas que tienen una función académica específica: facilitar la profundización de un saber y contribuir a los procesos de investigación e innovación permitiendo la revisión histórica, el estudio, la indagación rigurosa y la comprensión de los miles de asuntos, eventos y preocupaciones relacionados con el ser humano, la naturaleza, la ciencia, la tecnología y la sociedad. Estas son las preguntas de investigación en los campos de la antropología, la filosofía, la teología, el deporte, las matemáticas o la sociología entre las que se encuentran la pregunta factual (¿qué ocurrió?), la pregunta comparativa (¿en qué se parecen y diferencian los dos grupos sociales?), la pregunta progresiva (¿desde cuándo se ha venido produciendo ese fenómeno?), la pregunta teórica (¿cuál es la afirmación de valor fundante…?), y todas las preguntas que se refieren a campos específicos del conocimiento. 

+Conozca el libro Cómo liberarse de una educación equivocada

Este artículo pertenece a la Revista Internacional Magisterio No.99 Evaluación Formativa 

Referencias bibliográficas 

Romero, P. (2006). Evaluación y procesos de pensamiento para el aprendizaje significativo. En Ambientes de aprendizaje y evaluación interlocutiva.. (p.p.48-90), Bogotá: D. C.: Alcaldía Mayor de Bogotá, D. C.-IDEP. 

Romero P. (2018). Procesos de evaluación en los colegios de la Arquidiócesis de Medellín. Medellín: Arquidiócesis de Medellín. 

Romero, P. (2019). Cómo liberarse de una educación equivocada. Bogotá, D. C.: Editorial Magisterio. 

Freire, P. (2013). Por una pedagogía de la pregunta. Bogotá, D.C.: Editorial Siglo XXI. 

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