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La biblioteca. Una práctica llena de evidencias cotidianas

Magisterio
22/01/2016 - 11:15
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Las prácticas basadas en evidencias son muy útiles pero poco usadas en el campo de la educación. Con ellas se pueden demostrar los logros y aprendizajes de los alumnos en distintos espacios, especialmente cuando no existen o no se puede recurrir a evaluaciones formales. Es por ello que al recoger y analizar las evidencias que surgen en una biblioteca se determinan parámetros y estimaciones de alcances y logros, pues todas las palabras, gestos o cualquier otra respuesta de los alumnos, sean ellos lectores o escuchas, demuestran que están o no entendiendo los textos trabajados y que se pueden estar logrando avances en aprendizajes literarios. Algunas de las opciones para recoger evidencias son: bitácoras y transcripción de registros de discusión literaria.

Palabras clave: Biblioteca escolar, Prácticas Basadas en Evidencias, bitácora de evidencias, discusiones literarias, transcripciones, aprendizajes literarios

Hace pocos años se descubrieron las bondades del uso de las evidencias en la biblioteca escolar. Con ellas se puede mostrar a las instancias superiores de la institución educativa que la hora semanal de biblioteca es mucho más que un momento en el cual los niños se relajan oyendo cuentos; es, en cambio, un espacio en el cual adquieren procesos de comprensión, interpretación y pensamiento. Los profesores de las distintas áreas pueden recibir datos concretos de cómo en la biblioteca se integran conceptos vistos previamente en clase. Se pueden apoyar los informes a los padres de familia con información clara y evidente sobre el proceso lector de cada alumno. Por último, y no menos importante, se puede revisar, evaluar y mejorar la práctica profesional de manera constante.

En este escrito, primero se precisará qué son las Prácticas Basadas en Evidencias aplicadas a la Biblioteca Escolar. Luego se darán ejemplos de uso e interpretación de la evidencia. Todo ello para motivarlos a levantar evidencias en su práctica diaria como ejercicio constante de evaluación y reflexión.

Prácticas basadas en evidencias aplicadas a la Biblioteca Escolar

Las Prácticas Basadas en Evidencias (PBE) surgieron en el campo de la medicina y la enfermería a comienzos de 1990, para poder demostrar si las intervenciones en salud tenían algún impacto médico real. Con base en esa información se podía, entonces, tomar decisiones, contestar preguntas y modificar algunas prácticas médicas (Booth y Price (2004))1.

Paralelamente, algunos investigadores en el campo de la educación empezaron a cuestionarse acerca de la manera de evidenciar los cambios en el aprendizaje de los alumnos. Buscando maneras para poder evaluar cómo los aprendices transformaban la información en conocimiento personal, empezaron a aplicar algunas de las estrategias diseñadas para el campo médico, en la educación. 

La evidencia es todo aquel conocimiento derivado de una variedad de fuentes evaluadas y creíbles (Higgs and Jones, 2000)2. En la educación, la evidencia surge de manera continua en la práctica diaria. Sin embargo, lo importante es intentar documentarla para poder reflexionar sobre las estrategias, objetivos e intenciones y, por ende, mejorar el quehacer. El uso de la evidencia en la institución educativa siempre conllevará al meta-análisis y al uso de métodos estadísticos que permitan comprobar o descartar los logros de los aprendices.

Uno de los grandes promotores de la aplicación de las PBE en las Bibliotecas Escolares es el profesor Ross Todd, PhD en bibliotecología, quien lidera un equipo en la Universidad de Rutgers que investiga sobre este tema. Él es la cabeza del Center for International Scholarship in School Libraries (CISSL). Es allí donde se han desarrollado la mayoría de investigaciones sobre el particular.

Según él, las PBE aplicadas a las Bibliotecas Escolares pueden definirse como: Una aproximación que, de manera sistemática, engrana la evidencia producto de la investigación, la evidencia observable de las bibliotecas escolares y la evidencia reportada por los usuarios, en un proceso continuo de toma de decisiones, desarrollo y mejora continua para lograr la misión y los objetivos del colegio” .

En las bibliotecas siempre hay un conocimiento empírico y otro teórico. La práctica de cada profesional permite establecer estrategias eficientes y eficaces en cada lugar. En las bibliotecas, las estadísticas de préstamo, las encuestas de satisfacción, las sugerencias y muchos otros datos puntuales de circulación y presupuesto pueden evidenciar la labor realizada. No obstante, es el compromiso activo del bibliotecario escolar lo único que permite una transformación y/o mejoría en la labor diaria. El aprendizaje logrado por los aprendices es el propósito esencial, sin descartar la necesidad de las estadísticas cotidianas y rutinarias ya mencionadas. La práctica y la intuición permiten la consolidación de ideas sobre el ejercicio y estas conllevan a un mejor entendimiento sobre la responsabilidad en la construcción de conocimientos. Las PBE permiten superar experiencias que se quedan en lo que se enseñó y se presume que aprendieron, y extrapolarlo a destrezas que demuestran lo que se logró en el aprendizaje del otro. De esta manera, se pueden tomar decisiones en cuanto al currículo, las estrategias de clase, el desarrollo de la colección y la integración curricular de la biblioteca con el aula de clase.

Algunas de las evidencias que pueden guiar el trabajo en una biblioteca son:

Una bitácora de evidencias

Un cuaderno sencillo sirve para registrar todos los comentarios y anécdotas de los alumnos que indican que han comprendido el libro, que pueden establecer conexiones intertextuales y que logran aprendizajes literarios. Es bueno tenerlo siempre a mano y anotar lo escuchado o sucedido tan pronto los chicos terminan la sesión. A veces, es necesario hacer comentarios rápidamente en un papel borrador para poder guardar fidelidad a sus nombres y palabras y luego sí, transcribirlo a limpio. Algunos ejemplos de esta bitácora son:

En agosto de 2011 se leyó el libro Fred y la caja de libro (Ole Konnecke, Editorial SM, 1998) con el curso primero de primaria (alumnos de siete años). En este cuento, Fred encuentra en el desván una caja de libros y busca entre ellos uno que le guste; parece no encontrar ninguno, pero, en las ilustraciones el oso que lo acompaña, juega y recrea cada uno de los libros hallados. Texto e imagen se complementan y enriquecen. Después de la lectura, los alumnos demostraron con sus intervenciones: análisis estructural del cuento, hipótesis especulativas, comprensión y análisis del texto visual y de las convenciones literarias:

Alumno 1 – Fred estaba en todos los cuentos, él estaba explorando todos los cuentos.

Alumno 2 – Es como que lo que va contando aparece en la imaginación de él.

Alumno 3 – En la última parte ya había conocido todos los cuentos. El oso era súper rápido, sale corriendo.

Alumno 4 – Cogió los libros porque quería estar en Polo Sur.

Alumno 5 – Como no hay tantas letras en ese libro, uno entiende viéndolo. En septiembre de 2011, al finalizar una lectura de Amigos (Helme Heine, Editorial Norma, 1990) con alumnos de jardín (cinco años), un alumno se volteó a mirar a una niña y le dijo: “Ves, no es fácil ser amigos a veces”. En este libro, un cerdo, un ratón y un gallo comparten todo el día aventuras y amistad, pero al llegar la noche se dan cuenta que solo pueden estar juntos en sueños, porque dormir juntos no es posible. Las palabras del alumno indican que logró llevar el texto a su vida, darle sentido y compartir su descubrimiento con aquella compañera con la cual, seguramente, el libro era su realidad.

En abril de 2012, se leyó el cuento Los árboles de piedra (en El hombrecito vestido de gris y otros cuentos, Fernando Alonso, Editorial Alfaguara) con alumnos de segundo de primaria (8 años). En este cuento, los habitantes de una ciudad de piedra buscan árboles de piedra que conjuguen con su ciudad. Cuando se leyó la descripción del árbol que consiguieron, una alumna intervino así: “Es como un huevo, duro por fuera y suavecito por dentro”. Un símil, surgido espontáneamente, demostró que la alumna había logrado una conexión analítica y una relación elaborada del texto con un objeto que ella conocía.

Transcripción de registros

En algunas ocasiones, se puede grabar toda la lectura del cuento y su discusión. Aunque la transcripción posterior es un proceso tedioso y complejo, permite evidenciar los aprendizajes literarios esperados. Se comparten algunos ejemplos:

El siguiente es un aparte de la transcripción de la lectura compartida de El secreto (Eric Battut, Editorial, s.f.) con el curso primero de primaria (7 años). En este libro, un ratón esconde, del resto de los animales, una manzana en la tierra; nace una planta a espaldas del ratón, quien insiste en estar escondiendo algo que solo él no puede ver. 

Mediador – ¿Alguien se ha dado cuenta de algo?

Alumna – Que va creciendo la planta y por eso fue que tú nos preguntaste qué estábamos viendo en clase.

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Mediador – ¡Muy bien! ¿Alguien se ha dado cuenta de otra cosa? (No es audible la siguiente intervención)…. Va a crecer un manzano. 

Alumna – Que la manzana no solo es una fruta, también es una semilla.

Alumno – Porque adentro tiene semillas.

Mediador - ¿Quién se ha dado cuenta de algo con la ilustración?

Alumna – Que el animal cambia.

Mediador – Pero resulta que cuando cambia el animal…. (les muestra las páginas).

Mediador – ¿Esta qué es? – Los alumnos responden: una ardilla. 

Mediador – ¿De qué color? – ellos responden: naranja.

Mediador – ¿Y qué pasa con la letra?

Alumno – Es naranja.

El mediador pasa la hoja y les pregunta por el pájaro azul y por el color de la letra. – Ellos dicen: azul. Pasa varias hojas, en silencio, para que ellos puedan observar cómo el color del animal es el mismo que el color de las letras del texto.

Alumno – Pero Mi secreto (haciendo hincapié en las palabras como tal) 

El mediador sigue leyendo. Cuando el mediador lee “Tengo un secreto y nadie los sabrá”, los alumnos se ríen.

Alumno – Ya lo sabemos.

En estas pocas palabras de la clase es evidente que los alumnos estaban relacionando lo que se leía con lo visto en clase de ciencias. Se orientó a los alumnos a hallar la relación entre texto e imagen, a darle sentido integral y completo a la intención del autor. También permiten ver cómo se involucraron y jugaron con el texto, especialmente en la última intervención. Compartir esta evidencia con los profesores de ciencia del curso en cuestión permitió, no solo evaluar la comprensión del tema de reproducción de las plantas, sino reconocer la necesidad e importancia del trabajo integrado con las distintas áreas del colegio.

Una última palabra

No se puede negar: recoger evidencias convierte el trabajo en una práctica más compleja y dinámica. Pero, también, más agotador. Se debe tener lápiz y papel a mano todo el tiempo; asegurarse que la grabadora siempre tenga pilas; descargar diariamente la cámara de fotos y la videograbadora para asegurar siempre espacio de grabación disponible en cualquier momento. A veces, la sensación es la de ser un espía en la biblioteca, anotando en papelitos frases sueltas y con rápidas abreviaciones. Además, luego es indispensable escuchar, analizar, entender, resaltar frases y fragmentos que ilustran y otras que preocupan. No tiene sentido recoger evidencias sin un propósito claro; se hace para demostrar o comprobar algo, para la biblioteca o para otros docentes. Porque toda evidencia vuelve visible y perceptible lo que a veces, por tiempo y simultaneidad de acciones, no se alcanza a ver, a escuchar ni a recordar. Las evidencias se convierten, entonces, en un disco duro externo, un recuerdo tangible de que lo que se está haciendo tiene un propósito y una intención determinada.

Referencias 

Civallero, E. (2007): Action-Research Application in Evidence-Based Practice for Libraries. Ponencia presentada en: World library and information congress: 73rd ifla general conference and council.Disponible en línea en: http://archive.ifla.org/IV/ifla73/papers/154-Civallero-en.pdf Koufogian..., D. (2011): “What is Evidence?”. Evidence Based Library and Information Practice 2011, pp. 6.2

Ross, T. (2007). “Where’s the Evidence”. Understanding the impact of school libraries. Leadership Summit. School Library Journal. 

Ross, T. (2008). “Irrefutable Evidence”. School Library Journal. April 2008, pp. 52-54.

Sipe, L. (2008). Storytime. Young Children’s Literary Understanding in the Classroom. Teacher’s College Press, New York. 

St. Lifer, E. (2008). “The evidence April 2008, p. 13.

Tomado: Revista Internacional Magisterio No. 65. Formación docente