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La bici-clase: un espacio para la interacción de saberes

Por Arquímedes López , Por Martín Nicolás , Por Sandra Gómez , Por Sleny Moreno , Por Viviana Uni
Magisterio
19/07/2018 - 10:30
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Foto de Pixabay

Las relaciones escuela-estudiante se articulan excluyendo a la ciudad como espacio de aprendizaje, lo que hace necesario generar nuevos enfoques que busquen la liberación mental y corporal en escenarios donde se construyan los saberes. Es por esto, que un colectivo de maestros del Colegio San Bernardino da vida al proyecto de la bici-clase, para recorrer la ciudad en bicicleta con sus estudiantes, conocer el entorno y a sí mismos; romper con las relaciones habituales de poder, confrontarse con situaciones novedosas y empoderarse de la ciudad, así adquirir actitudes críticas que les permitan la participación activa como ciudadanos. 

Entre los objetivos del presente proyectos están:

1) Fortalecer el desarrollo de las competencias ciudadanas a partir del trabajo de campo que implique la interacción con la ciudad y sus diferentes actores; propendiendo por relaciones armónicas entre ellos y su entorno, adquiriendo pautas de convivencia y de resolución de conflictos.

2) Promover la apropiación del territorio como un ejercicio de reconocimiento para comprender las dinámicas e interacciones que se suscitan en él y la manera como éste se transforma y nos transforma por medio de acciones colectivas e individuales.

3) Buscar escenarios para que los diferentes estilos y ritmos de aprendizaje se prioricen a partir del cuerpo y el movimiento (kinestésica).

4) Propiciar diferentes escenarios pedagógicos donde los lazos de fraternidad y solidaridad se construyan y deconstruyan en igualdad de condiciones, de forma espontánea, como efecto de la mutua necesidad y del desarrollo de la empatía.

El proyecto de la bici-clase ha fortalecido las relaciones interpersonales de una manera diferente, es un proyecto que desborda los muros físicos de la escuela y requiere de relaciones igualitarias entre los sujetos. Montamos la bicicleta recorriendo un mismo camino y estamos en disposición de atender, ayudar e informar sobre el estado propio y el de nuestros compañeros. Es una manera distinta de ver la educación, en términos de Freire, una educación que incluye y trasciende la noción de escolaridad (Mirabal, 2008).

La bici-clase, el pensamiento crítico y las competencias ciudadanas: El pensamiento crítico es una de las competencias cognitivas más relevantes para el ejercicio de la ciudadanía (Ruiz - Chaux, 2005), en este sentido, el ejercicio pedagógico de la bici-clase convierte a la ciudad en un ambiente de aprendizaje, en el cual se desarrollan nuestros proyectos de vida, así, rodando en las calles hemos ido mejorando nuestras formas de relacionarnos con los otros en un entorno de confianza. 

En relación con la escuela tradicional, la calle nos demanda un compromiso más estricto de las reglas, pues, entre otras cosas, lo que está en juego es la integridad física y la vida misma. Las señales –formales e informales– son para respetarlas, y con el paso del tiempo, uno de los grandes logros del proyecto ha sido interiorizar el respeto por el otro actor vial, que tiene el mismo derecho que nosotros para moverse por la ciudad. Comprender el sentido de las normas y su importancia práctica exige un pensamiento crítico y un criterio moral desde donde juzgar su pertinencia y validez (Ruiz - Chaux, 2005).

Bici-clase y territorio

Con respecto a la apropiación del territorio pueden destacarse dos grandes avances del proyecto, por un lado, visto desde la perspectiva del método comparado, los estudiantes ganan en argumentación gracias a la observación directa de realidades que los nutren, para luego establecer paralelos, por ejemplo, ¿cómo era un territorio y cómo es ahora?; por otro lado, a tono con la pedagogía crítica al poder identificar qué diferencias caracterizan ciertos entornos presumiblemente similares de acuerdo al estrato socioeconómico en el que éste se encuentre, buscando dirimir ¿cómo y por qué el poder y el orden, encarnados en el Estado, se manifiestan como patrones de dominio social? (Múnera, 1994). 

Procesos de aprendizaje en la bici-clase: La bici-clase es un escenario que permite potenciar las habilidades de los estudiantes que en el aula convencional presentan dificultades, siendo estos los que se posicionan como líderes natos, asumen un papel protector frente a sus compañeros, demuestran conocimientos prácticos para ubicarse o para sortear adversidades y han logrado comprometerse aportando conocimientos técnicos y mecánicos. En este sentido, encontramos uno de los más claros principios de la pedagogía crítica, que debe ser una apuesta por la autonomía y el auto fortalecimiento. Debe permitir a los profesores, y a la comunidad educativa en general, identificar las limitaciones y potenciar las capacidades de tal forma que éstas sean la base para la auto superación (Borja, 2013). 

Una de las tantas enseñanzas de Paulo Freire (2004) radica en que todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprender siempre, justifica los resultados de nuestra práctica pedagógica de la bici-clase. Quienes iniciamos el proyecto, posiblemente sabemos hoy mucho más del funcionamiento y mantenimiento de las bicicletas, seguridad vial, e incluso de conocimientos de otras áreas gracias a las experiencias de los distintos recorridos y visitas realizadas en el marco del proyecto. 

Salir de la comodidad y de la seguridad que nos da el aula de clases tradicional y sus prácticas, no ha sido fácil, a posteriori ha sido muy gratificante porque en el camino, se gana confianza. Se puede pasar fácilmente de ser cuidador a ser cuidado, de ser guía a ser guiado, y por supuesto, hemos sabido entender estas mutaciones, procurando aprender lo que más sea posible para replicarlo en la siguiente salida y tener cada vez trayectos más seguros, más enriquecedores y, sobre todo, más felices. 

En este sentido, la bici-clase es una alternativa en la que se puede aprender, proponer, discutir y decidir sobre diversos intereses. Incluso los estudiantes proponen lugares a visitar, visualizando sus necesidades sin llegar a ser subvalorados, identificándose como sujetos activos del proyecto, apropiándose de la construcción de su conocimiento, lo que conlleva a una reflexión crítica del mundo (Mirabal, 2008), en este caso su cotidianidad expresada en su barrio, su localidad y su ciudad.

Desarrollo de valores y lazos afectivos: La bici-clase nos ha enseñado la importancia de trabajar en equipo para reducir el riesgo y el cansancio, pero, además, ha hecho aflorar sentimientos que en el aula de clase no habíamos podido despertar, quizás porque ni siquiera era uno de nuestros propósitos.

Así, con gran sorpresa, estudiantes que son poco sociables remolcan a los varados y lesionados, tendiendo una mano amiga a quien lo necesita; además, porque es inconcebible abandonar a alguien en el camino; entre líneas se ha ido creando un código de la bici-clase: todos salimos y todos regresamos.

Todos los aspectos anteriormente enunciados nos permiten afirmar que el proyecto ha sido un éxito, haciendo evidente que al partir de ideas que buscan construir no solo conocimiento sino lazos emocionales, que respondan por las necesidades de los educandos, los proyectos perduran (Mirabal, 2008). 

Impacto en la política pública 

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El proyecto nació en el año 2012 en el Colegio San Bernardino IED jornada tarde, fue presentado como una Iniciativa Ciudadana de Transformación -INCITAR-, en el cuatrienio 2012- 2015. En dicha convocatoria la bici-clase obtuvo reconocimiento y apoyo para la consecución de 26 bicicletas. 

Cabe resaltar que el proyecto ha sido presentado en escenarios académicos como: Foros locales de educación entre los años 2013 y 2015y la semana de la ética de la Universidad del Rosario en el año 2015; asimismo fue reconocido dentro de los incentivos a las experiencias pedagógicas desarrolladas en 2014 de la Secretaria de Educación del Distrito. Además, ha tenido el reconocimiento de entidades como el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación registrado en la crónica “De bici por la memoria”18, replicada a su vez en las redes sociales por la organización BiciRed Colombia.  

Sin embargo, se presentan algunas limitaciones, que se relacionan con la imposibilidad de contar con el acompañamiento de la policía de tránsito o de otra institución que juegue un papel de protección, en especial, teniendo en cuenta que transitamos con menores de edad que requieren un acompañamiento especial por parte de las autoridades. 

Actualmente, la bici-clase se encuentra en un proceso de re-invención y de expansión: en la institución se han involucrado más docentes, por tanto se ha llegado a más estudiantes. En este sentido, los creadores de la bici-clase hemos mantenido como principio la idea de compartir las experiencias y conocimientos del proyecto, toda vez que sus principios y filosofía se respeten y difundan.  

Metodología 

La bici-clase tiene dos estructuras: es abierta, puesto que las propuestas de recorrido y lugares de visita son diversas; y es cerrada, porque se han estandarizado tres momentos inexorables para cualquier salida: el antes, el durante y el después. Adicionalmente, empleamos la propuesta teórico-metodológica de la pedagogía crítica según Mirabal (2008), desde los siguientes pilares: 

El proceso educativo debe partir de la práctica, alternar la teoría – práctica, ser coherente y reflexivo: La bici-clase tiene un proceso estructurado que permite mitigar necesidades educativas y convivenciales en la institución, con este fin se programan los recorridos. Inicialmente se hace un proceso exploratorio de conocimientos previos sobre el lugar a visitar y del propósito planteado, este primer momento se denomina el “Antes”. El segundo momento es el “Durante”, que se desarrolla en el trayecto y en el lugar de la visita. Por último, el “Después”, ya estando en el colegio retroalimentamos lo acontecido, los aprendizajes logrados expresándolos en diversas formas. 

La construcción colectiva del conocimiento desde el diálogo como base educativa, partiendo del respeto del conocimiento del estudiante, al diferente, a la identidad y al saber popular: En la planeación y durante la ejecución de cada uno de los momentos que involucran el desarrollo de la bici-clase, se cuenta con los conocimientos del grupo desde el saber disciplinar y saberes relacionados con la movilidad para que los propósitos sean transversales correspondiendo, a las necesidades educativas. Así se consolida un proyecto que se enriquece del conocimiento académico y saberes empíricos de todos los que participamos en él.

El reconocimiento del mundo y el hombre dentro de este y su posición   como sujeto en los procesos de cambio: Al identificar la ciudad como un espacio abierto a diversas interacciones, nos sentimos parte de ella, cuestionando acerca de nuestro papel dentro de la sociedad, contemplando acciones de cambio que contribuyan a mejorar la calidad de vida y a la transformación social.  

La asertividad del educador y el establecimiento de relaciones horizontales desde la humildad, el amor, la fe y el compromiso: Las relaciones que se establecen en las actividades han puesto a estudiantes y docentes ante las mismas condiciones, siendo corresponsables en el desarrollo de los recorridos. De esta forma se configura un grupo que rueda desde la cooperación, fortaleciendo lazos de hermandad y compañerismo que luego se verán reflejados en la convivencia del colegio.  

Pertinencia social

La bici-clase surge como un medio para realizar salidas pedagógicas que se veían obstaculizadas por la carencia de recursos económicos. De acuerdo con la caracterización realizada en el año 2010 en el Colegio, se evidenció que un porcentaje importante de las familias San Bernardinas presenta condiciones económicas precarias, que han llegado al sector en situación de desplazamiento forzoso, o, como consecuencia de la misma segregación social dentro de la ciudad. La mayoría de padres de familia y acudientes tienen empleos informales con poca estabilidad económica. En términos de Borja (2013) asumimos este proyecto enfrentándonos a los problemas reales, analizándolos, comprendiéndolos y transformándolos en beneficio de la comunidad; reconociendo las prácticas educativas desde el contexto político y social. 

Ante este panorama, con los bajos presupuestos institucionales y distritales  para hacer realidad el slogan de “escuela-ciudad-escuela” surgido en la administración de Luis Eduardo Garzón, donde la idea era aprovechar un medio de transporte alternativo; propusimos lo que hoy orgullosamente llamamos “la bici-clase”.

Referencias

Borja, M. (2013). La pedagogía crítica y la contextualización de la enseñanza. Eureka. Freire, P. (2004). La importancia de leer y el proceso de liberación. México D.F.: Siglo veintiuno editores. 
Mirabal, A. (2008). Pedagogía crítica: algunos componentes teórico-metodológicos. Paulo Freire. Contribuciones para la pedagogía-CLACSO, 107-112.
Múnera, L. (1994). Las dimensiones del estado. En varios autores. En V. autores, Constitución política y reorganización del Estado. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Ramírez Bravo, R. (2008). La pedagogía crítica (Una manera ética de generar procesos educativos). Folios, 108-119.
Ruiz - Chaux, A.-E. (2005). La formación de competencias ciudadanas. Bogotá: ASCOFADE.
Tamayo, A. (2013). Hacia una didáctica crítica. Memorias Congreso Investigación y Pedagogía, 10-37.

Tomado de:http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf. pp. 246-253. Título:La bici -clase: un espacio para la interacción de saberes.

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