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La ciudadanía sexual y la diversidad de género como factores de subjetivación política en la construcción de la democracia y la oportunidad

Por Sandra Patricia Ordoñez
Magisterio
23/12/2017 - 11:30
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Foto de Revista Internacional Magisterio 89

¿Cuál es el proyecto pedagógico por el cual hoy, entre tantos maestros postulantes, es usted el Gran Maestro Compartir 2017?

Mi proyecto es la curricularización de la ciudadanía sexual y el enfoque diferencial de género. El proyecto inició hace tres años, cuando empezamos a pensar en cómo solucionar tres problemas específicos que estaban afectando mucho la convivencia escolar: la violencia de género, las discriminaciones de todo  tipo y el embarazo a temprana edad.  Estos tres elementos no permitían el desarrollo del PEI de la institución, así que decidimos unirnos para encontrar una solución.

 

¿Cuál es el PEI de la institución?

“Liderando estrategias pedagógicas para formar ciudadanos emprendedores y autogestores con énfasis en gestión empresarial”. Lo que se busca es que los egresados del Gerardo Paredes tengan competencias para generar empresa.

 

¿Y cómo venía interfiriendo esta problemática con el desarrollo de este objetivo?

Por la deserción escolar. Cuando el problema del embarazo a temprana edad, por ejemplo, se empezó a agudizar, vimos que ya no sólo se presentaba en los grados superiores, sino que había niñas desertando por esta razón apenas empezaban el bachillerato.  Eso, desde luego, afectaba todo su proyecto de vida.  Entonces, nosotros como docentes y como colegio, estábamos esforzándonos para promover proyectos productivos, proyectos para mejorar las áreas de conocimiento, y resulta que todo perdía sentido ante este fenómeno que se estaba generalizando. Otra cosa de la que nos dimos cuenta es que cuando un estudiante está lleno de problemas, no importa cuántos proyectos de conocimiento tengamos, él no va a rendir. Entonces comprendimos que enfocándonos en la afectividad de los estudiantes y en su subjetividad estábamos dando el primer paso para abrir la puerta del conocimiento.

 

+Video: La integración curricular de la ciudadanía sexual y el enfoque diferencial

 

Llegado ese momento en que la problemática es tan grave que deciden unirse para darle solución, ¿cómo conciben el proyecto?

El proyecto tiene detrás la investigación de varias tesis de grado que se dedicaron a evidenciar las causas de esa problemática en nuestro contexto particular. Eso es fundamental, porque muchos creen que como el embarazo a temprana edad o las violencias de género se presentan en toda la sociedad, son generales y no tienen particularidad en el contexto. Pero resulta que sí. Entonces tuvimos que investigar. Fueron dos años de aplicar encuestas, de hablar con padres, de hacer entrevistas, y cuando salieron los resultados, pudimos identificar causas que eran inimaginables, fue como una epifanía. Todo el mundo veía tan difícil bajar esas cifras porque abordaban el problema desde afuera, pero cuando se conocen las causas específicas del contexto, se comprende que la solución no está en los talleres sobre métodos de prevención. No era cuestión de llamar al hospital de Suba para que vinieran un día a dar una charla. La investigación nos permitió comprender que había que curricularizar la ciudadanía sexual. 

 

¿Cómo es eso?

Muchas veces se escucha que estamos en posconflicto, entonces surge la cátedra de la paz, que estamos viviendo violencias de género, entonces la cátedra de género, pero como todas esas cosas vienen de fuera, entonces  los docentes nos planteamos acerca de con qué tiempo vamos a meter una cátedra si es que ya está establecido un plan de estudios para las materias básicas. No preguntamos, si es que acaso  pretenden que quitemos dos horas de matemáticas para meter la cátedra de la paz. Eso no es posible. La idea, por lo tanto, no era hacer ahora la cátedra de educación sexual. Además, las investigaciones evidenciaron que todo lo relativo a la educación sexual estaba en manos de expertos, médicos, enfermeras, etc. Pero resulta que ellos no son pedagogos. Los que tenemos la capacidad de hacer que ese conocimiento transforme la realidad de un estudiante somos nosotros, lo profesores, ¡para eso estudiamos! Entonces vimos que ahí estaba la clave y tomamos nuestra herramienta tecnológica que es el currículo y empezamos a armar el plan de estudios específicamente para combatir cada problema. La pregunta fue: si queremos formar en esta ciudadanía, pero no tenemos el espacio, ¿qué debemos hacer? Y la respuesta fue: “Bueno, nosotros tenemos el área de ética”.  Y entonces la tomamos y la transformamos para que cada ciclo trate un tema específico del contexto problemático de nuestra institución. Es decir, empezamos a trabajar en ese espacio una ética propia a partir de la curricularización de la ciudadanía sexual. 

 

Además hicimos una caracterización con los estudiantes para que ellos mismos construyeran la otra parte del currículo: qué querían, qué necesitaban, sin importar lo que fuera. Así que les dijimos: —Es preferible que lo expongamos en el colegio, a que ustedes se vayan por allá, a Internet, o a preguntarle a un amigo, es mejor que tengan siempre una mediación profesional.  ¿Y qué pasó?  El cambio fue automático.

 

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¿Qué fue lo que descubrieron y cuáles son en consecuencia las particularidades de ese enfoque propio que ha logrado calar con éxito en la población?

Se creía que el embarazo era simplemente porque había una relación sexual sin protección. ¡No! Ahí están también vinculadas violencias de género, violencias intrafamiliares, para muchas niñas es un mecanismo para salir de sus casas,  hay múltiples motivos, que es lo que estamos atacando. Un elemento clave es que todos nuestros estudiantes vienen de familias en las que hubo también embarazos a temprana edad o embarazos no deseados.  Y resulta que no muchos padres de familia comentan esto con sus hijos, quizá por no mostrarles esa vulnerabilidad, y también por amor, porque ¿cómo le voy a decir a mi hijo que tenerlo truncó mi futuro, que tenerlo perjudicó en muchos aspectos mi proyecto de vida? Entonces eso hace que los padres, y especialmente las mamás, digan cosas como: “Yo te pensé, yo te planeé”. “¿Y entonces por qué tan joven, mamá?” “Porque yo te quería disfrutar, a mí me gusta que me digan que somos hermanas o que somos amigas”, etcétera. Encontramos eso: que las mismas familias tenían esa contradicción (le decían a sus hijas: “Ojo con ir a quedar embarazada. No vaya a quedar embarazada”. Pero, por otro lado, decían cosas positivas acerca de la paternidad a temprana edad). Y vimos que esos mensajes cruzados desde la infancia generan una tergiversación de las opciones frente a la sexualidad. Así nos dimos cuenta de que había que vincular a las familias. 

 

+Conozca el libro Mi cuerpo es lindo

 

Otra cosa que se evidenció en la investigación fue cómo el maltrato intrafamiliar tiene una conexión directa con los embarazos a temprana edad y también que nuestros estudiantes todavía están sufriendo las consecuencias de que mamá y papá fueron padres adolescentes. Hablando de las violencias intrafamiliares, por ejemplo, encontramos que era muy común entre los estudiantes sentir miedo en el momento en que los papás llegan a la casa del trabajo. Y eso es a diario. Entonces empezamos a analizar eso, por qué le tienen tanto miedo a sus papás, ¿será  por qué ellos llegan a su casa siempre de mal genio?, e hicimos un trabajo sobre la frase: “Mijo, estudie para que no lo humillen”. Les dijimos: “Vayan y hablen con sus papás y pídanles que les expliquen más a fondo qué quieren decir con eso de que estudien para que no los humillen”. Y entonces descubrieron cómo muchos de sus papás están atrapados en trabajos que no desean y en los que son realmente humillados, pero a los cuales no pueden renunciar porque tienen que responder por las necesidades de sus hijos.  Así los estudiantes empiezan a ver que muchas de las situaciones familiares de las cuales querrían huir son fruto de esa frustración a la que puede conducir un embarazo a temprana edad. En esa instancia les advertimos: “No vean esa situación como mala, es una circunstancia humana. Más bien, analícenla para que no se repita”. Y así, con cada cosa que íbamos identificando, hacíamos ejercicios similares e íbamos sensibilizando e implementando el nuevo currículo. La clave está en entender que la educación sexual no es genitalidad, sino que atraviesa todas las dimensiones de la vida humana.

 

¿Cómo se pasa de esa comprensión al concepto de “ciudadanía sexual” y cuáles son las implicaciones educativas de ese tránsito?

En nuestra cultura, la sexualidad es un tabú alrededor del cual hay prejuicios, creencias, imaginarios adscritos a las diversas posturas ideológicas de los seres humanos. Por eso, cuando se habla de “educación sexual”, caben todos los enfoques y todas las concepciones individuales sobre el tema. En ese espacio hay lugar para mucha controversia. Así que nos dijimos: “Nosotros somos una institución pública y por lo tanto educamos en derecho. Nos vamos a enfocar en la ciudadanía sexual, es decir, en el conocimiento y promoción de los derechos humanos sexuales y reproductivos”. Y ese es un ámbito en el que no hay discusión posible. El derecho no se controvierte. 

 

¿Dónde radica el poder de la educación para generar esas transformaciones de manera efectiva en la sociedad?

Lo primero es entender que no se pueden usar las mismas herramientas pedagógicas para todo. La experticia del maestro está en saber identificar qué método pedagógico o qué estrategia didáctica puede implementar en cada situación.  Lo que pasa es que promover una formación en sexualidad  implica mucho esfuerzo por parte del docente porque no sólo se puede apuntar a la parte cognitiva.  Y ese es el primer cambio que hay que  considerar: la formación de la ciudadanía sexual no puede tener en el colegio el mismo enfoque de las materias tradicionales que poseen un carácter eminentemente cognitivo, más relacionado con el aprendizaje, la prueba y la calificación.  Nosotros nos dimos cuenta de que el enfoque de la pedagogía de la ciudadanía sexual debe estar más orientado hacia lo socioafectivo. Para nosotros no es importante que el chico nos recite los derechos o que enumere las cualidades de un ciudadano ético, a nosotros nos importa que se  apropien de lo que se les enseña en la convivencia. No es como: “Vamos a hablar sobre el origen del machismo en Colombia y las violencias de género.  Abran el libro en la página…”. No. Yo no evalúo eso. Yo evalúo cosas como: “Estamos hablando de violencias de género y eso que acabas de hacer con tu compañera, qué es”. Eso, educar desde la socioafectividad, no se hace desde el tablero ni en el libro. Se hace desde lo que llamamos el acto pedagógico.  Es decir, yo puedo estar enseñando matemáticas o ciencias, lo que sea, pero si yo veo, por ejemplo, que hay una violencia de género de un estudiante, una expresión como “¡Ah! ¡Con razón respondió mal si es que es mujer!”, no importa de qué sea la clase, la reacción es: “¿Qué estás haciendo?”. Y parar la clase.  Porque es en el acto pedagógico donde más se educa. Yo puedo estar en otro tema, pero si yo veo que ya vimos violencias de género y hay una situación en mi aula en la que se ejerce alguna, hubo un error y digo no. O sea, aprendieron de memoria lo que hablamos, pero van a seguir reproduciendo en la sociedad lo que decimos que es inconveniente e inaceptable. O sea que yo le pregunto que si respeta la diversidad, usted se echa un discurso fabuloso, pero en la práctica no hace nada. ¡No! Aquí en lo que nos enfocamos es en la práctica. A mí no me importa que usted me responda la evaluación 1A. Lo que me preocupa es que en la evaluación saque cinco y aquí esté violentando a su compañero y a su compañera. Entonces es en el acto pedagógico donde la educación tiene poder. No podemos caer en la trampa de creer que la educación es sólo esa relación profesor-tablero-estudiantes.

 

+Lea: El amor está prohibido en los colegios

 

¿Qué otros aspectos, además del carácter socioafectivo del enfoque, serían definitivos para el éxito en la formación de la ciudadanía sexual en nuestra sociedad?

Primero, el enfoque socioafectivo.

Segundo, apartarse de la metodología preventiva. La prevención es importante, pero no debe ser el eje central de la formación.

Tercero, la sexualidad tiene también una función erótica y la mayoría de nuestros jóvenes tienen relaciones sexuales, no para tener hijos, sino para disfrutar de esa dimensión erótica, placentera. Entonces, se debe reconocer esa dimensión dentro de lo educativo, como un aspecto fundamental, ya que constituye la parte significativa sobre la cual se puede levantar el andamiaje del modelo socioafectivo.

Cuarto, hay que entender que no hay una sexualidad para mujeres y otra para hombres. No hay “cosas de mujeres” ni “cosas de hombres”, la formación tiene que ser conjunta, no hay que enfocarse prioritariamente en la mujer bajo el supuesto de que es la que tiene la mayor responsabilidad en la reproducción. No, esa responsabilidad es de ambos.

Quinto, la premisa de la confianza. Si tú no logras generar confianza en tus estudiantes, todo lo que te digan será “para complacer al adulto”,  como ellos mismos dicen: “Yo sé lo que mi mamá quiere escuchar, lo que mi papá quiere escuchar y lo que quiere escuchar el profesor,  entonces yo se los digo”.  Pero cuando media la confianza, el estudiante no me dice lo que yo quiero escuchar, sino lo que realmente siente.  Cuando logras tener realmente la confianza de los estudiantes, ellos se abren y ahí es cuando puedes intervenir y orientarlos.  ¡Nunca juzgarlos! ¡Eso sí es fundamental!  En todo lo que tenga que ver con el aporte a la ciudadanía sexual, es difícil, pero deja tus prejuicios y tus creencias a un lado. ¡Y no juzgues a ningún estudiante!  Porque si a ti se te sale en algún momento un elemento de juicio, pierdes al estudiante. Ya nunca te va a volver a decir nada. Y sin esa confianza, yo puedo aplicar miles de estrategias, pero si no logro entender la subjetividad de mis estudiantes, no voy a lograr los objetivos.

 

Entonces, a partir de esos elementos puestos en marcha a través del modelo que ustedes implementaron en el colegio, ¿cuáles son a la fecha los logros en términos de transformación, y cuáles las proyecciones hacia el futuro?

Está la reducción del embarazo a temprana edad. La verdad, todos éramos un poco escépticos al respecto. Nosotros llegamos a tener ocho embarazos por curso según los registros de orientación, que son los que manejan esas estadísticas. Sólo en los niveles superiores teníamos siete décimos, siete onces, y en cada uno ocho niñas embarazadas, ¡eso era fuertísimo! En el colegio, incluso, llegaron a pensar en desarrollar un proyecto de guardería para evitar la deserción escolar. Y yo decía:   “Bonito y todo, pero es que nosotros somos un colegio y eso es darnos por vencidos”.  En 2016, logramos reducir el número a ocho niñas en todo el colegio. ¡Eso fue increíble! Y ya cuando empezamos a tener las gráficas y todo, yo dije: “En 2017, ya toca cero. ¡Y en este momento vamos en cero!

 

Otro logro que alcanzamos con mucha dificultad fue una iniciativa de los estudiantes: ellos propusieron construir un espacio donde se expresaran las diversidades. Entonces generamos el Movimiento Diverso Gerardista. Y ahí se empezaron a concentrar los chicos afrocolombianos, indígenas, mujeres, población LGBTI, y empezamos a reunirnos. Pero había mucha resistencia. Así que aproveché el marco de la jornada única y logré que el Movimiento Diverso fuera un centro de interés.  Ahora nos reunimos en contrajornada y ahí se concentran todos mis representantes y traen todas sus inquietudes y buscamos apoyo según el caso.

 

Pero, por ejemplo, que los muchachos LGBTI ganaran ese espacio causó revuelo. ¡Prácticamente los atacaron de manera frontal en la institución! Entonces, ¿yo qué hice por ellos? Darles formación política aprovechando el espacio del gobierno escolar. Empezamos como se hace en una campaña política: asesoría de imagen, un lema que enganche, etc.: “Cuando ustedes estén en una posición de poder, les dije, pueden empezar a transformar algunas realidades”. Y los fui vinculando a movimientos políticos o académicos por fuera del colegio para que los apoyaran. Al líder de la población LGBTI lo vinculé con la Universidad Nacional.  A los que llegaban y decían: “Profesor, mire, es que me están discriminando”, los vinculamos con integración social. Y así  durante tres años consecutivos logramos ir posicionando y/o remitiendo a representantes de los diferentes grupos discriminados en y a las diferentes instancias del gobierno escolar. Pero como a veces no les hacen caso, por eso son importantes los vínculos por fuera de la institución, para que tengan más peso dentro de la institución y sepan las rutas de atención. 

 

Ese movimiento fue un logro y los estudiantes LGBTI ahora me dicen: “¡Uy, profe!, en el colegio ya no me molestan tanto, ya bajó la discriminación, ya tal profesor no me insulta, o al menos se modera”.  O sea, tampoco es que todo sea el mundo ideal, pero al menos en el Gerardo Paredes se puede ser.

 

Y tú ves que en la institución que las niñas ya hablan de género y los niños también. Los chicos, por ejemplo, hicieron un movimiento de objeción de conciencia contra el servicio militar, porque eso es violencia de género. 

 

Otro logro muy importante ha sido el cambio del manual de convivencia. Porque en el colegio conviven todas las vertientes sociales, de pensamiento, y el manual de convivencia es como la Constitución. Entonces, si hay un artículo que violente al género, eso se hace institucional y con apoyo  en la Ley 1620 empezamos a cambiarlo. Sacamos  todos esos artículos de “Buenas costumbres” que enmascaraban la homofobia, la transfobia, el machismo que estaba institucionalizado en el manual de convivencia y le empezamos a dar un enfoque de género, un enfoque diferencial, un enfoque incluyente. Todavía hay resistencias, pero ya no hay artículos que las respalden.  Cambiar ese manual fue duro, pero ha sido uno de los mayores logros. Y todavía estamos en la pelea,  pero ya logramos meter varios artículos de protección a la mujer y a la diversidad.

 

+Conozca el libro Familia escuela y educación de la sexualidad

 

Con todo este terreno ganado en el colegio, ¿qué proyecciones hay?

En los últimos tres años la convivencia mejoró abismalmente en los grados décimo y once. Y al mejorar la convivencia, la parte académica comenzó a repuntar.  Hoy todo el mundo quiere dictar en los décimos y en los undécimos porque todo es armonía y ahora sí se pueden enfocar en el conocimiento. Eso nos indica que les estamos abriendo a los chicos la posibilidad de soñar.  Y así como ellos pueden soñar con su futuro y empezar a construirlo en el colegio, nosotros creemos que ahora sí es posible convertirnos en la mejor institución educativa pública de Suba. Así como un día dijimos: “Vamos a reducir a cero el embarazo a temprana edad en la institución”, y lo conseguimos, ahora nos proyectamos para que en cinco años el mejor colegio de la localidad sea el Gerardo Paredes. Y confiamos en que así será.