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La clase afuera del aula

Por Jorge Alberto López Guzmán
Magisterio
28/05/2019 - 14:15
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Foto de Pixabay

El 9 de febrero de 2017, llegaba a las 2 de la tarde al salón 101 a dar mi primera clase en la vida. Tenía 23 años, parecía un estudiante más. Llegaba al salón de tercer semestre de los estudiantes de ciencia política de la Universidad del Cauca. Nunca voy a poder olvidar tan sublime momento.

Ese día me levanté muy temprano, a preparar mi cátedra, quería hacer algo diferente a mis primeras clases por las que había pasado, no quería llegar presentarme y preguntar a cada uno de los estudiantes su nombre y el por qué estaban ahí.

Por eso fui más osado, llegué a la 1:30 pm a la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, me hice a un lado del salón a leer mis notas de ese día, donde se encontraba el cronograma de actividades y los textos que iba a utilizar para ese semestre.

Faltando 5 minutos para las 2, arribé al salón y le solicité comedidamente al vigilante que me lo abriera. Recuerdo que la primera estudiante que llegó, venía chateando por su celular por lo que no me vio y me empujó, mientras yo esperaba una disculpa, ella entró disgustada pensando que era uno de sus compañeros de clase que solo estaba ahí para incomodar la puerta.

Entré al salón y esperé hasta las 2:10 pm para dar mis primeras palabras, ya habían llegado 20 estudiantes de los 30 inscritos. Y mis palabras fueron: "dejen sus cosas ahí, que vamos a salir". Cuando les dije eso, ninguno me hizo caso, así que lo repetí con mayor ímpetu, a lo que reaccionaron empezando a salir uno por uno, mientras yo escuchaba que se preguntaban entre sí: ¿quién es ese?, ¿es el profesor?

Los esperé afuera, y les dije síganme, mientras caminaba, escuchaba sus voces con curiosidad, al salir de la facultad, ellos seguían caminando detrás mío, los llevé por todo el centro histórico de la ciudad Popayán, mientras le decía "observen muy bien, ahora hablamos en el salón". Pero observen qué, eso era lo más curioso, se podía observar todo o nada, porque no había ninguna temática establecida que los llevará tener en cuenta alguna particularidad.

Media hora después de caminar, regresamos al salón. Les solicité que se dividieran en dos grupos, unos iban a ser "efectos" y los otros "causas". Me dispuse a escribir en el tablero lo siguiente: “problemáticas ambientales en el centro histórico de la ciudad de Popayán”, y le entregué el marcador a uno por uno de cada grupo, para que escribieran un efecto o causa.

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10 minutos después habían pasado todos, y ahí me presenté, les dije: “soy Jorge López y voy a ser su profesor de Gobernanza Ambiental, y el 70% de lo que escribieron en el tablero como cambio climático, contaminación visual y auditiva, desperdicio de agua, carencia de políticas públicas ambientales, entre otras cosas, es lo que vamos a ver en esta materia, y en estas hojas que tengo en mis manos se encuentra cada una de las lecturas y clases, que vamos ver como una experiencia inolvidable.”

Fue tan especial esa primera clase, que la mayoría de éstas las realizamos fuera del aula. Hicimos una visita al municipio de Timbío donde un grupo de campesinos han construido acueductos rurales comunitarios, lo que se le llama gobernanza del agua desde las bases sociales. Ese día los estudiantes comprendieron que el conocimiento no solo estaba en los libros, sino también en las miles de voces de las personas.

En el mes de julio, se estaba acabando el semestre y en las dos últimas clases, comprobé que mi objetivo se había cumplido, había logrado que un grupo de estudiantes universitarios, entendieran el valor de reflexionar sobre los problemas ambientales más allá de un libro o un concepto, sino desde la realidad de las comunidades. Y además y no menos importante, había comprobado que lo que quería hacer el resto de mi vida, era enseñar. Ese semestre nació un docente más por vocación que al día de hoy reivindica tan hermosa labor.

Foto de Pixabay