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La creatividad infantil: divino tesoro

Por Erika Aiello , Por M. Mercedes Civarolo
Magisterio
29/06/2016 - 09:30
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Foto de: El coleccionista de instantes. Fotografía y video. Tomada de: Flickr

Nuestra labor, en lo que a creatividad

respecta, es ayudar a los niños a subir

hasta lo más alto de sus propias

montañas. Nadie puede hacer más que eso.

Loris Malaguzzi

 

La creatividad es hoy en día un tesoro indiscutible, a nivel personal, profesional y social. Este vocablo polisémico, de vieja data, se halla abierto a muchas posibilidades de estudio. Si en siglos pasados se consideraba que el potencial creador era, según Torre, “un don otorgado a un grupo reducido de personas, en nuestros días existe una conciencia generalizada de que todos tenemos un potencial creador, semejante al de la inteligencia, susceptible de ser desarrollado.

 

Este tema, que no ha dejado de interesar a los educadores, no ha logrado ser traducido en estrategias para facilitar su desarrollo, por el contrario, cada vez más, se perciben serias acusaciones a los sistemas educativos por su tendencia a reprimir la expresión creativa. Sin embargo, existen ciertas experiencias pedagógicas que muestran evidencias de lo contrario. Una de ellas, es la llevada adelante por las escuelas de la infancia y asilos nidos de Reggio Emilia, Italia, que, de la mano de Loris Malaguzzi, se constituyeron en un ejemplo de que la creatividad es un potencial de niños que puede desarrollarse.

 

Palabras clave: Creatividad, Educación infantil, Reggio Emilia.

 

¿Cuál es el origen del vocablo creatividad?

En el mundo antiguo no existía un concepto explícito de creatividad. La creatividad era ajena a la experiencia humana debido a que nadie podía ser creativo más que Dios. En los últimos siglos fue surgiendo una nueva perspectiva de pensamiento que expresa que todas las personas son creativas, aunque de diferentes maneras y en diferentes grados, y la creatividad está presente en toda actividad humana y en cualquier manifestación de la cultura.

 

Postura avalada por Ken Robinson, destacado referente a nivel mundial sobre la creatividad, quien cuestiona la efectividad del sistema educativo a la hora de desarrollarla: “las escuelas matan la creatividad”, afirma. Ante esta paradoja, hay un hecho que nadie discute: que los niños son creativos e ingresan a la escuela demostrando esa capacidad; sin embargo, poco a poco la van perdiendo, aunque también los adultos ya que a medida que crecemos vamos desaprovechando dicha habilidad por miedo a equivocarnos, en el marco de las limitaciones que impone la educación que recibimos. Al decir de Robinson, la escuela nos educa de la cintura para arriba, y solo el lado izquierdo del cerebro, olvidando que la meta es educar la totalidad del ser.

 

En las Escuelas de Reggio Emilia la situación es distinta. Las ideas innovadoras de Loris Malaguzzi dan cuenta de un paradigma diferente sobre la creatividad, que ha logrado dejar su huella en niños, padres y en los educadores que año a año visitan la ciudad para conocer esta pedagogía estética que logra conciliar teoría y práctica en proyectos reconocidos mundialmente.

 

Hoyuelos, refiriéndose a la obra de Malaguzzi, rescata una idea de Monreal (2000)4, donde señala que la creatividad “tiene que ver, con la capacidad –en ocasiones intuitiva– de ver las cosas de manera nueva, recogiendo y construyendo cultura, con una gran habilidad para tomar decisiones con imaginación y con gusto estético y con una enorme tenacidad y fuerza para lograr los objetivos propuestos.

 

Para Loris, la creatividad no es una especie de don que tienen solo algunos. “La función creadora es un tesoro de todos los hombres y de todos los niños”. En una conferencia, en la que enfatizaba la inspiración de Gianni Rodari en su pensamiento, citaba el siguiente párrafo:

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“Es ‘creativa’ una mente que trabaja siempre, siempre dispuesta hacer preguntas, a descubrir problemas donde los demás encuentran respuestas satisfactorias, que se encuentra a sus anchas en las situaciones fluidas donde otros solo husmean peligro; capaz de juicios autónomos e independientes (...) que rechaza lo codificado, que maneja objetos y conceptos sin dejarse inhibir por los conformistas. Todas estas cualidades se manifiestan en el proceso creativo. Y este proceso tiene un carácter festivo (Rodari, 1979, p. 194)”.

 

La creatividad es algo que se puede materializar o no, pero, al igual que la inteligencia, es una convención cultural, un valor que puede variar según épocas y contextos, ligada inexorablemente a un acto de amor y de pasión por la curiosidad por explorar y aprender. De este amor nace el deseo de innovar y transgredir. Es por eso que “la creatividad no se puede considerar una facultad mental aislada sino una característica de nuestra manera de pensar, conocer y decidir.

 

¿Cómo reconocer la creatividad y potenciarla?

Según Malaguzzi, “todo proceso de aprendizaje es un proceso creativo”. La explicación de Hoyuelos ante esta idea es que “dada la unicidad de cada cerebro humano y la unicidad de los modos de aprender, cada acto de aprendizaje puede ser definido como un acto creativo y no porque, necesariamente, produzca algo nuevo, sino porque creativo es lo nuevo que acaece en el sujeto durante el proceso de aprendizaje (…)”.

Hoyuelos, siguiendo a Malaguzzi, resume algunas consideraciones a tener en cuenta para reconocer la creatividad y potenciarla.

 

La creatividad se vincula con la imaginación y la fantasía. No debe considerarse una facultad mental separada de la forma de conocer o decidir. Surge de experiencias múltiples y de la adquisición de un sentido de la libertad que legitima la libre búsqueda de procedimientos y soluciones cognitivas y dimensiones afectivas e imaginativas profundas.

 

El lugar de su desarrollo son las situaciones interpersonales, precisamente, de negociación y confrontación con otros, ya que, a partir de ellas, se abren muchas ideas que se transforman en elementos centrales para el desarrollo de la propia creatividad.

 

Hay más posibilidades de que la creatividad se active si los adultos somos menos consumidores de ciencia y de prescripciones pedagógicas y nos convertimos en observadores y nos abrimos a la escucha de lo que hacen, dicen y piensan los niños. Estamos atentos a los procesos, es decir, a los que se dan en la mente de los pequeños cuando actúan y comprenden.

 

Entendida de esta manera, la creatividad puede ser concebida como la actitud de pensar de forma diferente a los demás; como un comportamiento constructivo, productivo, que se evidencia en la acción o en la realización e implica flexibilidad de pensamiento y/o fluidez en las ideas, actitud para concebirlas y descubrir relaciones entre ellas. “Creativo, significa que cada criatura es capaz de inventar su propio conocimiento del conocimiento. Que los niños son capaces de construir imágenes e imaginarios mientras exploran e investigan –con alegría– los acontecimientos de la vida”. (Investiga en: La alegría de crear)

 

En consecuencia, la creatividad requiere que la vieja escuela del conocer se vincule a la escuela del expresar, para abrir camino y promover los cien lenguajes de los niños de los que nos habla Malaguzzi en su poema. Son ellos, quienes están más preparados para expresar ideas, hacer descubrimientos, cambiar puntos de vista, y apreciar los valores de la utilidad y la creatividad. (Más sobre educación infantil)

 

“Los niños (como el poeta, el escritor, el músico o el científico) son ávidos investigadores y constructores de imágenes”. Estas capacidades manifiestas para construir imágenes, mientras exploran e investigan –con alegría– los acontecimientos de la vida, son una creación y una recreación inventiva que parte de los intereses infantiles relacionales, motores, perceptivos, corpóreo-sensoriales, emocionales, fantásticos, estéticos, simbólicos y cognoscitivos. Con estos intereses construyen imaginativamente conocimientos diferenciales: contraste que transforma imprevisiblemente el propio conocimiento adquirido tranformándolo y restructurándolo.

 

 Los niños son siempre creativos y su actividad espontánea es, quizás, la mejor evidencia de esta capacidad. Esta potencialidad humana se consolida en la curiosidad y en el permanente cuestionamiento, en el descubrimiento, en el planteamiento de problemas y en la resolución por múltiples caminos y con medios novedosos. Implica decidir por sí mismo y no tener miedo a equivocarse y a dialogar con la incertidumbre desde lo no convencional.

 

Coincidimos con Malaguzzi en que el desarrollo de la creatividad se da en situaciones interpersonales, “cuando la negociación y la comparación abierta de las acciones y las ideas se convierten en elementos decisivos de desarrollo (…) la creatividad habita en nuestra dimensión personal y de grupo como una exigencia constante y a la que, de algún modo, conocemos poco”. 

 

Es por ello que en una sociedad cambiante como la actual, se necesita de una educación que busque “mantener la mente infantil”, que plantee preparar y estimular al hombre para hacer de él un sujeto creador, con apertura de mente, flexibilidad y tolerancia (ver: Educar para crear). Que prepare para la vida creativa, donde el sujeto sea capaz de ubicarse en su entorno de un modo abierto y sin prejuicios, si bien, conectado con las huellas de su pasado, sobre todo, preparado para enfrentar y asumir el futuro, mejorando situaciones, cuestionándose, planteando caminos alternativos, formándose como ser autónomo, maduro y libre. Pues es en el raccionar creativo donde el ser encuentra la plenitud y la felicidad, desde donde se proyecta y se convierte en un hacer trascendente, desde las pequeñas acciones creativas a los más grandes descubrimientos. Para lograr esto, Hoyuelos, compartiendo la visión de Malaguzzi15, afirma que nuestra tarea es “ayudar a los niños a ascender lo máximo posible, a sus montañas”.

 

Las autoras

Dra. M. Mercedes Civarolo

Dra. en Ciencias de la Educación. Profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina. Dicta las cátedras: Metodología de la Investigación Pedagógica, Teorías del Aprendizaje, Didáctica General y Currículum en la Universidad Nacional de Villa María. mmciva@hotmail.com mmciva@yahoo.com.ar 

Lic. Erika Aiello

Profesora de Primero y Segundo Ciclo de la E.G. B por la Escuela Normal Víctor Mercante. Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Villa María. Docente auxiliar de la cátedra Teorías del Aprendizaje y Didáctica General y currículum. Integrante de equipos de investigación en la Universidad Nacional de Villa María. erika_aiello@hotmail.com

 

Referencias

Civarolo, M. (2011). Al rescate de la actividad infantil. Villa María (Cba): Eduvim.

Hoyuelos, A. (2006). La educación infantil en Reggio Emilia. España: Ediciones

Hoyuelos, A. (2006). La estética en el pensamiento y obra pedagógica de Loris Malaguzzi. España: Ediciones Octaedro.

López, R. (1998). Prontuario de creatividad. Chile: Bravo y Allende Editores.

Torre, S. (2007). Creatividad aplicada: recursos para una formación creativa. Buenos Aires: Magisterio del Río de la Plata.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 63 Educación e interdisciplina

También puedes documentarte en: La creatividad en la ciencia y en la educación, Pedagogía de la creatividad y la lúdica y Construyendo imaginarios

Foto de: El coleccionista de instantes. Fotografía y video. Tomada de: Flickr