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La curiosidad natural del estudiante por comprender el mundo que lo rodea

Magisterio
14/12/2019 - 10:45
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Foto de Adobe Stock

Medellín, agosto 31 de 2017 

Dirigida a:  

MAESTROS integrantes del Nodo de Investigación de la ciudad de Medellín  

Asunto:  

CARTA PEDAGÓGICA  

ATENCIÓN: 

No soy una maestra tradicional, soy microbióloga e investigadora (énfasis en enfermedades infecciosas) y quien aprendió – casi a la fuerza - como enseñar los principios básicos de la Microbiología a estudiantes del área biomédica. 

Si bien mi admiración por los educadores que hacen parte de la Red de gestión y calidad de Medellìn, es enorme, me siento en desventaja en cuanto a las competencias que son propias de ustedes y que los convierten en el gremio en el que reposan las esperanzas del verdadero cambio que necesita el país para salir adelante.            

Como bien saben, yo fui entrenada como una investigadora que - como parte de sus funciones - atrajo a otras personas de mentes abiertas y capaces, por lo tanto, de explorar alguno de los mensajes ocultos de Madre Naturaleza. No obstante, no soy maestra en el término en que ustedes lo son y no poseo la dialéctica que ustedes dominan 

Con respuestas tales como “Eso lo encuentras hasta en tu celular”. “No molestes con tantas preguntas tontas”. “Eso ya está dicho y aclarado hace años, busca en la biblioteca”. “Ocúpate de algo diferente, más actual”. Lo más doloroso es que, no infrecuentemente, estas respuestas que castigan la curiosidad, son también dadas por los maestros… 

La curiosidad natural del estudiante por comprender el mundo que lo rodea

Quisiera comenzar por agradecer la invitación que me han hecho para participar en esta reunión del Nodo de Investigación organizadas por y para ustedes, los Maestros de Verdad. Debo reconocer que acepté gustosa pero también temerosa ya que no era claro para mí como podría acercarme a ustedes y, de alguna forma, llevarles algo útil de lo mío que es MICRO (microbios no visibles a simple vista) a lo de ustedes que es MACRO (niños, jóvenes) si bien ambos mundos representan rutas que conducen al conocimiento.  

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Cuando me debatía en búsqueda del hilo conductor pensé en la investigación ya que todos ustedes, así como las personas que, como yo, estudian el mundo microbiano, necesitamos investigar para entender mejor un tema dado y, al hacerlo, lograr un mayor disfrute de las maravillas con que nos regala Madre Naturaleza. 

+Lea: La curiosidad como motor de aprendizaje

Como tutores de aquellos que nos siguen, es decir, nuestros estudiantes, deberíamos tener en mente las cualidades que éstos poseen para aprovecharlas en el buen sentido de la palabra. Me referiré solo a una, LA CURIOSIDAD, la que se hace manifiesta especialmente en los niños, aquellos que enloquecen a los adultos con preguntas insistentes sobre el por qué, el cómo, el cuándo… de todo, absolutamente de todo, lo que ven alrededor. Esta insistencia suele irritar a los adultos hasta sacarlos de quicio, especialmente a nivel del hogar cuando los padres tratan de encontrar algún reposo luego de un largo día de trabajo. 

percepción de lo distinto, búsqueda de explicaciones para la diferencia, desazón por lo que no se comprende.

Pero ¡que tremendo sería destruir esta inclinación natural hacia la exploración de lo desconocido! Con respuestas tales como “Eso lo encuentras hasta en tu celular”. “No molestes con tantas preguntas tontas”. “Eso ya está dicho y aclarado hace años, busca en la biblioteca”. “Ocúpate de algo diferente, más actual”. Lo más doloroso es que, no infrecuentemente, estas respuestas que castigan la curiosidad, son también dadas por los maestros… 

¿No sería éste el mejor momento – el de la pregunta - para iniciar un contacto revelador entre adultos (cansados) y niños (curiosos)? ¿Qué tal si se pensara que fomentar la curiosidad sana haría que, más tarde, los menores se transformaran en adultos atentos a las diferencias existentes entre una y otra forma de ejecutar un mismo proceso, que fueran capaces de percibir los cambios observables entre dos caminos o dos sistemas? Reside aquí, precisamente, la condición esencial del investigador, su poder de observación para percibir la diferencia y su inquietud intelectual para explicar la razón de un fenómeno dado. 

Lo anterior me lleva aceptar como verdadera la frase escrita en el tablero de una institución educativa foránea: “La mejor escuela es aquella que está llena de preguntas.” 

CURIOSIDAD definida como inquietud intelectual, percepción de lo distinto, búsqueda de explicaciones para la diferencia, desazón por lo que no se comprende. He aquí el terreno fértil que podría brindar la escuela y que permitiría a las nuevas generaciones convertirse en gentes capaces de enfrentar el futuro con valentía y confianza. 

angelares@une.net.co 

Foto de Adobe Stock