Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0

ANUNCIO whatsapp_image_2021-02-18_at_3.41.59_pm.jpeg

La danza folclórica y sus construcciones esenciales

Por Andrea Karina García
Magisterio
22/05/2018 - 11:00
0
Foto de Luigino Bracci. Tomada de Flickr

Palabras clave: danza folclórica, práctica pedagógica, praxis, contexto, horizonte de sentido.

La clase de danza

Empieza el año escolar y el profesor de danza se llena de elementos para iniciar los procesos de clase.  El equipo de sonido, la grabadora con CD, MP3 o USB son los recursos de reproducción de música más utilizados. En el marco tecnológico actual, una la aplicación en el celular con una playlist acondicionada y un parlante con Bluetooth pueden ser la herramienta sonora a utilizar. Sumado a esto, los apuntes para la clase, la ropa de trabajo y la disposición completa para iniciar la tarea corporal que los estudiantes esperan.  En cuanto al espacio físico,  un salón en lo posible sin pupitres con un área suficiente para que los estudiantes se desplacen y bailen es suficiente. Un lugar muchas veces canjeable por las canchas, algún pasillo, restaurante o salón de audiovisuales libre en el colegio, el cual brinde las condiciones para la experiencia corporal que inicia. 

La clase de danza se convierte en el lugar significativo donde se baila, se goza y se aprende. De esta manera, la relación intrínseca entre el movimiento, el cuerpo, el ritmo y la construcción de conocimiento se hacen evidentes. El estudiante explora, descubre, se reconoce y se piensa. El educando en la clase tiene la posibilidad de salir del pupitre y transitar por el espacio con menos restricciones. Empieza a preguntarse desde y para su cuerpo, solucionando situaciones. Se enfrenta a los desplazamientos, a la metáfora, a la situación de representación, a los diferentes ritmos, a la coordinación, al otro como pareja y a sus inseguridades como ser expresivo y corpóreo. 

La didáctica de la danza folclórica debe ampliar su espectro metodológico, dialogar con otros géneros danzarios y musicales en aras de establecer anclajes con los estudiantes. 

Este espacio académico motiva procesos sociomotrices afectivos y sensibles. Allí se fortalecen las condiciones físico-rítmicas, las cualidades de movimiento, la apreciación estética y las competencias comunicativas. 

De esta manera, la clase de danza se instala como una práctica pedagógica que articula las dimensiones corporal, cognitiva, emocional, cultural y social del estudiante. Una asignatura fundamental y pertinente para los procesos educativos actuales, que desde la educación artística enriquece las perspectivas y prospectivas de vida. 

+Conozca el libro ¡A bailar Colombia! Danzas para la educación básica

Eso que llaman danza folclórica

La asignatura de danza brinda sin duda experiencias fundamentales para el estudiante. Dentro de esas dinámicas es importante mencionar los contenidos de danza que se enfocan en el reconocimiento de la memoria histórica, la tradición coreográfica, la experiencia corporal contextual y la exploración de la cultura popular tradicional colombiana. 

La danza folclórica como campo de conocimiento propone temas importantes que se movilizan en el aula. Esto se ve reflejado en los escenarios educativos. La cumbia, el bambuco, el torbellino, el joropo y el mapalé son algunas de las danzas más populares en las izadas de bandera, en el día del idioma, en las clausuras o día de la raza en varios colegios.  Estos montajes, generalmente,  surgen al interior de la clase. 

Es importante pensar que la danza presentada es el producto final de un proceso en el que el profesor debería transitar por el conocimiento, el análisis, la transposición y finalmente la creación coreográfica. Este tránsito se constituye solo de manera significativa desde una progresión de contenidos para el estudiante. Se está hablando de un proceso cognitivo, simbólico y experiencial complejo, que significa el reconocimiento de una identidad cultural- corporal-contextual. De esta manera, lo que se ve en el escenario es producto de una cantidad de elementos en relación. La clase de danza tiene un horizonte de sentido más allá de una puesta en escena como producto encargo para la celebración en una institución educativa, como muchas veces pasa. La danza folclórica es experiencia significativa.

A partir de esto surgen varias preguntas: ¿Cómo se están desarrollando las clases de danza folclórica? ¿Qué es la danza folclórica para los profesores y las instituciones?

Después de preguntarle a varios docentes de danza, se evidencia que el concepto es ambiguo. Es probable que los marcos teóricos que apoyan varias prácticas pedagógicas en danza folclórica deban fortalecerse. Los discursos enunciados se sustentan en autores, referencias y argumentos que no han sido analizados a profundidad por el profesor. Hay cartillas, compendios, libros, textos-guías y referentes audiovisuales que entregan trazas e insumos para los procesos de clase. Sin embargo, estos deben de pasar por un filtro fundamental, en el que la construcción de conocimiento alrededor de la danza folclórica sea pertinente y dialógica metodológicamente con el contexto y la praxis de los estudiantes.   

Entrando un poco en el concepto, los docentes mencionan que hablar de danza folclórica es entrar en la dimensión del folclor. Folklore, derivado de las palabras anglosajonas folk (pueblo) y lore (saber), nace como noción con William J. Thomas en el ámbito de los estudiosos y aficionados a las “antigüedades” en 1846. Etimológicamente significa “saber del pueblo”. Así, la mayoría de referentes manejados por los docentes disponen que la danza folclórica es ese saber dancístico del pueblo que ha sido transmitido en el transcurso de la historia hasta ahora.  
Las nociones de folclore y de danza folclórica mantienen un gran andamiaje en la actualidad.  Las conceptualizaciones se han ampliado, se han deconstruido y se han retroalimentado. El folclor ahora no hace referencia solo al “pueblo” o a lo campesino, como si ese saber fuera algo extrínseco a lo urbano.  En la misma línea, la danza folclórica en este momento no solo hace referencia a las danzas del “saber tradicional” de ese pueblo distante. También acoge construcciones dancísticas que desde la tradición folclórica se nutren y reestructuran de acuerdo con una necesidad escénica.   También se enuncia desde las danzas de autor, las cuales presentan estructuras coreográficas desarrolladas por creadores reconocidos, los cuales instauran sus creaciones como canon en la tradición coreográfica de Colombia. Un ejemplo es Jacinto Jaramillo y su creación del bambuco de ocho pasos; por su parte, Delia Zapata Olivella y su creación del bullerengue femenino de vestuario blanco es otro referente crucial. 
La cuestión es entender este fenómeno. Esta manifestación cultural y ahora manifestación artística que de acuerdo con la época y el contexto genera sus lecturas. De esta manera, lo que se lleva al aula como danza folclórica debe tener una plataforma teórico-metodológica articulada. Aquella que haya sido estudiada, construida e incorporada por el profesor atendiendo a su lugar de enunciación como pedagogo de la danza. 

ANUNCIO
banner_web_rim_digital.jpg

Ampliando el horizonte de sentido

Varios docentes centran sus clases de danza folclórica en las formas sistemáticas, las estructuras estáticas y los estereotipos rigurosos, que varios documentos movilizan como contenidos de danza folclórica.  Esto sucede porque existe un temor fundado por el acatamiento de las “verdades” instauradas. Certezas consolidadas por referentes como maestros, manuales, compendios y cartillas que estructuran, construyen y marcan maneras de hacer y enseñar la danza. Sin embargo, la  danza folclórica como proceso de enseñanza-aprendizaje no puede movilizarse por esas prácticas conceptuales y metodológicas inamovibles, establecidas en los imaginarios de los docentes para mantener una “tradición”. Esas prácticas pedagógicas que involucran no solo una enseñanza sistémica conductista para explicar un paso básico, sino que evocan construcciones danzarias desarrolladas a partir de discursos delimitados, referencias sesgadas y conceptos herméticos no deben tener cabida. Danzas folclóricas que muchas veces el docente trata de ubicar en el cuerpo del estudiante de manera forastera desde la forma. Sin concepto, contexto, fondo o reflexión. Todo en aras de mantener la usanza.  Todo esto es antagónico a la educación artística misma.

Con base en esto, muchas veces se fijan pautas que se consagran en la pedagogía de la danza que transita el profesor por los escenarios educativos. La didáctica se estanca. Esto hace que la clase de danza pierda su carácter dinámico y accesible a la experiencia corporal vital del estudiante y del profesor. La clase de danza folclórica puede llegar a ser concebida como una situación repetitiva. Disposición que le da una condición repelente, en la que el escolar solo repite y cumple con los requerimientos. Todo esto fractura a su vez las  estructuras de innovación emergentes promovidas por los educandos desde necesidades creativas, aquellas que pretenden reacondicionar esta reiteración en clase, desde la articulación con otras vivencias.

El bambuco como danza, para tomar un ejemplo, debe analizarse en el aula en una triangulación experiencial: concepto, cuerpo, contexto. Por ello es fundamental comprender también que los profesores de danza folclórica deben ampliar los horizontes de la asignatura más allá de un documento, un video de YouTube o una referencia personal. El compromiso como formadores es que los procesos de enseñanza-aprendizaje desde la educación artística den cuenta de una vivencia danzaria holística, en la que  la incorporación del saber sea el horizonte de sentido.
Las cartillas y los libros de folclore deben ser referentes que detonen búsquedas teóricas y prácticas más profundas. La didáctica de la danza folclórica debe ampliar su espectro metodológico, dialogar con otros géneros danzarios y musicales en aras de establecer anclajes con los estudiantes. 

Hay que referirse entonces a una asignatura con progresiones didácticas situadas, críticas y constructivas. Marcos teóricos edificados por docentes desde diferentes reflexiones, los cuales atienden a las realidades conceptuales y contextuales de los estudiantes.  Se debe pensar en clases nutridas con elementos de otras disciplinas artísticas y otros géneros danzarios. La danza folclórica se debe tomar como práctica pedagógica-artística, como acción performativa misma, planteada como un evento en donde se recrea, se reconstruye, se reexperimenta, se revive y se reformula. Hay que propugnar por una experiencia corporal fundamental, que motive reflexiones actuales en torno al cuerpo, al movimiento, a la creación, a la cultura, a la identidad y por supuesto al folclore y sus contextos.  Hay que pensar en una danza folclórica viva.

De esta manera empiezan a convivir lo prosaico con lo poético, brindando una perspectiva de convivencia entre la teoría, la sensación y la práctica. Cuando se incorpora, se entra en un estado de ser en estéreo (minimizando al monofónico ausente). Las experiencias convierten la construcción de conocimiento en una práctica fundamental que fomenta en el ser una resignificación de estados, la cual remite a una capacidad transformadora y reflexiva de su entorno.

El paso básico, el vestuario y la música, fomentados desde una búsqueda bidireccional (docente-estudiante) articulada a una vivencia contextual y a una reflexión personal, hacen de la danza folclórica una experiencia dinámica.  Así, los procesos de interacción en la danza se fomentan, motivando construcciones comunicativas más amplias y, por qué no decirlo, un goce estético privilegiado.  El estudiante que era distante del folclor en su entorno estrecha relaciones. No camina desprevenido y desarrolla competencias de apreciación, percepción, interpretación, socialización y creación con la danza folclórica.

Referencias
Barrios Alday, P. (1993). Folclor y escenario. Chile: Agencia de Publicidad Vía Magín. 

García, A. K. (2015). Creación, arte y paradoja. A propósito de la danza folclórica. Revista Calle 14. Volumen 10, Número 16. Mayo-Agosto.  Bogotá: Universidad Francisco José de Caldas

Martín, A. (2005). Folclore en las grandes ciudades. Argentina: Libros del Zorzal.  
Rico Bovio, A. (1998). Las fronteras del cuerpo. Crítica de la corporeidad. Quito: Abya-Yala.

Viana Díaz, L. (2003). El regreso de los lobos. La respuesta de las culturas populares a la era de la globalización. Madrid: CSIC. 

La autora. Licenciada en Educación Artística de Uniminuto. Magíster en estudios teóricos de la danza del Instituto Superior de las Artes (ISA), La Habana (Cuba). Magíster en Estudios Artísticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Docente de la licenciatura en artes escénicas de la Universidad Pedagógica Nacional. Contacto: 
karinayladanza@hotmail.com

+Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 91

oto de Luigino Bracci. Tomada de Flickr

 

Más sobre el tema que está leyendo

Es una metodología de enseñanza sistematizada en un procedimiento, que permite a través de un cuento, o un tema académico diseñar una historia para...