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La disciplina escolar y el enfoque preventivo

Por Gemma Alsina Masmitjà
Magisterio
10/04/2018 - 14:45
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Foto de Pixabay

La disciplina escolar tiene una serie de características que la definen. En primer lugar, aparece la dependencia del contexto, que se desarrolla en un contexto determinado, el escolar, en el cual se llevan a cabo el desarrollo de los procesos instruccionales o de enseñanza-aprendizaje.También se caracteriza por la funcionalidad instrumental, que es el instrumento para conseguir el orden necesario para funcionar en el aula. “Disciplinar” a los alumnos no es en sí mismo un objetivo educativo, pero para educarlo hacen falta unas condiciones y es aquí donde la disciplina acontece un instrumento indispensable. Así mismo, tiene un valor socializador, dado que tiene propósitos de socialización entre los alumnos y entre estos y el profesor, razón por la cual se tiene que llevar a cabo de manera positiva.  Finalmente, se caracteriza por ser interactiva: la situación instruccional es interactiva (profesores-aprendizajes-alumnos), por lo tanto, la disciplina no depende únicamente de lo que hace y de las decisiones tomadas por el profesor, sino que es necesario un clima de aula favorable para que la disciplina consiga sus propósitos.

Componentes fundamentales del enfoque preventivo

A pesar de que más adelante incidiremos en este tema, nos parece interesante comentar, en este apartado, los componentes que facilitan un enfoque preventivo, dada su relevancia en todo planteamiento disciplinario. Analizarlos brevemente nos permitirá entender la complejidad asociada con el tema y, a la vez, las múltiples facetas desde las cuales debemos afrontarlo. La comunicación en el aula se refiere, tanto a la eficacia comunicativa como a la comunicación de las normas establecidas, sin olvidar el valor de la comunicación no verbal.

+Lea: Nuestra responsabilidad como maestros

En cuanto a la eficacia comunicativa, hay que destacar que la comunicación es una de las piezas claves de la funcionalidad y el éxito de las instrucciones. Lo importante en la escuela no es que todos intercambien mensajes y opiniones sobre cualquier aspecto, sino que todos tengan oportunidad de dar a conocer lo que, teniendo en cuenta el rol que desarrolla cada cual, resulte una aportación significativa para los demás, contribuyendo así a la mejora de los aprendizajes.Por otro lado, el conjunto de normas y procedimientos con los que se pretende mantener el orden en la escuela y el aula tiene que ser conocido por todos los miembros de la comunidad. No se puede confiar en que el alumno ya “imaginará” que el respeto a sus compañeros y al profesor es lógico, o que debe guardar silencio para que los demás puedan hablar. Hay que comunicárselo, que no es el mismo que decírselo, de forma que aseguremos su conocimiento, su comprensión y las implicaciones de su puesta en práctica.

Los profesores y alumnos intercambian a menudo mensajes no verbales, los cuales actúan reforzando lo expresado verbalmente, sustituyéndolo o a veces contradiciéndolo, y es que la comunicación es un proceso multinivel. De hecho, el lenguaje verbal, a pesar de la enorme riqueza que representa en el ámbito comunicativo, posee también importantes limitaciones, buena prueba de ello es que al ser humano le es muy difícil expresarse de manera única y exclusiva con palabras.

El clima emocional del aula ya hemos dicho que constituye la plataforma sobre la cual desarrollar la disciplina escolar. Si la base “falla”, también la “empresa” quebrará.

El clima de clase no “pertenece” a nadie, sino que se construye entre todos; es muy importante un entorno en el cual se respire confianza y estímulo, que a la vez sea receptivo, pero firme y capaz de ofrecer modelos de interacción positiva entre las personas.

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Uno de los temas que mejor sintetiza las implicaciones entre comunicación, clima emocional y disciplina es el juego de expectativas que tiene lugar en el aula. Es bastante conocido el estudio de Rosenthal y Jakobson (1968), según el cual el supuesto efecto que las expectativas que los profesores poseen de sus alumnos ejercen un impacto de tal magnitud sobre estos alumnos que llega a condicionar su desarrollo, en el sentido de acomodarse a las expectativas generadas. Pero no podemos olvidar que este efecto no es unidireccional, del profesor hacia el alumno, sino que también las expectativas de los alumnos influyen en el comportamiento del profesor.

+Video: Desarrollo emocional y ambiente escolar: Videoconferencia

La planificación de los procesos de enseñanza-aprendizaje es un hecho fundamental, no solo por la calidad de los procesos que se desarrollan en el aula, sino también para conseguir el orden necesario para llevarlos a cabo. Algunos de los componentes que hay que destacar son los siguientes:

• Planificar los propósitos mismos de la instrucción, así como los procedimientos y las condiciones que van a hacer posible su desarrollo;
• Planificar las normas que tendrán que regir el orden del grupo y los procedimientos que se aplicarán para hacerlas cumplir, y
• Planificar las posibles intervenciones que habrá que introducir en caso de que, a pesar de todas las previsiones, aparezcan problemas de comportamiento.

Título tomado del libro: Convivencia escolar, déficits de atención y trastornos de conducta. Autor: Gemma Alsina Masmitjà. pp.145-147

Foto de Pixabay